ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - 41 Capítulo 36
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41: Capítulo 36 41: Capítulo 36 ⚠⚠ Capítulo 36 ⚠ Kai Después de la paliza empujaron a Noah dentro de la celda y la cerraron.
A mí me comenzaron a arrastras hacia las escaleras.
No forceje, no me quejé, no mientras pueda mantener a salvo a Noah.
Solo alcé la mirada una vez más, buscando a Noah.
Su cuerpo estaba acurrucado contra los barrotes, como si el acero pudiera protegerlo.
Sus manos estaban extendidas hacia mí.
Sus labios pronunciaron mi nombre, sin voz.
Solo la mirada, esa maldita mirada de desesperación.
—Más te vale que no los lastimes, hijo de puta —Mis palabras cortaron el silencio como navajas.
No me importaba si me costaba otro golpe.
Pero si tocaban a Noah o a los pequeños de nuevo… El hombre solo sonrió, burlón, y me escupió cerca.
—Más te vale a ti no joderlo, Kai.
Los escalones parecían interminables.
Me empujaron contra una pared al final del pasillo, donde dos puertas gigantescas se alzaban como la boca de un monstruo.
Detrás de ellas, lo sabía, me esperaba la partida final.
—Ya llegamos, “príncipe” —murmuró uno de los guardias, sujetándome del cabello y alzando mi rostro hacia la mirilla—.
Espero que sepas jugar mejor que tu viejo.
La puerta se abrió, y el aire denso me golpeó como un muro invisible.
El salón era amplio, pero todo se sentía comprimido, como si el techo cayera sobre nosotros.
Ahí estaba él.
El padre de Lyra.
Su mirada era un abismo.
Fumaba con tranquilidad, sentado en el trono improvisado en el centro de la sala, como si el mundo entero girara a su antojo.
—Mi invitado especial ha llegado al fin.
—Su voz era grave, casi burlona—.
Me sorprende que sigas en pie, Kai.
¿Herencia de tu madre, quizás?
—Herencia de ser más hombre que tú —escupí, el sabor metálico de la sangre.
Sus hombres rieron, como hienas.
Pero él no.
Sus ojos se entrecerraron con interés.
Señaló una silla frente a él, como si me estuviera invitando.
—Siéntate.
No querrás caer antes de que terminemos de hablar.
—No vengo a negociar.
—Me mantuve de pie, tambaleante—.
Vengo a hacer un intercambio.
Un silencio cargado se instaló en la sala.
Ni siquiera los guardias se movieron.
El padre de Lyra me observó, la colilla del cigarro ardiendo en la penumbra.
—Intercambio… —repitió, saboreando la palabra como si fuera vino—.
¿Qué podría tener Seo-Kai que me interese?
—A mí.
—Elevé la voz, dejando que el eco retumbara en las paredes.
Lo miré fijamente, directo a los ojos—.
Déjalos ir.
A Noah, a los peluditos… A cambio, me quedaré aquí.
Hacer de perro guardián, de peón, de lo que se te dé la gana.
El silencio se hizo eterno.
—Kai… —Lyra apareció en un rincón, su sonrisa burlona en un gesto de victoria anticipada—.
¿De verdad crees que tu sacrificio es suficiente?
Esto no es una telenovela barata.
Nadie te va a aplaudir por ser un mártir.
—No lo hago por aplausos.
Lo hago porque si alguien va a arder en este infierno, seré yo, no ellos.
Él chasqueó los dedos.
Un guardia se acercó, trayéndome un vaso de agua.
No lo acepté.
Me mantuve firme, aunque mis piernas parecían a punto de quebrarse.
—Interesante oferta.
Pero, ¿por qué habría de aceptar?
Ya tengo a Noah.
Y a esos…
animales.
Son una debilidad perfecta.
—¿Sabes por qué tu negocio está colapsando?
—di un paso al frente, temblando—.
Porque crees que el poder se mide por la sangre que derramas.
Mi padre pensaba igual.
Mira dónde está ahora.
—¿Y dónde está tu padre, Kai?
—soltó con sorna—.
Porque yo, al menos, sigo aquí.
Mientras tu padre está muerto en MÍ sótano.
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