ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 5
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5: Capítulo 3 5: Capítulo 3 Capítulo 3 Desde la altura de los edificios más altos de Gangnam, la ciudad brillaba de forma impresionante, la noche se convertía en un laberinto de secretos.
Y en el distrito un almacén discretamente iluminado, un equipo de hombres de Kim Hyun-woo se movía con la eficiencia silenciosa de depredadores nocturnos.
No eran matones de poca monta, sino profesionales, exagentes de operaciones especiales y mercenarios, reclutados por su lealtad inquebrantable y su capacidad para desvanecerse.
En una pared en varias pantallas de monitor, la vida de Noah se desplegaba en un mosaico inquietante.
La cafetería “El Rincón del Expresso” era ahora el centro de su universo de vigilancia.
Las cámaras de seguridad ocultas, los micrófonos diminutos, los informantes casuales disfrazados de clientes habituales: todo formaba parte de una red que se tejía lenta pero implacablemente alrededor de la vida del joven barista.
—Informe actualizado.
Ladró Jin-woo, sin apartar los ojos de una pantalla que mostraba a Noah limpiando la barra y una sonrisa extremadamente amable.
Entregó una tableta al presidente Kim que permanecía sentado en el sillón con una pipa en la boca.
Escuchaba atentamente a su subordinado más leal, leer el informe.
—Park Dong-hyun, de herramientas de la esquina, reporta que Noah recibió un envío de granos de café provenientes de Latinoamérica y Arabias, hoy por la mañana.
Proveedor habitual, nada fuera de lo común.
También tuvo una conversación de cinco minutos con una mujer mayor, cliente constante, sobre el clima.
Sin contactos sospechosos.
Su rutina es impecable: abre a las siete de la mañana, cierra a las diez de la noche.
Ya que va caminando por tres horas a su casa en el barrio de Guro-gu.
No parece tener contacto con su familia.
El presidente Kim asintió lentamente, su mirada un pozo de cálculo.
Y con voz cautelosa mencionó: —Demasiado limpio.
Nadie es tan…
transparente.
Especialmente no un civil que ha captado la atención de nuestro vicepresidente.
Un leve fruncido apareció en su frente.
—¿Qué hay de su historial financiero?
¿Deudas?
¿Movimientos bancarios inusuales?
—Solo una deuda por ahorros, cantidades insignificantes.
Y la deuda de su cafetería.
Parece vivir de forma modesta.
El presidente Kim suspiró poniéndose de pie, dirigiéndose a su escritorio, donde tomó asiento en una silla de cuero.
Mientras, la punta de sus dedos tamborileando sobre la mesa metálica.
—Y sobre el…
encuentro.
¿Algo más sobre eso?
El operario vaciló.
—Solo lo que ya informamos, señor.
El joven Kai ingresó a la cafetería, ordenó y permaneció una media hora y dejó una propina y pagando el café.
Observó al sujeto Noah.
Hubo un breve intercambio de palabras cuando se le sirvió el café.
Sin gestos inusuales, sin contacto físico.
Dentro de la cafetería, Kai tuvo una breve conversación telefónica, pero no se pudo captar el contenido.” —¿Y no detectaron absolutamente nada que justificara esa prolongada estancia?
Jin-woo inquirió, su voz subiendo un tono.
—Señor sabe muy bien que el joven Kai no pierde el tiempo en trivialidades.
—Es cierto yo lo eduqué…Pero o el informante era inepto, o había algo más en ese encuentro que no se había registrado con los métodos habituales.
Y quiero que aclares cuál de las dos es la respuesta correcta.
El operario tragó saliva.
—Una pausa…
—Analizó— mi hijo Kai no hace ‘pausas’ sin un propósito.
Esto no es un paseo dominico.
Agrandando la pantalla de la Tablet, mostraba un primer plano del rostro de Noah mientras sonreía.
Y eso lo enfurecía más —Aumenten la vigilancia.
Ordenó el presidente, su voz ahora un susurro glacial.
El secretario Jin-woo sacó su teléfono llamando a su equipo de subordinados para difundir la orden del presidente.
—Quiero un equipo rotativo de tres hombres en todo momento.
Dos visuales, uno en el audio.
Rastreen sus comunicaciones digitales.
Intercepten cada llamada, cada mensaje.
Busquen cualquier anomalía, cualquier desviación.
Si hay un hilo suelto, lo quiero.
Si no lo hay, quiero saber por qué.
Quiero su pasado.
Cada escuela a la que asistió, cada trabajo que tuvo, cada relación.
Quiero saber si tiene familia que pueda ser…
una palanca para nuestro beneficio.
Las palancas eran herramientas de manipulación, y la mafia no dudaba en usarlas si era necesario para su beneficio.
—Y lo más importante.
Quiero un informe detallado de cada interacción que tenga con Kai.
Obsérvalo.
Graben cada palabra, cada gesto.
No quiero que se pierda nada.
Esto es una orden directa del jefe.
Y ya saben lo que pasa cuando el jefe quiere algo y no lo hacen bien ¿Verdad?
El presidente dejó el almacén para subir a su oficina que se encontraba en el mismo edificio.
Pero en el último piso.
Y ahí se sentó a esperar a su hijo.
Junto con la llegada de Kai a la oficina.
Sus ojos oscuros, profundos y penetrantes como pozos sin fondo, permanecían fijos en su hijo, analizando cada detalle de su porte.
A pesar de sus cincuenta años aún denotaba una voluntad y autoridad inquebrantable.
—Lo se Kai.
Dijo finalmente, la voz grave y ligeramente áspera por el tabaco.
Kai no se atrevería ni por un instante a cuestionar o negar.
El peso de esas dos simples palabras cayó sobre Kai.
Kai mantuvo la compostura que tanto le había costado cultivar.
—Padre — Fue lo único que respondió.
—En esa…
¿cafetería?… —No es exactamente un lugar donde esperaría encontrar a mi hijo, Kai.
Tus responsabilidades son de otra índole.
—Fue un encuentro casual—.
replicó Kai, la voz perfectamente neutra Calibrada para evitar cualquier inflexión que pudiera interpretarse como justificación, desafío.
—Casualidades…
En nuestro negocio, Kai, las casualidades rara vez existen.
Y cuando parecen ocurrir, suelen estar cuidadosamente orquestadas por alguien con un motivo oculto.
Sus ojos penetraron los de su hijo.
—Ese joven…
el dueño, supongo… Noah.
El nombre salió de sus labios con una ligera aspereza, como si la mera mención le dejara un sabor amargo en la boca.
—¿Qué tiene de especial para captar tu atención, Kai?
Una punzada de algo completamente desconocido recorrió el pecho de Kai.
No era miedo, era una necesidad primaria de proteger algo que ni siquiera comprendía del todo.
Pero se obligó a mantenerse tranquilo.
—No tiene nada de especial, padre.
Solo necesitaba un café.
—¿Un simple café te mantuvo allí más de lo estrictamente necesario, Kai?
Mis informantes son eficientes, hijo.
Sus ojos y oídos están en todas partes.
Kai tensó la mandíbula ligeramente, un músculo apenas perceptible latiendo bajo su piel.
—Intercambiamos algunas palabras.
Nada relevante solo una corta charla.
Su mente maquinaba su cabeza pensando que pudieron haberle informado a su padre.
—Relevante es un término peligrosamente subjetivo, hijo.
Comentó su padre, en un murmullo denso que, era más amenazante que un grito.
—Lo que tú, en tu juicio limitado por la emoción consideras irrelevante, podría ser de grandísimo interés para nuestros…
Kim Hyun-woo hizo una pausa dramática, dejando que sus palabras se asientan, cargadas de años de violencia y desconfianza.
Se inclinó ligeramente hacia adelante sobre el escritorio de caoba pulida, un movimiento lento y deliberado.
—Después de recibir el informe detallado de tu …
‘casualidad’…, ordené de inmediato que ese joven fuera puesto bajo vigilancia total.
Kai sabía que “vigilancia total” de Kim Hyun-woo significaba una intrusión invasiva y minuciosa, despojando a Noah de cualquier privacidad, convirtiendo su vida simple en un libro abierto para sus ojos.
—Y hablando de…
eh…
conexiones, Kai—.
Su voz adquirió un tono aún más pausado, peligrosamente suave.
Era la calma ominosa que precede a una tormenta particularmente brutal.
—¿Cómo está Lyra?
Ha pasado un tiempo considerable desde la última vez que la vi acompañándote en algún evento.
Es una joven encantadora, de una familia muy…
establecida.
Espero que estés cultivando esa relación como es debido.
Sabes que tiene nuestro total apoyo.
El nombre, pronunciado con esa estudiada indiferencia, con esa ligera pero inconfundible presión.
Lyra.
Ella era la pieza clave en el ajedrez familiar, la prometida cuidadosamente elegida para asegurar alianzas y fortalecer su posición.
Su “relación” con ella era una farsa meticulosamente mantenida, una obligación impuesta por su padre desde que eran casi niños.
No había afecto genuino.
La mención de su nombre, en ese preciso momento, después de haberle preguntado sobre Noah, era una maniobra calculada, un recordatorio punzante de las expectativas y de las cadenas invisibles que lo ataban.
—Lyra está bien, padre.
Está concentrada en sus estudios y en sus proyectos.
Nos vemos con regularidad, según lo esperado.
Respondió Kai, su voz ligeramente más grave de lo habitual.
—Me alegro mucho de escucharlo.
Porque, como sabes perfectamente, Kai, su bienestar y la consolidación de vuestro vínculo es de suma importancia para la estabilidad de nuestra familia…
y de nuestros negocios.
Ella representa mucho más que una simple compañía, ¿entiendes?…
Y para ti…
supongo que también es importante mantener las apariencias, ¿no es así?
Dijo Kim Hyun-woo, su sonrisa regresando lentamente, esa mueca fría y calculadora que nunca llegaba a sus ojos oscuros.
La pregunta no era una mera consulta, sino una afirmación.
Volvió a llevar la pipa a sus labios, inhalando profundamente —Hablemos de negocios, Kai.
Actualízame sobre los deudores.
Empecemos por los del distrito de Gangnam.
¿Qué hay del señor Ahn, el dueño de las constructoras?
Habló el Señor Kim Hyun-woo, su voz ahora cambiando de tono, Kai cambió ligeramente su peso, agradeciendo el cambio de tema, aunque sabía que este era su terreno.
—El señor Ahn ha extendido su deuda dos veces, padre.
Sus últimas inversiones inmobiliarias no han rendido lo esperado.
Sus hombres han sido…
persuadidos de que es hora de pagar.
La fecha límite final es la próxima semana.
Si no cumple, actuaremos.
—Bien.
Que sienta la presión.
No podemos permitir que la complacencia se asiente.
¿Y qué hay de la señora Park, la propietaria de la cadena de salones de belleza?
Escuché rumores de que está intentando buscar financiación externa.
—La señora Park es más…
escurridiza.
Ha estado moviendo activos discretamente.
Nuestro hombre dentro de su contabilidad nos informó de transferencias a cuentas en el extranjero.
Le hemos enviado una clara advertencia.
Un pequeño incidente en su salón principal anoche.
Un ‘accidente’ con el sistema de rociadores.
Suficiente para generar pérdidas, pero no para arruinarla.
Es para recordarle quién es su verdadero socio — La voz de Kai era plana, desprovista de emoción, como si hablara de una estrategia de ajedrez.
—Excelente.
El miedo es una herramienta poderosa, Kai.
Mejor que la fuerza bruta en muchos casos.
¿Y el joven Choi, el promotor de conciertos?
Parece que sus eventos no han llenado los asientos como solían hacerlo — Kim Hyun-woo aprobó, un brillo fugaz en sus ojos.
—Actualmente.
Choi es un problema menor, padre.
Ingenuo, pero con conexiones útiles en el ámbito del entretenimiento.
Ha intentado negociar un aplazamiento, citando bajas ventas y problemas con permisos.
Hemos ‘sugerido’ que sus próximos conciertos podrían ser objeto de ‘inspecciones sorpresa’ si no cumple con la primera cuota para finales de mes.
Creo que la comprenderá.
—Confío en tu juicio en eso, no permitas que la lástima te nuble el juicio.
Es un negocio, Kai, no una guardería.
Cada uno de ellos ha tomado nuestra mano en el momento de necesidad.
Ahora es nuestro momento de cobrar.
— dijo su padre, pero su tono era una advertencia.
—El doctor Lee, el de la clínica privada, ha saldado la mitad de su deuda, padre.
Los beneficios de sus procedimientos recientes han sido considerables.
El resto lo pagará en dos semanas.
Ha sido…
cooperativo.
—Es lo que esperamos.
La cooperación.
¿Y la familia Jeong, los importadores de textiles?
Me preocupan.
Su negocio ha estado estancado por los aranceles.
—Los Jeong están en una situación delicada — admitió Kai — Sus ganancias han caído un 30%.
Sugerí una reestructuración de su deuda, haré su plan de pagos más flexible a cambio de una participación mayor en sus envíos futuros.
Es más rentable a largo plazo que dejarlos caer.
Kim Hyun-woo alzó una ceja, una señal de interés.
—Una participación mayor, dices.
Ingenioso.
Asegura una fuente constante de ingresos y control sobre la cadena de suministro.
Sí, eso podría funcionar.
Demuestra que no solo eres un martillo, Kai.
Tienes la mente para el ajedrez.
Pero no olvides: la indulgencia debe ser calculada, nunca por debilidad.
Cada uno debe sentir que está en el filo de la navaja.
El silencio regresó.
Kim Hyun-woo parecía satisfecho con los informes de su hijo, una rara muestra de aprobación implícita.
—Un último punto, Kai.
Kim Hyun-woo retomó, su voz volviendo a ese tono suave y peligroso que había precedido la mención de Lyra.
—La relación con Lyra.
Sé que eres un hombre ocupado, con muchas responsabilidades.
Pero ella es…
crucial.
No quiero rumores.
Quiero que la gente vea una unión fuerte, un futuro asegurado.
He escuchado que tus encuentros son…
esporádicos.
No me gusta la inconstancia, Kai.
Especialmente no cuando el futuro de la familia está en juego.
Kai sintió la sangre helarse en sus venas.
Ese nombre era un recordatorio brutal de la jaula en la que vivía.
—Padre, mis deberes no me permiten dedicarle todo mi tiempo.
Ella lo entiende.
Lyra es inteligente.
—La inteligencia tiene sus límites, hijo.
Y la paciencia, también.
Lo que deseo es una estabilidad visible.
El compromiso público es fundamental.
Los rumores, incluso los más pequeños, pueden socavar años de trabajo.
Quiero que pases más tiempo con ella.
Quiero que la invites a eventos importantes, que sea vista como parte integral de nuestra vida…
Haz que se sienta…
valorada.
Amada.
Incluso si el amor es solo una ilusión para el público.
Kai tragó saliva.
Esa idea lo asqueaba.
Y ahora, con Noah en la mira…
la complejidad se multiplicaba.
—Entendido, padre — respondió Kai, su voz apenas un susurro.
La tensión en sus hombros no disminuyó ni un ápice.
Kim Hyun-woo volvió a llevar la pipa a sus labios, inhalando profundamente.
—Hay algo más, Kai —Dijo finalmente Kim Hyun-woo, dejando la pipa.
—Esta…
fascinación tuya por este joven barista…
me presenta una oportunidad.
Kai se quedó inmóvil, cada sentido en alerta máxima.
Una oportunidad.
Esa palabra, en boca de su padre, siempre significaba peligro, manipulación y la ruina de alguien.
—La información que mis hombres están recopilando sobre él es…
básica.
Un pequeño negocio, sin conexiones notables, aparentemente sin ambiciones más allá de su humilde cafetería.
Un lienzo en blanco, por así decirlo.
—Quiero que te acerques a él, Kai.
Y una vez que tengas su confianza, quiero que lo convenzas de que necesita más capital para su negocio.
Que lo persuadan de solicitar un préstamo a una de nuestras…
empresas financieras.
Prosiguió Kim Hyun-woo, sus ojos brillando con una luz fría.
La implicación era clara: si Noah aceptaba el préstamo, se encontraría en deuda no solo financieramente, sino también con la organización.
Se convertiría en una marioneta, vulnerable a sus exigencias.
— ¿Y cuál es el propósito de esto, padre?
Kim Hyun-woo exhaló una bocanada de humo, observando las volutas ascender lentamente hacia el techo.
—Propósitos, Kai.
Siempre hay propósitos.
Primero, tendremos una influencia directa sobre él.
Segundo, veremos hasta dónde llega tu…
implicación emocional.
Si eres capaz de cumplir esta tarea sin dudarlo, sin dejar que tus sentimientos nublen tu juicio.
Es una prueba de lealtad, hijo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Kai.
Una prueba.
Y Noah era el peón.
— Y tercero, tendremos algo…
que podamos usar contra él si es necesario.
Información es poder, Kai.
Y una deuda es una cadena muy fuerte.
La verdad golpeó a Kai con la fuerza de un puño.
Su padre no solo estaba investigando a Noah; estaba tratando de manipularlo, de controlarlo.
Y lo estaba utilizando a él, a Kai, como el instrumento.
—Entiendo, padre.
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