Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 55

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
  4. Capítulo 55 - Capítulo 55: Capítulo 50
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 55: Capítulo 50

⚠⚠⚠

Capítulo 50 ⚠

Noah

—Vamos, amor, el día aún no termina —me dijo, con esa media sonrisa que me hacía levantarme incluso si no quería.

Lo ayudé a recoger todo. En el coche, el ambiente seguía igual de ligero hasta que Kai, de repente, tomó una vuelta que no correspondía.

Lo miré de reojo, intrigado.

—Amor… ¿a dónde vamos? —pregunté, girándome un poco hacia él.

—Ya lo verás —respondió, con una sonrisa traviesa, pero detrás de esa sonrisa noté algo. Una pizca de ansiedad. Apenas perceptible, pero yo conocía cada una de sus respiraciones.

No pregunté más, pero me quedé observándolo. Mi corazón comenzó a latir más fuerte, sin entender por qué. Cuando el coche se detuvo, alcé la vista… y ahí estaba.

La Torre Eiffel.

Vacía.

Parpadeé varias veces, como si mis ojos me estuvieran jugando una broma. Pero no. Estaba realmente vacía. Kai salió del auto y rodeó hacia mi puerta. Al abrirla, me tendió la mano.

—Subamos —dijo, como si fuera lo más simple del mundo.

—Kai… este lugar siempre está lleno. ¿Qué hiciste? —solté una risa nerviosa, pero por dentro estaba emocionado.

—Te dije que podía poner el mundo a tus pies, ¿no? —alzando la ceja, con esa soberbia juguetona que solo a él le quedaba bien.

Reí porque… claro que sí, era Kai.

Subimos al ascensor tomados de la mano. Sentía cómo su pulso era fuerte, agitado, y eso me ponía peor. Mi ansiedad crecía, mi pecho vibraba como si fuera a explotar.

Después vinieron las escaleras, muchas, muchas escaleras. Kai no me soltaba, y a cada descanso, me robaba un beso para “recuperar fuerzas”.

Cuando llegamos arriba, me quedé sin aire.

Había una mesita pequeña, de esas para cenas íntimas, con dos copas de vino listas, una vela encendida, y el paisaje de París iluminado ante nosotros. Me tapé la boca con las dos manos y giré sobre mí mismo, sin poder contener el nudo en la garganta.

—Kai… esto es hermoso —susurré, sintiendo cómo la voz me temblaba.

—No tan hermoso como tú —me respondió, acercándose hasta quedar frente a mí.

Tomó mi mano con cuidado, guiándome hasta el filo. Sentí su mano firme en mi cintura, dándome la seguridad de que no iba a caer.

Y entonces, me hizo dar un paso atrás.

Fue ahí cuando su mirada cambió. Sus ojos me atraparon, y su respiración se hizo más pesada… nerviosa.

—Noah… —susurró, apenas audible.

Se arrodilló frente a mí.

Y mi corazón… dejó de latir.

Kai metió la mano en su bolsillo y sacó una pequeña caja aterciopelada de color purpura. Sus dedos temblaban ligeramente. Sus ojos estaban fijos en mí, vulnerables, sinceros, expuestos. Una mirada que nunca antes había visto.

—Desde que entraste en mi vida, el mundo dejó de ser gris. Me mostraste lo que era vivir… de verdad. Me enseñaste lo que era tener un hogar. Me diste familia… y me diste amor, incluso cuando yo no sabía que era amar.

Sus manos se abrieron, revelando el interior de la caja, pero mis ojos ya estaban borrosos.

—Noah, no quiero seguir caminando este mundo sin saber que soy tuyo para siempre. Quiero que este anillo sea la promesa de que, pase lo que pase, yo voy a protegerte, a cuidarte, a amarte hasta mi último respiro. —Tragó saliva, su voz tembló—. ¿Te casarías conmigo? No, mejor dicho ¿Me dejarías casarme contigo?

El aire se me fue. Solo podía llorar. Solo podía asentir con la cabeza, una y otra vez, con desesperación, con el alma desbordada.

—Sí… sí, Kai… sí, amor… —susurré entre lágrimas, con las manos cubriéndome la boca.

Él sonrió, esa sonrisa que me había salvado tantas veces, y se puso de pie. Tomó mi mano, la que aún temblaba, y deslizó el anillo en mi dedo. Me miraba como si fuera el tesoro más valioso del universo, y sus labios también temblaban.

—Tengo uno para mí, pero quiero que tú me lo pongas —dijo, sacando un segundo anillo de su bolsillo.

Mis dedos estaban entumecidos, pero logré colocarlo en su mano. Kai me miraba, y en sus ojos no había más que amor puro, crudo, real.

Él iba a besarme, un beso dulce, tierno, pero no le di tiempo.

Me lancé sobre él, haciéndonos caer al suelo. Lo besé, lo besé con el corazón latiendo como un loco, llorando, riendo, sintiendo que ese beso era la única forma en que podía agradecerle por este momento.

Un beso de amor. Un beso de felicidad.

