ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 60
- Inicio
- Todas las novelas
- ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
- Capítulo 60 - Capítulo 60: Capítulo 55
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 60: Capítulo 55
Capítulo 55
Noah
—No, no, no. Esa cinta naranja NO combina con las esferas blancas, Kai —dije, alzando una ceja mientras sostenía mi taza de café con ambas manos.
—¿Por qué no? Rojo, naranja, blanco, es clásico, Navidad pura —replicó Kai, recargado en el respaldo de la silla, moviendo una esfera con su dedo.
—¿Clásico? ¿Desde cuándo hay naranja en lugar de verde? —interrumpió el abuelo, dando un sorbo a su expresso mientras me guiñaba el ojo—. Deberíamos poner esferas doradas, algo elegante.
Suspiré, apoyando la taza en la mesa.
—Escuchen. Quiero que el árbol sea perfecto. Así que el árbol va en tonos crema, dorado mate, con luces cálidas y algunas decoraciones artesanales.
Kai me miró con esa sonrisa pícara que siempre me desarma.
—Lo que digas, se hará. Abuelo, ahora estamos en dictadura.
El abuelo se rio, golpeando suavemente la mesa con los nudillos.
Pero entonces, se me encendió una alarma en la cabeza.
—Oigan… cambiando de tema —dije, enderezándome—, ¿qué les van a regalar a los socios?
El abuelo arqueó una ceja. Kai simplemente se congeló con la taza en los labios.
—Ejem… ¿regalos? —Kai murmuró, haciéndose el desentendido.
—¡No me digan que no han pensado en eso!
Ambos se miraron como niños atrapados robando galletas.
—Yo… pensaba que con invitarlos a la fiesta bastaba —dijo el abuelo, rascándose la nuca con una sonrisita culpable.
—Yo… estaba pensando en enviarles algún bono o algo —Kai siguió el ejemplo de su abuelo, rascándose la nuca también, como si fuera un maldito tic familiar.
Los fulminé con la mirada, cruzándome de brazos.
—Dios mío… de verdad, ustedes solos no sobreviven —resoplé—. ¿Qué tal unos whiskys? Algo elegante, sobrio y masculino.
—Eso… suena jodidamente perfecto —Kai sonrió, y el abuelo le asintió como si hubiera tenido la mejor idea del mundo.
—¿Ves por qué me voy a casar contigo, amor? —Kai me lanzó un beso al aire.
—¿Recién te das cuenta? —Pregunté con sarcasmo.
Estábamos en plena discusión de qué sabor sería el whisky
Y de repente, unas voces a mis espaldas congelaron mi respiración y aceleraron mi pulso.
—Noah.
La voz resonó como un disparo en mi oído. Sentí cómo el latido de mi corazón se detuvo abruptamente. Mi cuerpo se tensó de inmediato.
No… no podía ser.
Me giré lentamente, como si el tiempo se hubiera puesto en cámara lenta.
Allí estaban.
Mis tíos. Mis primos. Mis abuelos maternos. Todos. Como buitres en ronda, como si hubieran estado acechándome durante todo este tiempo.
Esa familia que hacía años había dejado de ser “mi familia”.
Palidecí al instante. La sangre me abandonó el rostro y mis manos comenzaron a temblar sin permiso.
—Mira nomás —soltó mi tío, con esa sonrisa de asco que tantas veces me lanzó antes—. El bastardo que destruyó esta familia.
Las palabras cortaron el aire. Se notaba; el odio, el veneno acumulado que disparaban con cada sílaba.
—Sabía que tarde o temprano ibas a salir de la cloaca donde te escondías —añadió otro de mis tíos, con un brillo cruel en la mirada—. ¿Sigues disfrutando de la vida, como si no llevaras la muerte de tus padres en tus manos?
Sentí la presión en mi mano. Kai, siempre a mi lado, aferrándome, intentando contener la tempestad que se venía.
—Noah… —susurró Kai.
—Si hubieras cerrado la boca, si no hubieras distraído a tu padre con tus porquerías… ¡Ellos estarían vivos! —gritó mi abuela, temblando de rabia.
—¡Y vienes aquí con esa cara! ¡Como si fueras inocente! —espetó mi prima, acercándose con pasos decididos.
Mi cuerpo se tensó, pero no me moví. Estaba paralizado. Hasta que una bofetada cayó.
Un golpe seco, brutal, que me hizo girar la cabeza. Sentí el ardor en la mejilla, el zumbido en el oído.
—¡Tú mataste a mi tía! —gritó mi prima, fuera de sí—. ¡Deberías estar muerto, no ella!
Kai avanzó, como un rayo, con los puños cerrados, pero el abuelo lo detuvo.
—Tú moriste con ella, ¿lo sabías? Pero tú, disfrutando la vida mientras tu familia quedó destrozada —mi prima añadió, como si quisiera escupirme las entrañas.
—¡No fue mi culpa! —Repliqué temblando.
—¡Fue TÚ culpa por decir que eres maricón, por tu culpa tuvieron el accidente! Tu debiste morir. ¡El árbol debió matarte solo a ti! —Gritó mi tía con mueca de ira y asco.
Las palabras caían sobre mí. Mi corazón latía en mis oídos, mis manos temblaban descontroladamente. Quise responder, defenderme, pero no podía.
Kai no lo permitió más.
—¿Se les cayó un tornillo a todos ustedes, o simplemente siempre fueron tan imbéciles? —dijo Kai, con una sonrisa peligrosa, avanzando un paso al frente sin soltarme.
Su voz fue un cañonazo. Toda la plaza pareció quedarse en silencio.
—Él no mató a nadie. Si sus padres tuvieron un accidente fue por no saber manejar sus emociones. Si ustedes buscan un culpable, mírense en el espejo. Porque la única basura aquí, son ustedes —sentenció Kai, con un tono que jamás había escuchado en él.
—Tú no te metas niño. Esto es solo de familia.
El abuelo se levantó con una calma que dolía más que un grito.
—He visto muchas familias rotas en mi vida, pero pocas tan cobardes como la suya —dijo, ajustando los puños de su camisa—. Venir aquí a humillar a un joven por amar… Eso no es solo miserable, es de cobardes.
—Solo estamos diciendo la verdad, él es un asesino, debería estar preso ya que no murió. —Me empujó mi tío con fuerza.
—¡Malditos sean! —rugió Kai, rodeándome con su cuerpo, como un escudo—. ¡Si vuelves a tocarlo, te juro que no habrá cementerio que los reciba!
Mi tío se adelantó, señalándome con un dedo tembloroso.
—No te escondan detrás de tu guardaespaldas… no… de tu mujer… muchachito. —Miró a Kai y lo señaló. —¡Y tú esto es un asunto familiar!
—¿Familiar? —Kai escupió la palabra como si quemara—. ¿Qué clase de familia viene a escupir veneno así? Ustedes no son familia. Son el puto cáncer que él se arrancó.
El abuelo avanzó, imponente, su paso resonó en el suelo.
—Ustedes son una mierda —Susurró, pero el eco de sus palabras se sintió como un terremoto.
—¡Cállese viejo de mierda! —gritó uno de mis primos, levantando el puño.
No sé quién fue más rápido.
Si Timi, que se abalanzó directo a la pierna del idiota, mordiéndolo con furia. O Kai, que ya tenía al primo de cara contra el suelo, su rodilla en la espalda, torciendo su brazo con una sonrisa salvaje.
—Kai —susurré, temblando, pero no de miedo, sino de una furia que ya no podía contener.
—Déjame, Noah—me dijo Kai, sin apartar la vista de ellos—. Esta gente solo entiende a golpes.
—¡Imbécil, suéltalo! —gritó otro de mis tíos, pero Daifuku saltó sobre su hombro, maullando furioso, arañando sin piedad.
Mochi se plantó frente a la abuela, bufando con la cola erizada, mientras el abuelo solo sonreía.
—No tienen la menor idea de con quién se metieron, pero así es la gente ignorante —dijo el abuelo, con un suspiro teatral.
El centro comercial se había convertido en un infierno de gritos, insultos, sin que nadie interviniera y el eco de las maldiciones de mi familia que ya no me hacían daño.
Porque entre todo ese caos, algo dentro de mí se rompió.
—¡Cállense! —grité, con la garganta ardiendo—. ¡No quiero volver a escuchar sus voces! ¡Mis padres tomaron sus propias decisiones! ¡Ellos me amaban! ¡Y si murieron fue por su odio, no por el mío!
El silencio fue instantáneo.
Los miré uno a uno, temblando, pero con la voz firme.
—Ustedes me odiaron más de lo que pudieron amar a mi madre. Y yo… yo no les debo nada. No son mi familia. Mi familia está aquí —dije, tomando la mano de Kai—. Son ellos los que me amaron sin condiciones.
—¡No nos hables con ese tono jovencito! —Mi tío refunfuñó señalándome.
—¡Solo váyanse!, ¡Déjenme en paz yo me fui de la casa porque ya no soy nada para ustedes!
El abuelo soltó una risa gutural.
—Creo que ya les quedó claro, ¿no? Ahora lárguense antes de que realmente me cabree —dijo, con una sonrisa oscura.
—Noah, solo danos el dinero de tus padres y te dejaremos en paz —Dijo mi abuela en tono frío.
—Reí amargamente—. Así que esta es la verdadera razón… Pues déjenme decirles que el dinero se lo quedó mi hermano.
—Deja de mentir, tú tienes los 271,908,050.00 de wones.
—Denme su cuenta —Interfirió Kai, poniéndose frente mío.
Mi primo sacó su teléfono, abrió su cuenta para que Kai lo escanee.
Él lo hizo en ese momento, sin dudar, sin titubear. Al final el monto que mandó fue de 450,000,000.00 wones.
—Listo ahora desaparezcan de aquí. Ahí tienen su asqueroso dinero. Nunca más vuelvan a acercarse, mirar, ni a nombrar a Noah.
Retrocedieron, uno a uno, insultando entre dientes, sabiendo que habían perdido, pero ganado dinero.
Kai me envolvió en sus brazos, con su pecho temblando de rabia contenida. Timi, Mochi y Daifuku se acurrucaron a mis pies, como si también quisieran protegerme de esos recuerdos.
—Nos vamos a casa, amor —susurró Kai, besándome la frente—. Ellos ya no existen. No para nosotros.
—Noah… eres nuestro niño ahora —dijo el abuelo, con un orgullo que me hizo temblar.
Y por primera vez, al caminar fuera de ese lugar, entendí lo que realmente era tener una familia.
No la que te da la sangre. Sino la que elige quedarse cuando el mundo entero te señala.
—La próxima vez que uno de ellos pronuncie tu nombre en vano, les juro que ni el infierno los va a recibir, porque hasta ahí me encargaré de sacar la basura —susurró el abuelo, con el hielo en su voz me hizo estremecer sabía que no eran solo palabras, sino eran promesas
El abuelo se giró y comenzó a caminar, como si el asunto estuviera resuelto. Kai tomó mi mano y la correa de Timi, Mochi y Daifuku y caminamos siguiendo al abuelo. Para volver a casa.
Necesitaba salir de aquí. Después de todo las palabras crueles me cayeron encima. Y estaba a punto de colapsar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com