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¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Capitulo 18 Un Pin de bufón
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18: Capitulo 18: Un Pin de bufón.

18: Capitulo 18: Un Pin de bufón.

“El tren, como siempre, llegó antes de lo esperado, y como siempre…

casi lo pierdo”.

—¡Otra vez no!

—grité hacia la puerta, entrando con un salto antes de que las puertas mecánicas se cerrasen, cruzando en el último segundo, escuchando cómo las puertas mecánicas se cerraban agresivamente tras de mí.

—Sí…

debería…

hacer…

más…

ejercicio…

—musité, limpiándome el sudor que bajaba por mis sienes.

Mi corazón latía con fuerza, no solo por la carrera sino por la ansiedad de enfrentar otro día en Hathor.

Otro día de fingir que la noche anterior no había pasado.

—Otra vez llegando en precario estado, señorita Kang —mencionó mi nuevo profesor, sentado siempre en esa pose perfecta de noventa grados—.

¿Acaso los martes te quedas dormida?

—Buenos días, profesor Woo —saludé, conociendo su carácter—.

¿De qué tratan las noticias el día de hoy?

Mi profesor le echó una pequeña ojeada mas a su periódico y sin dirigirme vista—.

Hay dos por uno en pan, por si te interesa.

La mañana comenzó como cualquier otra en Hathor: con el sonido de risas artificiales y admiración forzada.

Con pasos lentos y pesados entré al salón principal, y sin intención real, mis ojos se clavaron en un punto que resaltaba a tal nivel que era más difícil ignorarlo que verlo.

Ese punto brillante, capaz de opacar la misma luz del sol y tener sus propios planetas en órbita era Vhy, el cual estaba rodeado por un círculo de chicas de uniforme dorado.

“Era difícil de aceptar, pero él sí es como un sol, con sus planetas compitiendo por captar un rayo de su energía”.

Llevaba el uniforme con esa despreocupación estudiada que solo un ídol puede lograr: la corbata ligeramente suelta, el primer botón de la camisa desabrochado, el blazer colgando casualmente de un hombro.

Su cabello, perfectamente despeinado, parecía decir “me desperté así” aunque probablemente había pasado horas frente al espejo.

Sus movimientos eran suaves, como si quisiera trasmitir comodidad con solo sus manos.

Con esas mismas manos que anoche habían dibujado con tanta pasión.

La luz del aula creaba sombras extrañas en su rostro, dividiendo literalmente su cara entre luz y oscuridad.

Mi mirada se detuvo en un detalle que no resaltaba ayer, no como ahora: en cada prenda de ropa llevaba un pequeño pin plateado.

Eran sus máscara veneciana, con la forma de bufón.

Siempre las llevaba, pero nunca tan pulidas, tan resaltantes.

“¿Nuestro proyecto lo marco?”, no se por qué esa idea logro dibujar una pequeña sonrisa en mis labios, que se desvaneció al notar un nuevo detalle.

Pero hoy es diferente…

Sus ojos.

Esos mismos ojos que el viernes habían brillado con pasión genuina mientras explicaban la teoría del arte, ahora estaban…

vacíos.

Como ventanas con las cortinas cerradas.

El pin en su solapa reflejaba la luz del aula directamente hacia mí, casi como un faro, y por un segundo entendí su verdadero significado: no era una celebración de nuestro proyecto.

Era una advertencia.

“Las máscaras sociales.

Ocultas tu rostro para ser tu…

o ser otro”, había dicho mientras dibujaba figuras manieristas.

¿Qué significa?, esas dos simples palabras rebotaban en mi cráneo buscando respuestas como aire en el espacio.

—No te bases en conjeturas Suri —me dije a mi misma, ahora somos amigos del arte—.

Mínimo podre saludarlo —después de todo lo que había ocurrido la semana pasada, seria descortés no saludar—.

Hola Vhy, qué tal tu fin de semana —logré formular, usando todo mi combustible social.

En un instante, lo que era un ambiente neutral se transformó.

Vhy no se congeló, no mostró sorpresa.

En cambio, su sonrisa se volvió más amplia, más ensayada, como si hubiera estado esperando este momento.

Sus ojos me evaluaron con una precisión quirúrgica, calculando exactamente qué decir para mantener su imagen intacta.

—Interesante que preguntes —dijo con voz suave pero clara, proyectada perfectamente para que todos escucharan—.

Aunque me pregunto por qué te interesaría el fin de semana de alguien con quien solo trabajaste por obligación académica.

Sus palabras cayeron como un balde de agua con hielo—.

¿A-a…

a que vino eso…?

—tartamudee incrédula de su crueldad tan artificial.

A pesar de su mascara tan marcada, hubo algo en sus reacción que logre captar.

Vi cómo sus dedos se movían ligeramente, un tic nervioso que descubrí sin querer, esa información me gritaba algo, ¿Pero qué?

—¿Vhy estas bie…?—intente pronunciar antes que una chica de uniforme dorado se interpusiera entre el y yo.

—¿Y tú qué?

—esculpió viéndome con la barbilla arriba—.

¿A qué vienes?

Me arranco las palabras de la boca, sin ser consiente, me desvió de mi objetivo—.

Yo pues…

solo quería saludar a Vhy.

En su otro costado, una chica de pelo rizado dio un paso adelante, robándome el espacio que nunca me perteneció—.

Ya lo hiciste —remarcó—.

Ya te puedes largar, becada.

“Becada.” La misma palabra que él había usado anoche, pero con un tono completamente diferente.

“Tú investiga”, había dicho, “eres la becada, se te debe dar bien esto.” Pero después había escuchado realmente mis ideas, había construido sobre ellas…

¿¡POR QUÉ PIENSO EN ESO!?

grito mi mente, ya estresada por la situación.

Vhy alzó una mano con elegancia estudiada, un gesto que pedía silencio sin ser agresivo—.

Tranquilas chicas —objetó, su voz manteniendo ese tono perfectamente neutro—.

No hay necesidad de ser hostiles.

Todos somos de la misma escuela, después de todo.

“Me defendería” pensé por un microsegundo, mientras algo en mi pecho se aligeraba.

—Cada uno tiene su lugar en Hathor —continuó, y la forma en que lo dijo hizo que mi alivio se evaporara instantáneamente—.

Y es importante recordar cuál es ese lugar, ¿no crees?

—termino volteándome a ver.

El veneno estaba en la sutileza.

No me había insultado directamente, pero había dejado perfectamente claro que mi “lugar” no estaba cerca del suyo.

Y lo había hecho de una forma que lo hacía parecer razonable, casi amable.

—Como los lugares dictan —se pauso—.

Para que tu me hables, primero pídele una cita a mi agente —continuo con una riza—.

Seguro en seis meses te toma en cuenta.

Podía sentir como todo mi cuerpo se tensaba como los cables de un puente—.

¿Permiso de qué?

—logré decir, mi voz más firme de lo que esperaba—.

Solo pasaba a saludar.

—Sí, seguro —mencionó la chica de cabello rizado, Eun-Ji, la vicepresidenta del club de fans de NEON7 según tengo entendido, una chica de uniforme verde—.

Solo tuviste suerte de hacer equipo con Vhy —se pauso—.

Ah, ya entendí, unas horas con él bastaron para enamorarte profundamente, sucia sasaeng.

—Sí, cierto —gritó la de colitas y uniforme dorado, Yuna, conocida por seguir ciegamente todo lo que Eun-Ji decía—.

¡Ella es la pervertida que se le lanzó el primer día, es la sucia sasaeng!

“Ese rumor otra vez”, pensé…

—Escuché rumores de que lo hizo para probar un poco de su saliva.

Mary me dijo que es una pervertida acosadora —añadió otra chica desde atrás, cuyo nombre ni siquiera conocía.

—Claro que no, yo no soy una…

—¡CALLATE SUCIA SASAENG!

—me grito, quitándome la palabra una vez mas—.

Tu opinión como becada es la que menos cuenta.

—Eun-Ji —interrumpió una voz tranquila pero firme.

Todas las cabezas se giraron en una dirección, incluyendo la mía.

Era Mina, la presidenta del club de fans, que hasta ahora había estado observando la escena con expresión neutral, dio un paso adelante.

Era la única con uniforme azul entre el mar de dorados y verdes.

Eun-Ji se calló inmediatamente, como un perro regañado por su dueño.

—Si vas a hacer acusaciones, al menos que sean coherentes —dijo Mina, su tono era clínico, casi aburrido—.

Los rumores contradictorios solo hacen que el club parezca un grupo de cotillas sin cerebro.

Se giró hacia mí, y sus ojos me evaluaron con la misma precisión que usaría un científico examinando una bacteria bajo el microscopio.

—Tu problema no es que seas una sasaeng o una acosadora —dijo, su voz clara y medida—.

Es creer que pertenecer a la clase 1-A te da el derecho de interactuar con Vhy como si fueran iguales —hizo una pausa, dejando que sus palabras se hundieran—.

No lo son y nunca lo serán —declaro con la seguridad de una presidenta.

—Tú estás aquí por una beca de caridad.

Él está aquí porque este es su lugar natural.

—reafirmo Eun-Ji con una sonrisa de víbora.

Y como un cachorro agresivo Yuna continuo—.

Para personas como Vhy, ser amable con la ayuda es simplemente tener buenos modales.

—La preparatoria Hathor puede ponerte el mismo uniforme azul, puede sentarte en el mismo salón, pero no puede cambiar el hecho de que ustedes existen en diferentes realidades sociales —termino Mina, mientras cruzaba los brazos y su sequito la rodeara como un ejercito a su comandante.

Sus palabras no eran crueles en el tono, eran peor: eran precisas, calculadas, diseñadas para cortar exactamente donde más dolía sin derramar una gota de sangre visible.

—Mina tiene razón —intervino Vhy, su voz perfectamente sincronizada, como si hubieran ensayado esto—.

No quiero que tengas malentendidos.

Lo del proyecto fue exactamente eso: un proyecto.

Nada más.

Hubo algo en la forma en que lo dijo, una precisión demasiado perfecta, como si hubiera practicado la línea frente a un espejo.

Sus ojos, sin embargo, hicieron algo extraño: se desviaron por una fracción de segundo hacia su mochila, donde sabía que guardaba su cuaderno de bocetos.

—¿Malentendidos?

—repetí, encontrando mi voz—.

No, creo que entendí perfectamente.

Un proyecto es un proyecto.

Lo que no entiendo es por qué necesitas a todo un comité de fans para aclarar algo tan obvio.

Vi el más mínimo tic en su mandíbula.

Casi imperceptible, pero estaba ahí.

—No necesito nada —respondió, su tono ahora un grado más frío—.

Simplemente estoy siendo claro para evitar situaciones incómodas en el futuro.

Hay niveles en esta escuela, y es mejor que todos sepamos dónde estamos parados.

—Exactamente —añadió Eun-Ji, recobrando su confianza con el apoyo de Mina—.

Deberías estar agradecida de que te permitimos respirar el mismo aire.

¿O acaso crees que alguien como tú, que huele a comida recalentada y transporte público, merece algo más?

—Eun-Ji —la voz de Mina cortó el aire—.

Ya es suficiente.

El punto ya quedó claro.

Me giré hacia Mina, sintiendo algo caliente y peligroso subir por mi garganta.

—¿Sabes qué es lo interesante de las “diferentes realidades sociales”?

—dije, mi voz sorprendentemente calmada—.

Que algunas personas necesitan recordarlas constantemente porque, en el fondo, están atrapadas en su propia imagen y comodidad social.

Los ojos de Mina se entrecerraron ligeramente, el único indicio de que mis palabras habían tenido algún efecto, aun que no eran directamente para ella.

Eran para Vhy, que ahora su mirada temblaba sin control—.

Tienes razón sobre los niveles —dije—.

Pero no del modo que crees.

Hay quienes construyen su valor en lo que crean, y hay quienes solo saben copiarlo y llamarlo suyo.

—¿Copiar?

—la voz de Vhy mantuvo su tono controlado, pero algo brilló en sus ojos—.

Es una acusación interesante viniendo de alguien que hace una semana no sabía diferenciar entre el Renacimiento y el Manierismo sin un libro de texto.

—Tienes razón —admití, sintiendo un extraño poder en la honestidad—.

No lo sabía.

Pero al menos cuando aprendo algo, se queda en mi cabeza, no solo en la superficie para impresionar a una audiencia.

Por un segundo, algo se quebró en su expresión.

