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[+18] El Esclavo de mi Padre - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Rebeliones
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3: Rebeliones 3: Rebeliones Los pajarillos se bañaban cómodamente sobre la pequeña fuente de piedra que ya tenía un poco de musgo creciendo en un costado.

Era un bonito detalle que el jardinero decidiera dejar ese pedacito de verdor sobre una construcción humana.

Aunque pudiéramos construir y destruir todo lo que se nos viniera en gana, la naturaleza encontraría una manera de abrirse paso sobre lo que hiciéramos…

Porque al final del día, vivíamos sobre ella: sobre la implacable fuerza de la naturaleza.

Eso me dejaba preguntando si los quentaur serían eso en nuestra sociedad.

Un pequeño pedazo de musgo encima de nuestra civilización.

Aunque eran mitad humanos, su lado animal no dejaba de ser salvaje, así que tenían un poco de ambos mundos.

Yo pensaba que eran más tontos de lo que había demostrado ese esclavo, así que no estaba ya segura en dónde se borraba la linea de la civilización entre ellos y nosotros…

—¡Diane!

—La voz de Erica, alzándose aguda por encima de las otras voces me sacó de mis ensoñaciones, haciéndome girar los ojos sin girar mucho el cuerpo.

—¿En qué tienes perdida la cabeza ahora?

Te estamos hablando.

Con una profunda inhalación, reactivé mi modo social y sonreí, intentando volver a ser la yo superficial que a esas niñas les encantaba.

—Lo siento, estaba pensando en un…

Rompecabezas que tengo pendiente.

¿Qué me decían?

—Jo, hasta pareces enamorada.

—Añadió de repente Denira, viéndome con una sonrisa de complicidad mientras bebía de su taza de té.

Pero ella no solía decir cosas a la ligera.

—¿Quién será el afortunado?

Ya deberías tener los ojos en alguien a estas alturas, para que nos dejes al resto a nosotras, las pobres damitas sin atención.

Las demás se rieron entre dientes, pero parecieron interesarse por el tema más de lo que deberían.

Mientras Denira solo se burlaba de que tenía muchos pretendientes y que me tenía envidia por ello, las otras al menos eran más inocentes y solo se interesaban por la inexistente historia de romance.

Le sonreí con ojos maliciosos, apoyando mi cabeza sobre la mano de forma algo coqueta en la mesa.

—¿Cómo podría?

A final de cuentas mi padre y hermanos tendrán la última palabra sobre quien será mi futuro marido.

—Pero se vale soñar, ¿qué no?

¿No quisieras que te consiguieran a alguien de quién al menos tuvieras un interés romántico?

—Preguntó Celeste, la niña más inocente del grupo.

A ella le sonreí con más sinceridad, negando con la cabeza.

—No tiene sentido.

Mi familia solo verá los intereses económicos y sociales como cualquier otra.

¿Para qué romper mi corazón con ensoñaciones inútiles?

Las demás soltaron quejas por mi realismo tan poco romántico, pero es realmente lo que pensaba y como lo veía.

Prefería cerrar mi corazón para cuando ya estuviera casada y conociera a mi marido, tal como lo había hecho mi madre.

Así no me ilusionaria de forma tonta con quienquiera y haría un innecesario drama antes de casarme.

—Bueno, tú pensarás así, pero yo sigo siendo fan y apoyo con tu relación con Lord Sergei.

—Declaró a medio suspiro esta vez Kristine, la cupido oficial de los eventos sociales a los que asistía.

Todas las demás empezaron a chillar en acuerdo con ello, excepto Denira como siempre.

Ella adoraba y era amiga de Sergei desde que tenían 8 años.

¿Quien habría esperado que él resultará ser uno de los hombres más populares en nuestra generación?

¿Su primer amor de la niñez?

Pero lo peor de todo era que creo que yo le gustaba a Sergei, y por eso los rumores de que luciamos bien juntos.

—No lleguemos a conclusiones precipitadas.

—Les dije sin ninguna señal de broma o interés en mi voz, pero sabía que era un poco inútil con esas niñas voladas.

—Oh, vamos, no puedes negar que son el uno para el otro.

¡Son los dos solteros más codiciados en esta época!

Además, quedan preciosos uno con el otro…

—Kristine, estás incomodando a Diane.

—Atacó rápidamente Denira, cargandome toda la culpa cuando era ella la incómoda ahí.

Pero eso me ayudaba a que guardarán silencio, así que no dije nada para contradecirla.

Con eso, la conversación murió con un tono incómodo, pero no tardó en evolucionar a temas más interesantes gracias a Dulce.

—¿Han oído de los recientes levantamientos en las fábricas?

Escuché que varios taur rebeldes están provocando muchos problemas para Brye.

—Ella, a diferencia de las otras, no tenía mucho interés en lo social, sino en los temas de interés de política del país.

Era un poco rara para ese círculo de amistades, pero a mí me caía muy bien por sus particularidades.

—Ugh, no aprenden nunca, ¿Verdad?

Tienen que saber primero su lugar y que el mundo sigue adelante después de la guerra, quieran o no.

—Contestó con fastidio Erica, probablemente la más afectada por todo ese problema con los rebeldes.

Su familia era dueña de varias de esas fábricas.

—Sus disputas son ridículas.

Tenemos que aprovechar todo lo que la naturaleza nos dé para trabajar.

Más aún que ha habido tanto progreso con los nuevos motores…

—Tal vez, pero creo que el problema principal empezó cuando invadieron territorio quentaur…

—Murmuró Dulce.

—Tsk, esos salvajes solo se enojan por haber tirado un árbol con sus marcas territoriales.

Y ni siquiera fue mucho pedazo de bosque, solo fue por el gran hallazgo mineral…

—Pero lo hicieron sin avisar y sin permiso.

—Agregué poniéndome del lado de Dulce, quien tal vez en esta conversación ella sería el abogado del diablo.

A la sociedad no le gustaban mucho los quentaur por su vida primitiva, pero a mí me fascinasnaba su respeto por la naturaleza.

—No pueden esperar que se quedaran de brazos cruzados.

—Son perdedores de la Guerra de la Franja.

¿Qué respeto les debemos?

Deberían agradecer que solo tomamos el depósito mineral.

—Erica comenzaba a irritarse cada vez más con la conversación, algo que se notó cuando abrió su abanico para soplar su exasperación.

—Pero eso no ha sido lo único que tomaron de ellos, ¿Verdad?

—Dulce nos sorprendió a todas con esa pregunta, hecha en voz baja.

—¿A qué te refieres?

—Le pregunté mucho más interesada que las demás.

Ella me sonrió, abriendo su abanico también y volteando a ver sutilmente a los guardias a cada entrada del invernadero donde estábamos, como si no quisiera que nos escucharan.

—¿Recuerdas ese viejo rumor durante la guerra?

¿De que podían darle vuelta a las confrontaciones si el hijo del regente lograba transformarse?

—Elevé una ceja, sin esperar para nada esa noticia.

Asentí recordando esas historias, pero no entendía muy bien a dónde iba con eso.

—Bueno, resultó ser que nunca lo hizo, pero no significa que no pueda…

—¿No llegó a transformarse?

—Denira pareció sorprendida por ello.

No la culpaba, la historia oficial que anunciaron fue que lo habían derrotado transformado.

—Pero en las noticias…

—Solo fue tapadera para aplastar la moral enemiga.

—Susurró con fuerza Dulce, algo que tuvo bastante sentido.

Después de esa noticia en la guerra, las peleas disminuyeron en masa y la moral de los quentaur capturados se fue en picada.

Aunado a la desaparición del dichoso hijo del regente, fue la razón de que ganaran la guerra.

—Pero hay rumores que dicen que nunca apareció realmente en la última pelea.

Que en realidad desapareció porque robaron lo que fuera que usan para lograr transformarse…

Y ahora que hay rebeliones…

—¿Qué estás diciendo?

—Denira ahora parecía un poco escandalizada, uniendo los puntos de la historia que no mencionaba en voz alta Dulce.

—¿Que se están alzando los taur porque encontraron lo robado?

—Pero nadie sabe dónde está el hijo.

¿Para qué lo harían?

—¿Dárselo a alguien más?

—Indagó Erica.

—¿El regente quentaur tiene otro hijo?

No tendría sentido dárselo a nadie más.

—Preguntó seguido Denira dando un buen punto.

—Tal vez a algún otro héroe de guerra.

Ya saben, había otra bestia asesina de humanos sin transformarse…

Escuché a mis hermanos decir que parecía un monstruo hecho de sombras…

—Esas son puras mentiras y exageraciones de soldados moribundos, los quentaur no usan magia.

—Respondió cortante Denira.

—Eso no lo sabemos.

No sabemos casi nada de ellos más que rumores.

—Murmuró Celeste con cierta preocupación.

—Deberíamos aprender más.

—Dije repentinamente llamando la atención de todas.

—¿Qué?

Puede ser divertido y útil.

No digamos ya que nosotras podemos pasar desapercibidas, ¿No?

—Bien lo sabía yo si podía escabullirme de vez en cuando para ver a mis esclavos.

—¿No les emociona la idea de que sea una mujer quien lo descubra y dejar en el polvo a los hombres?

Todas soltaron risitas por mi sugerencia, pero en vez de incitar la curiosidad y las ganas de sobrepasarlos, la conversación adquirió un tinte de broma.

—Claro, ¿Y eso en qué nos serviría?

—Empezó a bromear Erica, momento en el que mi sonrisa se desvaneció lentamente.

—Ya estamos batallando con encontrar un potencial marido bueno y rico.

¿Ahora que nos llamen sabelotodo o que nos tachen de locas o traidoras por hablarle a esclavos salvajes?

Pft, quiero casarme y salir de casa de mis padres, muchas gracias.

—Y no todas tenemos tantos esclavos quentaur como tú.

—Añadió con un pequeño suspiro Dulce.

Creo que a ella si le gustó la idea, incluso si no lo decía en voz alta.

—Podrías averiguarlo tú, Diane.

Ya que no te metes mucho en la vida social, podrías hacerlo tu nuevo hobby.

¿No decías que no encontrabas nuevas cosas por hacer?

—Sugirió Celeste, pero de ella sabía que al menos lo decía de buen corazón.

Sabía que a mí no me gustaba aparecer mucho en la vida social y ese tipo de atención.

—Suena interesante, pero sabes que no la tomarían en serio.

Ningún hombre lo hace en cuestiones de política o guerra.

—Terminó Dulce, lo que de verdad me bajó los ánimos.

Si ella, la más estudiada y diferente de todas, rechazaba la idea, supuse que no tendría ningún otro apoyo en ese pequeño proyecto.

—Aunque tú deberías poder saber más con mayor facilidad, ¿No?

—La que me sorprendió “apoyándome” en eso fue Denira, que me sonrió con una ceja levantada.

—Digo, como dijo Dulce, a cada rato te llegan nuevos esclavos taur a tu casa.

Quizás si le das un hueso a alguno, te cuente uno que otro secreto.

La vi con cierto recelo.

Denira siempre fue más amiga de Celeste que mía.

Con los años se suponía que nos habíamos acercado, si, pero sus intenciones raramente eran buenas cuando se trataba de mí.

Sus celos opacaban su ingenio e inteligencia para hacer las cosas para el bien.

—Puede ser, pero no sé cómo podría hacer hablar a uno.

Si ni siquiera con torturas suelen hablar…

—Ah, tienes razón.

¿Qué tan inteligentes pueden ser?

Solo saben cargar hacia adelante y gruñir.

Todas se soltaron a las risas, pasando de un tema moderadamente interesante a solo hacer bromas y críticas a los quentaur, diciendo como eran bobos y cómo se parecían en eso a los hombres cuando las cortejaban.

Perdí el interés de inmediato en el desarrollo de la conversación y volví la mirada al jardín, sumida en mis pensamientos.

¿Cómo podía, efectivamente, sacarle información a nuestros enemigos y esclavos de años…?

Especialmente de ese hombre de ojos dorados.

Suficientes latigazos se había llevado y ni siquiera le habían sacado sangre.

Menos le sacarían palabras.

¿Tendría alguna posibilidad de sacarle información de cualquier otra manera…?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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