[+18] El Esclavo de mi Padre - Capítulo 28
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28: Medición 28: Medición El guardia de mi madre me veía fijamente desde el asiento frente a mí.
No decía nada y tampoco parecía querer decirlo.
Solo me vigilaba y parecía estar pensando una o muchas cosas mientras tanto.
Sir Orick siempre me había parecido extraño.
Muy taciturno, demasiado silencioso, pero siempre observando.
Me incomodaba su mirada, pero era una que siempre notaba cuando mis madre estaba alrededor y había aprendido a aceptar.
Pero ahora mismo era un obstáculo.
Mi madre se había quedado en casa, pero presintiendo que quizás haría algo tonto o que alguien me haría algo, me había mandado a su guardia personal.
Ese hombre cuyos ojos oscuros no se separaban nunca de mí y que yo activamente ignoraba.
Tendría que evitarlo de alguna manera, y la toma de mis nuevas mediciones tendría que ser el mejor momento.
Mientras yo estaba en las prendas interiores y él tuviera que desviar la vista o quedarse fuera de la habitación por completo.
Pero iba a ser difícil, lo sé.
La ciudad fuera del auto se movía con rapidez.
Y pensar que hace apenas unos años no existían estas maravillas de la ingeniería y aún andábamos a carruaje.
Los que no tenían dinero suficiente para un auto ciertamente aún iban en ellos.
Pero al final del día, si las fábricas dejaban de funcionar por culpa de las rebeliones, tal vez dejaran de producirse y se volverían reliquias hasta nuevo aviso.
Y ya nadie podría conseguir uno entonces.
Recuerdo la primera vez que subí a un auto…
Me sentí mareada como nunca.
Asustada incluso.
Yo estaba más acostumbrada a andar a caballo; tenía los músculos para ello, la costumbre, la pose.
Y ahora solo tenía que sentarme recta y esperar.
Casi como querían mis padres que hiciera.
Calladita hasta nuevo aviso.
Llegamos por fin a la tienda y primero salió Sir Orick, para abrirme la puerta y ofrecerme laano.
En el gesto, su capa se abrió lo suficiente para dejar ver la espada que llevaba en la cintura, y al otro lado la pistola.
Otra de las maravillas de la evolución que nos había granjeado victorias en la guerra.
Las consecuencias de la misma se veían en todas partes.
En la electricidad nueva, en los motores, en las armas.
Si surgía otra guerra, ¿Qué cosas nacerán entonces?
A la puerta de la tienda, me sorprendió un poco la cantidad –aunque lo esperaba un poco– de personas que estaban ahí.
Todas damas buscando vestidos casi a la desesperada.
Un baile de recaudación para la casa Marlowe, hecho por la familia Kozlov.
Nadie querría faltar a dicho evento, a dicha presentación de familias de renombre.
Por eso es que comprometerme con él en esa fiesta podría ser desastroso.
Tantos ojos, tantos testigos.
No tendría escapatoria.
Me preguntaba cuál sería la solución de Ike.
¿Fingir un amorío?
Eso lo intenté en la fiesta.
No resultó tan bien.
¿Huir del reino?
¿A dónde?
Tendría que cruzar el mar para eso, hacia el continente madre.
Tenía familia allá, supuestamente, pero era tan lejana que bien podía quedarme con extraños y sería lo mismo.
¿Abusar de su poder como familia real?
También podía anunciar la guerra y sería menos desastroso.
Si tan solo Ray pudiera encontrar a tiempo al detective…
—Lady Ivory, qué placer tenerla de regreso.
Imagino que vendrá por el tema de esta semana, ¿No?
Para la fiesta de los Marqueses Kozlov.
—Los ojos de Madame Esther parecían soñadores.
Al menos alguien estaba encantada de las cosas que sucederían en adelante.
Después de todo podía hacer lo que más le gustaba y en un solo tiro: ganar dinero y hacer vestidos.
Al menos un tercio de la fiesta estaría usando sus diseños, y sería el tercio más importante.
—¿Ha pensado en algún diseño o color…?
—Lamento la interrupción.
La Marquesa Ivory ha enviado este mensaje para este tema en específico.
—A mi sorpresa, Sir Orick sacó un sobre del interior de su capa y se lo entregó a Madame Esther.
Solo me bastó ver la caligrafía de la letra al frente para saber que, en efecto, era de mi madre.
¿Así que ni siquiera podría elegir un vestido?
¿Estaba ya todo listo, organizado y preparado para el compromiso?
Sentí una oleada de náuseas solo de pensarlo.
—Oh, magnífico…
—Los ojos de la estilista viajaron presurosos entre las letras, y me sentí una niña pequeña mientras terminaba de leer.
