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ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 68

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Capítulo 68: Capítulo 63

Capítulo 63

Kai

—¡Es de mala suerte que se vean antes de llegar al altar! —La voz de mi abuelo resonó como un decreto inapelable mientras entraba en la habitación con esa autoridad suya imposible de discutir.

Y antes de que pudiera siquiera reaccionar, lo vi tomar a Noah de la mano y llevárselo con él.

—Oye… —musité, alzando un brazo, pero Noah solo me regaló una sonrisa juguetona, lanzándome un beso al aire.

Y así, sin previo aviso, mi mañana comenzó sin Noah en mis brazos.

La habitación se sintió demasiado grande, demasiado vacía. Por un instante, me quedé de pie en medio del silencio, preguntándome cómo demonios iba a sobrevivir estas pocas horas sin él.

—Respira, Kai… —me dije en voz baja, apretando los puños. Pronto volvería a tenerlo frente a mí. Pero esta vez sería… para siempre.

Entré al baño, tenía que darme un baño para quitarme los nervios. Dejé que el agua caliente me envolviera mientras cerraba los ojos.

Recordé cada momento juntos.

La primera vez que lo vi, con esa expresión de incredulidad en su rostro. Su rostro lloroso por la destrucción del Rincón del Expresso. El primer beso. Las noches en las que temí perderlo. Las veces que lo tuve entre mis brazos. Cada segundo, cada mirada, cada herida que sanamos juntos.

—Mamá… —susurré—. ¿Me estás viendo? Porque yo lo siento… sé que estarías orgullosa de Noah. De nosotros.

Salí de la ducha aun distraído y emocionado.

Pero al ir al espejo había decenas de pequeñas notas pegadas al espejo. Cada una con su caligrafía inconfundible.

“Te amo, idiota.”

“No me extrañes mucho, solo serán unas horas.”

“¿Ya te dije que eres el hombre más hermoso del mundo?”

“Apuesto a que te estás riendo leyendo esto.”

“Nos vemos en unas horas”

“Ponte más guapo”

“Espérame en el altar”

“Me pondré bonito para ti”

“Te amo, mi mafioso”

Y sí, sonreí. Sonreí como un maldito idiota.

—¿Qué me haces? —dije en voz baja, pasando los dedos por las notas—. Maldito seas por enamorarme tanto.

Salí del baño a la habitación. Tomé mi traje cuidadosamente doblado sobre el brazo. Lo estiré sobre la cama como si fuera un objeto sagrado.

Observé el anillo en mi dedo sintiendo no solo la calidez, sino también el peso de llevarlo.

El lugar de la ceremonia era simplemente perfecto. Cada detalle, cada flor, cada estructura de madera con luces cálidas… todas las cosas que Noah eligió.

Pero mi atención se desvió a la escena más tierna que podría haber imaginado.

Timi, con su pelaje esponjado y brillante, estaba sentado elegantemente en un cojín junto al altar. A su lado, los mininos, Mochi y Daifuku, jugueteaban entre las flores, como pequeños guardianes.

Pero entonces, Timi se levantó y caminó directo hacia mí. Se detuvo frente a mis pies, me miró con esos ojitos llenos de luz y levantó su patita, ofreciéndola como siempre lo hacía cuando buscaba reafirmar su lealtad.

—Este perro es muy especial —murmuré, agachándome para tomarle la patita con suavidad.

Caminé entre los invitados, muchos de ellos inversionistas, acompañados de sonrisas y copas de champán.

Mi abuelo, siempre con su porte impecable, ya conversaba con algunos de ellos, asegurándose de que todo fluyera correctamente. Me acerqué, y la conversación se volvió protocolaria, casi automática. Pero en mi mente, todo se resumía a una sola imagen. Noah, caminando hacia mí en el altar.

Recordé sus palabras.

“Kai, tienes que ser amable con ellos… aunque sean unos idiotas, son importantes.”

Suspiré, maldiciendo internamente. Noah me había domesticado.

Terminadas las presentaciones, los inversionistas comenzaron a tomar sus asientos, y por fin, pude respirar.

—Viejo —dije, acercándome a mi abuelo, que observaba la ceremonia como si fuera el general en su campo de batalla.

Me miró con una sonrisa orgullosa y me entregó una pequeña cajita de terciopelo negro.

Al abrirla, un broche resplandeciente me cegó por un instante. Era nuestro escudo familiar, grabado a mano, con la elegancia de siglos de historia.

—Esto ahora te pertenece. Una vez tu abuela me la puso, ahora yo te lo pongo como orgullo de los Kim.

Sus palabras me dejaron mudo por un segundo. Él mismo me colocó el broche en el pecho, sus manos firmes, pero con un cuidado que pocas veces le había visto.

—Tu madre estaría orgullosa de ti, muchacho. Te pareces tanto a ella que asusta.

Solté una risa, bajando la cabeza.

—Gracias, abuelo.

Él me dio una palmada fuerte en la espalda y dijo con una sonrisa traviesa:

—Voy a ver cómo está el novio. No quiero que se nos desmaye allá atrás.

Y así se fue, dejándome ahí, solo, mientras yo no paraba de caminar en círculos, rogando en silencio que esto no fuera un sueño. Que, en cualquier segundo, la música sonara, las puertas se abrieran… y ahí estaría Noah.

Caminando hacia mí.

Noah

—Noah, es de mala suerte que lo veas antes de la ceremonia —dijo el abuelo, dejándome en otra habitación.

—¡Pero abuelo! —protesté cuando salimos del cuarto—. Solo quiero darle un beso antes de que…

—Nada de peros —interrumpió él, serio, aunque sus labios contenían una sonrisa cómplice—. Hoy, ese muchacho tiene que sudar de los nervios esperándote.

Me llevó a otro lugar. Una habitación luminosa, llena de detalles tradicionales con un toque moderno. El aroma de las flores frescas impregnaba el aire, y sobre la mesa, vi pequeñas mascarillas faciales perfectamente alineadas.

—Relájate aquí, Noah. No salgas hasta que sea tu momento de brillar.

La puerta se cerró tras él, y el silencio se hizo dueño del lugar.

Me quedé allí, de pie, contemplando la habitación… era irreal.

Sonreí al ver las mascarillas. Antes, cuando estaba solo, solía ponérmelas para relajarme. Había algo en ese pequeño ritual que me hacía sentir en control.

—Bueno, ¿por qué no? —dije en voz baja, quitándome la ropa y entrando a la ducha.

El agua caliente fue un abrazo que me hizo cerrar los ojos.

Pero fue entonces que la mente me traicionó. Porque, aunque el corazón estaba lleno de amor por Kai, necesitaba algo más… mi madre, siempre con sus palabras dulces la noche en que le confesé que era gay, mientras mi padre gritaba al volante. Esa noche terminó de la peor forma, con el accidente, con la culpa clavándose en mi pecho durante años. Las lágrimas comenzaron a caer, silenciosas, sin permiso. Pero al mismo tiempo, sentí alivio. Porque ahora, al menos, ya no estaba solo.

Salí de la ducha, mirándome al espejo. Limpié con la mano el vapor del cristal, y ahí estaba yo, el Noah que había sobrevivido, el Noah que hoy daría un paso al altar.

—Seguro Kai ya vio los mensajes —reí al imaginar su expresión.

Las notas que le dejé pegadas al espejo anoche, debieron hacerle sonreír como siempre.

Me coloqué la bata de baño, saqué la mascarilla, y mientras la aplicaba, tarareaba nervioso pero feliz. El corazón me latía a mil.

—Estoy por comenzar una nueva vida —susurré, sentado al borde de la cama.

Pero de pronto, mis nervios explotaron.

—¿Va a cambiar algo? —me pregunté, sacudiendo la cabeza de inmediato—. ¡No, no, no, no! —dije dándome palmaditas en las mejillas para despejarme—. Todo será perfecto.

Miré el anillo en mi dedo.

—Vamos, Noah. Eres el prometido de Kim Seo-Kai.

Me cambié cuidadosamente. Arreglé mi cabello de forma que no pareciera tan formal, quería ser yo, no una estatua de porcelana.

Tres golpes sonaron en la puerta.

—Noah, ¿puedo entrar? —preguntó la voz del abuelo.

Corrí a abrirle, encontrándome con su rostro severo, pero con un brillo de orgullo en sus ojos.

—Bienvenido a la familia, Noah —dijo, entrando.

Lo invité a sentarse, y nos quedamos frente a frente.

—Sabes —comenzó él, con ese tono que siempre impone respeto—, esta familia ha sido un desastre en muchas cosas.

Lo miré en silencio, sintiendo un nudo en la garganta.

—No quiero que cambies, Noah. Quiero que lo arruines todo —dijo de repente.

—¿Arruinarlo? —pregunté, confundido.

—Sí. Arruina las reglas, rompe las cadenas. Haz que esos inversionistas malnacidos se arrodillen. ¿Puedes hacerme ese favor?

—Lo haré, abuelo —respondí, con voz firme.

—Prométeme que protegerás a tu familia. No te pido que mates a nadie, pero si es necesario hazlo. En la vida hay que hacer grandes sacrificios para proteger a la gente que amamos. Talvez no lo entiendas aún. Pero el deseo de proteger a un hijo es más grande que cualquier rastro de cordura.

Entonces, sacó de su bolsillo una pequeña caja.

Cuando la abrió, el sello familiar resplandeció. Tallado a mano, con un brillo que parecía tener siglos de historia.

—Hoy te doy esto como símbolo de que no eres un invitado. Eres un Kim. Este símbolo perteneció a mi amada esposa, ahora te pertenece.

Me lo colocó con tanta delicadeza que las lágrimas me nublaron la vista. Me las limpié entre risas cuando él dijo.

—Guarda esas lágrimas para el altar, muchacho. No quiero verte con los ojos hinchados en las fotos.

—Lo intentaré, abuelo —dije riendo.

Él abrió la puerta lentamente.

—Ya es hora, Noah. Espera aquí hasta que digan tu nombre.

Me quedé solo de nuevo, pero esta vez, el corazón latía con más fuerza, con más seguridad.

Caminé hacia la cama, tomé el ramo de flores y acaricié suavemente sus pétalos. Pero entonces, escuché las patitas cruzando la puerta.

—Timi… —susurré, viéndolo entrar como una bola de energía.

Me agaché, recibiendo su abrazo peludo.

—¿Viste a papá? Está hermoso, ¿verdad? —le pregunté, acariciándole las orejas.

Timi ladró, moviendo la cola enérgicamente.

—Eso es un sí —dije riendo.

Y en ese instante, escuché la voz al fondo.

—¡Song Noah, es tu momento!

Me puse de pie, sintiendo a Timi a mi lado, listo para acompañarme hasta el altar. Respiré hondo, sentí el peso de la historia en mis hombros… y sonreí.

—Vamos, Timi. A conquistar el mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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