ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 10
- Inicio
- Todas las novelas
- ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
- Capítulo 10 - 10 Capítulo 8
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
10: Capítulo 8 10: Capítulo 8 Capítulo 8 Kai Ese momento, tan íntimo y personal, era casi perfecto.
Dos tazas de café aún humeaban.
Yo hablaba, él escuchaba.
Por primera vez, alguien me escuchaba sin calcular qué podía obtener de mí.
Por primera vez, yo era solo un hombre intentando enamorarse como cualquier otro.
Pero ese segundo se rompió.
Como un vidrio que se astilla de golpe.
La puerta se abrió sin previo aviso.
—¿Interrumpo algo?
—dijo una voz seca, brutalmente familiar, acompañada por el eco de unos pasos que helaban la sangre.
Mi padre.
El presidente Kim.
Imponente como siempre, pero más que imponente, detestable.
Ese tipo sabía entrar en una habitación como si el mundo le perteneciera.
Lo peor era su mirada: vacía, depredadora, burlona.
Su vista se clavó en Noah como una daga.
—El barista…
—murmuró con una sonrisita torcida —Qué interesante elección.
Supongo que hasta los perros necesitan un juguete para entretenerse.
—No hable así —espeté, sintiendo la rabia prenderse al instante en mis venas — Él no es parte de esto.
—¿No?
—Su tono era como un cristal afilado— Todo lo que tocas es parte de esto, Kai.
¿O ya se te olvidó tu apellido?
Noah se levantó, incómodo.
Sus ojos buscaban una salida.
Y por dentro, me partía ver su expresión.
Estaba asustado.
Mi padre se deleitaba con eso.
—Vengo preparado —continuó, arrojando una carpeta sobre la mesa con desprecio— Un contrato de préstamo.
Bastante generoso.
Claro, con cláusulas…
digamos, diseñadas para el crecimiento de pequeños locales.
—Yo sabía lo que era, intereses imposibles.
Cláusulas abusivas.
Básicamente, una cadena disfrazada de ayuda.
—¿Está loco?
—dijo Noah, con voz temblorosa pero firme.
—¿Ves?
Habla como si tuviera elección —sonrió mi padre —Kai, dile adiós.
Este niño acaba de recibir su pase de regreso a la mediocridad.
Pero si solo quieres coger.
Hazlo, úsalo como juguete.
Después deshazte de él —Que mierda estás pensando.
Noah dio un paso atrás, impactado.
Me miró, buscando protección.
Y yo… sentí cómo la furia en el pecho.
—Sal de aquí, Noah —dije, con el corazón en un puño.
Él dudó un segundo.
Nuestros ojos se encontraron.
Salió corriendo, dejando tras de sí el eco de nuestro momento tranquilo.
Cuando la puerta se cerró, giré lentamente hacia mi padre.
—Eres un hijo de puta.
No tienes derecho a meterte en mi vida personal.
—¿Tu vida personal?
—soltó una risa seca, hueca, sin alma— No tienes vida personal, Kai.
Lo que tienes es una posición.
¿O crees que estás en un drama barato donde el amor supera el negocio?
—¡¿Por qué mierda haces esto?!
—grité, empujándolo con violencia.
—¡Porque alguien tiene que recordarte que no eres especial!
—rugió —¡Solo eres una pieza reemplazable!
¡Y si tengo que romperte para que encajes, lo haré!
Me lanzó un golpe directo a la cara.
Fuerte.
Sentí el sabor metálico de la sangre en mi boca.
—¡Maldito seas!
—grité, devolviéndole el golpe con rabia acumulada de años.
Su cuerpo se tambaleó hacia atrás.
Pero se recompuso de inmediato.
—¡Eres una decepción!
—vociferó — Debí mandar a matar.
—¡Pedazo de mierda!
—rugí como un animal, abalanzándome sobre él.
Nos enfrascamos en una pelea sucia.
Puñetazos, empujones, gritos.
Hasta que la voz de mi abuelo tronó: —¡BASTAAA!
Él y dos guardaespaldas irrumpieron, separándonos a la fuerza.
Yo estaba ensangrentado, jadeando como si me hubieran sacado los pulmones.
Mi padre, con la camisa rota y los ojos llenos de furia, seguía luchando por soltarse.
—¿¡Qué clase de monstruo le pega así a su hijo frente a sus empleados!?
—vociferó mi abuelo, abrumado por la escena — ¡¿Qué te queda ya de humano, Hyun-Woo!?
Mi padre escupió al suelo.
No dijo nada.
Sólo se sacudió las manos como si se hubiera ensuciado tocándome.
Mi abuelo con sus hombres escoltaba a mi padre, sacándolo de mi oficina.
Mientras yo respiraba agitado.
Mis nudillos estaban rojos.
Mi secretaria.
De pie en el umbral, temblorosa, como una cucaracha expuesta bajo la luz.
Su rostro estaba tan pálido que parecía a punto de colapsar.
Pero lo que más me hervía la sangre no era su presencia…
sino su expresión: culpabilidad disfrazada de preocupación.
—¿Fuiste tú?
—pregunté, con una calma que helaba la sangre —¿Tú le dijiste a ese bastardo que Noah estaba aquí?
—Señor.
Kim, yo…
él me presionó, yo solo…
—¡Contéstame, carajo!
—troné con una furia que sacudió las paredes —¡¿Sí o no?!
Ella tragó saliva.
Su silencio lo confirmó todo.
Una risa amarga me brotó, rota, oscura.
—Sabía que eras una inútil, pero no pensé que también fueras una traidora barata —espeté, acercándome paso a paso mientras ella retrocedía con lágrimas en los ojos —Vendiste a alguien inocente solo para que ese viejo de mierda te lanzara una mirada de aprobación.
¿Eso era todo lo que valías?
¿Un revolcón con él?
—Señor.
Kim, no fue así…
yo solo quería ayudar —balbuceó, casi suplicando.
—¿Ayudar?
—me burlé —¿Te escuchas?
No tienes ni el valor de asumir lo que hiciste.
No me hables de ayudar cuando lo único que hiciste fue meter a un cordero en una jaula llena de lobos…
y lo hiciste por conveniencia.
La vi temblar, asfixiada por el miedo.
—Eres patética —escupí —No vales ni la tinta con la que firmé tu contrato.
Me giré hacia uno de los guardias, sin necesidad de más.
—Deshazte de ella.
—¿Procedimiento estándar?
—preguntó el guardaespaldas, impasible.
—No.
Asegúrate de que no vuelva a entrar a ningún edificio donde yo tenga influencia.
Congelen sus cuentas.
Destrúyanle su historial laboral.
Que nadie quiera contratarla ni para limpiar baños.
Quiero que desaparezca de este distrito.
Que aprenda que traicionar a un Kim no es un error…
es una sentencia.
La quiero en la calle como vagabunda.
Ella rompió en un sollozo desesperado.
—Señor.
Kim, por favor, se lo suplico…
—Te advertí que no hablaras.
—La miré con un asco indescriptible — Sáquenla ahora.
Y si vuelve a aparecer…
no respondo por lo que pase.
Dos hombres la tomaron de los brazos.
Gritaba, pataleaba, pero fue inútil.
Como una hoja barrida por la tormenta, se la llevaron arrastrando por el pasillo.
Yo no parpadeé.
No sentí compasión.
Solo quedamos mi abuelo y yo.
—Es una lastima llegue tarde.
Ansiaba conocer a ese joven.
—Como te enteraste que Noah estaba aquí.
—Me encontré con tu prometida, dijo que un tipo de tercera estaba en tu oficina y la dejaste en ridículo.
Así que supuse que era Noah.
—Ya veo.
—Los gritos y golpes que tuviste con tu padre se escuchaban hasta mi oficina.
—Gracias por interferir.
Lo hubiera matado si no hubieras entrado.
—Si lo matas que no sea así, sino que sea cuando el esté en la basura.
—Dijo levantándose.
—La próxima preséntame a Noah.
Y no creo que tu padre lo deje tranquilo, lo mejor será que lo saques de donde se esté quedando y le ofrezcas protección.
Cuando por fin quedé solo, el silencio era consolador.
Y entre los restos de esa escena devastadora, hice un juramento: Noah no volvería a ser lastimado por nadie.
Ni por mi padre.
Ni por sus manipulaciones.
Ni por los parásitos que me rodeaban.
Ni siquiera por mí.
Era una promesa que me aseguraría de cumplir.
Así que mandé a llamar a uno de mis empleados.
—Si señor —Entró haciendo reverencia.
—Quiero que me traigas el informe que le dieron a mi padre y me digan quienes son sus informantes —Dije sin siquiera mirarlo —Una cosa más… Quiero que vayas tras Noah y me avises si algún vigilante se acerca.
Asintió y se fue.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com