Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 52

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
  4. Capítulo 52 - Capítulo 52: Capítulo 47
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 52: Capítulo 47

⚠⚠

Capítulo 47 ⚠

Noah

Mi corazón se detuvo por un instante.

Giré hacia Kai, mis ojos buscando confirmación, y lo encontré con esa sonrisa suya, ladeada, traviesa, capaz de hacerme olvidar cómo respirar.

—Hawái… —murmuré, medio incrédulo.

Él me jaló suavemente de la nuca, acercándome a su frente, como si no necesitáramos más espacio que ese contacto.

—Yo sé cuánto querías correr por las playas, Noah.

Cuando las ruedas tocaron tierra, Kai me sonrió como si me hubiera regalado el mundo entero.

—Bienvenido a nuestras vacaciones.

No necesité responderle. Mis labios lo buscaron.

Bajamos del avión tomados de la mano, con una tranquilidad que contrastaba con el ajetreo de la gente a nuestro alrededor. Nuestras maletas ya nos esperaban cuando descendimos; Kai se aseguró de que todo estuviera listo, como siempre lo hacía.

Salimos del aeropuerto y la brisa cálida de Hawái nos acarició de inmediato. Era como si el aire mismo nos diera la bienvenida a este pequeño escape.

—Bien, amor —dijo Kai, girándose hacia mí con esa media sonrisa que ya sabía lo que venía—. Tenemos dos opciones. Ir a mi hotel privado o… ir a una pequeña villa con playa totalmente privada. ¿Qué decides, amor?

Su mirada, aunque firme, era suave. Me estaba dando el poder de elegir, pero la respuesta ya estaba tatuada en mi pecho.

—Quiero la villa —respondí rápido—. Quiero que seamos solo tú y yo.

No hizo falta decir más. Su sonrisa se ensanchó como si acabara de recibir la respuesta más perfecta del mundo. Apenas un minuto después, un auto se detuvo frente a nosotros. El conductor bajó sin decir palabra, entregándole las llaves a Kai con una reverencia sutil.

—Gracias por traer el auto —dijo Kai.

Colocó nuestras maletas en el maletero mientras yo me acomodaba en el asiento del copiloto, sintiendo cómo la emoción me subía por la garganta.

Cuando llegamos, no pude contenerme. Ni siquiera esperé a que Kai detuviera por completo el carro. Salí corriendo, como un niño pequeño que acaba de ver su sueño delante de él.

La villa era un lugar de ensueño. Pequeña, acogedora, cada rincón pensado para que te enamores. Las paredes blancas reflejaban el sol, las cortinas ondeaban como si saludaran.

Subí de inmediato al balcón del segundo piso. Desde ahí, la vista era una postal perfecta.

Sentí las manos de Kai rodeándome la cintura desde atrás, su pecho pegándose a mi espalda, su respiración acariciando mi cuello.

—¿Te gusta? —susurró.

—Me encanta… es hermoso.

—Sí, es hermoso —repitió, pero esta vez no hablaba de la villa. Lo supe porque sus ojos estaban fijos en los míos, como si me absorbieran.

Rio suavemente, y sus labios rozaron mi mejilla.

—Ven conmigo —dijo de repente, con ese tono que no aceptaba negativas.

No hubo advertencia. Un segundo después, ya estábamos dentro del agua, las olas chocando contra nosotros, mientras Kai me cargaba. El momento era perfeto. El agua a la altura de nuestras cinturas, ambos respirando con fuerza, mirándonos. Sus manos sujetando mis piernas, mis caderas, y su mirada… su mirada bajó lentamente hasta mis labios.

Su frente chocó suavemente contra la mía, y en ese instante, la brisa ya no era lo único que me erizaba la piel.

Mi respiración se volvió más densa, y sin romper la distancia, sus dedos comenzaron a subir lentamente, acariciando cada centímetro como si fueran descubiertos por primera vez.

El aire se hizo espeso.

Al final sus labios rozaron los míos, sin besarlos, solo jugando, como si supiera que el roce era peor castigo que un beso profundo.

—Noah… —susurró con voz ronca—. Te juro que no sabes lo mucho que te deseo.

Mis manos buscaron su nuca, aferrándose a él mientras sentía que el calor del agua no tenía nada que ver con el fuego que me quemaba por dentro.

—Lo sé, Kai… porque siento lo mismo.

Esa fue la gota que rompió el dique. Nos besamos, profundo, lento, como si quisiéramos grabar el momento en la piel. No sé cuánto tiempo estuvimos así, perdidos en nosotros, pero el sol comenzó a caer, tiñendo el cielo de colores que parecían imposibles.

Kai me llevó en brazos de regreso, ambos empapados, sin dejar de mirarnos como si fuéramos a devorarnos de un momento a otro. Y así entramos a la villa.

—Amor, ¿tienes hambre? —pregunté mientras secaba mi cabello con la toalla, entrando descalzo a la cocina.

Kai me miró desde el sofá, su camisa empapada pegada a su cuerpo, y esa maldita sonrisa suya que no prometía nada bueno.

—¿De ti? Siempre. Pero supongo que te refieres a comida. —Se levantó con pereza, como si cada movimiento fuera calculado para hacerme perder la paciencia.

Le lancé la toalla a la cara.

—¡Estoy hablando de cenar, Kai!

Él atrapó la toalla con una mano y la dejó caer, caminando hacia mí con pasos lentos, felinos, como un depredador midiendo a su presa.

—Entonces cocinemos juntos, amor. Pero será bajo mis condiciones.

—¿Y cuáles son esas? —pregunté curioso.

—Ríndete a mí.

—¿Rendirme? —Solté una carcajada que hizo que sonría.

—Olvídalo yo me rindo ante ti —su rostro a centímetros del mío.

Reí, sintiendo cómo el corazón me martillaba en las costillas.

Pero algo cambió en su mirada. Ya no era el juego. Sus dedos subieron lentamente, limpiando con suavidad un rastro de arena que tenía cerca de los labios. Sus pupilas se dilataron. La cocina desapareció. El mundo se achicó al espacio minúsculo entre nuestros rostros.

—No sabes cuánto te amo, Noah —susurró, su voz ronca, con una intensidad que me hizo tragar saliva.

—Lo sé… porque yo te amo igual, Kai.

La tensión era asfixiante. Podía sentir el calor de su cuerpo sin que me tocara, podía saborear el beso que aún no llegaba. Pero, como si supiera que un segundo más iba a romper la poca compostura que quedaba, Kai se apartó, riendo.

—Vamos a terminar de preparar algo, o no cenaremos nunca.

—Ya no tengo hambre.

—Entonces ven, tienes que relajarte.

Me llevó hasta el baño principal. Y ahí estaba: la bañera, enorme, rebosante de espuma. Velas encendidas por todo el cuarto, y un leve aroma a vainilla y coco que me envolvió apenas entré.

—¿Planeaste esto desde el principio? —pregunté con una sonrisa.

—Siempre tengo planes para ti —respondió, comenzando a desabrochar su camisa, lenta, demasiado lenta.

Mis manos actuaron antes de pensar. Me acerqué, deslizando la tela de sus hombros. Kai hizo lo mismo conmigo, cada caricia suya era un incendio.

Nos metimos al agua. Y la calidez nos envolvió, la espuma cubría parcialmente nuestros cuerpos, pero eso no detenía la electricidad que seguía creciendo.

Nos sentamos uno frente al otro, con las piernas entrelazadas bajo el agua. Kai tomó un poco de espuma y la colocó sobre mi cabeza, como si fuera un sombrero ridículo.

Me acerqué, cerrando la distancia entre nosotros, hasta que nuestras frentes se tocaron. Sus manos se deslizaron por mis costados bajo el agua.

—Kai…

—Noah… —susurró, su voz quebrándose apenas. —Eres muy travieso.

Fue el final del autocontrol.

El agua se agitaba alrededor y caía al suelo, pero no nos importaba.

Me apartó apenas unos centímetros, solo para mirarme, con esa mirada suya que me hacía temblar.

—Te deseo, Noah. No sabes cuánto.

—Entonces no me hagas esperar más, Kai.

No hubo más palabras. Esa noche, entre susurros, con el mar como testigo, el mundo desapareció. Éramos solo piel, latidos entrecortados.

Desperté envuelto en nuestro calor. El cuerpo desnudo de Kai recostado a mi lado, las sábanas solo cubrían poca piel de nuestros cuerpos.

Deslicé mi dedo suavemente por su mandíbula, delineando la línea perfecta. Él frunció el ceño apenas, pero no abrió los ojos.

—Despierta, amor —susurré, pero no lo hice en serio. Quería que siguiera descansando.

Pero claro, era Kai. No existía nada que pueda hacer sin que él no lo notara.

—Noah… —susurró, con esa voz ronca, dormida, que me derretía—. Me estás tentando a no dejarte salir de la cama en todo el día.

—¿Y eso es malo? —pregunté, mordiendo mi labio.

—Es peligroso.

No supe en qué momento se movió, pero en un parpadeo, ya estaba sobre mí, sujetando mis muñecas contra las sábanas, con esa sonrisa torcida que me hacía perder el sentido común.

Kai dejó un beso tierno en mi frente, y luego se levantó. La sábana resbaló de su cintura, dejándome un espectáculo que, honestamente, era una tortura para mis neuronas.

—Voy a preparar algo rico para ti, amor —anunció, caminando hacia la cocina, sin molestarse en vestirse.

Lo seguí con la mirada hasta que desapareció por la puerta, y luego me hundí en la cama, cubriéndome el rostro con las manos.

—¿Cómo se supone que voy a sobrevivir a esas vacaciones?

Pasaron unos minutos y el sonido de la cocina empezó a llenar la villa.

No me resistí. Me levanté, me puse una camiseta suya, que me quedaba enorme, y caminé descalzo hasta la cocina.

La escena fue tan perfecta que quise congelarla en mi memoria…Kai, con el cabello alborotado, en bóxer, con un delantal ridículamente pequeño atado a la cintura, cortando frutas. Me apoyé en el marco de la puerta, sonriendo.

—Nunca pensé que el presidente se viera tan adorable.

Kai giró apenas, sin dejar de mover la sartén, con una ceja levantada.

—Adorable, dice. Estás jugando con fuego, amor… Ven aquí —ordenó, pero con esa dulzura que me derretía.

Obedecí.

Kai me tomó por la cintura, para que me sentara sobre la encimera, mientras él seguía cocinando. Su brazo rozaba mis piernas cada tanto, y yo sentía que me derretía más que la mantequilla en la sartén.

—Vamos a recorrer la isla en moto —dijo Kai de repente.

—Suena perfecto. Solo tú, yo, y el viento. —respondí emocionado.

El viento me azotaba el rostro, pero no me importaba. Estábamos en una carretera. Kai manejaba la moto con esa confianza suya. Yo iba pegado a su espalda, con los brazos alrededor de su cintura, sintiendo el calor de su cuerpo incluso a través de la ropa. Cada vez que Kai aceleraba, me aferraba a su cintura con más fuerza, y él soltaba una pequeña risa, inclinándose solo un poco hacia atrás para sentirme más.

Fuimos a un pequeño restaurante escondido entre la vegetación, con mesas de madera al aire libre, rodeadas de flores y con una vista privilegiada al mar. Apenas bajamos de la moto, un hombre mayor, de cabello canoso y sonrisa amable, salió a recibirnos.

—Presidente Kai, es un honor verlo de nuevo.

—Gracias, viejo amigo —respondió Kai, estrechándole la mano con familiaridad—. Hoy estoy aquí con mi pareja. Quiero la mejor mesa.

El hombre asintió, llevándonos a una mesa en la esquina, semi oculta por un toldo de flores. Era perfecta. Privada, pero con una vista espectacular al mar.

Kai no miró el menú, solo pidió, cuando llegó era un plato de mariscos frescos, con salsas que sabían a gloria, pero Kai me observaba mientras comía era suficiente para hacerme olvidar hasta del hambre.

—Prueba esto —dijo, tomando un trozo de fruta.

Lo acepté y me relamí los labios. Su sonrisa se ladeó, saboreando el pequeño desafío.

—Estás jugando sucio, amor… Podría quedarme aquí todo el día, solo mirándote.

—No digas eso si no piensas cumplirlo —dije, con un atrevimiento que apenas reconocí como mío.

Kai se mordió el labio, conteniendo una respuesta que parecía peligrosa.

—Amor, no me tientes si no estás listo.

La tensión era tan palpable que casi podía saborearla.

Después de un tiempo se acercó el mismo hombre. Ignoró completamente mi presencia y comenzó a hablar con Kai sobre tratos que lo podrían beneficiar a él. Yo les di su privacidad y saqué mi teléfono para jugar.

Kai estaba con su apuesta cara de negocios. De vez en cuando me miraba como pidiéndome perdón por esta intromisión. Mientras yo negaba suavemente, sabía que su trabajo era importante y no pensaba entrometerme en eso. La poca atención que ponía a su conversación entendí que habían tenido problemas con la mercancía que había enviado el ex presidente Kim, padre de Kai. Él prometía compensar los fallos.

Y después de eso se fue, dejándonos solos.

—Perdón por esto Noah, no quería hablar de negocios en nuestras vacaciones.

—Está bien Kai, es inevitable, esto es parte de tu vida y no pienso negártelo.

—Gracias, por eso te amo.

—Yo también te amo… Y una cosa más, no creo que debas aceptar sus condiciones, por lo poco que escuché no creo que tengas TU alguna beneficencia. Pero es mi opinión.

—Gracias por la recomendación cielo, no firmaré nada que pueda ser contraproducente para nosotros… Pero dejemos de hablar de trabajo.

Continuamos comiendo y después de comer, rodeó la mesa y se sentó a mi lado, pasando su brazo por mis hombros. Apoyé mi cabeza en su hombro, cerrando los ojos, escuchando su respiración.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo