[+18] El Esclavo de mi Padre - Capítulo 25
- Inicio
- Todas las novelas
- [+18] El Esclavo de mi Padre
- Capítulo 25 - 25 La naturaleza de las cosas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
25: La naturaleza de las cosas 25: La naturaleza de las cosas Me escondí apenas los ví llegar, y ellos a mi no.
Solo ese esclavo de ojos dorados pero vista de águila.
¿O debía decir de león?
Por lo menos lo era de depredador.
Me metí a la mansión y me puse justo bajo una ventana en uno de las salones vacíos.
No lograba escuchar todo, pero sí lo esencial para entender lo que sucedió.
—…a las mazmorras.
Nos encargaremos de volver a entrenarlos…
—Los sonidos de los caballos no me dejaron escuchar el resto.
—…más dosis y collares.
—Le respondió alguien a mi padre.
Yo me asomé un poco por la ventana y confirmé lo que había visto antes: un gran grupo de esclavos taur, todos con la ropa hecha jirones, ensangrentada en algunos y quemada en otros.
Pero todos usando el mismo uniforme.
Eran esclavos de las fábricas y campos de trabajo.
Debían ser los que incitaban las rebeliones.
Recordé dolorosamente a Erica, cuya familia debía estar en varias dificultades ahora mismo.
Su mano de obra era en su mayoría taur por su gran físico y aguante.
—Cada día va peor.
Y el Rey no se atreve a eliminar la última resistencia por su jodida ventaja.
—Rugió papá, bastante irritado.
Tuve que volver a esconderme, pues se estaban acercando a mi ventana.
No ví con quién hablaba.
—Maldita su sangre y su poder.
¿No es herejía que eliminemos a estas bestias que alaban dioses paganos, pero tenemos a la cabeza a un maldito conjurador?
—Ya había escuchado esa voz antes, de las reuniones de trabajo de mi padre, pero no sabía quién era.
Raramente dejaban escuchar el contenido de dichas reuniones y no trataba mucho con los compañeros de papá.
Pero no importaba realmente quién era, me di cuenta.
El contenido de su conversación resultó ser aún más interesante.
¿Un conjurador habían dicho?
¿Qué se supone que era eso?
¿Y por qué lo relacionaban con los taur?
Pensé en Ike y en el Rey.
Mantenían su poder desde hace generaciones.
Por riqueza, por ejércitos, por influencia, por sangre.
No me sonaba en absoluto eso que estaban diciendo.
¿La familia real tendría algún secreto?
Es decir, era evidente ya que no se permitía saber todo sobre ellos, pero…
¿Qué sería realmente?
—Tenemos que presionar con más fuerza.
—Gruñó papá y escuché algo golpear el suelo.
Tenía que moverme de mi posición.
Creo que se estaba alejando de mí, en dirección a la puerta de la mansión.
—Si seguimos a este paso, estas bestias…
posibilidad…
por culpa…
Me levanté de golpe y salí corriendo hacia la puerta de la servidumbre, que daba a un largo pasillo ligeramente estrecho que afortunadamente ahora mismo estaba vacío.
Apenas cerré la puerta tras de mi, escuché la enorme de la entrada abrirse.
—¡Preparen mi salón de reuniones!
—Bramó a través de las puertas y yo me escabullí camino a las cocinas y las escaleras alternas de los sirvientes.
Debía encerrarme.
No podía dejar que nadie me viera en mi estado amoratado.
Apenas empezaban a juntarse los cocineros cuando yo pasé como un rayo a su lado, pero ya estaban trabajando tan a prisas que ni siquiera notaron mi presencia.
Cuando por fin llegué al piso de mi habitación, ya no había guardias a la vista para mí alivio.
La promesa de mamá de liberarme de esos ojos había valido y yo corrí a encerrarme ahora por voluntad propia.
Fui directamente al balcón que daba hacia los jardines y más allá a los campos de “trabajo” de los taur y justo alcancé a ver la comitiva de esclavos que fueron puestos en orden y los latigazos llegaron como una ráfaga en mi dirección.
Cada uno de ellos fue un incómodo tronar en mis orejas, casi como si estuvieran dirigidos a mí en vez de a ellos.
Pero entre la masa de cuerpos agachados en el campo, a un lado alcancé a ver a ese taur.
Mi taur.
“¿Ahora te arrepientes…?” Esas palabras vinieron a mi mente con una sensación extraña en mi oreja.
En mi vientre.
Me sonrojé sin entender muy bien por qué.
Y como si estuviera sintiendo mi mirada, la cabeza de melena negra se movió en mi dirección.
Podía sentir sus ojos dorados en mí, y sentí que se me cortaba el aliento.
Volví a meterme a mi habitación, cerré las puertas y cortinas de golpe, y volví a la cama.
Saber un poco más de mí podía esperar.
A la media noche.
…
Dormí el resto de la tarde.
No comí ni cené nada por ese interminable sueño que me ahogó sin piedad.
Sentía que no había dormido bien en una semana – tal vez había sido así.
La fiebre había bajado, mi debilidad la notaba más por hambre que por dolor muscular y las urgencias como las había llamado mamá estaban desapareciendo.
Si bien aún sentía cosquilleo y dolor en mi entrepierna que me impedía sentarme por completo, ya no era algo que me generara una desesperación desmedida.
Ni siquiera habia notado que antes tenía esa sensación.
Ese calor que se acumula a en el vientre.
Pero ahora que tenía nombre para lo que había pasado…
No lo volvía mejor, pero otorgaba muchas explicaciones.
Al menos de lo que podía saber.
Pero mamá no me había dicho qué éramos.
A duras penas me había explicado lo que había pasado.
Y las orejas…
Tuve que verme al espejo apenas desperté para verificar que siguieran siendo humanas.
Ahora que había procesado más la información, la ansiedad había tomado el lugar de la incertidumbre.
¿Qué pasaría si de repente algo raro me sucedía enfrente de mi familia?
¿Podría volver a salir sin ocultar cosas de mí?
¿Qué había sido eso que ví a la entrada de la mansión?
¿Qué otras cosas no sabía?
No sé si el taur sería la mejor opción para buscar información…
Pero al menos sí que tenía los recuerdos que a mí se me habían escapado.
Él tenía esa pieza del rompecabezas de mi cabeza que estaba en blanco.
¿Qué habíamos hecho anoche…?
Así que usando la misma ruta desesperada de la jardinera, me escabullí en la noche hacia la bodega de las caballerizas.
No sé por qué ahí.
Pero tenía un presentimiento de que él estaría ahí.
Y no es como que pudiera visitar ningún otro lugar ahora mismo.
Me costó incluso trabajo llegar a la bodega con la gran cantidad de guardias en patrulla que ví.
Pero una vez que llegué al edificio chaparro, un pesado olor me atacó la nariz.
Café…
Combinado con algo dulce.
¿Chocolate?
Pero también había otra cosa.
Algo…
Frutal, supongo, pero era muy sutil.
Casi como si ya estuviera a punto de desaparecer.
—¿No tuviste con una, gatita?
Esta vez no lo tuve que buscar.
Él ya estaba ahí, en una esquina bajo una de las diminutas ventanas cercanas al techo.
Su gran figura parecía más oscura que las sombras alrededor, y su voz retumbó en los rincones más profundos de mi ser.
No sabía que había extrañado ese tono grave hasta que lo escuché de nuevo.
—¿Una qué?
—Me removí incómoda en mi lugar, tapándome lo más posible con la capa que llevaba sobre la pijama.
—No recuerdo nada de anoche…
Lo escuché bufar, pero no lograba ver del todo su rostro.
Sus ojos brillaban, sin embargo, inequivocadamente como el oro.
—¿Anoche?
Gatita…
Eso fue hace dos días.
—Parpadeé un par de veces.
No entendí a la primera sus palabras.
¿Dos días?
Pero…
—No, no puede ser.
Hoy…
—Hoy…
—Me interrumpió, levantándose del suelo donde estaba sentado y alzándose en toda su altura y magnificencia.
Dió un paso a la luz de la luna y me percaté de algo que no ví antes.
—Salí de tus habitaciones subterráneas, gatita.
Por fin encontraron un trabajo para mí.
En el cuello tenía una de las cadenas de esclavo de control.
Un grueso aro de hierro y una piedra roja en el centro.
Era la cadena que tenían todos los taur en trabajo.
Estaba encadenado a la pared de la bodega, y casi parecía chiste que eso pudiera detenerlo, de no ser por los picos que tenía el aro.
El hierro era letal para ellos, y la piedra roja tenía una rara propiedad térmica al acercarse a una azul que tenían los guardias.
Si se les acercaban mucho, calentaba los collares a un punto doloroso y eso lograba controlarlos en cierta medida.
—¿Cómo…
En qué?
—Y más importante, ¿Dos días?
Seguía sin creermela.
—Algo lo suficientemente valioso para mantenerme cerca.
—Su sonrisa colmilluda me hizo sentir escalofríos.
Eso solo me generó más curiosidad.
Papá no solía quedarse con ningún quentaur esclavo.
—¿Qué cosa?
—Insistí, viéndolo con ojos entrecerrados.
—¿Y quitarte tu única diversión de detective?
Apreté los puños, pero negué con la cabeza.
No venía a eso.
Y, en efecto, podría descubrirlo después.
—Olvídalo.
Responde mi primer pregunta.
¿Una qué?
¿Qué hicimos esa noche?
¿Qué me hiciste?
Hoy por fin…
Me sentí…
—¿Mejor?
¿Cuerda?
Había despertado con dolor en todas partes y enloquecida de no saber qué había hecho anoche.
Pero al menos por fin, después de una semana me sentía…
—¿Lúcida?
—Terminó él vociferando mis pensamientos.
—Oh, si.
Estabas como una bestia, gatita.
Y que te lo diga yo…
Me sonrojé, pero no dejé que eso me quitara la voz.
—¿Qué.
Hicimos?
Su sonrisa se ensanchó y empezó a caminar más cerca de mí.
Mis ojos ya se habían adaptado a la oscuridad, así que pude ver con lujo de detalle todas las facciones de su rostro.
Me dejaba sin habla.
—¿Tu qué crees?
Me crucé de brazos.
En parte porque me sentía…
Vulnerable bajo su mirada, y en parte porque no me estaba respondiendo directamente.
Pero es que era obvio.
Solo no había querido aceptarlo.
No desde que mamá me dijo que lo que había pasado era un celo.
—No tiene sentido.
¿Por qué tú?
¿Por qué haría…
eso con una bestia como tú…?
—¿Bestia?
—Hubo algo en su tono que cargaba una advertencia peligrosa.
Me silenció y di un sutil paso para atrás.
—El cordero ignora que su sombra lleva garras.
Debió ser fácil mantenerte oculta.
Sencillo mentir bajo falsos pretextos de curiosidad.
¿Y me llamas bestia, a mí, que no oculto lo que soy?
¿Que no temo lo que la luz pueda revelar?
Tragué saliva.
Las palabras de mi madre hicieron un extraño eco tras las suyas.
“Por eso tu abuela huyó de ellos…” —No sé lo que soy.
—Admití está vez sin acobardarme, sin miedo a mostrar mi propia ignorancia.
—Mi…
Madre vino a verme en la mañana.
Me dijo que lo que pasé fue un celo y que debo esperar uno cada tres lunas.
—Desvié la vista a la pared, donde los recuerdos empezaron a resurgir lentamente.
Yo había estado ahí.
Anclada por un enorme peso…
—Me advirtió que debo alejarme…
De los quentaur.
Y que me matarían si supieran de mí.
No tenía muy claro por qué estaba siendo tan honesta con él.
Pero tampoco es que perdiera nada diciéndole esto.
—Y tiene razón.
—Gruñó él, pero me giré a verlo con fuego en los ojos.
—No parecías muy dispuesto a matarme cuando me tenías sujeta a esa pared.
—Refuté aventando esa moneda al aire.
Ni siquiera recordaba todo.
—¿Por qué?
Pero creo que di en el blanco cuando no hubo respuesta.
—¿Por qué?
—Repetí de nuevo, pero él soltó un gruñido profundo de su garganta.
No iba a responderme eso de ninguna manera, supuse.
—Bien, guárdate tus razones, no me pueden importar menos si al menos ahora sigo viva.
Pero entonces…
Respóndeme esto: ¿Qué soy?
¿Por qué querrían matarme?
Su gruñido disminuyó, pero no desapareció por completo cuando empezó a dar pasos hacia atrás.
De vuelta ala esquina donde había estado cuando llegué.
—¿Por qué no lo haríamos?
¿No es lo mismo que hacen los humanos entre los suyos?
—Se sentó de vuelta en la esquina, pero sin quitarme los ojos de encima.
Ahora tenía una sonrisa que me puso los pelos de punta.
—Ustedes también matan a sus traidores, ¿No es cierto?
Enmudecí.
¿Traidores?
¿Era…
Una traidora?
¿De qué?
¿Por qué?
Las preguntas se acumulaban.
Los misterios no cesaban en llegar.
Pero me mantuve callada ahora, esperando que terminara de responder lo que realmente quería saber.
¿Qué era?
—Pequeña princesita que juega a ser humana…
—Se burló ahora, señalándome con un dedo acusador que casi tenía forma de garra.
—Tú no eres humana, ni quentaur, es verdad.
Pero tú eres algo peor.
Una ninfae en vida inocente, pero con sangre traidora de una ménath.
Un monstruo esperando a nacer.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Helaiine He vuelto a terminar está historia.
Una misión personal de acabar con lo que empiezo, ja.
Espero me perdonen la espera.
He actualizado los demás capítulos; detalles y errores, algunas cosas para dar mejor sentido.
Espero disfruten la historia 🙂
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com