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ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 32

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32: Capítulo 28 32: Capítulo 28 Capítulo 28 Kai El silencio de la noche era pesado, como si el aire mismo se negara a moverse.

Busan.

El maldito puerto de Busan.

La camioneta se deslizaba entre las sombras de los contenedores oxidados.

Al volante, uno de mis hombres más antiguos, con la mandíbula tensa.

A mi lado, el abuelo.

Su mirada fija en la oscuridad, sin decir nada, pero su ceño fruncido hablaba por él.

“Esta vez no podrás escapar idiota, lo único que te concederé será tu vida que también me pertenecerá tarde o temprano”, me repetía como un mantra, mientras mis dedos estaban en el cañón de la pistola.

—Kai —la voz del abuelo fue como un disparo en la calma densa—.

Antes de que bajemos… quiero que recuerdes algo.

Giré la cabeza apenas, lo suficiente para notar cómo sus ojos grises me perforaban.

—Tu padre está desesperado, nieto.

Eso lo hace peligroso… pero también predecible.

Él no tiene a nadie.

Tú sí.

Y ahí está su debilidad.

—No pienso darle la oportunidad de tocar lo que me importa, abuelo.

Si hoy es el final de esto, entonces que lo sea.

—Mi voz sonaba áspera, cargada de rabia contenida.

El abuelo me sostuvo la mirada unos segundos.

Luego asintió.

—Entonces terminemos esto.

Sin matarlo aún.

Bajamos de la camioneta.

El puerto estaba vacío, salvo por los ecos lejanos de algún barco mercante.

Pero yo sabía que no estábamos solos.

Lo sentía en la piel, como pequeñas agujas bajo la carne.

—Aseguren el perímetro —ordené por el comunicador—.

Si algo se mueve y no somos nosotros, neutralicen y eliminen instantáneamente.

Mis hombres, mercenarios profesionales.

Se desplegaron como sombras entre los contenedores.

Avancé con el abuelo hacia el depósito 42, donde la información apuntaba a que estaría.

Cada paso que daba era como pisar cristales, pero con la mente y el cuerpo frío como el acero.

Cuando llegamos a la entrada, los vi.

Los marginados.

Hombres y mujeres que en algún momento habían trabajado conmigo, ahora con los ojos hundidos, reflejando su profesionalismo para estos trabajos.

Sabía su potencial, sus capacidades y lo que eran capaces de hacer.

Pero ellos también sabían de qué estaba hecho yo.

—Bajen las armas —les dije, con la voz baja pero firme.

Hubo un murmullo tenso.

Apuntando sus rifles a nuestra dirección, pero antes de que ellos se den cuenta un disparo de mi arma les perforó la cabeza a tres de ellos.

—Buen disparo, Kai.

Espero que los que oyeron el disparo sepan que pasará si no bajan sus armas —dijo el abuelo.

El resto, como un efecto dominó, bajaron las armas.

—Discúlpenos señor Kim Seo-Kai, el señor Kim nos pagó para protegerlo, le juramos que no estamos involucrados en nada más.

Asentí mirándolos directamente a los ojos.

—Ahora pónganse en sus puestos con mis hombres.

Corrieron a hacer lo que les ordené.

El abuelo me miró de reojo, satisfecho.

Entramos al depósito.

Y dentro estaba mi padre.

Sentado frente a una vieja computadora, como si nada pasara, como si el mundo no ardiera a su alrededor.

Levantó la mirada, esa maldita mirada que había intentado borrar de mis pesadillas.

Pero esta vez brillaban con algo diferente, con ojeras negras que mostraban su desesperación y odio.

—Vaya, vaya… si no es el hijo pródigo.

¿Vienes a darme un abrazo, Kai?

Mis dedos se apretaron tanto contra el arma que sentí los nudillos crujir.

—Vine a terminar con tu juego, viejo.

Se recostó en la silla, fingiendo aburrimiento.

—¿Juego?

Esto no es un juego, hijo.

Esto es poder.

Lo que tú deberías estar reclamando en vez de jugar a la casita con ese mocoso y sus animalitos.

—Cuidado con lo que dices.

