Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

[+18] El Esclavo de mi Padre - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. [+18] El Esclavo de mi Padre
  4. Capítulo 29 - 29 Intercambio
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

29: Intercambio 29: Intercambio Rehén.

La manera en que lo dijo me mandó escalofríos por la espalda.

Como si yo fuera algo importante que tuvieran que encerrar bajo llave.

Una reliquia que le daban a guardar mis padres a unos coleccionistas a cambio de algo de igual valor…

Sentí náuseas.

Las palabras de mi madre de repente empezaron a resonar en mi mente con mayor volumen.

—Solo soy la única hija de los Ivory.

—Refuté intentando no dejarme llevar por emociones absurdas y completamente ajenas al tema.

—Aunque Sergei sea…

Peculiar y obsesivo respecto a mí, eso no me convierte en algo valioso y tan importante como llamarme rehén.

—Y a pesar de ello, los Kozlov no están dispuestos a crear ninguna negociación si no hay un matrimonio entre ambas casas.

A obedecer los deseos de su heredero.

—Ike hizo girar el reloj en su mano, atrapando la esfera dorada entre un giro y otro, haciendo ese sonido tintineante.

—¿Por qué no eligieron casar a tu hermano con Lady Macbeth?

Aunque ambas casas son Marquesados, se sabe que la tuya tiene mayor prestigio y poder.

Casi podrían ser Duques de no ser por la falta de consanguinidad con la vieja y solitaria sangre de los Daora.

Así que…

¿Por qué tú?

No tenía respuesta para ello.

Al menos no una que quisiera explorar y relevarle.

Mi madre me había advertido de no revelar mi naturaleza a nadie o podría terminar en un destino peor que la muerte.

Bajo llave y en experimentos.

¿El príncipe Ike haría algo como eso?

¿Me encerraría y buscaría en mi mente o en mis entrañas algo que pudiera darnos ventaja contra los taur?

Aunque parecía que no, jamás me fiaba por completo de nadie.

—Tal vez la obsesión de Sergei está pintando a la locura.

Y quieren mantenerla a raya conmigo.

No me sorprendería, viendo cómo actuó en la fiesta…

—Su cuerpo presionado al mío, su rodilla separando mis piernas.

Mi impotencia a no poder defenderme.

Benditos fueron los días en los que ni siquiera recordé mi propio nombre despierta, pues sabía que las pesadillas habrían plagado mis noches.

Pero Ike no parecía convencido.

Y al notar su mirada intensa, supe que los engranajes de su cabeza estaban tratando unir piezas de un rompecabezas incompleto.

Uno similar al mío.

Parecía ser que ahí había gato encerrado.

—Mi padre una vez me dijo…

Que para ahogar cualquier rebelión, debía arrancar las malas hierbas apenas empezaran a crecer.

—Caminó en unos pasos lentos hacia mi, aún en la tarima.

Empecé a sentir mi cabeza palpitar levemente.

—Ya sea por berrinche femenino, miedo genuino al abuso, rebeldía tardía a tus padres o alguna razón oculta que aún no puedo ver, sé que tú no eres parte activa de esta rebelión.

Eso o eres una grandiosa actriz…

pero no puedes ni fingir correctamente el tener interés en personas que no te agradan aunque tu supervivencia dependa de ello.

Eso lo ví claro como el agua en la fiesta de otoño.

Así que no es eso.

Eso me hizo sonrojar, pero por una mezcla de vergüenza y rabia.

El palpitar de mi cabeza aumentó, amenazando con darme un dolor de cabeza.

El príncipe Ike parecía tener ese efecto.

—No me interesa ni tener poder ni derrocar a tu familia.

Hace poco ni siquiera me interesaba saber con quién contraeria matrimonio de no ser por la pobre elección de mis padres al respecto.

—Me crucé de brazos, viendo desafiante al pelirrojo dos escalones debajo.

—¿A qué quiere llegar con esto, Su Majestad?

De hecho, no había tenido interés en casi nada en mi vida hasta que no llegó aquel esclavo de ojos dorados, a decir verdad.

Sentía que mi vida había transcurrido en una aburrida línea recta hasta ahora, y no sé si me gustaba tener estos altibajos de buena y mala suerte, pero al menos últimamente no me aburría ni me sentía muerta por dentro como antes.

—A que no eres una vulgar mala hierba de mi jardín, mi querida Lady Ivory.

—Dio los últimos pasos que quedaban hacia mí y mi cabeza ya estaba trinando en un agudo dolor inesperado.

—A lo mucho, eres una hermosa rosa de pétalos oscuros e indescifrablemente atractivos…

Pero me temo que si te mantengo en mi jardín, algún día me pinches con tus espinas si no tengo cuidado.

Parpadeé un momento mientras registraba sus palabras.

Me di cuenta tarde de que este no era el Ike que conocía y con el que había formado una extraña amistad.

Este era el príncipe, el político, el estratega.

La otra cara de la moneda de ese chico bromista y sarcástico que me sacaba de las casillas.

Y no me consideraba precisamente su aliada, si interpretaba bien sus palabras.

Me di cuenta tarde de que ya estábamos solos.

Mina había desaparecido y él ahora estaba justo frente a mí, ofreciéndome una mano para bajar los pequeños escalones.

Mi cabeza estaba que se partía en dos ahora y estaba luchando por no demostrarlo, pero era difícil.

—No soy una flor que puedas cortar así como así.

—Le respondí a duras penas, sin estar segura de qué más añadir a esa vacía amenaza.

—Ni siquiera soy…

En el momento que tomé sus dedos con los míos para bajar, el mundo pareció partirse en dos.

O tal vez yo lo hice.

La cara de Ike se deformó en mi visión como si todo hubiera sido hecho y derramado en pintura.

De repente ya no estaba ahí, en la tarde y en la tienda.

Era de noche y la luz de la luna entraba por algún ventanal, con un aire fresco acariciando mi piel.

Ike no me veía con esa complicidad de hace un segundo, sino con una devoción desconocida para mí.

Me veía desde abajo como ahora…

Pero estaba mucho, mucho más abajo.

Entre mis muslos.

Y yo podía ver sus hombros desnudos…

Mía…

Su voz era una caricia a mis sentidos y encendía algo desconocido en mi pecho.

Y antes de poder terminar de entender qué estaba viendo, un pequeño apretón a mis dedos me sacó de esa ensoñación y yo ya estaba pronunciando palabras ajenas a mí…

—…tuya.

—Exhalé con un suspiro, con la mirada perdida en esos ojos violetas.

—Aún.

—Contestó él con una sonrisa de medio lado, pero sus ojos hablaban de algo más juguetón.

Algo lejos de ser la sensualidad con la que me había visto hace un momento.

—Pero creo que podemos cambiarlo si quieres cancelar ese compromiso, pequeña Din.

Pegó sus labios a mi piel aún desprovista de mis guantes y la calidez de sus labios sobre mis nudillos encendió cosas en mi cuerpo que no estaba dispuesta a admitir, con esa visión fresca en la cabeza.

Había querido decir que no era parte de su jardín, que yo no era una rosa y no jugaría contra mi familia a la que consideraba una mala hierba, pero el momento había pasado y todo había adquirido un tinte diferente entre ambos.

Creo que ahora estábamos hablando del plan a cancelar mi compromiso.

Me costó trabajo encontrar palabras mientras su mano me ayudaba a bajar de la tarima y sus ojos no se despegaban de mi cara.

No podía descifrar su expresión.

Y tampoco me soltó la mano aún estando abajo.

—¿C-cambiar qué?

—Tartamudeé intentando quitarme la visión de sus fuertes hombros desnudos de la cabeza, de la visión de su mirada tan dedicada a mí.

No sé qué había sido eso.

Él sonrió con una sexy curva de sus labios, una idea que nunca antes se me había pasado por la mente hasta este momento que había visto esa visión.

Nunca antes había pensado en Ike de una forma que no fuera…

¿Amistosa?

No sé si era la palabra correcta.

—Tú lo has dicho, Din.

—Se encogió un poco de hombros antes de jalar mi mano hacia él y a mí conmigo.

Estuvimos demasiado cerca entonces que pude ver cada pestaña de un rojizo oscuro casi negro de sus ojos.

Tenía un hechizante color violeta con algunas motitas doradas aquí y allá.

Nunca me había percatado de ellas.

—Sé mía.

Acepta mi propuesta en vez de la de Sergei.

Incluso si quiere luchar por ti, puedo encargarme de eso.

Su pulgar acarició mi mano y sentí chispazos de escalofríos atravesar mi piel.

Un compromiso con el Príncipe Heredero.

Debía estar loca si quería ocupar ese puesto.

Si ahora mismo tenía una diana pintada en mi espalda con el nombre de Sergei, ser su prometida me la pintaría de todas las familias descontentas con la Familia Real.

Y eran muchas.

La rebelión no era mentira entonces.

—Solo cambiaría de secuestrador.

—Solté antes de poder detenerme.

Y para aligerar esa incómoda declaración, sonreí encogiendome de hombros.

—¿A menos que solo sea una charada?

—Robarme a la valiosa moneda de cambio de esta rebelión podría revolver las aguas de las pirañas que solo esperan a un pedazo de sangre fresca.

—Me soltó la mano por fin, pero no se alejó ni un momento de mi rostro.

Tenía una expresión más bien divertida ahora.

—Velo como un intercambio.

Tú cancelas tu compromiso y yo puedo sacar a las moles ocultas en mi jardín de flores.

Entonces te soltaré y podrás elegir tu camino después de esta…

Limpieza de alimañas.

—A mi familia no la tocarás.

—Le advertí viéndolo sin apartar la mirada.

Mis padres podían ser tercos y dejarme de lado en varias cosas, pero no los odiaba y desgraciadamente entendía sus intenciones de casarme.

Pero no por eso los quería muertos o eliminados.

Y mis hermanos hasta donde yo sabía –no lo sé Cedric– no estaban involucrados en esto.

No iba dejar que los tocara.

—No puedo prometer que no se irán al menos con un castigo.

—Todo rastro de diversión desapareció de su rostro, con sus ojos estudiando mi cara.

—Si no corriges mal comportamiento, los perros creen que te pueden morder cada que quieren.

—Un castigo.

No los quiero muertos ni encarcelados.

—¿Y si es por defensa propia?

—Levantó una ceja, y yo tragué saliva.

Mi padre no sería tan idiota para ponerse violento con él…

¿Cierto?

Esta vez por fin desvié la mirada, incapaz de verlo mientras pronunciaba las palabras.

—No puedo decir nada si es en defensa propia.

—Admití, cruzándome de brazos.

—Pero por lo menos…

Deja la opción de matarlos al último.

—Supliqué en una voz más baja, y sin verlo, pregunté lo siguiente: —¿Qué me garantiza que cumplirás con tu palabra si acepto esta propuesta?

Estamos hablando de una rebelión después de todo.

¿Qué me asegura que no cambies de idea de repente y decidas matarnos a todos?

¿A mí incluida?

—Din, ¿Me crees capaz de hacer eso?

—La falsa incredulidad de su voz me hizo voltear a verlo con cara de pocos amigos.

Él sonrió con malicia y levantó las manos con inocencia.

—Si lo que quieres es un seguro, bien…

Pero yo quiero lo mismo.

¿Qué me asegura que no me traicionarás usando esta información como moneda de cambio para tu padre?

—Eso no evitaría mi compromiso.

—¿Saber que el príncipe heredero está vigilando de cerca sus movimientos porque sabe que viene una rebelión?

Piénsalo de nuevo.

Apreté los puños.

Tal vez tenía razón.

Pero entonces…

—Un secreto por un secreto.

¿Qué te parece?

—Ike dió u paso atrás, dándome espacio como si eso lo necesitara para pensar.

—Algo que nos pueda destruir…

Uno del otro.

Había un brillo peligroso en sus ojos.

Sentí un escalofrío de pensar en que él tuviera ese tipo de información de mí.

O de mi familia.

Pero, ¿Saber algo de él?

Si la diana no estaría lo suficientemente grande con las familias que estarían en mi contra, esto lo haría.

Porque también sería la suya.

—¿Y estás dispuesto a darme un secreto así?

—Lo miré con desconfianza, pero él tenía una máscara de diversión que ocultaba mucho mejor cualquier pensamiento que una inexpresiva.

¿Qué estaría pensando?

—Dártelo…

¿De verdad lo haría?

—Ladeó la cabeza hacia un lado.

Empecé a sospechar que aquí estaba buscando algo diferente.

—Diane Ivory, hija de uno de los principales cabecillas de la inminente rebelión.

¿Y me vas a decir que no has escuchado cosas raras sobre nosotros?

¿Sobre la Familia Real?

Mi cuerpo se tensó.

Son herejes…

Conjuradores…

¿Estaría dispuesto a decirme la verdad de ese tema?

—No puedo confirmar nada sin pruebas.

—Es lo que había aprendido de Ray al no encontrar al detective.

Incluso si sabía la verdad o un atisbo de ella, sin pruebas no había nada qué hacer.

—¿Y quién dice que no hay pruebas o maneras de probarlo?

Entendí entonces que él sabía que yo conocía esa información.

Tal vez todos los jefes de familia lo sabían.

Pero sin una manera de probar esa información, nadie había dado un paso adelante.

No había aún ninguna noticia o rumor.

¿Cómo era posible…?

—Te daré una pista…

Algo de buena fe, ¿Qué dices?

—Me lo quedé viendo, esperando entonces a su llamada pista.

—El secreto…

Empezó a circular entre un círculo específico de personas.

Por una razón en específico que no nos tocó ni a ti ni a mí, pero que nos involucra a ambos.

A nuestras familias.

¿Se te ocurre qué?

Antes de poder pensar una respuesta, alguien tocó a la puerta y di un salto.

Había olvidado donde estábamos por un segundo.

Y quién estaba esperando al otro lado.

—¿Lady Ivory…?

—Se escuchó amortiguada la voz, pero se notaba que estaba gritando.

—¿Todo bien?

—Si lo descubres, tendrás mi secreto en tus manos.

Y te diré cómo probarlo como garantía.

Escríbeme.

Y espero que cumplas tu palabra de darme tu propia garantía, Diane.

Tomó mi mano una última vez, dándome un beso de despedida en la piel…

Y volvió detrás de los espejos, desapareciendo con muchas incógnitas a su paso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo