ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 36
- Inicio
- Todas las novelas
- ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
- Capítulo 36 - 36 Capítulo 32 Parte I
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
36: Capítulo 32 Parte I 36: Capítulo 32 Parte I ⚠ Capítulo 32 ⚠ Noah No sé cuánto tiempo ha pasado desde que estamos dentro de este barco.
Timi, Tempu, Mochi y Daifuku, estaban encerrados en un transportín donde apenas cabían los cuatro apretados.
Con su patita me rogaban que me acerque y así lo hice, abrace el trasportín como si así pudiera calmarlos.
Intenté moverme, pero el escozor en mis costillas me arrancó un gemido ahogado.
Las patadas de los hombres de Lyra habían dejado sus marcas: costillas magulladas, labios rotos, el sabor metálico de la sangre secándose en mi boca.
—Shhh, Timi… ya sé, campeón, yo también quiero llorar —susurré.
Ellos no entendían qué pasaba, solo sabían que no debían despegarse de mí.
El eco de pasos resonó.
Mi cuerpo se tensó.
Y los peludos se erizaron.
—Bueno, bueno, ¿otra vez con el numerito de “familia feliz”?
—se burló uno de ellos, golpeando los barrotes con la culata de su arma—.
El jefe dijo que te demos una “lección” por tu boquita respondona.
No tuve tiempo de protegerme cuando abrieron la jaula.
Sentí cómo sus manos me arrancaban el transportín.
Cuando recibí golpes secos con precisión quirúrgica.
Sabían dónde golpear para que doliera sin matarme.
Pero no grité.
No les di el gusto.
No podían arrebatarme eso.
Cuando terminaron, me lanzaron el transportín de vuelta.
Los pequeños chillaron por el impacto.
Me interpuse entre los tipos y mis pequeños.
—Lo siento… —susurré en voz quebrada—.
No voy a dejar que les pase nada… papá estará aquí… papá vendrá… Sabía que Kai estaba ahí fuera, luchando por nosotros.
Podía sentirlo.
Pero cada vez era más difícil.
Cada golpe, cada insulto, cada minuto sin ver su rostro… era como morir en vida.
No sé cuánto tiempo pasó, pero los hombres volvieron a aparecer arrastrándome fuera.
La cabeza me daba vueltas, pero la sola idea de separarme de los pequeños me puso en alerta.
—Déjalos en paz… —escupí mientras me empujaban por el pasillo, apenas manteniéndome en pie.
—No eres tú quien da órdenes aquí, cariño —respondió una voz femenina.
Lyra.
La vi al final del corredor, con su sonrisa serpenteante, jugando con un encendedor de oro.
Me hicieron arrodillarme frente a ella, obligándome a inclinar la cabeza.
—Qué desperdicio, Noah… podrías haberte conformado con ser una mancha más en su vida, algo pasajero.
Pero No, tenías que entrometerte.
—¿Crees que esto es amor?
Ja, eres más tonta de lo que pensé.
La bofetada fue tan seca que me cortó el labio.
—A ver cuánto amor te queda cuando él vea lo destrozado que quedas.
Justo entonces, desde el extremo del pasillo, una puerta se abrió.
Y ahí estaba él… Kai.
Nuestras miradas se encontraron.
Dio un paso hacia mí, pero lo detuvieron de inmediato.
—¡Noah!
—gritó mi nombre.
—¡Kai!
—mi voz se quebró.
Pero eso fue todo, lo arrastraron lejos.
Fue solo un minuto… Kai estaba vivo.
Aquella noche no dormí.
Me aferré al transportín.
No soltaría fácil a mis niños.
—¿Sabían que papá no sabe cocinar arroz?
—les susurré—.
Pero hizo un desastre en la cocina solo porque quería prepararme un espagueti…
y me lo comí entero, aunque estaba quemado… Pero es bueno preparando desayunos y cafés.
Las lágrimas caían solas.
—Papá vendrá por nosotros.
Él siempre cumple sus promesas —les dije, sabiendo que las palabras eran más para mí que para ellos.
Pero el miedo… el miedo era real.
Ese miedo de no volver a ver su sonrisa.
De no volver a sentir su mano en mi nuca mientras me besaba.
Pero aguanté… Por él… Por nosotros.
Sentí que el barco atracó.
Unos hombres entraron y se llevaron el transportín y a mí me jalaron atándome las manos.
El rugido de los motores resonaba en mi cabeza como un eco lejano, pero era el silencio el que me estaba matando.
Estaba sentado en el asiento trasero de un auto oscuro, mis muñecas atadas con cinta plástica que me cortaba la piel a cada pequeño movimiento.
Frente a mí, dos hombres armados vigilaban con ojos vacíos.
Podía escuchar el lloriqueo de mis niños en la cajuela.
Miré a través del vidrio polarizado, buscando al menos un reflejo de Kai, había otras camionetas a nuestro alrededor.
En alguno de ellos estaba él.
—Kai… —susurré, sintiendo que su nombre me ardía en la garganta.
Un golpazo seco en la puerta me hizo estremecer.
—¡Silencio, maldito!
—gruñó uno de los hombres.
Me mordí los labios para no responder.
No iba a darles la satisfacción de verme caer.
No mientras mis bebés me necesitaban, no mientras Kai estaba allá afuera, peleando como siempre lo hacía, como siempre lo haría, incluso si tenía que quemar el mundo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com