Un beso que gritaba: “Para siempre”.

Kai

Regresar a casa con Noah, con el peso del anillo brillando en su dedo, era una sensación que ni la palabra perfecto podía describir. Él no dejaba de mirar su mano, como si tuviera miedo de que todo fuese un sueño. Y yo… yo no podía apartar mis ojos de él.

—Amor… ¿quieres que te lo recuerde cada minuto? —pregunté divertido, abriendo la puerta de nuestra casita.

—Sí, por favor —susurró, con esa sonrisa que me destruía y me volvía a armar en un segundo.

Entramos y cerré la puerta con suavidad, dejando la ciudad de París allá afuera, como si el mundo entero nos perteneciera solo a nosotros esta noche.

—Sube —le ordené, hincándome en el primer escalón.

—Kai… —rio, pero ya sabía lo que venía. Obediente, saltó a mi espalda.

—Noah. Esta noche… eres mío.

Subimos las escaleras, pero el ambiente cambió cuando llegamos a la habitación. La ciudad estaba encendida afuera, las luces doradas de la Torre Eiffel se filtraban por la ventana abierta. Era el escenario perfecto, pero no tenía nada que hacer frente a la imagen de Noah y su sonrisa.

—Eres un pecado. —Le susurré, bajándolo de mi espalda con delicadeza.

Noah se giró, jugando con el anillo en su dedo.

—Y tú… —se acercó despacio, sus manos rozaron mis mejillas, atrayéndome hacia él—, tú eres mi tentación, Kai.

Mis labios buscaron los suyos, pero él se apartó, mordiéndose el labio inferior, juguetón.

—¿Qué pasa, amor? —gruñí bajo, avanzando hacia él.

—Quiero que me lo pidas otra vez.

—¿Pedirte qué? —sonreí, aunque ya sabía la respuesta.

—Que me case contigo.

Mi corazón dio un vuelco. Me acerqué, tomándole el rostro entre mis manos.

—Noah, mi amor, mi vida entera… —mis dedos rozaban su cuello, bajando lentamente hacia su cintura, apretándolo contra mí—, quiero que te cases conmigo, quiero que seas el dueño de cada uno de mis días y cada una de mis noches. No hay un mundo donde yo no te elija, Noah.

—Entonces… —susurró, temblando bajo mi toque—, tómame que ya soy tuyo.

Y lo hice, despacio, con un nuevo sentimiento encontrado.

Nos dejamos caer sobre la cama, exhaustos, pero riendo como niños. Noah enredó sus piernas en las mías, apoyó su mejilla en mi pecho, jugando con el anillo.

—¿Sabes qué, Kai?

—Dime, amor.

—Acabo de vivir el día más feliz de mi vida.

Lo abracé fuerte, besando su cabello.

—Acostúmbrate a esa sensación, Noah. Porque siempre será así.

La noche siguió su curso, pero nosotros nos quedamos ahí.

El sol apenas asomaba tímidamente por las cortinas, pero yo ya estaba despierto.

O quizá nunca había dormido del todo.

Mi brazo seguía rodeando la cintura de Noah, su respiración suave acariciaba mi pecho, y su pierna seguía enredada en las mías. Miré su mano, esa mano que anoche temblaba al ponerme el anillo. Ahora descansaba tranquila sobre mi piel, con el anillo brillando entre sus dedos. Era real. Todo era real.

—Amor… —susurré, rozando mis labios en su frente—. Despierta.

Noah gruñó algo ininteligible, pegándose más a mí, como si eso fuera posible.

—No seas flojo, amor. —reí bajito.

Él levantó la cabeza lentamente, con el cabello revuelto, los párpados pesados, y esa expresión de niño mimado que me volvía completamente loco.

—¿Ya es hora de despertar… o solo quieres molestarme, Kai?

—Ambas cosas. —Le sonreí, llevándome su mano a los labios para besar sus nudillos

—Eso es trampa… —susurró, sonriendo adormilado, acurrucándose en mi cuello—. No puedes ser así a estas horas.

Le acaricié la espalda con movimientos lentos, pausados.

Noah se quedó en silencio unos segundos, hasta que de repente levantó la cabeza con una sonrisa enorme, como si de pronto la realidad lo golpeara de nuevo.

—Kai… ¡me voy a casar contigo!

Lo atraje hacia mí en un abrazo que casi nos deja sin aire.

—Sí, amor. Así que vete acostumbrando a despertar cada mañana así.

Nos quedamos abrazados, riendo como tontos, hasta que su estómago decidió traicionar el momento con un rugido largo.

—Kai… tengo hambre.

—¿Quieres que te lleve el desayuno a la cama, mi prometido? —le pregunté, acariciando su mejilla.

Vi sus mejillas prenderse al escuchar la palabra “prometido”

—No. Quiero ir contigo. Quiero caminar descalzo por la casa y que hagamos café juntos… como si fuéramos un par de viejitos casados.

—Hecho. —Lo besé en la frente—. Pero solo si prometes que vas a seguir usando mis camisas de pijama.

Rio cómplice por mis palabras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo