[+18] El Esclavo de mi Padre - Capítulo 27
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27: Planes 27: Planes Vernos llegar juntas debía ser bastante raro, porque apenas entramos al comedor, los tres pares de ojos masculinos nos voltearon a ver con la duda pintada en sus caras.
Mis hermanos casi siempre habían sido más unidos a mi madre de lo que yo.
—¿Le has dicho?
—Fue el extraño saludo de mi padre a mi madre cuando nos fuimos a sentar a nuestros lugares.
Lo volteé a ver con una ceja levantada, y luego a mi madre casi para preguntarle si él sabía lo que éramos…
Pero ella ya estaba negando con la cabeza, boca cerrada.
—Eso lo explica.
Más preguntas que respuestas, como de costumbre.
De cualquier manera, tenía fresca la conversación con mamá.
Mejor no preguntar cosas cuyas respuestas no iba a querer saber.
Y ahora mismo sospechaba que esta sería una de esas ocasiones.
Omelette con verduras y tocino.
Y pan recién hecho.
La boca se me hizo agua de pensar en el desayuno de hoy.
Ni siquiera sentía que el sándwich estuviera en mi estómago ya.
—Un par de noticias el día de hoy.
—Inició el Cedric mayor, mientras se ponía elegantemente la servilleta de tela en sus piernas.
—Han clausurado la fábrica de motores.
La pérdida de mano de obra fue demasiada y no pueden continuar con la producción.
La familia Marlowe ha perdido demasiado, así que tendremos que apoyarlos mientras reanudan su producción.
—Pobre Erica.
Empecé a sentirme mal por no haber atendido ese tema antes, pero…
Realmente no podía hacer nada, ¿O si?
—Pero por otro lado, eso ha provocado que volvamos a ganar atención.
Tendremos que volver a experimentar con los esclavos para mantenerlos a raya…
—Inconscientemente apreté los puños y los dedos de los pies.
Los sonidos de los latigazos contra el de ojos dorados aún resonaban en mi cabeza dolorosamente.
—Y tendremos que adelantar el anuncio del nuevo batallón montado.
Si no lo hacemos ahora que hemos perdido los motores, esas bestias creerán que tienen otra oportunidad.
El batallón montado…
Eran los soldados Ivory sobre las bestias de los Kozlov…
El silencio reinó en la mesa y levanté los ojos del plato vacío hacia mis hermanos, que me veían a su vez como si esperaran algo.
Alguna reacción o…
—¿Qué?
—Les pregunté moviendo solo los labios, pero la respuesta vino pronto.
—Así que adelantaremos el anuncio de tu compromiso, Diane.
—Terminó papá y todo mi cuerpo se tensó.
Entonces comprendí.
Querían adelantar el anuncio del batallón montado.
La unión de las casas.
Pretendían avisarle a todo el reino que teníamos nuevos efectivos de guerra que ahora rivalizarían el poder de la Familia Real, la que era la única que tenía hoy en día fuerzas montadas en bestias acorazadas.
Se venían problemas, en más de un sentido.
Esta vez no hubo explosión de mi parte.
No tuve ni tiempo de reaccionar.
Y tal vez ni siquiera serviría de nada, si es que había aprendido algo de la primera vez.
Pero desvié los ojos hacia Ray…
Y parecía desolado.
Aún no encontraba al detective.
Aún no tenía nada en contra de los Kozlov.
No tenía nada en mi arsenal para esquivar esta trampa mortal.
—¿Cuándo?
—Pregunté en un hilo de voz.
—En una semana.
—Aclaró mi padre, y aunque no lo volteé a ver, sentía su mirada fija en mi con bastante intensidad.
Como si estuviera también esperando alguna reacción.
—Harán un baile de recaudación para la familia Marlowe y los afectados por la rebelión de los taur.
Ahí será anunciado.
Entonces se abrieron las puertas de los sirvientes y el aroma a comida empapó el lugar y mi nariz.
A pesar de mi hambre anterior, ahora había perdido el apetito.
—Tenemos que hablar igual de tu matrimonio, Cedric.
—Continuó él sin inmutarse al ver que yo no reaccionaba, pero solo pude atención a medias.
—Necesitaremos dinero para mantener…
Comí solo la mitad del desayuno.
Cuando los demás hubieron terminado, yo me retiré sin mediar palabra.
Ray intentó seguirme, pero mi padre lo detuvo con sus propios planes.
Había mucho qué hacer en la casa.
—Llamaré a Madame Esther para que te prepare un vestido para la fiesta.
Seguramente ya tendrá algo preparado con lo rápido que viajan las noticias.
—Murmuró mi madre cuando pasó a mi lado al salir, pero no sé quedó conmigo.
Creo que su medicina ya estaba haciendo lo suyo, porque tenía el rostro más disperso que antes.
—Ten un bonito día, cariño…
Me quedé sola.
No quería ir a mi habitación.
En algún momento se volvió en una celda en vez de un santuario.
Y la casa ahora mismo estaba llena de guardias y ojos en todas partes.
No podría ir a los jardines sin que me vieran; tampoco a la bodega de la caballeriza donde se me ocurrió que podría encontrar al esclavo.
Aunque no podía resolver nada, se había vuelto una especie de escucha para mí.
Pero no ahora.
No rodeada de ojos.
Me quedé a mitad de pasillo sin saber a dónde dirigirme.
Algunos sirvientes pasaron y bajaron la cabeza al verme, pero escuché sus cuchicheos al alejarse a mi espalda.
Se preguntaban qué hacía en mitad del pasillo y qué estaría pasando por mi cabeza con los anuncios de mi padre.
