Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 57

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
  4. Capítulo 57 - Capítulo 57: Capítulo 52
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 57: Capítulo 52

⚠⚠⚠

Capítulo 52 ⚠

Noah

La semana pasó como un suspiro. Cada día fue una nueva experiencia.

Las vacaciones fueron perfectas. Pero sabíamos que era hora de volver… Volver a Corea. Volver a casa.

—Noah… —Kai rompió el silencio mientras doblaba una camisa, lanzándome una sonrisa juguetona—. ¿Por qué siento que estás metiendo más peluches de los que trajimos y si no mal recuerdo solo teníamos uno?

—¡Son los que has ganado para mí! —le respondí, haciendo puchero.

Kai soltó una carcajada baja, se acercó a mí y me robó un beso, uno de esos que me dejaban sin fuerza en las piernas.

—Eres demasiado tierno, Noah. Vas a malcriar hasta a los peluches.

—No estaría mal. —susurré, escondiéndome en su cuello, robándole otro beso.

Cuando por fin llegamos al aeropuerto, Kai entrelazó su mano con la mía y suspiró.

—Listo, es hora de volver a casa. Pero prométeme algo.

—¿Qué cosa?

—Que seguirás aceptando mis sorpresas.

Reí, apoyando mi cabeza en su hombro.

En el avión, nos acomodamos juntos en la ventana. Kai sacó su teléfono y deslizó las fotos que habíamos tomado: selfies en Central Park, fotos mías comiendo un cupcake con la nariz llena de crema.

Seguimos bromeando, emocionados por regresar, pero en el fondo, yo estaba ansioso. Extrañaba a mis bebés. Extrañaba esa sensación de abrir la puerta y ser recibido con saltos y lametazos.

Cuando aterrizamos, ya el auto nos estaba esperando.

—Preparado —me dijo Kai, apretando mi mano.

—Lo he estado desde que subimos al avión.

El trayecto a casa fue corto, pero mi ansiedad lo hizo parecer eterno. Apenas el auto se detuvo frente a la puerta, Kai salió primero y me ayudó a bajar, nuestras manos nunca se soltaron.

—Listo, Kai. Es hora de la tormenta.

Abrí la puerta.

Y en ese instante, una bola de pelos empapada de agua salió disparada hacia nosotros.

—¡TIMI! —grité justo antes de que nos embistiera, lanzándonos a ambos al suelo.

—¡POR DIOS! —Kai exclamó, mientras Timi nos mojaba por completo.

Y no estaba solo. Mochi, Daifuku venían corriendo detrás, toda chorreando agua, brincando sobre nosotros como si fueran un escuadrón de peluditos al ataque.

—¡Agh, nos están mojando! —Kai dijo, tratando de sentarse mientras Daifuku le mordía la manga como si fuera una cuerda de juego.

Entonces, vi al abuelo de Kai en la puerta, de brazos cruzados, observándonos con esa sonrisa oculta bajo su ceño fruncido, mientras los empleados detrás de él parecían buscar rutas de escape.

—¡Señor, con su permiso, nos retiramos! —y sin esperar respuesta, él y el resto salieron huyendo. No corriendo. Huyendo. Y el abuelo también salió.

Reí.

—¡Kai! Tenemos que terminar de darles un baño ahora mismo. No puedo dejar que anden por la casa chorreando agua.

—Entonces al baño. —Kai se levantó, cargando a Mochi como si fuera un saco de papas.

Tomamos a Timi, Mochi y a Daifuku, y fuimos directo a la bañera grande del cuarto principal.

Llenamos la bañera con agua tibia. Metimos a los bebés con nosotros, Kai de un lado, yo del otro. Timi intentaba saltar fuera, pero Kai lo sujetó con firmeza. Terminamos de bañarlos entre salpicaduras. Y cuando salimos de la bañera, Los envolvimos en toallas, con el secado de cabello los dejamos secos y esponjosos. Los tres terminaron totalmente rendidos en nuestros brazos.

La casa por fin estaba en silencio. Acomodamos a los peludos en sus camas y Kai y yo terminamos tumbados en el sofá. La televisión estaba encendida, pero no prestábamos atención. La única imagen que llenaba mi mente era la de Kai, con el cabello aún húmedo, recostado con una expresión de paz tan pura.

—¿Sabes? —susurré, acariciando su mandíbula con la yema de mis dedos—. Ahora podemos relajarnos en casa.

Kai sonrió, entrelazando su mano con la mía. Mis ojos bajaron a sus labios. Lo necesitaba. Necesitaba sentirlo.

—Kai… —mi voz salió como un suspiro, cargado de intención—. Vamos al cuarto.

Kai me miró, sus ojos oscureciéndose, entendiendo al instante. Se levantó.

—Vámonos, Noah. —su tono era bajo, cálido.

Caminamos juntos, sin soltarnos. La atmósfera había cambiado, era suave, densa, como si el aire nos envolviera con hilos invisibles que solo existían entre nosotros. Al entrar al cuarto, la puerta se cerró detrás de nosotros, aislándonos del mundo.

Kai se acercó a mí, sus manos apoyándose a cada lado de mi cintura, acorralándome suavemente contra la pared. Sus labios rozaban los míos, apenas, jugando con la tensión, haciéndome desearlo más.

—Noah… —murmuró, su aliento acariciándome la piel—. ¿Sabes cuánto te extrañé?

Mis manos buscaron su cuello, acercándolo más.

—Entonces, demuéstramelo, Kai.

Y justo cuando sus labios atraparon los míos, intensos, desesperados, sentimos un salto en la cama.

Thump.

—No puede ser… —Kai murmuró con una mueca, sin apartarse de mí.

Giré mi cabeza y ahí estaba Timi, sentado como un rey en medio de la cama, moviendo la cola con descaro.

—Timi… cariño, es hora de dormir en tu camita. —pero mis palabras quedaron en el aire cuando Mochi y Daifuku decidieron unirse a la rebelión, brincando tras él.

Kai soltó una risa ahogada, su frente pegada a la mía.

—Creo que nuestros bebés tienen un radar anti momentos íntimos.

—Kai, no puedo con ellos. —reí, escondiéndome en su cuello.

Kai se separó a regañadientes, girándose hacia la cama con las manos en la cintura.

—Muy bien, escuadrón peludo, hoy papá Kai es el malo. Los tres, afuera.

—Kai, no les hables así, míralos… son adorables. —dije, aunque mi sonrisa traicionaba mis palabras.

—Adorables o no, Noah… —Kai tomó a Timi en brazos, mientras Daifuku intentaba agarrarse de la sábana—. Esta noche papá tiene que hacerle saber a tu papi Noah cuánto lo ama.

No pude evitar reír a carcajadas, tapándome la boca cuando vi a Kai cargar a Mochi bajo el brazo, mientras Daifuku mordía sus pantalones.

—Kai, ¿Necesitas ayuda?

—No, amor. Esto es una misión en solitario. —Kai me lanzó un guiño travieso—. No dejaré que interrumpan de nuevo.

Mientras Kai salía con los bebés en brazos, protestando y moviendo las colas, aproveché.

Mis manos fueron directas a los botones de mi camisa, desabrochándolos lentamente. El reflejo en el espejo me devolvió la imagen de mis mejillas sonrojadas, mi respiración agitada y el deseo dibujado en mis labios. Dejé caer la camisa al suelo, quedándome con el pecho descubierto, sintiendo cómo el aire me acariciaba. Deslicé mis manos hasta la cintura de mi pantalón, jugueteando con el botón, mientras escuchaba a Kai negociar con los peluditos en la puerta.

—Timi, no me mires así. ¡Solo por hoy! Noah necesita cariño especial… ¡Y tú ya tuviste tu baño de espuma!

Me mordí el labio, conteniendo la risa y la ansiedad. No podía esperar a que volviera. No hoy. La luz cálida iluminando la habitación, dejándome bañar en ese ambiente que solo pertenecía a nosotros.

La puerta se cerró.

—Amor… —Kai llamó con esa voz que me hacía temblar—. ¿Qué travesura estás planeando mientras no estoy?

Se giró y vio cómo mis pantalones ya estaban desabrochados, la camisa en el suelo, y mi sonrisa más descaradamente inocente.

—Te estaba esperando, Kai. ¿Vienes o tengo que ir yo por ti?

Kai soltó una risa baja, esa que se me erizaba la piel.

—Noah, amor de mi vida, ven aquí… pero te advierto algo.

—¿Qué?

—Esta vez, aunque Timi me derribe la puerta… no pienso detenerme.

La puerta se cerró con un leve clic. En cuanto lo escuché, mi respiración se agitó. No por nervios… sino por la necesidad contenida que me oprimía el pecho. Lo había esperado tanto. No la intimidad física, sino la intimidad de tenerlo así, solo para mí, sin sombras acechando, sin prisas.

Kai estaba ahí, apoyado contra la puerta, mirándome. Esa mirada. Oscura, intensa, profunda. Como si cada centímetro de su ser estuviera diciéndome sin palabras cuánto me necesitaba. Su camisa aún seguía empapada en algunas partes y su cabello mojado caía rebelde sobre su frente, dándole ese aspecto de hombre peligroso… que me encanta.

—Noah… —susurró mi nombre con una suavidad que me hizo estremecer—. Eres cruel, ¿lo sabías?

Me reí bajito, deslizando mis manos por mi propio torso, sintiendo mi piel erizarse bajo la atenta mirada de Kai.

—¿Yo? ¿Cruel? Solo estaba esperándote… pacientemente.

Kai caminó hacia mí, lento, con la sonrisa torcida que me volvía loco. Su silueta era la de un depredador juguetón.

Cuando llegó a mí, no me tocó de inmediato. Simplemente se arrodilló frente a la cama, dejando sus manos a los lados de mis muslos, con su rostro peligrosamente cerca del mío.

—No tienes idea de lo que provocas en mí, Noah. Ni la más mínima idea.

Acaricie su cabello, hundiendo mis dedos en esos mechones oscuros.

—Dímelo, Kai. Quiero saberlo.

Kai sonrió, apoyando su frente en mi vientre.

—Provocas que me olvide del mundo. Que quiera perderme aquí, contigo, hasta que no exista nada más. —levantó la cabeza, mirándome—. Provocas que quiera adorarte lento, sin prisa… como si el tiempo fuera solo nuestro.

Su voz, su cercanía, sus palabras… era demasiado. Sentí el calor trepar por mi cuello hasta mis mejillas.

—Entonces hazlo, Kai. Hazlo ahora.

Kai se levantó, y sus manos fueron directas a mi cintura, empujándome suavemente hasta recostarme en la cama. Se acomodó a mi lado, sin romper el contacto visual. Sus dedos tocaron mi mejilla, acariciando con una delicadeza que me hizo contener la respiración.

—Eres hermoso, Noah. No solo por fuera… —sus labios rozaron mi sien, descendiendo hasta la comisura de mis labios—. Eres hermoso por dentro.

Su confesión me golpeó directo al pecho. Lo abracé, fuerte.

Nuestros labios se encontraron en un beso suave, lento, cargado de una emoción que nos sobrepasaba. No había urgencia. Sino un amor puro, cálido, envolvente.

Kai rompió el beso solo para hablar contra mis labios.

—Hoy no quiero que sea solo deseo, Noah. Quiero que esta noche recuerdes mi amor.

Mis manos se deslizaron bajo su camisa, sintiendo su piel caliente al tacto.

—Cada segundo contigo es un recuerdo. Pero esta noche… quiero más. Quiero que no quede duda de cuánto te pertenezco.

Kai rio suavemente.

—Noah, amor mío… —se inclinó, sus labios rozando mi cuello, dejándome un beso suave como una caricia—. Yo ya sé que me perteneces. Pero esta noche… te lo voy a recordar, lentamente.

Cada palabra suya era una caricia en mi piel, un fuego que me llenaba de deseo. Sus manos recorrieron mi cuerpo con una paciencia que me volvió loco. No era un toque apresurado.

Entre susurros, risas suaves y roces de piel, el tiempo dejó de existir. No había prisa. No había interrupciones.

Hasta que…

Rasqueteo en la puerta.

Kai detuvo sus labios en mi clavícula, soltando un resignado.

—No puede ser…

La puerta vibró ligeramente. Luego, un pequeño gemido.

—¿Timi? —pregunté abrazando a Kai.

Kai apoyó su frente en mi pecho, ahogando una carcajada.

—Lo voy a encerrar en la oficina con Mochi y Daifuku. Te lo juro, Noah. No dejaré que nos arruinen el momento.

—Kai… —le tomé el rostro entre mis manos, mirándolo con la sonrisa más dulce que pude darle—. No me importa si tenemos que intentarlo veinte veces más. Solo quiero estar contigo. Así.

Kai me besó, un beso cargado de amor.

—Eres demasiado perfecto, Noah. Pero esta noche, es nuestro. Aunque tenga que vigilar la puerta yo mismo.

—Entonces ve a tratar de solucionarlo.

—Eso haré. No te muevas. Iré a negociar con ellos.

—Suerte señor presidente —Reí burlonamente.

Se levantó, yendo a hablar con los peluditos, negociando en voz baja mientras yo lo observaba, tumbado en la cama, sintiendo el corazón lleno, hinchado de amor.

Esa era nuestra vida. Caótica. Loca. Interrumpida por patas y colitas.

Cuando Kai volvió, cerrando la puerta con seguro y apoyándose en ella con la sonrisa más traviesa del universo, supe que esta vez, el momento sí sería solo nuestro.

—Ahora sí, Noah… —dijo, caminando hacia mí—. No hay más interrupciones.

Y en su mirada… supe que esa noche, nos amaríamos como si el tiempo no existiera.

Kai exploraba con cariño cada rincón de mi cuerpo. Marcándome y esperando ansioso mi reacción.Los peludos no volvieron más, no sé qué magia hizo Kai, pero los dejó tranquilos.

Y nos dejaron disfrutar de nuestra noche especial.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo