Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
  4. Capítulo 18 - 18 Capítulo 15 Parte II III IV
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: Capítulo 15 Parte II, III, IV 18: Capítulo 15 Parte II, III, IV Kai — Parte II —Hoy… no voy a cocinar —dije burlándome de mí mismo.

—Gracias a Dios —respondió él riendo.

Me acerqué un poco más.

—Pero sí tengo otra idea.

—¿Cuál?

Yo levanté una ceja.

—Quiero enseñarte algo… —¿Algo?

—Sí.

—¿Qué cosa?

—Confía.

Noah frunció el ceño con curiosidad, pero se levantó conmigo.

Lo llevé a mi habitación.

Si… a mi habitación.

Él se puso tenso.

—Kai, yo… yo no… —balbuceó.

Yo solté una risa suave.

Y lo miré sospechosamente.

—No es lo que piensas.

—Ah.

—Dijo sonrojándose y mirando a otro lado.

—Al menos no todavía.

Su cara enrojeció aún más.

Y valió oro.

Me acerqué a mi armario y saqué una caja rectangular.

—Quiero enseñarte a tocar piano.

Noah parpadeó.

—¿Tú… tocas?

—Un poco.

En realidad… mucho.

Pero eso él no lo sabía.

Lo llevé a la sala donde estaba el piano electrónico.

Él se sentó a mi lado.

Sus rodillas rozaron las mías.

Mi corazón no cooperó.

Puse mis manos en las teclas.

—Mira mis dedos —dije.

—Siempre lo hago —respondió sin pensar.

Se dio cuenta de lo que dijo.

Yo también.

Silencio burlón.

Miradas.

Risas mutuas contenidas.

Toqué algo simple.

Lento.

Melódico.

—Eres un mentiroso.

—Me miró entrecerrando sus ojos y cruzando sus brazos.

—¿Porqué?

—¿Cómo que por qué?

Tocas muy bien el piano.

—Me atrapaste.

Ahora tú.

Noah puso sus manos sobre las teclas… pero sus dedos estaban demasiado tensos.

Yo lo noté.

—Relaja las muñecas… así.

Le tomé las manos.

Con suavidad.

Él se quedó inmóvil.

Mi piel contra la suya.

Sus dedos bajo mis dedos.

El momento era hermoso.

—Mira, los dedos no presionan… caen —le susurré— como gotas de lluvia.

Y lo guie para tocar una nota.

Luego otra.

Estábamos tan cerca.

Su respiración rozaba mi cuello.

—¿Así?

—preguntó.

—Sí… —respondí— perfecto.

Cuando terminó el pequeño ejercicio, se quedó mirando sus manos.

—Nunca nadie me había enseñado algo… así.

Con paciencia.

Me conmovió.

—Bueno —respondí— tampoco lo hice con nadie más.

—Kai… tú… ¿siempre has sido así?

—me miró.

—¿Así cómo?

—Tan… atento.

—No.

—¿Entonces… por qué conmigo?

No lo pensé.

—Porque me importas.

Él tragó saliva.

El resto del día fue ligero.

Pasamos horas compartiendo espacio sin obligación de hablar.

A veces él leía.

Yo atendía mensajes de la organización con rostro serio.

Al atardecer, Noah se despertó de una mini siesta en el sofá, medio adormilado.

Yo lo miré y no pude evitar sonreír.

—Hey… —murmuró con voz baja y ronca.

—Hey.

—¿Me mirabas dormir?

—Tal vez.

Se tapó la cara con la manta.

—Qué vergüenza… Yo me acerqué sin pensar demasiado y le quité la manta suavemente.

—Eres bonito… Noah.

No te escondas.

Sus mejillas ardieron otra vez.

Y entonces pasó algo silencioso… pero gigante.

Él extendió su mano hacia mí.

Yo la tomé.

Y se quedó así.

Con su mano en la mía.

Mirando el techo.

Respirando juntos.

Kai — Parte III El clima había cambiado.

Afuera hacía viento y frío que eran reconfortantes.

Noah estaba sentado en la entrada, poniéndose sus zapatos.

Yo lo observé desde el pasillo.

Tenía ese suéter azul claro que le quedaba demasiado grande y lo hacía parecer… adorable.

No iba conmigo; iba a salir a hacer algunas cosas por su cuenta.

Primera vez en días iba a visitar el Rincón del Expresso y a capacitar a mis hombres.

Y yo estaba inquieto.

Mucho.

No me gusta la idea de que vaya solo y menos ahora que mi padre podía alterarse al enterarse de las investigaciones hacia él.

—Recuerda lo que te dije —le recordé desde atrás—.

No hables con nadie sospechoso.

Si notas algo extraño, me llamas.

Yo estaré cerca.

Noah giró a verme, divertido.

—Kai, voy y vuelvo rápido del Rincón del Expresso y después voy a comprar cosas al minimercado… no a un campo de batalla.

—En mi cabeza es lo mismo —admití.

Él soltó una risa suave.

Luego se levantó, y entonces lo vi: No llevaba bufanda, solo el suéter que no le cubre el cuello.

Yo fruncí el ceño.

—¿Piensas salir así?

—Sí.

¿Por qué?

—Te vas a enfermar.

Fui a mi habitación y volví con una bufanda mía, de lana negra.

Se la puse alrededor del cuello sin pedir permiso.

Acercándome mucho.

Demasiado.

Él se quedó quieto, completamente inmóvil, como un pajarito sorprendido, pero no se alejó en ningún momento.

Ni siquiera dudó en quedarse cerca de mí.

Yo pasé la bufanda por detrás de su nuca, envolviéndola con cuidado.

Mis dedos rozaron su piel.

Sentí cómo se erizó.

—Ahí.

—dije en voz muy baja— Ahora sí.

Noah parpadeó.

Me miró.

Y dijo algo que me atravesó.

—¿Te das cuenta de que siempre estás… cuidándome?

Era evidente.

—Tal vez no sé coquetear de otra forma —confesé.

—¿Esto es coqueteo?

—Contigo… sí.

Después de todo no te alejas.

Él se rio por lo bajo.

Y su risa… ¡Dios mío!

—¿Entonces si yo hago esto… también es coqueteo?

—preguntó.

Y con dedos tímidos, acomodó el cuello de mi camisa.

Un gesto pequeño… pero tan íntimo… que me dejó sin aire.

Mi corazón estaba a un toque más de un paro cardiaco.

—Sí… —respondí casi en susurro— eso cuenta.

Él sonrió.

—Nos vemos después —murmuró.

—Te estaré esperando.

Noah salió.

Y yo, por supuesto me quedé inquieto, pero, quería que Noah recupere un poco su rutina, se sienta seguro también a su modo.

Le di esa confianza de saber que él podía cuidarse solo y si pasaba algo podía contactarme.

Mientras esperaba yo estaba concentrado en documentos e informes de los sujetos que tenían deudas.

Lo hago aprovechando que Noah no está.

Mi concentración se rompió con el sonido de la puerta principal.

La silueta de Noah apareció y traía bolsas con pan, fruta, unas galletas… —Estoy de regreso —anunció.

—Me alegra que ya estés de regreso.

—Dije tomando las bolsas que cargaba.

Se tocó la bufanda.

Mi bufanda.

Y preguntó con un tono curioso: —Kai… ¿olía a ti todo el tiempo… o yo me lo estoy imaginando?

Yo me congelé.

—Uh… quizá… un poco.

Es mi bufanda, es obvio que tiene mi olor.

—Me gustó —dijo tranquilamente.

…y se fue directo a la cocina como si nada.

Yo me quedé ahí, inmóvil, con el corazón golpeando como tambor.

Entendí algo.

Noah no solo aceptaba mi protección… estaba empezando a corresponder a mis gestos.

Y a responderlos.

—¿Cómo fue todo?

—Yo creería que bien, tus hombres son buenos aprendices.

—Me alegra oír eso, son los más jóvenes.

—No quiero sonar mal, pero… me alegra que estén en la cafetería que, amenazando personas, en especial siendo tan jóvenes.

—Me alegra que quieras ayudarlos.

Kai — Parte IV Era de noche.

Las luces del departamento estaban bajas.

El clima frío afuera hacía que el interior se sintiera como un refugio pequeño y cálido.

Noah estaba sentado en el sofá, con la mantita gris sobre sus piernas.

Yo me acercaba con un control remoto y… mucha inquietud interior.

—¿Qué quieres ver?

—pregunté.

—Algo ligero —respondió— Nada triste, nada con drama.

Elegí una comedia suave.

Noah sonrió agradecido.

El sofá era largo… pero él se sentó cerca.

No en la esquina, no lejos.

Cerca.

Yo también.

Sin exagerar… pero con intención.

La película comenzó.

Risas, escenas tontas y diálogos absurdos.

Pero… lo importante estaba pasando entre línea y línea.

Mis piernas rozaban las suyas.

Su hombro tocaba apenas mi brazo.

Su respiración era tranquila.

Él se reía a ratos… con esa risa bajita… melódica… Y yo… bueno, yo me reía más por escuchar su risa que por la película.

En un momento, Noah inclinó la cabeza hacia atrás, y sin mirar, preguntó.

—¿Siempre eres tan… silencioso cuando estás con alguien?

—No con cualquiera —respondí— Solo cuando estoy cómodo.

Él giró apenas su rostro… y nuestras miradas se encontraron.

—¿Estás cómodo conmigo?

—Mucho.

Un segundo de quietud.

Solo nuestros ojos hablando.

Y en eso Noah apoyó su cabeza en mi hombro.

No dudó.

Solo lo hizo.

Yo me quedé quieto, por si se arrepentía… pero no.

Él se acomodó aún más.

—Tu hombro es muy conveniente —murmuró con humor suave.

—Bueno… está disponible —contesté.

Durante el resto de la película, no dije nada más.

Noah tampoco.

Solo estuvimos pegados.

Ese fue un tipo diferente de coqueteo.

Para nada verbal… solo… contacto.

Cuando la película terminó, y él se levantó para ir a su habitación, se detuvo antes de dar el paso final.

—Kai… gracias por… dejarme… apoyarme.

—Siempre —respondí.

Y lo dije como promesa.

El subió a su habitación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo