Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

[+18] El Esclavo de mi Padre - Capítulo 19

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. [+18] El Esclavo de mi Padre
  4. Capítulo 19 - 19 Crueles verdades
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

19: Crueles verdades 19: Crueles verdades Aunque solo fueran rumores, la información que me había traído Ray me había puesto los pelos de punta.

¿En qué demonios me estaba metiendo?

Francamente, aunque estaba deseando escuchar cosas malas, no esperaba algo tan extremo como desapariciones.

¿Y qué con eso que no podía averiguar más?

Me hacía sentir que me estaba metiendo en más problemas de los que parecían a simple vista.

Ahora con mayor razón tenía que romper el matrimonio con él.

Pero antes que nada, tenía que hablar con alguien que quizás podría decirme algo más fidedigno sobre su pasado: Denira.

Le había gustado Sergei desde sus 8 años.

Quizás podría iluminarme un poco más sobre su infancia y qué habían hecho de jóvenes.

Quizás solo era tal como había dicho Ray, solo rumores de familias caídas…

Rumores extrañamente específicos y similares entre sí.

Pero si eso era real, ¿Por qué no le había sucedido nada a ella?

¿Y por qué parecía ser la única que lo conoció de joven?

Pronto le envié una invitación a Deni, quien llegó luciendo una cara de confusión y sorpresa por estar en mi hogar.

Ciertamente era un poco raro que yo invitara personas a casa, y más aún que fuera la única que llegara.

Aunque la fiebre me quitaba un poco de aliento, intenté aparentar tener más fuerza de la que tenía.

—Diane, ¿Cómo estás?

¿Te sientes bien?

Solo hemos escuchado que estás enferma, pero no te habíamos visto.

Ya que dijiste que no querias visitas…

—Solo le bastó verme bien de pies a cabeza para que se diera cuenta realmente de lo mal que me sentía.

Tuve que descansar en el sofá de inmediato.

—Vaya, te ves más pálida que de costumbre, ¿Segura que tienes fuerzas?

¿Necesitas ayuda?

Era un poco raro escuchar eso viniendo de alguien que no fuera mi familia.

Nunca mostraba debilidad, y tampoco era muy cercana a la gente para generar simpatía.

—Pocas, pero no.

—Admití mejor dejando que mi cuerpo se encorvara ligeramente por mi cansancio real.

Era más cansado fingir.

—Lamento si no les he aceptado muchas reuniones…

—Para nada, se nota que estás bastante mal.

¿Y por qué de repente quisiste invitarme?

¿Todo bien?

Me removí un poco incómoda.

No sabía muy bien cómo abordar el tema.

Quizás si hacia una pequeña charla para aligerar el ambiente…

—¿Es sobre el príncipe?

¿O sobre Sergei?

—Sus preguntas interrumpieron totalmente mi tren de pensamiento.

¿Cómo lo supo?

¿Quizás había sido muy evidente?

Y aunque iba a preguntarlo, de nuevo ella me ganó como si estuviera dibujado en mi cara.

—No eres de lo más sutil, Diane.

¿No recuerdas que te encontraste con Dulce en la fiesta?

Ella nos contó que te vio muy cercana con el príncipe, y seguido de eso, que desapareciste con Sergei siguiéndote detrás.

Se cruzó de brazos, luciendo bastante amenazadora por un momento.

Pero no tenía nada por lo qué avergonzarme o disculparme.

Ya sabía que era bastante celosa y sabía de alguna que otra chica que había sufrido bajo sus acciones al intentar acercarse al chico de sus sueños.

Pero no era mi culpa tener la atención de él.

—No sé a qué conclusiones llegaste, pero yo no…

—¿Estás jugando con ellos?

¿En un triángulo amoroso?

Realmente que no parecías del tipo, Diane.

—Ugh, estaba sospechando seriamente que quizás no había sido del todo buena idea invitarla.

Podía ser una verdadera cabeza dura cuando quería.

—¿De qué hablas?

No me interesa ninguno…

—Lo sé, boba.

—Me interrumpió de nuevo, volviendo a sorprenderme por tercera vez.

—Espera, me estás confundiendo mucho.

Me estás dando muchas señales revueltas.

—Me quejé, ahora viéndola con brazos cruzados sin entender cómo se sentía respecto a mí.

Puso los ojos en blanco, pero antes de siquiera explicarse, tomó un sorbo del té medio olvidado del centro, sin verme.

—Mira…

sé que no he sido la más justa contigo ni la más amable en lo que respecta al tema de Sergei…

Y si, está bien, te debo una disculpa, pero creo que tú más que nadie sabe que es un poco difícil controlar las emociones.

No podía negar esa suposición.

Yo también podía ser bastante impulsiva, otro reflejo de lo que ella era rencorosa.

De repente sentí una punzada nueva en la cabeza, y me puse un paño fresco en la frente que me había dejado Martha.

—¿No es contagioso lo que tienes?

—Preguntó de repente y yo lo negué con la cabeza.

—Hasta donde parece, no.

Martha aquí me ha cuidado todo el tiempo sin ninguna protección y no ha pasado nada.

Igual que el doctor y mi madre, pero parece que solo es cosa mía.

Estás a salvo, no te preocupes.

—Suspiré un poco, tomando un sorbo de té para humectar mi boca y hablar sin tantos problemas.

—Y no necesitas disculparte…

Puedo imaginar qué es lo que sentirás cuando hablan de la persona que te gusta junto con alguien más.

Pero te prometo que yo no siento nada por él.

Aunque por el contrario…

—Primero, sí te debo una disculpa.

—Interrumpió de nuevo.

Era difícil hablar con ella sin que ganara la última palabra.

—Aunque me sienta como me sienta, siempre he tenido la libertad de actuar o no respecto a ello y ciertamente lo he hecho para afectarte, aunque sé que tú no lo haces a propósito.

Segundo, sé que Sergei genuinamente no te gusta y parece que más bien te molesta su atención.

Lo sé porque…

Bueno, primero debo ser honesta contigo, y decir que me das envidia.

—¿Envidia?

—Abrí los ojos un poco más.

No cualquiera admitiría algo así en voz alta, incluso si era evidente.

Aunque claro, Denira era de carácter intenso y asertivo.

—¿Es que no es obvio?

No entendía porqué eras tú.

Porqué tú, y no yo.

No nos hace falta nada a ti y a mi.

No me considero fea, y eso siendo humilde.

No creía que tuvieras nada en especial que llamara la atención de tantos.

¿Y aún así por qué?

¿Qué es lo que tienes que los idiotas de los hombres son incapaces de ver a otro lado?

Si, el trasfondo de tu familia puede ser más “masculino” y eso lo entendía…

Pero mi familia tiene más dinero y con eso también se logran muchas cosas.

¿Así que por qué tú?

¿Qué tienes de especial?

¡Y puedes elegir a cualquiera!

¡Tener a cualquiera!

Pero siempre actuaste como la reina de hielo, por encima de todos y eso solo parecía llamarles mas la atención.

Eres arrogante, fría y sinceramente algo desgraciada.

Nadie cumple tus estándares, así que nadie merece tu tiempo.

¿Por qué todos enloquecían con eso?

¿Y por qué de todos…

Él?

No había necesidad de preguntar a quien se refería…

Pero no era lo importante ahora mismo.

Todo lo que había dicho…

Había golpeado justo en el fondo para mí.

No sabía la profundidad a la que iban los malos sentimientos de Denira en mi contra.

Y no solo eso…

Todo lo que mencionaba, eran justo mis inseguridades.

A todos esos hombres a los que les llamaba la atención, solo les interesaba la idea de mi.

Lo desconocido, lo inalcanzable, lo prohibido.

Pero en el fondo, simplemente no me sentía suficiente.

Y no solo estaba en mi cabeza; a cualquiera que se me acercara, tenía este profundo miedo a lastimarlo por ser incapaz de protegerlo de mi familia…

O de que lo usaran en mi contra.

—Sin embargo…

Sé que no es tu culpa.

—Continuó en un murmullo, sin verme a la cara pero sin duda en la voz.

—Sé que nunca te ha interesado ni has buscado toda esa atención.

Te conozco demasiado bien porque te envidio, lo sé…

Y Sergei nunca te interesó.

Y eso no es tu culpa.

Noté que apretaba su taza.

Parecía realmente enojada de ese último detalle.

Creo que por lo menos yo había servido como un escape a su realidad, por no ser la joya de los ojos de Sergei.

Se desquitaba conmigo, pero bien sabía que estaba mal.

Me quedé sin palabras.

¿Qué podías responder a todo eso en primer lugar?

—Nuestros padres nos comprometieron.

—Le solté ahora sin pensar.

Me sentía un poco resentida de todo lo que me había dicho, así que no se lo adorné de ninguna manera.

Y ciertamente, ví cómo su rostro luchó por mantener la compostura, pero se veía que le molestaba.

Disfruté esos cortos segundos antes de seguir hablando.

—Pero como bien has dicho, no me interesa.

Inclusive estoy buscando romper ese compromiso antes de que sea anunciado siquiera.

Pero no sé cómo hacerlo.

Intentaré la vía diplomática hablando seriamente con mis padres, pero todas sabemos que no funciona así.

—Antes estaba convencida que me resignaria al esposo que me eligieran, pero ahora veía que era difícil solo bajar la cabeza.

Probablemente cualquier otra persona estaría bien…

Pero no Sergei.

—No sé si al contrario tu puedas ayudarme.

Buscar alguna manera de romper todo esto.

Denira continuó bebiendo sin decir nada.

Tenía un rostro pensativo.

—¿Y por qué te ayudaría?

—¿No es evidente?

—De todas maneras Sergei no me haría caso.

Se obsesionaría más contigo, lo conozco demasiado bien.

—Vaya, no lo había pensado.

Creí que ella solo me ayudaría para tenerlo para si sola.

Pensaba que sería más egoísta o al menos…

Que no desperdiciaría la oportunidad.

¿Entonces cómo la convencería…?

Pero entonces ella suspiró, dejando su té de regreso en la mesa.

—Diane, la única manera en que puedes romper un compromiso es si alguien hace una mejor oferta o la oferta que tienes ya no es viable.

Y la segunda significa que cualquiera de las dos familias perdió mucho prestigio, dinero o cosas que la tienen en alto estatus.

Y claro, está la opción de perder reputación y terminar siendo una paria, pero no creo que quieras esa opción.

—Dejó su taza en la mesa, viéndome con una ceja levantada.

—Y si no tienes un mejor prospecto –¿A menos que sea el príncipe?–, tendrías que hacer un escándalo de la reputación de Sergei.

¿Entonces es eso lo que me pides?

¿Por eso me invitaste a mí?

Denira podía ser una enemiga formidable, me di cuenta.

No hubo necesidad de explicarle más para que ella sacara sus propias y acertadas conclusiones.

Y no parecía contenta con eso.

Ella amaba a Sergei.

Así que no iba a romper su reputación de ninguna manera.

Definitivamente había sido mala opción.

Como no respondí nada, de inmediato ví el cambio drástico de humor en su cara.

De su tranquilo comportamiento, de repente todo su rostro se deformó a uno de enojo.

—No lo quieres, así que lo arruinas, ¿Eh?

Vaya solución típica de tu familia, Diane.

—Si antes no me había sentido mal, sus palabras esta vez golpearon duro.

No porque me ofendieran…

Sino porque eran verdad.

Y no sería la primera vez que haría algo similar, me pesara o no.

—Solo porque quieres romper el compromiso y él no, no significa que puedas destruirle su reputación a tu antojo.

Es la forma más vil de romperla y lo sabes.

No todos se pueden recuperar de eso.

Su reacción de nuevo me sorprendió.

Pensé que la conocía, pero su forma de actuar era nueva para mí.

Inesperada.

—Deni, no he dicho que iba a hacer nada.

Solo quiero saber un poco más.

Ni siquiera lo conozco, ¿Cómo sé qué tipo de persona es en primer lugar?

Pero mis excusas cayeron a oídos sordos.

Parecía que solo la idea de “atacar” a Sergei volvía loca a Deni y por alguna razón lo defendía con capa y espada.

—¿Y cómo sé que no lo usarás en su contra?

Pareces demasiado engrosada en tu mundo como para considerar las emociones de los demás.

Y no es que sea la primera vez que pasas por encima de otros para lo que quieres hacer.

¿Acaso pensaste en Celeste cuando le coqueteaste al príncipe?

Sabes que a ella le gusta.

¿O consideraste cómo nos sentimos las demás viendo que recibes toda la atención?

Y seguías pavoneando al respecto como si estuvieras por encima de todo eso.

Se levantó de golpe, viéndome bastante furiosa.

Yo no supe qué decirle.

No sabía de nada de eso.

—¿De que hablas…?

—Oh, así que ahora dices que no sabías nada.

¿Por qué no me sorprende?

—El sarcasmo en su voz era pesado y ahora me sentía peor.

¿Qué había hecho?

—No es como que te reunieras de verdad con nosotras.

Nunca nos ponías atención, solo ibas por mantener apariencias.

¿Estabas al tanto del gusto de Celeste por el príncipe?

¿O sabías sobre los problemas de Kristine acaso?

Por culpa de las rebeliones de los quentaur, su familia perdió casi la mitad de su producción por los incendios que provocaron.

Y nos estaba pidiendo ayuda antes de que empezaras a ignorarnos.

¿Y a ti qué te importó?

Ni siquiera dijiste nada.

Y nosotras aguantamos, como siempre.

Porque “la perfecta Ivory” tal vez pueda resolver todo.

Porque tal vez tiene mucho en su cabeza para nuestros pobres problemas.

Porque su familia nos va a salvar…

Y ahora que estás haciendo berrinche sobre tu futuro esposo, ¿Lo primero que se te ocurre es arrastrarlo por el lodo para tu beneficio?

Honestamente, Diane, púdrete.

Se marchó hecha una furia y yo un desastre emocional.

¿Todo lo que había dicho…

Era verdad?

¿Cuándo?

¿Por qué?

No la detuve de que se fuera.

No sabía ni qué decir.

Estaba más que confundida, sintiéndome ahora en un agujero.

¿Qué había sido eso realmente?

Así que me quedé ahí sentada, confundida.

¿Era realmente cierto todo lo que me decía…?

¿Entonces…

Qué haría ahora?

¿Cómo arreglaría eso?

¿Tenía amigas…?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo