10 Sorteos de la Suerte: Me Volví Superpoderoso - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Atormentado por el pasado
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12: Atormentado por el pasado 12: Atormentado por el pasado No pasó mucho tiempo antes de que Ash regresara a los terrenos de prueba subterráneos que habían pertenecido al antiguo Reino Seraphiel.
La misma vasta cámara lo recibió, con las paredes marcadas por su último alboroto de tres días y el aire aún denso por el olor a piedra chamuscada.
Estaba de pie en la sala familiar donde acababa de pasar tres días entrenando, y cada grieta en el suelo era ahora un recuerdo grabado en sus músculos.
Desactivó su disfraz y mostró su verdadera forma.
Un pelo corto y negro, desordenado y con mechones blancos, caía sobre su frente como tinta derramada y luz de estrellas.
Una complexión delgada y compacta, que parecía esculpida como la de una deidad, atrapaba la tenue luz de las antorchas y la convertía en oro líquido sobre sus marcadas clavículas y brazos musculosos.
Su belleza, en conjunto, era inigualable; del tipo que hacía doler la vista y que el corazón se agitara sin entender por qué.
Sin embargo, no era momento para eso.
Era hora de machacarse de verdad.
Le echó un vistazo a su Nivel de Existencia, que ahora estaba en 201,5.
Debido a su físico, su fuerza aumentaba constantemente sin que tuviera que hacer nada.
Subía 0,5 cada día, una marea lenta e implacable que nunca dormía.
—Solo necesito 300 antes de poder acceder a la Cámara Menor —murmuró antes de activar el orbe, que generó dos maniquíes de entrenamiento.
Ambos eran de Rango C, uno por encima del suyo; figuras enormes de hierro viviente y músculo rúnico que fijaron sus brillantes ojos rojos en él en el instante en que se materializaron.
Ash hizo girar los hombros una vez, se hizo crujir el cuello y dio un paso al frente.
El primer maniquí se abalanzó, con su puño, tan grande como la cabeza de Ash, disparado hacia su rostro.
Él se deslizó dentro de su alcance y alzó la palma con rapidez para atraparle la muñeca.
Entonces, desató su talento: unas llamas negras y paradójicas danzaron sobre sus nudillos.
|Dominio Infernal|
Habló, y las llamas se volvieron tan frías que mordían como el cero absoluto.
El brazo del maniquí se congeló por completo en su agarre antes de hacerse añicos un instante después, convirtiéndose en polvo resplandeciente.
[EL +20]
Ash ignoró la notificación mientras viejos recuerdos fugaces asaltaban su mente.
El rostro de Aster apareció fugazmente en su mente: la sonrisa impecable y sin emociones de su hermano mayor.
Años antes, cuando Ash tenía nueve, Aster le había enseñado esa misma llave de muñeca… solo para usarla un año después y estamparle la cara contra el mármol como una «lección de debilidad».
Ash siguió moviéndose; su siguiente puñetazo golpeó con más fuerza, sus nudillos vibraron y su mirada se volvió gélida.
El segundo maniquí se lanzó a por un agarre, y Ash dejó que los brazos de hierro se cerraran alrededor de su torso antes de desatar otra habilidad.
|Zona Nula Absoluta|
Cada runa en el cuerpo del constructo se apagó y su maná se desvaneció como el aliento en un cristal escarchado.
Mientras se quedaba paralizado por la confusión, él le clavó un codazo en el pecho.
|Densidad Absoluta|
¡PUM!
El metal chirrió, se abolló y luego se hizo añicos.
[EL +20]
De pie en medio del terreno de prueba, la risa de Shia resonó en su mente —dulce pero venenosa—, y recordó el día en que ella sonrió a las damas de la corte, a las sirvientas y a los mayordomos mientras susurraba que el nacimiento de Ash había enfurecido a los dioses y maldecido su linaje.
Nunca llegó a entender del todo por qué sus hermanos la tenían tomada con él…
«¿Acaso la debilidad era un pecado tan terrible?», se preguntó, mientras su sonrisa se afilaba como el filo de una navaja.
Ambos maniquíes reaparecieron a la vez, atacando juntos esta vez.
Ash exhaló, y las antorchas de las paredes parpadearon mientras cada fotón y cada llama de la cámara se curvaban hacia él, como metal atraído por un imán.
|Soberano Sol Invicto Absoluto|
Los núcleos brillantes de los maniquíes se atenuaron; les habían robado la luz.
Se movió como un relámpago entre ellos, con los puños envueltos en un fuego estelar de oro blanco que ardía más que cualquier sol.
La cabeza de uno estalló en una lluvia de material fundido, mientras que el torso del otro se desvaneció por completo, borrado tanto de la vista como de la memoria.
[EL +40]
Otra oleada de viejos recuerdos lo inundó: la estruendosa risa de Draven cuando Ash solo tenía once años.
Draven ya había despertado y era de Rango D, y aun así lo invitaba a «entrenar».
Aquel supuesto entrenamiento había terminado en una paliza que le dejó a Ash tres costillas rotas.
Sus ojos se volvieron gélidos.
El orbe volvió a pulsar: aparecieron nuevos maniquíes, más fuertes y más rápidos, y él les dio la bienvenida.
Aunque su cuerpo luchaba, su mente vagaba por otros lares, atormentada por visiones.
Veía, una y otra vez, la espalda indiferente de Caelum en la sala del trono, sin dedicarle ni una sola mirada al hijo que consideraba demasiado débil.
¡PUM!
Una patada giratoria, cargada con Densidad Absoluta, hizo volar la cabeza del maniquí.
Luego vinieron imágenes fugaces de la Reina: su madre.
Recuerdos de su calidez, solo para ver cómo se apartaba de él lentamente.
En sus peores momentos, ella ni siquiera era capaz de mirarlo a los ojos…
¡PUM!
Su uppercut final atravesó limpiamente el pecho de un maniquí y siguió su trayectoria, agrietando la pared del fondo a cincuenta metros de distancia.
[EL +40]
[Has subido de rango.
Rango C (Nivel de Existencia – 321,5)]
Los terrenos de prueba quedaron en silencio, a excepción del suave goteo del metal fundido y la respiración acompasada de Ash.
[Cámara Menor del Refugio Siempre Calmo desbloqueada.]
Flexionó los dedos, y las llamas y la luz robada parpadearon entre ellos.
La sonrisa que se dibujó en sus labios ya no pertenecía al chico que una vez fue el príncipe olvidado.
Era la sonrisa de algo que el mundo había forjado tras romperlo demasiadas veces: afilada, fría y hambrienta.
—Vaya, eso ha llegado antes de lo esperado…
Las palabras salieron de sus labios como una exhalación de satisfacción.
Cerró los ojos, miró en su interior y sintió el suave tirón del Refugio, cálido y familiar como la mano de un amante en su nuca.
La cámara subterránea se disolvió en una onda de suave luz verde.
Cuando sus pies volvieron a tocar la hierba, el mundo había cambiado.
Un cielo infinito del color del jade pálido se extendía sobre su cabeza, y una suave luz solar caía sin fuente ni sombra.
Una brisa cargada con el aroma de lirios lunares y lluvia lejana le rozó la piel.
El propio campo parecía respirar con él; cada brizna de hierba brillaba tenuemente mientras el denso maná ambiental fluía hacia sus poros como agua tibia en tierra reseca.
Mientras su físico absorbía de forma natural el maná, sintió cómo todas sus preocupaciones y su estrés pasados se desvanecían, disolviéndose capa por capa hasta que solo quedó una claridad cristalina.
—Este lugar es realmente increíble… —Las palabras se le escaparon en un susurro, reverente y casi incrédulo.
Hizo girar los hombros y sintió el agradable peso del tiempo ilimitado posarse sobre él como un manto.
—Bien —dijo con voz firme y baja—.
Seis meses fuera, unos dieciocho meses aquí dentro… Mi objetivo es, como mínimo, el Rango A.
Eso debería darme una buena oportunidad para seguir adelante con mis planes.
Sin embargo, dieciocho meses era solo una estimación aproximada.
Porque, aunque en ese momento solo era lo bastante fuerte para entrar en la Cámara Menor, una vez que alcanzara el rango adecuado, no tenía ninguna intención de esperar para entrar en la otra Cámara.
Su mirada recorrió el tranquilo horizonte, mientras una lenta y maliciosa sonrisa se dibujaba en sus labios.
—Sin embargo, antes de eso, creo que ya es hora de que por fin conozca a Vaeloria.
Pronunció su nombre como si fuera a la vez una promesa y una amenaza, y su sonrisa taimada se acentuó mientras una luz de luna plateada comenzaba a acumularse en el aire frente a él: densa, dulce y expectante.
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