ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 19
- Inicio
- Todas las novelas
- ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
- Capítulo 19 - 19 Capítulo 15 Parte V VI VII VIII IX
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Capítulo 15 Parte V, VI, VII, VIII, IX 19: Capítulo 15 Parte V, VI, VII, VIII, IX Kai — Parte V Otra mañana.
Luz suave entrando por las ventanas.
Noah estaba sentado a la mesa intentando actualizar su celular con frustración notoria.
—No entiende lo que quiero —se quejaba.
Yo me acerqué por detrás de él.
—¿Quieres que lo intente?
—Creo que me odia —refunfuñó.
Él me extendió el celular.
Yo me senté a su lado… muy cerca.
Noah olía a algo suave… vainilla o jabón… no lo sé… pero era agradable.
Tomé el celular… pero antes de eso, mis dedos tocaron los suyos.
Él pegó más su mano a la mía, aumentando el tiempo de nuestro toque.
—A ver… —murmuré.
Pegó su cuerpo al mío, para “ver” como lo configuraba.
Él no se movió… ni un milímetro.
—Tienes que abrir aquí —le mostré.
Sus ojos estaban fijos en mis manos.
Y los míos… en él.
Luego le ajusté la configuración para que el teléfono se actualice.
Fue simple, pero él me miraba como si yo estuviera resolviendo una ecuación nuclear.
Cuando terminé, puse suavemente el celular en su palma.
—Listo.
Tu teléfono ya te quiere de nuevo.
—Te juro que no soy malo con la tecnología, solo que no encontré como hacerlo.
Rei, fue divertido oír como se excusaba.
Me miró con sus ojos brillando, se humedeció los labios.
Tragó saliva pesadamente.
Y simplemente soltó.
—Kai… tú… me… desconcentras.
—¿Yo?
—Sí.
Mucho… Me incliné un poco más hacia él.
—¿Y te molesta?
Él negó con la cabeza.
Despacio.
—No… me gusta —admitió.
Ese fue el primer reconocimiento consciente.
Fue claro y directo.
—Entonces seguiré haciéndolo —dije en voz baja.
Él sonrió.
Y no se apartó.
Kai — Parte VI En el edificio, la sala de conferencias no era grande… pero el ambiente se sentía pesado.
Las paredes eran oscuras, insonorizadas, la mesa central negra con bordes metálicos.
Del lado derecho estaban los cinco inversionistas principales, con rostros frío, ángulos duros y ojos calculadores para su beneficio.
Al otro lado nuestro bogado principal junto al abuelo.
Yo estaba en la cabecera.
Postura recta.
Mandíbula firme.
Y frente a cada uno de ellos… una carpeta gruesa.
Datos, cifras, fechas, nombres, transacciones.
Todo ilegal.
Todo firmado —directa o indirectamente— por mi padre.
—Comencemos —dije sin elevar la voz.
El silencio se cortó como vidrio.
Abrí la carpeta.
El resto hizo lo mismo sin quejarse.
—Aquí tienen el detalle de las desviaciones de dinero a cuentas extranjeras por empresas fantasmas.
Todos leían en silencio, con el ceño fruncido y algunos soltaban insultos directos a mi padre.
La vista era gratificante.
Yo señalé con una pluma un párrafo específico.
—Ítem 4, transferencia encubierta a cuentas secundarias en Hong Kong.
Total: 8.4 millones.
De la empresa —Dije enfatizando lo último.
—¿Confirmado?
— El inversionista italiano preguntó en un coreano imperfecto.
—Sí —respondí— con evidencia bancaria.
Sellos autenticados.
Firmas.
Pasé a otra página.
—Ítem 7, manipulación de precios de importación y paquetes incompletos y ganancias registradas menos de un cuarto.
Total, de perdida para la empresa 17.1 millones, de lo que se ha descubierto por ahora.
—Increíble… —susurró un inversionista alemán— Era peor de lo que esperábamos.
—Todo esto fue hecho sin consentimiento de la mesa ejecutiva —dijo el abuelo con claridad.
—¿Insinúas que tu padre actuó por cuenta propia?
Yo lo sostuve con la mirada.
—No lo insinúo.
Lo afirmo.
Hubo un murmullo sordo.
Me incliné levemente hacia adelante.
—Y por eso, desde este momento, declaro formalmente a Kim Hyun-woo como figura no autorizada dentro de la organización.
Sus accesos están revocados.
Sus contactos, bloqueados.
Sus propiedades vinculadas serán embargadas.
Pero esto se notificará formalmente en la próxima reunión.
—Kai… —dijo un inversionista japonés— ¿por qué hacerlo de esta manera?
Podrías haberlo enterrado, ocultado, maquillado… como siempre se ha hecho.
Es tu padre después de todo.
