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¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Capitulo 20 Una Orden no elección
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20: Capitulo 20: Una Orden, no elección.

20: Capitulo 20: Una Orden, no elección.

La oficina del director Choi.

Apenas hace una semana estuve aquí y vuelvo a regresar.

Seguramente la suerte me persigue, pero soy más rápida y eso que ni alcanzo el tren.

Al abrir la puerta, Vhy ya estaba allí, sentado con esa postura perfecta que parecía decir “pertenezco a este lugar”.

Ni siquiera me miró cuando tomé asiento junto a él, aunque noté que sus dedos tamborileaban nerviosamente sobre su rodilla, un gesto que contradecía su aparente calma.

El pin plateado en la solapa de su blazer captó la luz, brillando como una pequeña advertencia.

—Ah, señorita Kang, por fin a llegado —dijo el director Choi, un hombre de unos cincuenta años con una presencia que llenaba la habitación—.

Estábamos esperándola.

El director Choi era el tipo de hombre que había aprendido a usar el silencio como arma.

Cada pausa y mirada medidas para obtener el máximo impacto.

Había construido su carrera sobre la habilidad de hacer que otros se sintieran pequeños, y lo hacía con la elegancia de un maestro.

Pero más que poder, irradiaba algo más profundo: la identidad misma de Hathor encarnada en una persona.

—Disculpe la tardanza, director —respondí, intentando que mi voz sonara firme mientras acomodaba mi mochila gastada junto a la silla, dolorosamente consciente de cómo contrastaba con el maletín de cuero italiano de Vhy.

El despacho del director era imponente, con paredes revestidas de madera oscura y estanterías llenas de libros encuadernados en cuero que probablemente nadie había abierto en años.

Detrás de él, una vitrina exhibía los trofeos y reconocimientos de Hathor.

En su escritorio, vi una reproducción en miniatura de “La Madonna del cuello largo” de Parmigianino, una de las obras manieristas que Vhy y yo habíamos analizado en nuestro proyecto.

El recuerdo de aquella noche en su habitación, ambos inclinados sobre libros de arte, discutiendo apasionadamente sobre las proporciones distorsionadas y la tensión espiritual en la obra, me golpeó con fuerza inesperada.

Había sido uno de los pocos momentos en que Vhy parecía olvidar quién era supuestamente, y yo había olvidado odiarlo.

—Bien, vayamos al grano —comenzó el director, juntando las manos sobre lo que parecía esta vez su escritorio de ébaño como un juez a punto de dictar sentencia—.

Como ya les informó su profesor, han sido seleccionados para representar a Hathor en la Exposición Nacional de Arte.

—Con todo respeto, director —intervine, sintiendo cómo mis manos comenzaban a sudar—, no creo que sea una buena idea.

Vhy y yo…

tenemos estilos muy diferentes —busqué una forma diplomática de decirlo.

Lo que quería decir era: “Vhy y yo apenas podemos respirar el mismo aire sin que salten chispas”.

El director Choi me miró como si acabara de sugerir que pintáramos bigotes en la Mona Lisa, sus cejas pobladas elevándose con incredulidad.

—Precisamente por eso fueron seleccionados, señorita Kang —continuo, pronunciando cada sílaba como si me estuviera explicando algo a un niño particularmente lento—.

La combinación de su enfoque técnico y analítico con la intuición artística del joven Kim creó algo excepcional en su proyecto.

Algo que queremos replicar a mayor escala.

—Pero…

—No he terminado —me interrumpió, su tono cortando mi objeción como un cuchillo—.

Esta exposición es crucial para Hathor.

Tendremos patrocinadores, críticos, representantes de universidades prestigiosas.

Es una oportunidad única para la escuela…

y para ustedes.

Se levantó de su silla y caminó hacia la ventana, contemplando los jardines de Hathor con las manos cruzadas tras la espalda, como un general observando el campo de batalla.

—Debo ser completamente transparente con ustedes —continuó, su voz adquiriendo un tono más grave—.

Hathor lleva cuatro años sin ganar ni un solo premio.

Cuatro años de participaciones mediocres que han ido erosionando nuestra reputación como institución de élite que alberga solo lo mejor.

Se giró para enfrentarnos, su mirada intensa alternando entre Vhy y yo como un faro buscando barcos a la deriva.

—Su proyecto sobre el Manierismo fue lo más brillante que he visto en mis treinta años como educador —confesó, y por un momento su máscara de autoridad se deslizó, revelando algo parecido a la admiración—.

La forma en que combinaron el análisis histórico con la interpretación contemporánea fue una revoluciona…

—hizo una pausa, como si las palabras no fueran suficientes—.

Creo firmemente que ustedes dos pueden romper esta maldición de cuatro años.

Pueden devolver a Hathor al lugar que le corresponde.

Miró directamente a Vhy, y su tono cambió sutilmente, volviéndose más calculador.

—Para ti, joven Kim, es la oportunidad de demostrar que eres más que un rostro bonito en un grupo musical.

Que tienes un talento artístico genuino que merece ser reconocido por derecho propio, y no solo por tu familia.

Note cómo Vhy se tensaba cuando el director mencionó “demostrar que eres más que un rostro bonito”.

Sus dedos se cerraron en puños por una fracción de segundo antes de relajarse, como si hubiera practicado ese control mil veces.

¿Cuántas veces habría escuchado esa frase?

Desviando la mirada—.

Sigue sin interesarme director Choi.

La mirada del director se clavó en él con una ligereza que pesaba más que un saco de tierra mojada.

—Además, debo informarte que tu permanencia en la clase 1-A correrá riesgo si no participas.

El comité académico ha expresado preocupaciones sobre tus frecuentes ausencias debido a tus compromisos con NEON7.

Este proyecto sería una forma de compensar esas carencias.

El rostro de Vhy cambió al instante, como si alguien hubiera apagado un interruptor.

Por primera vez desde que entré, vi una grieta en su fachada perfecta.

Sus ojos, normalmente controlados, se abrieron con genuina sorpresa.

—¿Qué?

—murmuró, su voz perdiendo ese tono modulado que siempre mantenía—.

Pero mi agencia aseguró que…

—Tu agencia aseguró muchas cosas, joven Kim —lo interrumpió el director, con la satisfacción de quien finalmente tiene la sartén por el mango—.

Pero Hathor no es un trampolín para tu carrera musical.

Es una institución académica prestigiosa con estándares que deben cumplirse.

Luego se giró hacia mí, y su mirada se endureció aún más, como hielo en pleno invierno.

—Y para usted, señorita Kang, es la oportunidad de justificar la beca completa que está recibiendo —dijo, cada palabra cayendo como una piedra—.

Una beca, debo recordarle, que podría ser revocada si el comité considera que no está aprovechando al máximo las oportunidades que Hathor le ofrece.

Cuando el director mencionó mi beca, sentí como si el suelo se abriera bajo mis pies.

Mi visión se nubló por un segundo, y tuve que aferrarme al borde de la silla para no tambalearme.

En mi mente, vi a mis padres trabajando turnos dobles, ahorrando cada won para mi educación, confiando en que esta beca era nuestro boleto a un futuro mejor.

Las palabras cayeron como martillazos.

Vi el futuro desplegarse ante mí como una película de terror: volver a casa, explicar a mis padres que había perdido la única oportunidad que teníamos, verlos fingir que no importaba mientras sus sueños se desmoronaban silenciosamente.

—No…

no puede hacer eso —murmuré, aunque sabía perfectamente que sí podía.

Mis manos comenzaron a temblar y las apreté contra mi falda hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

—Puedo y lo haré si es necesario —respondió con la calma de quien sabe que tiene todos los comodines—.

Su beca depende no solo de sus calificaciones, señorita Kang, sino también de su contribución al prestigio de la institución.

Y esta exposición es precisamente eso: una oportunidad para contribuir al prestigio de Hathor.

Miré a Vhy de reojo, esperando ver satisfacción en su rostro ante mi predicamento, quizás incluso una sonrisa disimulada.

En cambio, para mi sorpresa, parecía incómodo, casi…

¿culpable?

Sus ojos evitaban los míos, y su mandíbula estaba tensa, como si estuviera conteniendo palabras que pugnaban por salir.

El pin de máscara en su solapa parecía burlarse de ambos: una máscara literal para alguien que vivía detrás de una metafórica.

El director Choi abrió un cajón de su escritorio y extrajo una carpeta negra con el emblema dorado de Hathor, tan pretencioso como todo lo demás en esta escuela.

—Ahora, pasemos a los detalles —dijo, abriendo la carpeta con la precisión de un cirujano—.

El tema de la exposición este año es ‘Tradición y Ruptura’.

Considerando su excepcional trabajo sobre el Manierismo, hemos decidido que ese será el enfoque de su proyecto.

Deslizó dos sobres sellados hacia nosotros, el papel tan grueso y caro que casi crujía.

—Estos son para sus padres o tutores.

Contienen información detallada y formularios de autorización.

—¿Autorización?

—preguntó Vhy, tomando su sobre con cautela, como si pudiera morderle.

—Sí —respondió el director, y por primera vez, vi algo parecido a entusiasmo genuino en su rostro—.

Hathor ha decidido invertir significativamente en este proyecto.

Ustedes dos, acompañados por la profesora Kim, viajarán a Italia durante dos semana para estudiar el Manierismo de primera mano.

¿Italia?

La palabra resonó en mi mente como una campana.

Italia, donde Parmigianino había pintado “La Madonna del cuello largo”, donde Pontormo había creado sus figuras etéreas y perturbadoras.

Lugares que solo había visto en postales y fotografías de mi abuelo, algo que parecían tan lejanos como otros planetas.

Por un momento, olvidé dónde estaba, olvidé a Vhy, olvidé incluso mi rabia.

Solo existía esa posibilidad imposible: yo, Suri Kang, la chica de la beca, caminando por los mismos pasillos que los maestros del Renacimiento.

—Visitarán Roma, Venecia y Florencia —continuó el director, cada nombre cayendo como una joya imposible en mis oídos—.

Tendrán acceso a museos de forma privada, galerías y archivos normalmente cerrados al público.

Y lo más importante, se reunirán con el profesor Alessandro Bianchi, una autoridad mundial en Manierismo y antiguo alumno de Hathor.

—¿El profesor Bianchi?

—exclamé sin poder contenerme, mi voz elevándose una octava—.

¿El autor de “El Manierismo como Revolución Estética”?

El director asintió, complacido por mi reconocimiento como un gato que recibe una caricia.

—El mismo.

El profesor Bianchi es conocido por su…

excentricidad y sus estándares extremadamente altos.

Raramente acepta reunirse con estudiantes, pero ha hecho una excepción en este caso, dada la calidad de su trabajo anterior.

—Pero director —intervine, encontrando mi voz entre el torbellino de emociones—, yo nunca he salido del país.

Ni siquiera tengo pasaporte.

—Todo está siendo gestionado, señorita Kang —respondió con un gesto desdeñoso, como espantando una mosca insignificante—.

Hathor se encargará de los trámites necesarios.

Su única preocupación debe ser prepararse adecuadamente para aprovechar esta oportunidad.

Se inclinó hacia adelante, su mirada intensa fija en nosotros como un láser.

—Debo enfatizar la importancia de este proyecto.

No solo para Hathor, sino para sus futuras carreras.

Un éxito en la Exposición Nacional podría abrir puertas que ni siquiera saben que existen.

Luego miró directamente a Vhy, y su voz adquirió un tono casi conspirador.

—Para ti, joven Vhy, también hay implicaciones para tu carrera musical.

Tu agencia está muy interesada en cultivar una imagen más sofisticada para NEON7.

Un reconocimiento en el ámbito artístico sería invaluable para ese objetivo.

Vhy asintió lentamente, y pude ver en su cuello que fue realmente un movimiento automático, practicado como una orden.

—Y para usted, señorita Kang —continuó el director, volviéndose hacia mí con lo que pretendía ser una sonrisa paternal pero que solo lograba parecer condescendiente—, esto podría significar conexiones con instituciones artísticas de primer nivel.

Conexiones que, debo señalar, serían prácticamente imposibles de obtener para alguien de su…

posición socioeconómica.

El comentario me dolió como una bofetada, pero mantuve mi expresión neutral.

Sabía que no lo decía de mala forma, lo que lo hacía aún peor: ni siquiera era consciente de lo hiriente que resultaba su “realismo”.

—La profesora Kim los acompañará como supervisora —añadió, como si estuviera otorgándonos un gran favor—.

Ella no tiene experiencia en Italia, pero en el arte es inigualable.

Es una mujer que domina la belleza y perfección, la reconocerán al instante, es perfecta en todo.

El director Choi cerró la carpeta con un golpe seco, como si acabara de cerrar un trato millonario.

—Entonces, ¿está claro?

—preguntó, aunque no era realmente una pregunta sino una orden disfrazada—.

Trabajarán juntos en este proyecto.

La profesora Kim supervisará su progreso, pero tendrán libertad creativa dentro de los parámetros establecidos.

—Sí, director —respondimos al unísono, aunque por razones muy diferentes.

—Excelente —sonrió, recostándose en su silla como un rey satisfecho con sus súbditos—.

El viaje está programado para dentro de una semana.

Hasta entonces, espero que comiencen a investigar y prepararse.

La profesora Kim les proporcionará una bibliografía preliminar mañana.

Se levantó, indicando que la reunión había terminado, que nuestros destinos ya estaban sellados.

—Espero grandes cosas de ustedes dos.

No me decepcionen.

Hathor no puede permitirse otro fracaso en la Exposición Nacional.

Nos pusimos de pie, tomando nuestros respectivos sobres.

El pin de la máscara veneciana en la solapa de Vhy parecía brillar con luz propia bajo las lámparas de la oficina.

Una máscara observando máscaras, pensé.

Porque todos estábamos actuando: el director fingiendo que esto era una oportunidad y no una manipulación, Vhy fingiendo indiferencia cuando claramente estaba tan atrapado como yo, y yo fingiendo que tenía alguna opción real en todo esto.

Cuando estábamos a punto de salir, el director añadió, como quien recuerda un detalle menor: —Ah, y una cosa más.

Durante este proyecto, espero que mantengan una relación profesional y cordial.

Las…

tensiones personales no tienen cabida en un proyecto de esta magnitud.

¿Entendido?

—Sí, director —respondimos nuevamente, evitando mirarnos como niños regañados.

—Perfecto.

Pueden retirarse.

Salimos de la oficina en silencio, el peso de lo que acababa de ocurrir asentándose sobre nosotros como una manta de plomo.

Una vez en el pasillo, me detuve, necesitando un momento para procesar todo.

¿Italia?

¿Un viaje con Vhy?

¿Mi beca en juego?

Era demasiado para asimilar de una vez.

Nos quedamos en silencio por un momento, dos prisioneros contemplando las barras de nuestra celda dorada.

Por primera vez, me di cuenta de que quizás ambos éramos víctimas de las expectativas de otros, solo que nuestras jaulas tenían diferentes formas.

Mi mente era un torbellino de emociones contradictorias.

Por un lado, la emoción pura y casi dolorosa de visitar Italia, de ver en persona las obras que solo había estudiado en libros, de caminar por las mismas calles que los grandes maestros.

Por otro, el terror de pasar una semana entera con Vhy, de depender de él para un proyecto del que dependía mi futuro académico.

Y por debajo de todo eso, preocupaciones prácticas que seguramente nunca habían cruzado la mente privilegiada de Vhy: ¿Qué ropa llevaría a Italia que no me hiciera parecer una pordiosera?

¿Cómo explicaría a mis padres que de repente me iba a otro continente?

Vhy se detuvo unos pasos más adelante, dándome la espalda.

Por un momento, pensé que simplemente se iría, volviendo a su papel de idol distante e inalcanzable.

Pero entonces, para mi sorpresa, se giró lentamente, como si le costara tomar la decisión.

—Mira —comenzó, su voz sorprendentemente suave, casi vulnerable—, yo tampoco estoy feliz con esto.

Pero parece que no tenemos opción.

Lo miré, buscando en su rostro algún indicio de la arrogancia que había mostrado esa mañana en clase, cuando había pasado junto a mí como si yo fuera invisible.

En cambio, vi algo que no esperaba: resignación, y quizás, un atisbo de la vulnerabilidad que había vislumbrado durante nuestro proyecto anterior, cuando hablábamos de arte y no de nosotros.

—Tú siempre tienes opciones —respondí, incapaz de contener la amargura en mi voz—.

Eres Vhy de NEON7.

Yo soy la que está atrapada.

—No siempre es tan simple —murmuró, y por primera vez desde que lo conocía, su voz sonó…

cansada.

Como si llevara un peso que nadie más podía ver.

—¿Qué no es simple?

—pregunté, genuinamente curiosa a pesar de mi rabia—.

¿Tener todo servido en bandeja de plata?

Me miró entonces, y en sus ojos vi algo que no esperaba: una tristeza profunda, antigua, como si hubiera perdido algo importante hace mucho tiempo y apenas recordara qué era.

—Olvídalo —dijo, la máscara deslizándose nuevamente en su lugar—.

No lo entenderías.

Algo destelló en sus ojos, una emoción que no pude identificar pero que apagó la luz en ellos por un instante.

Nos quedamos en silencio por un momento, el sobre pesando en mis manos como si contuviera piedras en lugar de papel.

—Italia —dije finalmente, la palabra sonando extraña y mágica en mi boca—.

Nunca pensé que podría ir, seguro es un lugar herm…

—Es un buen lugar —interrumpió Vhy, su tono cambiando ligeramente, volviéndose casi…

¿amable?—.

He estado allí un par de veces, una fue para sesiones fotográficas.

La luz es…

diferente.

Especial para la fotografía.

Me sorprendió que recordara mi pasión por la fotografía, y más aún que ofreciera ese pequeño dato, como una rama de olivo en medio de nuestra tensión, un puente frágil sobre el abismo que nos separaba.

—Nos vemos en la biblioteca mañana a las cuatro —dijo finalmente, volviendo a su tono más formal, la máscara deslizándose nuevamente en su lugar—.

Tenemos que empezar a planificar esto.

Y con eso, se alejó por el pasillo, su figura esbelta desvaneciéndose bajo la luz dorada que entraba por los ventanales, dejándome con un torbellino de emociones contradictorias y un sobre que parecía contener tanto promesas como amenazas.

Mientras lo veía alejarse, me pregunté si acababa de ver una grieta en su armadura o si todo había sido otra actuación más.

Con Vhy, nunca podía estar segura de dónde terminaba la persona y comenzaba el personaje.

Lo que sí sabía era que en una semana estaríamos en Italia, dos extraños unidos por circunstancias que ninguno había elegido, dependiendo el uno del otro para algo que podría cambiar nuestras vidas para siempre.

La pregunta era: ¿sobreviviríamos el uno al otro el tiempo suficiente para descubrirlo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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