Tal vez mamá no estaba aquí, pero aquello se sintió como si estuviera esperando a que los adultos terminaran de hablar para yo poder hacer cualquier cosa.
—¡Oh!
Ya veo, ya veo.
Muy bien, le agradezco el mensaje, Sir.
Lady Ivory, entonces tendremos que avanzar directamente con las mediciones.
No espero que haya mucha diferencia, pero nunca debemos confiarnos.
Me llevó aparte de las mujeres que veían los diseños en la parte frontal.
Las puertas de atrás todas llevaban a los salones de medición y pruebas.
Estuvo a punto de meterme a cualquiera, pero me detuve de golpe.
—¿Hoy no está Mina?
—Le pregunté con un parpadeo inocente.
—Quería agradecerle su trabajo del otro día.
A ambas, de hecho.
Pero supuse que darle animos a una de sus subordinadas puede animarla a seguir un trabajo singular.
—Oh, por supuesto.
—Su rostro se iluminó en una sonrisa y volteó a ver atrás y adelante como si buscara a la chica…
Quién por obra o no del destino, apareció girando el pasillo con una cinta métrica y demás utensilios de medición.
—¡Ah, justo!
Parece ser que ella nos ayudará con sus mediciones, milady.
Con sutileza, relajé mi respiración.
Entonces todo estaba yendo bastante bien.
Cuando la pelirroja se acercó, noté entonces la diferencia del cabello de Ike y suya.
El de ella tenía un tono ligeramente más oscuro, como si en vez de una llama fuera…
Bueno, sangre.
Pero brillaba de sedoso y lo tenía recogido en una trenza como si fuera una diadema sobre su frente.
Me sonrió solo con los labios, haciendo una corta reverencia.
—Milady, buen día.
—Mina, qué bueno verte.
Quería agradecerte por el trabajo con el disfraz.
Estuvo en boca de todos y a mí me encantó.
Espero puedas hacer mi nuevo vestido igual de hermoso.
—Orick no le dedicó una segunda mirada.
Ya estaba al lado de la puerta del salón, viendo los alrededores con ojo de halcón, haciendo su trabajo.
—Muchas gracias, milady, de verdad se lo agradezco.
—Dijo con animosidad, inclinando la cabeza suavemente.
Me abrió la puerta al salon y solo por un segundo le echó una mirada a Orick.
—Por favor, pase.
Terminaremos en un santiamén y veremos qué podemos hacer con su diseño.
—Ya tenemos un par de especificaciones, así que solo deberemos definir algunos pocos detalles.
—Interceptó Madame Esther, quien entró con nosotras y Mina cerró la puerta.
—Ahora bien, tenemos estos diseños con el color elegido de la Marquesa Ivory.
No usará ninguno de ellos, pero podemos basarnos en estos para crear el suyo de cero.
Empezó a sacar vestidos blancos…
Y sentí un escalofrío.
Parecían vestidos de novia.
Pompones, con lazos, moños, con flores; de hombros picudos, redondos, lisos o sin ellos; de telas gruesas y transparentes, de seda la mayoría y algunos de cómodo algodón, pero había algunos de telas brillosas y otro opacos.
Me mareé de ver tantos y no supe nn por dónde empezar.
—Me comentó que le propondrán matrimonio, así que solicitó que llevará algo blanco, para reflejar su pureza, milady.
—Sentí un nudo en la garganta al escuchar eso, recordando el dolor en mi cuerpo aquella fatídica noche que aún era un hueco en mis memorias.
—Y ya que será con el hijo de la familia Kozlov, el color de su bandera es blanco de igual manera.
Parece como de cuento de hadas…
Ah, y no sé preocupe, le recuerdo que estos salones son a prueba de sonido.
Nadie se enterará por mí, y le aseguro que Mina si algo tiene, es que es de lengua discreta.
Menos hacia el príncipe.
—Gracias…
No querría que nadie se entere.
—Dije con una sonrisa forzada que al menos fue ignorada mientras Esther se volteaba a ver los diseños y empezaba a lanzarme uno tras otro para probarme.
Esto llevaría todo el día a ese ritmo.
—Creo que me gusta este.
—No ví ni siquiera lo que agarré.
Solo quería que se detuviera después del quinto vestido que me subió por las caderas.
Apenas lo levanté, ví que por lo menos no era tan ridículo como el resto.
Uno recto bajo los hombros con un escote discreto pero llamativo.
Tenía los brazos abombados hasta un tercio del antebrazo y era lo suficientemente simple del frente para no hacerme sentir como si fuera un escaparate de moños.
No tenía ninguno, de hecho.
Solo un collar a juego de tela con una cadena dorada rodeándolo y una gema cayendo del frente.
—Oh, puede que entonces sí podamos adaptar este.
No es un diseño muy común, ya que es bastante sencillo.
Buena elección, milady, podría reflejar su humildad ante el tema de la fiesta.
—Me felicitó Madame Esther en su perfecta labia, tronando los dedos hacia Mina para que empezará ahora su turno.
—Bien, ya solo serán sus últimas mediciones, los últimos detalles que quiera o no, y Mina la atenderá y anotará todo.
Así que, si me disculpa, milady…
Hizo una perfecta reverencia y se marchó por la misma puerta por la que entró.
Apenas cerró la puerta, pude respirar mejor y bajar los hombros.
Olvidaba lo detestables que eran esas mediciones…
—No sé cómo soportan eso las mujeres.
Es mucho más complicado que con nosotros…
—La voz de Ike me hizo dar un respingo y de inmediato me cubrí el cuerpo que solo mantenía cubierto por el fondo, el corset y la falda interior.
—En caso de que te estés tapando, ni siquiera estoy viendo.
Estoy atrás del espejo.
—¿Eso se supone que me debe tranquilizar?
—Le espeté con enojo, y noté de reojo que Mina sacudía la cabeza en desaprobación.
—Su Majestad, no moleste a la señorita así.
Si sale mientras la mido, no me importará dañar la integridad de la sangre real.
—¿Te atreves a amenazarme?
—Cierra el pico.
—Vi con sorpresa a Mina por ellos espejos, y ella sonrió con cierta complicidad señalando su cabello.
No necesité más señal.
Entonces sí que era familiar suya, aunque no tenía la más remota idea de cómo.
—Levante las manos, milady.
Volteé a ver los bordes de los espejos, desconfiada de que Ike se mantuviera quieto…
Aunque ciertamente, nunca había sido ese tipo de hombre.
—Yo hablaré y si tienes dudas o estás en desacuerdo con algo, dime.
—Dijo en su supuesto escondite, y aunque no respondí, lo habrá tomado como afirmativa.
—No sé hasta donde sabes sobre los negocios de tus padres, pero creo que tienes al menos el conocimiento de que tu familia y la mía…
No se llevan exactamente bien.
—Eso era decir poco.
—Y desafortunadamente, este odio sobrepasa la racionalidad.
Mientras hablaba, Mina se puso manos a la obra.
Me pasó la cinta métrica por todos lados, siendo bastante detallista con los números.
Mi cuello, hombros, brazos, pecho…
Me pregunté si esto lo haría para darme el mayor tiempo posible de “hablar” con Ike o solo por ser perfeccionista.
—¿Sabes por qué quieren casarte con esa basura de Kozlov?
—Me pregunté si sería correcto de su parte llamarle así a uno de sus súbditos…
—Quieren unir sus negocios.
Crear el primer batallón montado que no sea de la familia real.
—Respondí casi en automático.
Era una respuesta obvia.
—¿Y sabes por qué lo quieren crear?
—Escuché que no están contentos con que tu familia no pone más límites con el territorio taur y…
—¿Sería buena idea mencionar lo de que eran conjuradores?
Aún ni siquiera entendía lo que significaba eso.
Tal vez no debía revelarlo.
Mina iba por la medición de mi cadera y anotaba furiosamente en su libreta sin inmutarse.
—Temen que se desate una guerra que no puedan ganar.
Mina comenzó a ayudarme en vestirme de nuevo.
Escuché un bufido de la parte trasera de los espejos.
—Ah, claro, la guerra.
La que no hemos podido ganar en casi 9 siglos de vivir en este condenado continente.
Solo arrastrarnos un poco más al este.
—Escuché un tintineo de algo, pero no pude adivinar qué era.
—¿Y es lo único que se te ocurre, Lady Ivory?
Escuchar mi apellido en su boca fue un tanto extraño.
Desde hace un tiempo no había escuchado ese título salir de él.
Pero lo pensé un momento.
Rivalizar el poder de la familia real…
Querer acusarlos de herejes, de “conjuradores” sea lo que fuere…
Las rebeliones socavadas por mi familia y un grupo selecto de nobles…
—Una rebelión.
—Murmuré más para mí misma que como respuesta, pero de todas maneras llenó el silencio que se había instalado.
Ya estaba vestida cuando Ike apareció por fin detrás de mis reflejos, viéndome con una diminuta sonrisa.
—Una rebelión.
—Afirmó moviendo una cadenita en su mano.
Era un reloj de oro.
—Y tú serás el inicio de ella.
La moneda de cambio de los Ivory…
La rehén de los Kozlov.
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