¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capitulo 19 Dos mascaras
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19: Capitulo 19: Dos mascaras.
19: Capitulo 19: Dos mascaras.
Sentada en mi asiento, aún sentía el peso de mi cámara jalando mi cuello al suelo, como si alguien invisible la jalara…
como una advertencia muda.
La correa había dejado una marca roja en mi piel, un recordatorio físico de la humillación de esta mañana.
—No importa —me repetí, aferrándome a una posición recta, aunque mi cuerpo entero parecía querer encogerse y desaparecer.
En ese momento, el profesor Woo entró al aula.
Con un paso lento pero constante, como siempre, pero había algo diferente en su expresión.
Una seriedad que no había visto antes.
—Buenos días, estudiantes.
Antes de comenzar, tengo un anuncio importante.
Sentí como si el aire del aula se hubiera vuelto denso, pegajoso.
Mi cámara, que normalmente era mi refugio, ahora se sentía como una cadena alrededor de mi cuello.
Las voces de mis compañeros se convirtieron en un zumbido distante mientras me preparaba para lo que fuera que estuviera por venir.
Todos nos giramos hacia él.
El profesor, con sus habituales movimientos lentos, sostenía una carpeta contra su pecho como si fuera algo sagrado.
—Como saben, cada año Hathor participa en la Exposición Nacional de Arte Joven.
Este año, el comité directivo ha decidido que nuestra representación estará a cargo de…
—hizo una pausa dramática, sus ojos recorriendo el aula— Vhy Kim y Suri Kang.
Un silencio sepulcral cayó sobre el salón, tan denso que podría haberse cortado con un cuchillo.
Luego, como una ola rompiendo contra la orilla, llegaron los murmullos y exclamaciones ahogadas.
Sentí todas las miradas clavadas en mí, algunas de incredulidad, otras de envidia pura que me quemaba la piel.
Vi cómo Mina apretaba los puños bajo su escritorio, sus nudillos blancos de la tensión.
Incluso algunos estudiantes que normalmente me ignoraban ahora me miraban con una mezcla de envidia y desprecio que me hizo sentir como si estuviera desnuda frente a todos.
—¿Qué?
—la voz de Vhy cortó el aire como cristal roto.
Por un segundo, vi algo que parecía pánico genuino cruzar su rostro antes de que la máscara de disgusto se asentara perfectamente en su lugar—.
Profesor, con todo respeto, ¿por qué tengo que trabajar con ella otra vez?
Sus dedos tamborilearon contra su escritorio, el mismo tic nervioso que había visto cuando dibujaba.
¿Estaba tan incómodo como yo con esta situación?
El profesor Woo frunció el ceño, claramente desaprobando su tono.
—Su proyecto conjunto sobre el Manierismo fue excepcional, joven Kim.
Mostraron una comprensión y una sinergia que rara vez veo en estudiantes de su edad.
El director Choi personalmente revisó su trabajo y quedó tan impresionado que sugirió que ustedes representaran a Hathor.
De hecho —añadió, ajustándose las gafas—, dijo que era la mejor interpretación del Manierismo que había visto en sus años como educador.
—Pero profesor —intervino Mina, la presidenta del club de fans, su voz cargada de una indignación mal disimulada—, Vhy tiene un horario muy ocupado con NEON7.
No puede…
—Ya hemos hablado con su agencia —la interrumpió el profesor—.
Han ajustado su agenda para permitirle participar.
Es una oportunidad única para Hathor y para la carrera de ambos.
El director Choi fue muy específico: quiere que sea este equipo y ningún otro.
—¿Y si me niego?
—preguntó Vhy, su tono bordeando la insolencia, pero había algo más en su voz.
¿Desesperación?
El profesor lo miró fijamente, su expresión endureciéndose como el acero.
—No es una opción, joven Kim.
Esta decisión viene directamente del director Choi.
Señorita Kang, joven Kim, él los espera en su oficina después de clases para discutir los detalles —concluyó—.
Ahora, abran sus libros en la página 157.
El resto de la clase transcurrió en una nebulosa de contradicciones.
Parte de mí estaba furiosa: ¿cómo se atrevía el destino a ponerme en esta situación después de la humillación de esta mañana?
Pero otra parte, una parte que me daba vergüenza admitir, sentía una chispa de emoción.
La Exposición Nacional.
Mi nombre junto al suyo en algo que realmente importaba.
“No”, me dije firmemente.
“No voy a dejar que me use otra vez.” Mientras recogía mis cosas, un recuerdo me golpeó sin avisar: Vhy inclinado sobre su cuaderno, explicándome con pasión genuina sobre la ansiedad existencial de los artistas manieristas.
“Es la ansiedad de venir después de la perfección”, había dicho.
“¿Cómo superas lo insuperable?” Ahora me preguntaba si él mismo vivía esa ansiedad todos los días.
No podía concentrarme en nada más.
Cada vez que intentaba leer una línea del texto, las palabras crueles de Vhy resonaban en mi cabeza: palabras diseñadas para humillar, para recordarme mi lugar en la jerarquía de Hathor.
Pero también resonaban sus otras palabras, las de anoche, cargadas de pasión y conocimiento genuino.
Sentía las miradas de todos sobre mí, algunas de curiosidad morbosa, otras de envidia mal disimulada.
Incluso noté que algunas chicas que normalmente me ignoraban ahora me observaban con una nueva hostilidad, como si mi asociación forzada con Vhy fuera una afrenta personal.
Cuando sonó la campana, recogí mis cosas lo más rápido posible.
Mis manos aún temblaban ligeramente, y tuve que hacer un esfuerzo consciente para controlarlas.
No les daría la satisfacción de verme afectada.
Caminé por los pasillos con la cabeza alta, ignorando los susurros y miradas que me seguían como sombras.
“Respira, Suri,” me dije a mí misma.
“No dejes que te vean rota.” Me dirigí hacia donde Pariz me esperaba en nuestra mesa habitual de la cafetería, su expresión una mezcla de curiosidad y preocupación que me tranquilizó inmediatamente.
—¿Qué fue todo eso?
—preguntó en cuanto me senté junto a ella—.
Los rumores ya están corriendo por toda la escuela.
¿Tú y Vhy representando a Hathor en la Exposición Nacional?
—No tengo idea —respondí sinceramente, dejando caer mi cabeza entre mis manos—.
Pero no pienso hacerlo.
No voy a pasar semanas trabajando con alguien que me trata como si fuera menos que la basura bajo sus zapatos.
Le conté todo lo que había pasado esa mañana, cada insulto, cada humillación.
Mientras hablaba, sentía que la rabia y el dolor se mezclaban en mi pecho, formando un nudo que amenazaba con ahogarme.
—¿Sabes qué es lo que más me molesta?
—dije, mi voz temblando de rabia contenida—.
Que anoche vi quién es realmente.
Vi al artista, al chico que entiende el arte de una forma que me dejó sin aliento.
Y esta mañana me trató como si fuera invisible, como si esos momentos nunca hubieran existido.
Pariz me estudió con esos ojos analíticos suyos.
—¿Y cuál crees que es el verdadero Vhy?
—Esa es la pregunta del millón —respondí amargamente—.
Y no estoy segura de querer descubrirlo.
—¿Puedes creer que dejo que me digieran que huelo a comida recalentada y transporte público?
—añadí, mi voz quebrándose ligeramente—.
Como si venir de una familia trabajadora fuera algo de lo que avergonzarse.
Pariz me miró con esa expresión suya, la que decía que estaba analizando cada palabra, cada matiz de la situación.
—Es un imbécil —dijo finalmente, su tono cargado de indignación—.
Un imbécil privilegiado que se esconde en una capa falsa.
—Exacto —concordé, sintiendo un alivio momentáneo al ser comprendida—.
Por eso no puedo trabajar con él.
No importa lo que diga el director Choi.
Pariz tomó un sorbo de su té, pensativa.
—Pero es una oportunidad increíble, Suri —dijo finalmente—.
¿Sabes lo que significa la Exposición Nacional?
Sacó su teléfono y me mostró artículos sobre ediciones anteriores: estudiantes que habían conseguido contactos con grandes artistas, otros que habían sido descubiertos por galeristas importantes, algunos que ahora exponían en museos.
—Esto no es solo una competencia escolar, Suri.
Es donde se concentran todos los talentos indiscutibles.
Podría abrirte puertas que ni siquiera sabías que existían.
—La Exposición Nacional podría cambiar mi vida —admití, las palabras saliendo como una confesión—.
Pero ¿a qué costo?
¿Vale la pena sacrificar mi dignidad por una oportunidad?
—¿Y vale la pena sacrificar tu futuro por tu orgullo?
—contraatacó Pariz suavemente.
La pregunta me golpeó como una bofetada.
Porque tenía razón.
Mi orgullo herido no pagaría las cuentas ni me conseguiría una beca universitaria cuando deje Hathor.
—Lo sé —admití—.
Pero no a ese precio.
No voy a ser el punching bag emocional de un idol con complejo de superioridad.
—Entonces ponle límites —sugirió Pariz, apretando mi mano con la suya—.
La compañía de ese imbécil por algo quieren que participe, y eso es su imagen.
Al igual que tu lo necesitan.
Acepta el proyecto, pero con tus condiciones.
No dejes que te pisoteen.
—¿Y crees que alguien como él va a aceptar condiciones de alguien como yo?
—pregunté, la amargura filtrándose en mi voz.
—No lo sé —admitió Pariz—.
Pero sé que eres más fuerte de lo que crees, Suri.
Y que no deberías dejar que un idiota arrogante te quite esta oportunidad.
—¿Y si me humilla otra vez?
—pregunté, dando voz a mi mayor temor—.
¿Y si esto es solo otra oportunidad para él y sus fans para hacerme sentir inferior?
—Entonces lo enfrentas —respondió Pariz con firmeza—.
Le dices exactamente lo que piensas de él, sin filtros.
Le recuerdas que puede que tenga dinero y fama, pero que tú tienes algo que él nunca tendrá: autenticidad.
—Además —añadió, inclinándose hacia mí con una sonrisa conspiratoria—, piensa en todas las fotos comprometedoras que podrías tomar de él cuando baje la guardia.
Material de chantaje de primera calidad.
Solté una risa al pensarlo.
—Eres terrible.
—Soy práctica —corrigió, guiñándome un ojo—.
Y hablando en serio, Suri, no dejes que te robe esta oportunidad.
La Exposición Nacional podría cambiar tu vida.
¿Vale la pena renunciar a eso solo porque un niño rico con problemas de ego te hizo sentir mal?
Suspiré, apoyando la cabeza en su hombro.
—¿Qué haría yo sin ti, Pariz?
—Probablemente estarías tomando peores decisiones —respondió con una sonrisa, abrazándome brevemente—.
Ahora ve a esa reunión con el director y demuéstrale a ese idol de pacotilla de qué estás hecha.
Y recuerda, si necesitas que alguien le pinche las llantas a su auto de lujo, conozco a gente.
—¡Pariz!
—exclamé, fingiendo escándalo.
—¿Qué?
Solo digo que tengo contactos —respondió con una sonrisa inocente—.
Ahora en serio, Suri.
Ve a esa reunión con la cabeza alta.
No dejes que vea cuánto te afectó lo de esta mañana.
Y si intenta algo, recuerda que tienes algo que él no tiene.
—¿Qué?
—A alguien que le pinche la llanta —respondió simplemente—.
Y integridad, que eso, en el mundo del arte, vale más que cualquier apellido o cuenta bancaria.
Con esas palabras resonando en mi mente, me preparé para enfrentar lo que sería, sin duda, una de las reuniones más incómodas de mi vida.
Mientras caminaba hacia la oficina del director, mi mente era un torbellino de emociones contradictorias.
En mi mochila llevaba mi cámara, mi cuaderno de bocetos, y una copia de nuestro proyecto sobre el Manierismo.
Evidencia tangible de que, cuando trabajábamos juntos, creábamos algo extraordinario.
Pero también llevaba el recuerdo fresco de sus palabras crueles, del desprecio en sus ojos, de la forma en que había usado nuestro trabajo íntimo como arma contra mí.
Antes de entrar a la oficina, me detuve frente a un cristal en el pasillo.
Mi reflejo me devolvió la mirada: cabello despeinado por el estrés, ojos brillantes de determinación y rabia contenida, la correa de mi cámara marcando una línea roja en mi cuello.
Me enderecé, ajusté la correa, y practiqué mi mejor sonrisa neutral.
Si Vhy podía usar máscaras, yo también podía aprender.
“¿Cuál Vhy aparecería hoy?”, me pregunté.
Y más importante: “¿Cuál Suri iba a aparecer?” Porque una cosa estaba clara: si iba a hacer esto, lo haría en mis términos.
Ya no era la chica que se quedaba callada mientras la humillaban.
El Vhy de anoche me había enseñado algo sobre las máscaras sociales, pero también me había mostrado que debajo de ellas, todos somos vulnerables.
Era hora de que él aprendiera que yo también sabía usar máscaras cuando era necesario.
Mientras no podía evitar preguntarme: ¿estaba preparada para cualquiera de las dos versiones de nosotros mismos que podrían aparecer en esa oficina?
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