冒険旅行: Viajaré hasta el fin del mundo en busca de aventuras. - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - 31 Capítulo 10 – Una cena amena – 02
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31: Capítulo 10 – Una cena amena – 0.2 31: Capítulo 10 – Una cena amena – 0.2 ———-和やかな夕食———- La arena, empujada por el cepillo de una escoba de paja, creaba un sonido familiar para cualquiera; en la salida de la iglesia, Miral barría con diligencia.
El cerza estaba ocultándose, dando paso al atardecer; Miral levantó la mirada, sonriendo ante el paisaje, solo para volver a bajarla y continuar barriendo con una sonrisa de orgullo a sí misma.
En el interior de la iglesia, Patrick y Kazumiki habían estado conversando juntos durante un rato; hablaron sobre el paisaje, hablaron sobre los pueblerinos, hablaron sobre lo que Kazumiki opinaba del pueblo, hablaban sobre la iglesia… hablaron durante bastante tiempo… Kazumiki, ya sin idea de qué comentar, miró por la ventana sobre el sofá en donde se encontraba Patrick, notando cómo la luz comenzaba a desaparecer poco a poco… [Kazumiki] Ya está oscureciendo… No me di cuenta en qué momento comenzó a acabarse el día… [Patrick] Me sorprende la manera en la que fluyó la conversación… ¿Te habían dicho que es entretenido conversar contigo?
[Kazumiki] En realidad no lo habían hecho antes… Ahora que lo pienso, hasta ahora no había tenido una conversación tan amena con alguien; en verdad aprecio haber conversado con usted.
[Patrick] Eres un joven bastante diligente… Me recuerdas a Miral; tal vez ustedes dos puedan llevarse bien… Por otro lado, con tu forma de ser, no tengo duda de que seguro eres un gran hijo; tus padres deben estar orgullosos de ti… [Kazumiki] Bueno, mis pa-… … … Mis… padres… … De pronto, las palabras comenzaron a aparecer por todas partes… “Tus padres” … La vista de Kazumiki se vio estrepitosamente interrumpida por la misma palabra garabateada en toda su vista; su respiración fue detenida de forma abrupta… Parecía que en cualquier momento no podría más y se asfixiaría… En solo unos segundos, un recuerdo llegó de forma inminente… Las calles destartaladas, casas cayéndose a pedazos, paredes que eran solo barras de metales, paredes que eran solo ladrillos de barro sin la debida firmeza… el paisaje era totalmente desolador e inhumano… un paisaje precario.
Los niños, con rostros hambrientos y cuerpos sucios, jugaban inhumanamente con un balón de estropajos, reforzados con trozos de papeles enlodados que se habían endurecido.
Del otro lado de una ventana a punto de romperse, unos ojos brillantes observaban a aquellos niños jugar; admiraba, a pesar de no tener un sentido, cómo esos niños pateaban el balón de un lado a otro, haciendo cualquier cosa que no era ahogarse en su propia hambre… Esos mismos ojos brillantes fueron de pronto arrastrados hacia atrás; una mano femenina arrastró con fiereza los cabellos de aquel pequeño cuyo brillo aún era inapagable… Las suaves y pequeñas manos de esos ojos brillantes se extendieron hacia la ventana; todavía quería seguir viendo a aquellos niños jugar, pero se le fue impedido… Esa mano femenina jaló de tal forma el cabello de esos ojos brillantes y azotó su cuerpo contra una pared despintada, plagada de pobreza visual y emocional… Esos ojos brillantes seguían brillando, seguían irradiando su esplendor muy a pesar de lo que aquella mano femenina le hacía; esa misma mano se levantó, soltando una fuerte bofetada en ojos brillantes, quien seguía impasible pese a los malos tratos… Los golpes siguieron, uno tras otro; el cuello de la ropa maltrecha de los ojos brillantes fue levantado, elevando su pequeño cuerpo, el cual fue azotado contra la pared… Tras ese último golpe, su cuerpo fue liberado y cayó al suelo; esos ojos brillantes se levantaron y permanecieron en silencio, simplemente mirando el piso… La mano femenina se giró, comenzó a alejarse… y se perdió entre la bruma que nublaba la verdadera apariencia de la casa; esos ojos brillantes… parpadearon, para enseguida… caminar hacia otro lugar… perdiéndose en la niebla.
Kazumiki regresó en sí; sus pupilas erráticamente comenzaron a buscar algo incierto… Su mente le decía que saliera corriendo… Sus manos querían ir directo a cubrirse la boca… Unos segundos… unos segundos le bastaron para quedarse completamente en blanco y, como si de un aparato cualquiera reiniciándose se tratase, su comportamiento volvió a ser el de hace unos momentos… Con un brillo en sus ojos… un brillo falso… [Patrick] ¿Muchacho?
¿Todo bien?
Parecías haber tenido u- Fue interrumpido abruptamente por Kazumiki.
[Kazumiki] Sí, mis padres seguro que lo estaban… Supongo que los extraño… pero no quiero entristecerme; después de todo, ellos me sonrieron al verme partir del pueblo y estuvieron felices por mí… (¿Me quedé… en blanco un momento…?) (No sé qué me pasó, pero dije lo que se me ocurrió de pronto…) (¿Por qué sigo sin recordar a mis padres?) (¿Y por qué de pronto siento que recordé algo, pero… …) [Patrick] E-Entiendo… Bueno, sea como sea, no te quito más tiempo… [Kazumiki] No se preocupe por eso… Me pasaré de vez en cuando para charlar más con usted… Se levantó y extendió su mano.
Nos vemos, señor Patrick.
[Patrick] Con una sonrisa, se levantó también y le estrechó la mano.
Solo Patrick está bien… Y… ¿No estás olvidando algo?
[Kazumiki] ¿Olvidando algo?
¿Qué me estoy olvidando?
[Patrick] Rió con calidez.
Pues la recompensa que debía entregarte, joven… Me divierte ver lo humilde que eres al olvidarte por completo de lo monetario y concentrarte en lo significativo.
[Kazumiki] C-Cierto… Jeje… Para este punto se me olvidó dos veces… Con una última risa encantadora, Patrick se fue un momento del lugar, indicándole con la mano a Kazumiki que esperara hasta que él regrese; cuando regresó, lo hizo con un saco de cuero bastante grande, tanto que cabía perfectamente en su palma.
Patrick desató la cuerda que cerraba el pequeño saco, revelando en su interior exactamente 160 monedas de plata… El joven admiró lo reluciente de aquellas monedas, en cuyas caras se encontraba grabada una bandera de un escudo resguardado por dos espadas; eran monedas imperiales, reales como la misma verdad… [Kazumiki] ¿M-Me van a dar todo eso?
¿E-Esto no es demasiado?
[Patrick] Rió una vez más.
Sé lo humilde que eres, pero no esperaba que tener esta cantidad te sorprendiera de esa manera… Esto en realidad no es tanto como puedes creer… ¿No lo sabías?
[Kazumiki] B-Bueno, yo… Internamente, sudó, mordiéndose la lengua y pensando… (Claro, no me había puesto a pensar en cuánto equivaldría cada moneda…) (Parece como si cada moneda fueran mil yenes, pero tal vez para ellos son solo cien…) Nunca antes había recibido una cantidad tan grande como esta; normalmente recibo poco menos que esto… Y-Ya sabe, cuando hacía favores para la gente de mi pueblo… … (No sé hasta cuándo podré mantener esta mentira).
[Patrick] Bueno, sea como sea, espero que le des un buen uso a esto; por favor, cuídate mucho y cuida a los demás… Estoy seguro de que llegarás a ser alguien capaz de salvar muchas vidas, de muchas maneras más allá de lo físico… Le extendió el saco con las monedas… [Kazumiki] … Algo cohibido, terminó por tomarlo.
… Muchas gracias por sus palabras, Patrick… Bueno, me despido de una vez… Volveré de vez en cuando a hablar con usted… [Patrick] Eso me gustaría… Cuídate, muchacho… Con una sonrisa, Kazumiki se inclinó levemente para darse la vuelta y comenzar a irse; Patrick permaneció en aquella habitación, sonriendo y mirando hacia la espalda del joven, alejándose poco a poco… Al salir de la iglesia, Kazumiki chocó por accidente con Miral, quien estaba entrando de regreso; cuando el joven levantó la mirada, vio que había tirado por error tanto a Miral como a la escoba que tenía.
Kazumiki se levantó y tomó la escoba; entonces, enseguida, le extendió una mano a Miral, para ayudarla a levantarse.
La jovencita, sonrojada, dudó en aceptar su mano, pero tímidamente la tomó y terminó levantándose; en cuanto estuvo de pie, se alejó un poco para sacudirse el vestido.
[Kazumiki] Lamento eso… ¿Estás bien?
Preguntó, ofreciéndole la escoba de regreso.
[Miral] N-no, no, no… Respondió tímidamente… S-Soy yo la que lo lamenta, señor Kazumiki; debí fijarme por dónde iba… G-Gracias por haberme ayudado… [Kazumiki] ¿Necesitas ayuda?
No tengo prisa por regresar… [Miral] P-por favor, no se preocupe por mí… Ya había acabado, así que… m-me voy a terminar de limpiar el interior de la iglesia; por favor, tenga un buen día, señor Kazumiki… [Kazumiki] B-Bueno… Cuídate entonces, Miral.
Miral se inclinó, mostrando respeto antes de tomar la escoba, abrazarla fuertemente e irse corriendo; Kazumiki sonrió ante la sencillez de aquella jovencita, solo para darse la vuelta y regresar por el mismo camino por donde había llegado en un inicio.
Mientras caminaba, pensaba en qué debería hacer ahora… [Kazumiki] ¿Qué podría hacer ahora~…?
¿Qué podía hacer ahora~…?
Se preguntó sin intención de responder realmente.
[Kazumiki] Tal vez podría ir a hablar con Lizth, o podría ir a seguir entrenando con Gord… Aunque tal vez él esté ocupado en su tienda… Hum… ¡Ah!
También podría seguir explorando el pueblo… Pensó en varias cosas, tenía tantas en su cabeza que no se decidía qué hacer… Indescriptiblemente, el joven sintió que no podría aburrirse, sintió que sin importar lo que decidiera, podría divertirse sin precedentes… Las personas de pueblo lo vieron regresar y lo saludaban mientras él pasaba por ahí; el joven sonrió y devolvió los saludos.
Miraba a sus alrededores, admirando cómo la luz comenzaba a desaparecer poco a poco, producto del cerza ocultándose ya casi en su totalidad; pudo apreciar cómo las luces de todo el pueblo comenzaron a encenderse y a iluminar cálidamente las calles… Admiraba todo, se sentía parte de todo, quería seguir siendo algo dentro de ese todo… Siguió caminando; al poco tiempo terminó frente a la posada de Lizth; los clientes habituales le recibieron con una sonrisa y un saludo ni bien entró al lugar… El ambiente a compañía, las voces, las risas, todo eso lo abrazó en el momento exacto en el que entró… Kazumiki caminó entre las mesas, saludando a los sobrios, riendo junto a los borrachos, ayudando a los cansados; Lizth se encontraba sirviéndole más bebidas a algunos clientes cuando vio a Kazumiki.
No dijeron una palabra, ya no hacía falta, solo una sonrisa y un asentimiento le servían a Lizth para darle un… “Bienvenido” a Kazumiki… Era el final de su cuarto día en este mundo… pero ya se sentía en casa… El joven, quien aún cargaba el saco de cuero con las monedas dentro, sacó algunas y se las mostró a Lizth, sonriendo y dando a entender que estaba dispuesto a pagar, no solo el tiempo que se quedó, sino por primera vez, una comida en su posada… Lizth sonrió y enseguida fue detrás del mostrador, regresando con un plato de carne humeante… Kazumiki sonrió, y junto a todos los clientes tuvo… una cena amena… ———-Fin del capítulo 10———-
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