Su mano se movió hacia el pin en su solapa, sus dedos rozándolo brevemente antes de formar un puño.

Había tocado exactamente donde sabía que dolía.

—Mejor vuelvan a la tienda de disfraces y cómprense una personalidad más original —logré decir, mientras veía fijo el pin de bufón en su solapa.

Vhy me sostuvo la mirada, y por primera vez en toda la conversación, la máscara se resquebrajó visiblemente.

Su respiración se hizo ligeramente más profunda, sus dedos se abrieron y cerraron en ese puño antes de que hablara.

—¿Personalidad?

—su voz salió más baja, más peligrosa—.

Al menos yo tengo público que aprecia la mía.

¿Tú qué tienes?

¿Una cámara vieja y la ilusión de que capturar fotos de otros te da sustancia propia?

Se detuvo, y por un momento pareció que dos pensamientos diferentes chocaban en su mente, obstruyéndose mutuamente el camino.

Su siguiente palabra salió como un suspiro sin aire.

—Patético.

“La ansiedad existencial del arte” había murmurado en medio de su proyecto, casi era el único tema del que hablaba, como un concepto nostálgico.

Aquel día no entendía su significado—.

Supongo que ahora entiendo de qué hablabas —dije, mi voz cortando el silencio que se había formado.

Él frunció el ceño, como si no entendiera mi mensaje, pero sus manos empezaron a acercarse a su corbata, aflojándola con un movimiento que se repetía, abriendo y cerrando el nudo.

—Primero aclara tus ideas, Suri —interrumpió, apretando finalmente el nudo en su lugar—.

Aquí nadie entiende tus coloquialismos.

Las risas de las doradas fueron ensordecedoras.

Sentí que el aire se volvía denso, difícil de respirar.

Un recuerdo fugaz cruzó mi mente: Vhy inclinado sobre su cuaderno, explicándome con pasión genuina cómo el Manierismo había surgido de la ansiedad existencial de los artistas.

“¿Dónde está ese Vhy ahora?” me pregunté, aun que una parte de mi ya no le interesaba.

—Al menos yo sé quién soy sin una audiencia —dije, mi voz cortando el aire como cristal roto—.

¿Tú puedes decir lo mismo?

Esta vez, el destello en sus ojos duró más.

Su mano se movió involuntariamente hacia su pantalón, su dedo comenzando a rascar el tejido en un patrón nervioso, como si intentara escarbar en búsqueda de sí mismo.

Pero se detuvo abruptamente, volviendo a formar ese puño apretado.

Sus muros de oro no se romperían tan fácilmente.

—Debe ser agotador pretender ser alguien todos los días, ¿no?

—añadí, viendo fijo el pin de la máscara en su solapa.

—Lo único agotador aquí —respondió, su voz recuperando ese control perfecto— es tu desesperación por proyectar tus propias inseguridades en otros.

Pero supongo que es más fácil que admitir que, sin ese proyecto que te regalé, sigues siendo exactamente lo que eras: invisible.

La palabra “invisible” resonó en el aula.

Vi cómo algunas chicas intercambiaban miradas de satisfacción, como si Vhy hubiera dado el golpe final.

Pero yo vi algo más.

Vi cómo su pulgar frotaba el borde de su manga, donde el pin brillaba.

Vi cómo sus ojos se desviaron por una fracción de segundo hacia la ventana, como buscando una salida.

Vi la máscara, perfecta y pulida, pero ahora podía ver las grietas.

Me alejé sin prisa, sintiendo sus ojos clavados en mi espalda.

En mi mochila llevaba una copia de nuestro proyecto, lleno de sus dibujos apasionados, sus ideas brillantes, su verdadero yo plasmado en papel.

Mientras me alejaba, escuché cómo las risas gradualmente se desvanecían, reemplazadas por el murmullo normal del aula.

No me volvió a mirar, pero pude sentir sus ojos en mi espalda, y algo me decía que esta vez, a diferencia del viernes, él tampoco estaba seguro de qué acababa de pasar.

“Dos pueden jugar a las máscaras de bufón”, pensé, sintiendo cómo mi cámara comenzaba a pesar contra mi pecho.

La tomé con mis dos manos, y con un movimiento delicado limpié su lente con mi chaqueta.

—Para tomar fotos más hermosas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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