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¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 La Transferencia
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12: Capítulo 12: La Transferencia.

12: Capítulo 12: La Transferencia.

Mis pasos resonaban en el pasillo pulido con una solemnidad que no me pertenecía, cada eco un tambor fúnebre que marcaba mi avance hacia la guillotina.

El sonido de mis zapatos baratos contra el mármol importado creaba un ritmo irregular que delataba mi nerviosismo, muy diferente al deslizamiento silencioso y confiado de los zapatos de cuero italiano que usaban los otros estudiantes.

Mi mente era un torbellino de posibilidades, cada una peor que la anterior.

—¿Puede ser por la beca?

Pero apenas es mi tercer día aquí, no ha habido exámenes ni he faltado en trabajos ni tareas —musitaba sin aliento que sostener—.

¿O será por…

por la carta de Jhin?

—mi estómago se contrajo.

¿Acaso devolverla había sido un error?

Al robársela, ¿me acusaron con el director?

¿Por ofender a la realeza de Hathor me echará?

Tal vez hay reglas sobre ladrones, y yo al robarle a un VIP las rompí—.

No, DM me defendería en ese aspecto.

¿Pero…

por qué lo haría?—.

Si no valgo nada para ellos —ese sentimiento me carcomía por dentro, mientras mi mirada se desvanecía con cada paso.

—¿O será por el cuarto oscuro?

—musité, queriendo desviar mis pensamientos de aquella idea pasada—.

Sabía que técnicamente no debía usarlo sin supervisión directa.

Tal vez alguien había reportado mi uso no autorizado…

—aunque hacía mal en pensar en esa posibilidad, la sentía como la mejor opción, aunque no hubiera buenas opciones.

Mientras caminaba, noté cómo la arquitectura del edificio cambiaba gradualmente.

Los pasillos se volvían más anchos, los techos más altos.

Las paredes pasaron de estar decoradas con coloridos carteles de clubes estudiantiles y anuncios de eventos a exhibir retratos al óleo de antiguos directores y benefactores de la escuela, hombres de trajes caros y expresiones severas que parecían juzgarme desde sus marcos dorados.

El olor también era diferente aquí.

En mi sección del edificio, olía siempre a café caro y dulces.

Aquí olía a madera pulida, cuero fino y algo que no podía identificar pero me rechazaba.

Incluso la iluminación era más suave, más antigua.

Los pocos estudiantes que vi en estos pasillos se movían diferente, casi todos tenían chaquetas azules y verdes, no como mi uniforme rojo o el de Mary que era dorado.

Chaquetas que solo les veía a esos dos ídolos y a Pariz.

¿Será que aún entre ricos hay diferencias?

Para calmarme, comencé a enfocarme en los detalles técnicos de lo que veía, como siempre hacía cuando estaba nerviosa.

La forma en que la luz natural se filtraba a través de las ventanas de vidrio emplomado creaba patrones geométricos en el suelo.

Las sombras que proyectaban las columnas creaban líneas de fuerza que dirigían la vista hacia las oficinas administrativas.

—Si pudiera sacar mi cámara, podría capturar la sensación de poder y tradición que emanaba de cada superficie pulida —musité, pero mi cámara estaba en mi mochila, y yo estaba caminando hacia lo que podría ser el final de mi tiempo en Hathor.

La puerta de la oficina del director era de una madera de caoba sin muestras de astillas o rallones, con herrajes de bronce que habían sido pulidos hasta brillar como oro.

Una placa de mármol negro con letras doradas anunciaba: “Director Ejecutivo – Sr.

Choi Min-jun”.

Incluso su título era más pomposo que el de los directores normales.

Toqué con nudillos temblorosos, el sonido amortiguado por la densidad de la madera.

Una voz impersonal me gritó del otro lado con un simple “—Pasa.” El director, el señor Choi, era un hombre de unos cincuenta años con un traje que gritaba “hecho a medida” y una sonrisa que había sido perfeccionada en miles de reuniones con padres adinerados.

Su oficina era menos un espacio de trabajo y más un mausoleo dedicado al éxito y al poder.

Las paredes estaban cubiertas de placas de reconocimiento, trofeos de cristal que por alguna razón ninguno era actual, y fotografías enmarcadas en plata de exalumnos que ahora eran CEOs de conglomerados, políticos de alto rango, o herederos de fortunas familiares.

Detrás de su escritorio de caoba maciza —que hacía juego con la puerta— había una estantería llena de libros que parecían más decorativos que funcionales, y una ventana que daba a los jardines privados de la escuela, donde la fuente de mármol salpicaba agua cristalina.

Me indicó que me sentara en una silla de madera que se quejó suavemente bajo mi peso, tal vez era lo más barato del lugar.

—Señorita Kang —comenzó, juntando las manos sobre su escritorio perfectamente ordenado, donde no había ni una sola hoja de papel fuera de lugar—.

No se alarme.

No está en problemas.

Hizo una pausa, estudiando mi rostro con la misma expresión que usaría para evaluar una inversión.

Sus ojos, pequeños y calculadores detrás de gafas de plástico negro, no mostraban la severidad que esperaba.

El alivio que sentí fue tan intenso que casi me mareé, como si hubiera estado conteniendo la respiración durante horas y finalmente pudiera exhalar.

Pero fue reemplazado de inmediato por una confusión aún más profunda.

Si no estaba en problemas, ¿qué hacía aquí?

Los estudiantes como yo no eran convocados a oficinas como esta a menos que algo estuviera terriblemente mal.

—La hemos estado observando, señorita Kang —continuó, y un escalofrío me recorrió la espalda como agua helada.

La forma en que dijo “observando” hizo que sonara más como vigilancia que como supervisión académica—.

Su dedicación, su talento…

son cualidades que Hathor valora enormemente.

Otra pausa.

Tomó un sorbo de té de una taza de porcelana blanca, el sonido amplificado en el silencio.

Yo esperé, mis manos sudorosas aferradas al borde de la silla.

—Es por eso que el comité administrativo ha decidido que, para apoyar mejor su desarrollo académico y personal, será transferida a la clase 1-A, con efecto inmediato.

Las palabras flotaron en el aire como humo, tardando varios segundos en penetrar mi cerebro.

Parpadeé.

Una, dos veces.

Debía haberlo oído mal.

Mi boca se abrió y se cerró como un pez fuera del agua.

—¿A la clase 1-A?

—logré articular, mi voz sonando extraña y lejana.

—Exacto —respondió con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—.

Creemos que al estar rodeada de nuestros estudiantes más destacados y tener acceso a nuestros mejores recursos pedagógicos, su potencial podrá florecer plenamente.

Será una oportunidad invaluable para su crecimiento.

La clase 1-A, yo entré a la escuela en la clase 1-D.

¿Cuál es la diferencia de clases?

—Señor, no soy hija de una familia importante.

¿Por qué me está moviendo?

El señor Choi dejó salir unas carcajadas.

—La escuela Hathor es la escuela más prestigiosa del mundo, ubicada en Corea.

Imagino que lo sabes —asentí sin dudarlo—.

Llegan cientos de alumnos al año, cada uno con mejor apellido que el otro —le dio otro sorbo a su té—.

Y precisamente por eso tenemos que separarlos.

—¿Separarlos?

—pregunté, sin entender.

—Por clases —respondió, sonriendo apenas—.

No todos los nombres pesan igual, ni todos los brillos iluminan de la misma forma —dejó la taza sobre el escritorio, con una precisión que me hizo pensar que cada gesto suyo estaba ensayado—.

En la cima están los de Clase A.

Los llamamos Los Destacados.

No porque sean los más inteligentes o los más ricos… sino porque tienen eso.

Ese detalle que no se enseña ni se copia: talento.

Son los que hacen que el nombre de Hathor brille más que el resto del mundo.

—Debajo de ellos está la Clase B —respondí—.

Según estudié, ellos son Los Aspirantes.

Tienen el potencial… pero todavía no brillan lo suficiente, ¿verdad?

—Estás en lo correcto —rio casi impresionado—.

Luego está la Clase C, La Normativa.

Buenos estudiantes, familias con buen apellido.

Representan la estructura de Hathor: obedientes, confiables… olvidables.

Sin ellos no tendríamos cimientos, pero tampoco historia —hizo una breve pausa.

El reloj del despacho marcó el silencio—.

Y finalmente, la Clase D.

—Su tono se volvió más neutro—.

A todos nos gusta decir que aquí es donde empieza todo.

La Clase Raíz.

Jóvenes con buenos apellidos, pero sin mérito aún.

Algunos despiertan, otros se apagan.

Digamos que… son el recordatorio de que incluso en Hathor, no basta con tener un nombre.

Choi me miró directamente, con los ojos fríos pero llenos de expectativa.

—Así funciona el orden aquí —dijo, acomodándose la corbata—.

No lo inventé yo, lo inventó el mundo.

Hathor solo lo perfeccionó.

Dígame, señorita Kang, ¿acepta la carga?

Mi garganta estaba seca ante su explicación.

Esta escuela es como un juego…

y por primera vez me están dando una oportunidad—.

Sí, acepto —dije sin pensarlo dos veces.

—Me alegra su energía, señorita Kang —se levantó de su escritorio recogiendo la chaqueta azul—.

Esta es para usted, ya puede quitarse ese degradante rojo —me dijo sonriendo—.

Y como un regalo de mi parte, puede dejar de usar el cuarto oscuro a escondidas —de su bolsillo sacó una llave dorada—.

Confiamos en su talento, señorita Kang.

Además, nadie lo había usado en cinco años.

Así que siempre supieron que me metía sin permiso—.

Gracias —con que esta era su noticia, un incremento en mi estatus.

Dejaré de ver la cara de Mary con temor, dejaré de esconderme al entrar al cuarto oscuro.

Esto es una gran noticia.

—Señorita Kang, se me olvidaba decirle, sus clases en 1-A ya empezaron, no se espere a mañana.

Y con ello salí de su oficina, con mi nueva chaqueta en mano.

Con un movimiento limpio me la coloqué, sintiéndola a la medida.

El azul.

El color de quienes pertenecen.

Por un segundo, la tela pesó más de lo que imaginaba; como si me vistiera con expectativas ajenas.

En su oficina, el director continuaba firmando papeles con movimientos perfeccionados, antes de detenerse.

De un movimiento limpio retrocedió su asiento.

Con paso firme se posó frente a la vitrina de cristal, abriéndola con cuidado.

Con dedos temblorosos tomó un trofeo.

—10 de enero de 2020 —musitó acariciando la placa—.

Desde entonces hemos perdido prestigio —con una mirada seria vio el veredicto de transferencia de Suri, una sonrisa se asomó por sus ojos—.

Esta escuela ya necesitaba un ego así, uno que naciera de la adversidad.

Afuera, una nueva estrella empezaba a moverse sin saber que ya formaba parte de su guion.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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