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ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 38

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38: Capítulo 33 38: Capítulo 33 ⚠⚠ Capítulo 33 ⚠ Las puertas del despacho se abrieron de golpe.

—¡Señor, tiene que venir!

—gritó uno de los guardaespaldas, sudando, la respiración entrecortada—.

No hay nada… no hay nadie en la casa del presidente.

El abuelo de Kai levantó la mirada de los papeles, con el ceño fruncido y el cigarro temblando entre sus dedos.

—¿Qué has dicho?

—su voz fue grave, baja, pero cargada de una amenaza que heló la sangre de todos en la sala.

—Hay…

hay sangre en el piso, señor.

Vidrios rotos, como de una copa…

y rastros de pelea.

Pero no hay ni rastro del presidente, ni de Noah.

Ni de los animales.

El silencio que siguió fue una sentencia de muerte.

El cigarro cayó de sus labios y se levantó despacio, como si cada centímetro de su cuerpo se llenara de rabia líquida.

Dio un paso.

Luego otro.

Hasta estar frente al hombre que acababa de darle la peor noticia posible.

Y sin previo aviso, su puño se estrelló contra el rostro del guardia, derribándolo al suelo.

—¡¿Me estás diciendo que desaparecieron de su propia casa y ustedes, inútiles de mierda, no vieron NADA?!

—rugió, sus ojos rojos de furia—.

¡Eran DIEZ los que dejé ahí!

¡DIEZ!

¡Y ninguno sirvió para una mierda!

El hombre en el suelo apenas pudo responder, sujetándose la mandíbula rota.

No importó.

El abuelo no quería respuestas, quería resultados.

—¡Jun, Kang, Yunho!

—gritó a sus hombres más leales—.

¡Consíganme todas las grabaciones de seguridad de los alrededores!

¡Cada puta cámara, cada callejón, cada sombra!

—Sí, señor.

¡Nos movemos ya!

—respondieron, corriendo como si el infierno los persiguiera.

—¡El resto de ustedes, dispérsense!

¡Rastréenlo TODO!

¡No vuelvan a presentarse ante mí sin un rastro de Kai y Noah, o serán ustedes los que desaparezcan!

Su grito hizo temblar las paredes.

La oficina se vació en cuestión de segundos.

Pero el abuelo no se quedó quieto.

Caminaba en círculos, sus pensamientos eran cuchillas.

La desesperación le nublaba el juicio, pero sabía que no podía perder el control… Porque ahora, su nieto, ese muchacho testarudo y orgulloso, estaba desaparecido.

Con su pareja.

Con esos cuatro pequeños peluditos.

Dos horas más tarde, los reportes comenzaron a llegar.

—Señor, revisamos las cámaras de la calle principal… no hay registro de entradas o salidas extrañas.

Pero hay un punto ciego justo en la esquina norte de la propiedad.

—Es el único acceso sin cámaras… —murmuró Jun, con el rostro pálido.

El abuelo cerró los ojos, sujetándose el puente de la nariz.

El peso de la impotencia lo aplastaba.

—¿Qué me dices de los vecinos?

¿Alguien vio algo?

—Negativo, señor.

Es una zona aislada, nadie escuchó ni vio movimientos sospechosos.

—Yunho bajó la mirada—.

Todo fue planeado con precisión.

—Entonces no fueron simples sicarios.

Esto es trabajo de alguien que conoce nuestros movimientos.

Un nombre cruzó su mente como un relámpago.

Lyra.

—¡Tráiganme todas las conexiones de Lyra!

¡Bancos, propiedades, movimientos sospechosos!

—rugió, golpeando el escritorio con tal fuerza que la madera crujió.

El reloj marcaba las tres de la madrugada, pero para el abuelo el tiempo no existía.

No iba a dormir.

No hasta encontrarlos.

Por la noche, la oficina se había convertido en un campo de guerra: mapas esparcidos, pantallas con cámaras de seguridad, rastreos en tiempo real.

Pero nada.

Kai y Noah parecían haber sido tragados por la tierra.

Y el abuelo comenzó a quebrarse.

—¡Maldita sea!

—gritó—.

¡No es posible que NADIE sepa nada!

—Señor… —uno de sus hombres intentó hablar, pero el abuelo lo fulminó con la mirada.

—¡Los quiero a todos en la calle!

¡Despierten a sus contactos, sobornen, amenacen, compren, hagan lo que tengan que hacer!

¡Pero tráiganme a mis nietos de regreso!

Su respiración era entrecortada, como si le hubieran colocado un peso en el pecho.

Pero, aun así, se negaba a caer.

El segundo día fue peor.

Las horas pasaban y la ausencia de noticias era un cuchillo afilado.

Fue entonces cuando Jun, con el rostro desencajado, irrumpió en la oficina.

—Señor… encontramos algo.

El abuelo levantó la vista como un animal salvaje.

—Habla.

—Una cámara privada, de un comercio a dos cuadras… grabó varias camionetas negras sin placas.

No es del circuito oficial.

Pero hay un logo… uno que conocemos.

El abuelo apretó los puños.

—¿El muro?

Jun asintió, sudando.

—Quiero a todo el maldito muro bajo tierra.