—Mi voz tembló, no de miedo, sino de furia.

El abuelo avanzó dos pasos, firme.

—Tú ya no tienes familia ni un hogar aquí, malnacido.

Mi padre se rio.

Una risa seca, podrida.

—Ohh suegro.

Un hogar… ¿Crees que los hombres como nosotros tenemos derecho a algo así?

Solo somos piezas, peones.

Tú me enseñaste eso, viejo.

Desde que me case con su hija esto fue todo lo que me enseñó ¿O ya te olvidaste de cuántos arrastraste contigo al infierno?

—No me compares contigo.

No me corrompí tanto como tú.

Y ese será tu castigo.

Castigo por avaricioso.

Mi padre se puso de pie.

Estaba más delgado, más viejo… pero seguía siendo un monstruo.

—¿Y qué harás, Kai?

¿Me dispararás aquí, como un perro?

¿Enseñarás a tu querido Noah que sigues siendo la basura que yo crie?

Ahí mis ojos se deleitaron con su miedo, con su desesperación.

El terror de perder el poco poder que le quedaba.

De saber que ya no era él quien movía las piezas.

—No, padre.

Noah no tiene problema en derramar sangre, no mientras no sea mía, la tuya no le importa ni a él, ni a mí, ni a mis hombres que con una orden acabarían contigo.

Pero tienes suerte No voy a dispararte como un perro.

Te voy a despojar de todo lo que te mantiene en pie.

Tus contactos, tus deudas, tus redes.

Ya lo he hecho.

Lo que queda de ti solo son las sobras.

Mi padre bufó, pero su mirada titubeó.

—Te dejaré vivir —continué—.

Pero si te acercas a Noah, si siquiera vuelves a pronunciar su nombre… no quedará ni un pedazo de ti para enterrar.

El abuelo se adelantó, colocando la mano sobre mi hombro.

—Termínalo, Kai.

Y lo hice.

Tomé su computadora y la estrellé directo contra la pared.

El tenía todo en esa chatarra.

Mi padre quedó sentado, roto, sin más armas que su odio.

Y yo me di la vuelta.

Y escuché un arma recargándose.

Todos nos dimos vuelta y el sonido de disparos resonaron por todo el lugar como sonidos sordos.

Los disparos venían de ambos lados.

Nos rodearon encerrándonos en la bodega, pero con disparos certeros nos deshacíamos de cada uno de ellos.

Dejando el camino despejado.

Hasta que dejamos a mi padre herido y a sus hombres muertos en el suelo.

En nuestro lado hacían muy pocos heridos.

Esa noche, el puerto de Busan quedó teñido de una oscuridad y sangre.

Mientras el auto arrancaba, uno de mis hombres trataba el disparo que recibí, no es grabe solo un raspón en la pierna y miré al abuelo.

—Es hora de volver a casa.

—Es hora de que regreses hijo.

Supongo que Noah debe estar preocupado.

—Si y espero que no se preocupe por la herida, apenas se nota, pero se preocupará.

—Es un buen chico, me recuerda a tu abuela, ella nunca me prohibió estar en este mundo, de hecho, sabes que ella fue la líder más temida.

Pero solo se enojaba cuando yo salía herido.

—Recuerdo a la abuela, ella fue la quien me enseñó a disparar un arma.

—Si, creí que tu madre me mataría.

Aunque tu abuela también le enseño a ella a disparar y a cargar un arma.

Por eso tu madre también daba miedo.

No sé cómo aguantó a tu padre, ese desgraciado.

Reí por sus palabras.

—Pero volviendo a Noah.

Debes hablar con él, es importante, después de todo no te has contactado con el desde que nos fuimos de la cafetería.

—Tienes razón hablaré con Noah.

Solo espero que no me esté esperando despierto.

Y no esté enojado.

—No creo que se enoje creo que debe estar más preocupado.

—Es verdad abuelo hasta ahora no lo he visto enojado.

—Vuelve a casa y saluda a Noah y a los pequeños de mi parte.

El resto del camino estaba pensando en cómo Noah y mis peludos deben estarme esperando despiertos.

Mis hombres me dejaron en la puerta y entré con el corazón a mil.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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