En efecto, madre.
Las noticias viajaban rápido.
—Milady.
—Ni siquiera me percaté del momento en el que Julián se acercó con una carta en la mano.
—Tiene correspondencia.
Miré confundida el sobre que me ofrecía.
Desde la fiesta de otoño, había pedido ignorar todas las cartas de invitación, de cortejo y conversaciones simples, incluso las de mi grupo social.
Había enfermado poco después, así que nadie lo vio raro.
Pero no había retirado la orden y ver un sobre resultó raro.
—¿No había dicho que…?
—No puedo ignorar ésta, milady.
—La tomé de sus viejas manos y la volteé para ver el sello de cera que tenía.
Casi dejo de respirar al ver el Sello Real.
—Ni siquiera su padre o madre saben de esta carta.
No lo consideré…
Prudente que se enteraran.
Suficiente tiene en su plato.
Julián me conocía desde bebé.
Era como un segundo padre para mí.
O abuelo, si tomábamos en cuenta su edad.
Así que escuchar eso de él me estrujó el corazón y sentí el cariño atravesar la mano con la que me apretó un segundo el hombro.
Suficientes problemas tenía ya, en efecto.
Así que ese pequeño secreto se agradecía de su parte.
Y no es como que en la casa se llevarán bien con la familia real.
Y tampoco sabían de mi peculiar relación con el príncipe.
Por fin con algo qué hacer, escondí el sobre en los bolsillos de mi vestido y fui a la biblioteca.
El único lugar más solitario que mi habitación vigilada por guardias con ojos y oídos.
Al menos la biblioteca era amplia y nadie me escucharía o juzgaria si me sentaba a leer.
El sobre decía mi nombre en una letra firme y sin adornos innecesarios y cuando lo abrí, un suave aroma a cera, humo y miel dejó un leve rastro de alcanfor.
La carta, por otro lado, tenía un aroma diferente.
A tabaco y madera, leña.
Casi podía oler la habitación en la que la había escrito.
“Mi Estimada Din, Parece que contactarte resulta más difícil que tener una audiencia con el Rey.
Te he dejado sola solo unos días y pareciera ser que me has puesto al final de tus prioridades, después de invitar a una dama, enfermarte y ahora seguramente te ocuparás procurando un vestido para la fiesta de aquel manos sueltas.
¿No es así?
Fue extraño pero a la vez reconfortante leer que Ike no se molestaba en hablarme de usted y simplemente saltarse la etiqueta a hablarme como si fuera una verdadera amiga.
Pero el contenido de la carta me hizo sonrojar pero de la rabia que me dió saber que se había enterado prácticamente de todo lo que me había sucedido en los días y ahora de lo que haría en los siguientes.
Pero vayamos en orden.
¿Te has recuperado por fin de tu fiebre?
¿O era una excusa para no salir?
Aunque según mis fuentes, no saliste de tu habitación en días.
Espero esta carta te encuentre bien.
Yo, por mi parte, no he podido dormir ni descansar en paz por la preocupación.
Debía estar bromeando…
En el siguiente tema, ¿Será muy atrevido de mi parte asumir que en la fiesta de recaudación anunciarán tu compromiso con esa basura Kozlov?
No hay que ser un genio para saber el poder que su unión conllevaría.
Tenemos que hablar de eso en privado, pues el Rey no se lo tomará a la ligera.
Tenemos que hablar en privado, en persona y con discreción.
Asumiré que el día de mañana asistirás a la misma boutique que para tu disfraz para tus medidas.
Búscame en el salón probador del final.
Avisa a Mina.
Quema esta carta al terminar.
A Mina.
Así que era una espía de Ike.
O al menos una de sus ojos.
Recordé que ella también tenía el cabello rojo y me pregunté si no habría alguna relación entre ambos.
Pero sea como fuere, él iba a esperarme mañana en ese dicho salón.
No supe si eso era bueno o malo, pero el recuerdo de él abrazándome después del suceso con Sergei se me vino a la mente y deseé sin esperarlo que fuera para ayudarme.
Ike olía a bergamota y cedro.
Antes no lo había notado, pero esa carta me había refrescado la memoria.
Encendí una vela de la mesa de la biblioteca y tras fijarme a mi espalda y a los lados que no hubiera nadie viendo, acerqué un bote de basura y prendí en llamas los papeles en mis manos.
Dejó un leve aroma a miel que se desvaneció en el aire.
No sabía qué tan prudente era buscar e involucrar al príncipe…
Pero a este punto, a una semana de comprometerme oficialmente, estaba desesperada.
Quedaban tres semanas para mí cumpleaños.
Había esperado que en ese tiempo Raymond encontrara al detective, pero el tiempo se había acortado por más de la mitad.
Denira se había enojado irremediablemente conmigo, así que no podía tomar más esa ruta.
Y la pequeña, diminuta espinita de la opción de huir se había ido al caño con tanto guardia.
Y una voz aún más pequeña y arrinconada hablaba de añadir a ese último plan al esclavo.
Arruinar mi reputación con un esclavo taur.
¿Tal vez así me volvería indeseable?
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
Sospechaba que Sergei iba más allá de eso.
De repente deseé poder hablar con él…
Un pensamiento fugaz se atravesó por mi cabeza.
Un recuerdo, un vago sonido.
¿Cuál era el nombre del taur?
¿Me lo había dicho?
¿Y por qué de repente pensaba en ello?
Fuera como fuese, tenía que ir mañana.
No había otra opción.
No podía esperar más.
Tendría que tomar este problema en mis propias manos.
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