Y a Lyra, colgando de las piernas si es necesario —gruñó el abuelo, levantándose de golpe—.

¡Muevan cielo y tierra!

¡Busquen en cada puerto, en cada depósito abandonado!

¡Si no los tienen en tierra, deben estar en el mar!

—Sí, señor.

Era una declaración de guerra.

Y él estaba dispuesto a ganarla, aunque tuviera que quemar el maldito mundo entero.

El abuelo de Kai estaba en pie.

En la mesa, una docena de tazas de café vacías era testimonio de la noche infernal que había pasado.

Yunho entró con la respiración acelerada, sosteniendo en sus manos un dispositivo USB.

—Señor…

tenemos confirmación visual.

En el puerto.

El abuelo se giró de golpe.

—Muestra.

Yunho conectó el dispositivo en la pantalla central.

La grabación era borrosa, pero suficiente.

De una camioneta negra, dos cuerpos fueron bajados a la fuerza, cubiertos con fundas de tela.

—Detén.

El abuelo cerró los puños con tal fuerza que sus nudillos palidecieron.

—Esa hija de puta… —Señor, hemos rastreado el manifiesto de las embarcaciones en la zona.

Hay un barco que salió hace veintiún horas, rumbo a Rusia.

La ruta es limpia, pero sabemos que es de propiedad privada, encubierto.

—Preparen dos equipos.

Uno va a rastrear el barco desde tierra, quiero saber a qué puerto exacto se dirigen.

El otro, conmigo.

Vamos a Busan.

Si esa maldita cree que puede borrar a mi familia, le mostraré cómo responde un patriarca.

—Señor me pondré en contacto con los hackers.

—Si diles que rastreen el barco, diles que entren a los satélites privados.

—Ahora mismo señor.

Por ahora lo único que podían hacer era ir a su punto de partida.

No importaba donde fueran, salieron de Busan y rastrearían todo desde ahí.

Durante todo el camino a Busan nadie habló.

Sabían que su jefe ahora mismo estaba en un estado de cólera helada.

—Asegúrense de contactar con los pescadores locales —Su voz era tan cortante como un cuchillo de carnicero.

—Señor… ¿cree que Lyra tenga respaldo del viejo…?

—se atrevió a preguntar Kang.

—Ellos son unos oportunistas.

Esto es más grande de lo que creímos.

¡Y Kai…

ese idiota testarudo pensó que podía enfrentarlo solo con un acuerdo!

—Entonces también averiguaremos los movimientos del viejo.

—Verifica a todos sus deudores e infórmame si encuentran algo raro.

—Con su permiso señor también investigaré a los deudores que recientemente terminaron de pagar.

—Hazlo —Dijo el abuelo con voz firme, después de todo podía confiar en las decisiones de su mano derecha.

El viaje se sintió eterno, pero cuando llegaron al puerto, el ambiente era tétrico, como si algo hubiera pasado en ese lugar.

La bruma marina cubría todo, el mar más oscuro de lo normal intentara ocultar los pecados que se cometían en esas aguas.

—El barco tiene dos rutas alternativas: Vladivostok o Murmansk.

Si van a Murmansk, los quieren ocultos por mucho tiempo.

Pero si es Vladivostok…

los querrán quebrar rápido.

—No importa a dónde vayan.

Los voy a arrancar de las garras de esa zorra.

Las siguientes doce horas fueron un infierno de incertidumbre.

Pero entonces, Yunho recibió la llamada.

—Señor, los hackers encontraron la ruta que usaron…

el barco va directo a Vladivostok.

El abuelo cerró los ojos, exhalando con furia contenida.

—Preparen el equipo de interceptación.

¡Nos vamos a Rusia!

Antes de partir, el abuelo reunió a sus hombres en el almacén principal.

—Escúchenme bien, bastardos.

Esto no es un rescate común.

Nos estamos metiendo en las fauces del dragón.

Pero no me importa cuántos debamos aplastar en el camino, vamos a traer a Kai, a Noah y a esos cuatro pequeños de vuelta a casa.

¡Vivos!

¡Porque si alguien les pone un dedo encima, juro que me llevaré media Rusia al infierno conmigo!

¡Y si alguien duda de esta misión… dígalo ahora que sellaré su destino aquí para que no mueran en Rusia!

Sus hombres gritaron al unísono, ninguno iba a dudar, no por la familia que les dio techo y pan.

El abuelo al mando sonreía orgullos de sus hombres.

Pero sabía que el tiempo se agotaba.

Cada segundo que pasaba, su nieto estaba más cerca de caer en un abismo del que no podría volver.

—Kai…

aguanta, maldito cabezón.

Voy por ti.

—Señor el transporte ya está listo.

El abuelo se subió al avión privado.

La tormenta apenas había comenzado y aumentará de acuerdo se vayan acercando a su destino.

Sabían que no lo tendrían fácil, pero con esto iba dejar bien en claro su mandato.

Dentro del avión seguía impaciente esperando informes actualizados de los hackers y sus hombres en Rusia a través de sus hombres.

No tardó mucho en recibir diferentes actualizaciones de todos lados, pero por ahora ninguno estaba confirmado y eso era lo que más lo inquieta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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