Los miré a todos.
—Porque esto va más allá, esto ya está afectando a la organización y no planeo dejarlo pasar con facilidad.
Silencio absoluto.
—Hay dos cosas que no toleraré en mi mandato —continué—: corrupción interna… y amenazas a la gente bajo mi protección.
—¿Te refieres… al chico?
Yo bajé la pluma con un clic seco contra la mesa.
—Sí.
Me refiero a él.
—Yo clavé mis palabras en la mesa.
—Entendido —Repitieron todos casi al unísono, pero cada uno en su idioma.
—Mis hombres continúan sacando cosas sucias, todo eso se les mandará directamente a sus correos electrónicos.
Por favor estén atentos.
Todos asintieron.
Yo simplemente me puse de pie y me retiré sin decir más palabra.
Cuando salí del edificio, el aire libre me golpeó.
Me aflojé la corbata.
Por fin… Y yo sentí algo nuevo…poder.
Noah — Parte VII Kai se había despertado temprano.
Tenía traje oscuro, postura firme, y en los ojos la decisión de alguien que iba a enfrentar un monstruo —aunque ese monstruo tuviera su sangre.
Lo vi ajustar su corbata frente al espejo de la entrada.
—Hoy será un buen día —me dijo sonriendo de lado.
—Que te vaya bien, te estaré esperando —respondí suavemente.
Cuando él salió, la casa quedó en silencio.
Yo me quedé allí, de pie, pensando.
En los últimos días… Kai había sido quien me cuidaba, cocinando, vigilándome sin que yo me diera cuenta, prestando atención a cada comentario mío.
Hoy… le devolvería algo de lo que él me ha brindado.
No en palabras.
En afecto.
Pensé: ¿Qué le gustaría?
Y la respuesta llegó casi sola comida coreana casera, muchas veces había mencionado su preferencia a esa comida, como un lindo recuerdo de su madre difunta.
Rápidamente pensé en comidas de infancia, comidas de hogar como el Bibimbap… bulgogi… yukgaejang.
Respiré hondo una vez decidí esos platos.
Y me puse manos a la obra.
Tomé la bufanda que él me había prestado… Sí, todavía olía a Kai.
Y sí… me gustaba esa sensación, sensación de tenerlo cerca.
Salí a la calle y me dirigí al supermercado más cercano.
Que por cierto era a media hora caminando.
Pero el sacrificio valía totalmente la pena.
Mientras caminaba, pensaba en detalles: ¿Qué salsa era mejor?
¿Cómo se cortaba la carne?
¿Cómo picar la zanahoria del bibimbap en tiritas finas?
He preparado esto muy pocas veces, así que no recuerdo muy bien como hacer exactamente estos platillos, pero aún así lo haré.
Tan solo para ver su sonrisa.
Terminé con una canasta llena.
Al pagar, la cajera soltó una risa curiosa: —¿Cena especial?
Yo sonreí sin pensarlo.
—Para alguien especial, sí.
Lo admití.
Así, frente a una desconocida.
Y no me dio vergüenza… me dio seguridad.
Entré a casa, dejé las bolsas en la cocina y me arremangué las mangas.
Hacer la comida fue caótico y no por la dificultad de los platos porque no era así, el problema era hacer las tres cosas a la vez.
Pase la tarde picando vegetales.
Friendo.
Preparar el arroz.
Luego la carne marinada.
El kimchi.
Pero estaba decidido.
No me detendría hasta que esté perfecto.
Mientras cocinaba imaginaba su cara al entrar.
Kai, derrotado por el estrés… y yo recibiéndolo con algo tibio y hecho con cariño.
En cierto momento, mientras probaba la salsa, murmuré: —Kai… más te vale que te guste esto… Y me reí solo.
Apretando el filo de la mesa.
Estaba muy avergonzado de pensar así, tener esta sensación de anhelo por una sonrisa era ¡INCREIBLE!
Terminé de cocinar cerca de las siete.
La mesa estaba puesta.
Velita pequeña.
Platos sencillos, que serán acompañados con soju.
Nada pretencioso.
Solo… honesto.
Me senté.
Miré la puerta.
Mi corazón latía inquieto.
Había entendido algo estos últimos días.
Kai era fuerte frente al mundo… pero conmigo… conmigo podía ser vulnerable.
Y yo quería ser su lugar seguro.
No su protegido.
Sino su refugio.
Miré el bibimbap humeante en el centro de la mesa.
—Espero que salga bien —susurré.
Al cabo de unos cinco minutos escuché llaves.
Escuché cómo la puerta se abría.
Y entonces vi su silueta.
Kai entrando… corbata suelta… ojos cansados… pero sorprendiéndose al ver luz en la cocina.
—Noah… —dijo.
Yo me levanté un poco nervioso.
—Hola… pensé que… que tal vez tendrías hambre.
Kai olió el aire.
Sus ojos se suavizaron.
—¿Cocinaste… bibimbap?
Yo asentí.
—Intenté… hacer algo que te guste.
Él dejó su maletín.
Se acercó a la mesa.
Miró el plato.
Luego me miró a mí.
Y dijo en voz baja… —Gracias.
Solo esa palabra.
Pero cargada de significado.
Ese era mi turno de cuidarlo.
De tocarle el corazón.
De devolverle un poco el coqueteo.
Yo sonreí… suave.
—Si salió mal… finjamos que te gusta, ¿sí?
Kai soltó una pequeña risa cansada.
—Estoy seguro de que me gustará.
Y se sentó.
Comimos sin hablar de su trabajo.
El pasó alagando mi comida con cariño.
Yo quedé satisfecho con esas palabras de agradecimiento.
Kai — Parte VIII Después de la deliciosa comida la ducha cayó sobre mi cuerpo como si quisiera lavar el polvo del día.
Mientras me secaba, escuchaba a Noah en la cocina, moviéndose, guardando cosas, tarareando bajito.
El sonido me tranquilizaba.
Era como si la casa tuviera latidos, y Noah fuera su corazón.
Entré a la sala.
Noah estaba ya sentado, con el cabello todavía algo húmedo.
Vestía una camiseta simple y pantalones cómodos.
Nada glamuroso… pero por alguna razón… lo encontré hermoso.
—¿Cómo te fue?
—me preguntó.
Me senté en el borde de la cama y primero guardé silencio.
—Fue… efectivo.
Él esperó.
Así que hablé.
—Solo di los datos que hasta ahora se han encontrado y quedamos en seguir conversando una vez esté finalizada la investigación.
—Yo creo que los habrás dejados sorprendidos.
—Eso espero quiero ganarme el puesto demostrando mi poder.
—Lo harás se que serás un gran jefe.
—Su mano llegó a mi mejilla mientras sus labios me mostraban una sonrisa.
—¿Te tembló la voz?
—me preguntó.
—No —respondí—.
Ni una vez.
—¿Te sentiste mal por hablar así de tu padre?
Tomé su mano sin soltarla me acomodé y miré el techo.
Respiré hondo.
Y dije, con frialdad cruda, sincera: —Mi padre dejó de ser “padre” cuando mi madre murió.
Y miré a Noah.
Él tragó saliva.
—Si no es un tema sensible ¿Podrías decirme que edad tenías cuando tu madre murió?
—Creo que tenía once años.
Me fui a vivir con mi abuelo.
Su voz salió más suave, como si fuera otra persona.
—Yo perdí a mis dos padres.
Tomé su mano con más fuerza.
—Si quieres hablar del tema te escucharé con atención.
—Claro que lo harás, siempre lo haces.
—Me atrapaste.
—Bueno mis padres murieron a mis dieciocho… De alguna forma siento que fue mi culpa… Revelé que soy gay en una fiesta familiar… pensé que me aceptarían, siempre fuimos una familia unida.
Pero la vida no es de rosa.
Mi madre fue la única que me acepto y me confesó que ella ya lo sospechaba, pero quería que yo lo revelara.
Por otro lado, el resto de la familia se alteró.
—¿Qué pasó después?
Noah se acomodó colocando su cabeza sobre mi hombro como si necesitara un soporte para no derrumbarse.
Pasé mi brazo por su espalda dándole la necesidad que el necesitaba.
—Mi padre me arrastró al carro… Mi hermano se quedó con mi familia que me soltaban groserías desde lejos.
Mi madre nos seguía tratando de que mi padre reaccione… Durante el camino mi padre no miraba la carretera por seguir peleando con mi madre y conmigo… El… se desvió del camino y entró al carril contrario.
Hizo un silencio para morderse el labio para no romperse.
Lo apreté aún más a mí.
—Un carro venía de frente… mi padre reaccionó dio un giro en el volante y salimos de la carretera… chocamos contra un árbol… Solo recuerdo ver a mi madre inconsciente en su asiento… después de eso solo recuerdo despertar solo en el hospital.
Desvió la cabeza al otro lado, pero lo tomé de la nuca y lo pegué a mi pecho.
El soltó lágrimas, no sollozos, solo lagrimas que empezaron a humedecer mi camiseta, pero no me importó.
Se separó de mi un poco y se secó las lágrimas con la mano.
—Quise volver a casa… pero… fui rechazado y echado con una maleta con mis “porquerías” como lo llamó mi familia… Tenía un poco de dinero y pude quedarme en un motel barato por varias noches hasta conseguir trabajo y estabilizarme.
—Has sido muy valiente.
Nadie debe pasar por eso y menos siendo tan joven.
—Fue mi culpa —Dijo con la voz en un hilo.
—No, nada de lo que pasó fue tu culpa, fueron decisiones que tomó tu padre, no por una decisión tuya, tú en ningún momento pediste nacer, ni enamorarte, son cosas que pasan y cada uno debe tomar las responsabilidades y el karma de sus acciones.
Esta vez si comenzó a llorar un poco más fuerte y se aferró a mí, no sé en qué momento termino sentado sobre mí, abrazando mi cuello con fuerza y su carita enterrada en mi cuello.
Pero lo único que podía pensar era en ser un confort para él.
Siguió llorando por un poco más susurrando disculpas y mis manos acariciando su espalda para calmarlo.
Cuando por fin se calmó se separó un poco de mí y sus dedos se entrelazaron con los míos.
Su pulgar acarició mi piel lentamente.
—Gracias por contarme tu historia —le dije.
Noah sonrió, con esa sonrisa tranquila que parece curar.
La casa estaba en silencio.
Afuera, la ciudad respiraba a lo lejos.
Y yo me acerqué un poco más.
—Kai… —susurró— gracias por escucharme.
—Siempre lo haré —respondí—.
Quedémonos así un poco más.
Nos quedamos así.
Sin hacer nada más.
Y eso fue suficiente para ambos.
Un momento de cercanía y confort.
Hay que admitir que fue un momento doloroso para Noah no solo por el dolor del rechazo, sino por la muerte de sus padres.
Eventualmente con el paso de las horas Noah fue a su cama con los ojos rojos y mirada cansada.
La típica mirada después de desahogarse.
Kai — Parte IX Ya habían pasado tres semanas desde que traje a Noah a mi casa.
Tres semanas de miradas largas, los coqueteos que parecían juegos pero que ya no eran tan inocentes… Tres semanas de abrirnos emocionalmente.
Todo era tan especial y reconfortante con él.
Por lo que tomé una decisión importante para ambos.
Este día lo llevé al acuario.
Fue encantador verlo convertido en un niño.
sus ojos brillaban, se acercaba al vidrio, seguía a los peces con la mirada, reía bajito cada vez que uno hacía un giro inesperado.
Yo caminaba un paso detrás de él… no miraba los peces.
Lo miraba a él.
Su expresión era dulce… abierta… inocente.
Había algo en Noah que era suave… su encanto, su brillo propio… es simplemente hermoso.
Pasamos por el túnel marino.
El techo de vidrio mostraba rayas deslizando sus sombras sobre nosotros.
Noah sonreía como si hubiera encontrado un lugar mágico.
—La última vez que vine a un acuario —dijo— tenía seis años.
—Hoy viniste con alguien que quiere verte feliz.
Y Noah se sonrojó.
Era adorable.
Tomó mi mano sin importar si alguien miraba.
Y así seguimos hasta llegar a la cafetería del lugar.
Busqué una mesa apartada.
Silenciosa.
En la esquina, con luz suave.
Noah bebía su frappé de vainilla con pajilla, jugando distraído con la espuma.
Y yo sabía que ya era el momento.
Tomé aire.
Mi mano tembló un poco, un poco solamente al deslizarla hacia la suya.
Se detuvo.
Me miró expectante, como si supiera lo que le voy a decir.
Yo hablé despacio: —Noah… Silencio.
Solo nuestras manos tocándose.
—Han sido tres semanas que me han hecho… sentir algo que nunca me atreví a sentir… Yo quiero que estés a mi lado, no solo como alguien que vive conmigo… sino como alguien a quien yo pertenezco.
Noah… ¿quieres ser mi novio?
No esperé que gritara “sí”.
No esperé que se lanzara a mis brazos.
Pero lo que hizo… Me tomó completamente por sorpresa.
No dijo nada.
Ni una palabra.
Solo se levantó de su silla… se acercó a mí… Y me besó.
Directo.
Seguramente se veía ridículamente nervioso desde afuera.
Yo completamente quieto… él con sus manos en mi mandíbula… Pero por dentro… Fue como si todo se alineara.
Yo sonreí contra sus labios.
Lo tomé por la cintura y lo acerqué más.
Ese fue nuestro sí.
Noah se separó apenas unos centímetros.
Nuestros labios aún casi rozándose.
Nuestras respiraciones mezcladas.
—¿Eso fue un sí?
—susurré con voz baja, casi ronca.
Él sonrió contra mi boca y respondió: —Fue un “por supuesto”.
Lo abracé más fuerte.
Noah rio bajito.
—Perdón por tardar tres semanas.
—Pensé que te tardarías más.
Desde ese momento yo era el novio de Noah.
Y no pensaba dejarlo ir nunca.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com