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¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 Capitulo 21 En el ojo de las Fans
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21: Capitulo 21: En el ojo de las Fans.

21: Capitulo 21: En el ojo de las Fans.

Mientras lo veía alejarse por el pasillo, su figura recortada contra la luz dorada que entraba por los ventanales, no pude evitar preguntarme: ¿Quién era realmente Vhy Kim?

¿El arrogante ídolo que me había humillado esa mañana frente a todo el salón, o este chico que hablaba de la luz en Italia con un destello de pasión genuina en los ojos?

¿El que me había llamado “invisible” o el que recordaba mi amor por la fotografía?

No tuve mucho tiempo para reflexionar sobre estas contradicciones, porque al doblar la esquina hacia mi casillero me encontré cara a cara con el escuadrón anti-Suri: Mina, Eun-Ji y Yuna del club de fans de NEON7.

Estaban esperándome.

No fue casualidad.

La forma en que se posicionaron, bloqueando estratégicamente el pasillo, me lo dejó claro.

Mina en el centro, flanqueada por sus dos tenientes.

Como depredadores que hubieran estado acechando a su presa.

Sus expresiones eran más ácidas que un limón caducado, pero había algo más en sus ojos: una determinación fría que me hizo sentir como si acabara de entrar en territorio enemigo sin saberlo.

Mina, la única de mi clase, se plantó frente a mí como la presidenta del club que era, destilando autoridad y veneno en partes iguales.

Su uniforme azul estaba impecable, cada pliegue perfectamente planchado, como si incluso su ropa fuera un arma de intimidación.

—Así que Italia, ¿eh?

—mencionó Mina, su voz tranquila pero cargada de algo que no pude identificar completamente.

No era rabia pura, era algo más calculado, más peligroso.

Como el filo de un cuchillo escondido bajo terciopelo.

El corazón me dio un vuelco.

¿Cómo se habían enterado tan rápido?

Acabábamos de salir de la oficina del director hace apenas diez minutos.

—No fue mi idea —respondí, intentando esquivarlas, pero Eun-Ji se movió rápidamente para bloquear mi camino con la precisión de alguien que había practicado este tipo de confrontaciones antes.

—¿Crees que somos estúpidas?

—escupió Eun-Ji, dando un paso agresivo hacia mí, invadiendo mi espacio personal.

Su uniforme verde parecía tenso sobre sus hombros mientras se inclinaba hacia adelante, y pude oler su perfume caro mezclado con algo más amargo: pura hostilidad—.

¿Crees que no vemos lo que estás haciendo?

—Primero el proyecto —continuó, su voz subiendo de volumen—, luego te transfieren mágicamente a la clase 1-A, ¿y ahora un viaje a Italia?

¡Es demasiada casualidad!

¡Demasiado conveniente!

Retrocedí involuntariamente, sintiendo cómo mi espalda chocaba contra los casilleros.

El sonido metálico resonó en el pasillo vacío, amplificado por la acústica del corredor.

Me di cuenta, con un escalofrío, de que estábamos completamente solas.

No había testigos.

Nadie que pudiera intervenir.

—Es un proyecto escolar —logré decir, aunque mi voz sonó menos firme de lo que hubiera querido.

Mis manos buscaron la correa de mi mochila, aferrándose a ella como si fuera un salvavidas—.

No una conspiración.

El director Choi fue quien decidió…

—¡No te hagas la inocente!

—Eun-Ji avanzó otro paso, sus manos gesticulando agresivamente cerca de mi rostro.

No me tocó, pero el mensaje era claro: podía hacerlo si quisiera.

Sus dedos se cerraban y abrían en puños, como si estuviera conteniendo el impulso—.

¡Todos sabemos lo que estás haciendo!

¡Te le lanzaste el primer día como una desesperada!

¡Sasaeng barata!

—Eso fue un accidente —protesté, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas.

Odiaba que ese maldito incidente me siguiera persiguiendo como una sombra que no podía sacudirme—.

Chocamos, estaba distraída.

Aunque mientras lo decía, una vocecita en mi cabeza me recordaba con crueldad: “Tú no perteneces aquí.

Ellas lo saben.

Tú lo sabes.

Todos lo saben.” —¡No te hagas la lista!

—chilló Yuna desde atrás, sus coletas rubias rebotando con cada palabra.

Era como un chihuahua agresivo, pequeña pero ruidosa—.

¡Sabemos exactamente lo que eres!

—¿Y qué soy?

—pregunté, intentando mantener mi voz controlada, pero sintiendo cómo las manos me temblaban ligeramente.

Las apreté contra la correa de mi mochila hasta que los nudillos se me pusieron blancos—.

¿Una estudiante que hizo un buen trabajo?

¿Eso es un crimen ahora en Hathor?

—Una oportunista —dijo Eun-Ji, su rostro a centímetros del mío.

Podía sentir su aliento con olor a menta, ver cada detalle de su maquillaje perfectamente aplicado, el brillo de satisfacción en sus ojos—.

Una cazafortunas que se aprovecha de cualquier oportunidad para acercarse a Vhy.

Que usa su condición de becada para generar lástima.

La palabra “becada” me golpeó como una bofetada física.

—Yo no pedí este proyecto —repliqué, y odié cómo mi voz se quebró ligeramente al final, traicionando mi fachada de calma—.

No pedí ir a Italia.

No pedí ser transferida a 1-A.

¿Creen que esto es fácil para mí?

¿Creen que quiero pasar una semana con alguien que me odia?

—Ah, pobrecita —se burló Eun-Ji, empujando mi hombro con el suyo al pasar junto a mí en un movimiento deliberadamente agresivo—.

¿La becada está estresada?

¿La caridad de Hathor no es suficiente para ti?

Sentí el aguijón de esa palabra clavarse en mi pecho como una espina.

Becada.

Como si mi beca fuera una marca de inferioridad tatuada en mi frente, visible para todos, imposible de ocultar.

Fue entonces cuando Mina habló de nuevo, y su voz cortó el aire con una precisión quirúrgica que me heló la sangre.

—Tu apartamento está en el distrito de Seongbuk, ¿verdad?

—dijo con una calma escalofriante, casi conversacional, como si estuviera comentando sobre el clima—.

Edificio 3, quinto piso.

Apartamento 502.

Mi sangre se congeló.

El mundo pareció detenerse por un segundo, el sonido amortiguándose como si estuviera bajo el agua.

Mi corazón latía tan fuerte que estaba segura de que podían escucharlo.

—¿Cómo…?

—las palabras murieron en mi garganta.

—Sabemos muchas cosas, Suri —continuó Mina, su tono aún tranquilo pero con un filo que me cortaba por dentro como vidrio molido.

Atrás de ella reía Yuna, y mi ojo por fin noto algo, tejido en su uniforme con hilo azul, en la parte derecha de su pecho, su nombre “Yuna Choi”.

—Es sorprendente lo que se puede averiguar por amor.

Y mas en los archivos de mi abuelito.

Hizo una pausa, dejando que sus palabras se hundieran en mi piel como agujas.

El miedo debió reflejarse en mi rostro, crudo y desnudo, porque vi cómo los labios de Mina se curvaban en una sonrisa pequeña, satisfecha, como un gato que acaba de atrapar a un ratón.

—No…

no pueden hacerme nada —dije, intentando sonar valiente pero mi voz salió más débil de lo que quería, casi un susurro tembloroso—.

Esto es acoso.

Amenazas.

Si le digo a un directivo, si lo reporto…

—¿A quien, el director?

—Eun-Ji se rio, áspera y cruel—.

¿Qué crees que le importa mas al señor Choi?

¿Una becada promedio o su nietecita?

—¿Te imaginas el daño que recibiría el apellido Choi si el director llega a afirmar que su nietecita perfecta cometió un error?

—declaro Mina con una sonrisa de gato—.

Estas peleando con un titulo familiar, el apellido Choi.

Con la mejor nota de Hathor Eun-Ji —sentía como mi garganta se serraba con cada palabra—.

Y con la joya de la clase 1-A —con una reverencia que se sintió mas como un escupido—.

Mina Kowareta.

Esa palabra me golpeó como un puñetazo directo al pecho.

Reemplazable.

Porque tenían razón, ¿no?

Yo era una entre miles de estudiantes con las mismas o mejores capacidades que yo.

Si me iba, si desaparecía mañana, encontrarían a otra, sin mirar en el pasado.

“En este mundo un apellido vale mas que el merito propio”.

La regla mas importante en Hathor, incluso mas que los derechos humanos.

—Estaremos vigilándote —dijo Mina, y esta vez no había emoción en su voz, solo un hecho declarado con la frialdad de una sentencia judicial—.

En Italia.

Cuando regreses.

Siempre.

NEON7 tiene ojos en todas partes.

Fans en cada ciudad, en cada país.

Una palabra nuestra en redes sociales y tu vida se convierte en un infierno.

Sentí cómo mi garganta se cerraba, como si manos invisibles la estuvieran apretando.

Quería decir algo ingenioso, algo valiente como las heroínas de las películas, pero las palabras no salían.

Mi mente seguía repitiendo en loop: “No valgo como ellas, mi palabra no vale.” —¿Me están…

amenazando?

—logré articular finalmente, aunque mi voz sonaba pequeña incluso para mí.

—Es un recordatorio —respondió Mina con esa misma calma aterradora, ajustando un mechón de su cabello perfectamente peinado—.

Un recordatorio de la realidad.

Cuando regreses de Italia, con tus fotos bonitas y tus recuerdos, seguirás siendo la misma don nadie de siempre.

Y Vhy seguirá siendo inalcanzable para alguien como tú.

Seguirá siendo nuestro.

—Yo no quiero alcanzarlo —dije, y eso al menos era verdad, o al menos quería que lo fuera—.

Solo quiero hacer mi trabajo y mantener mi beca.

Graduarme y irme de aquí.

—Entonces mantente alejada —ordenó Eun-Ji, empujando mi hombro nuevamente, esta vez un poco más fuerte, haciéndome tambalear—.

Haz tu estúpido proyecto, saca tu foto en Italia, pero no olvides tu lugar.

No olvides que eres temporal.

—Mi lugar —repetí, sintiendo cómo algo amargo y caliente se instalaba en mi pecho, mezclándose con el miedo—.

¿Y cuál es mi lugar exactamente?

—Lejos de Vhy —dijo Eun-Ji, acercando su rostro al mío de nuevo, tan cerca que pude ver las venas rojas en sus ojos—.

Lejos de nuestro mundo.

Lejos de todo lo que no puedes pagar ni entender.

Sentí cómo las lágrimas amenazaban con acumularse en mis ojos, calientes y humillantes, y parpadeé furiosamente para contenerlas.

No les daría esa satisfacción.

No aquí.

No ahora.

No les daría la victoria de verme quebrarme.

—Al menos —logré decir, mi voz temblando pero encontrando una firmeza que no sabía que tenía— yo no tengo que perseguir a alguien que nunca me va a mirar con el mismo deseo.

El silencio que siguió fue denso, peligroso.

Vi cómo los ojos de Eun-Ji se oscurecían peligrosamente, como nubes de tormenta.

Su rostro se puso rojo, las venas de su cuello se marcaron.

Dio otro paso hacia mí, su cuerpo tenso como un resorte a punto de soltarse, su mano levantándose en un puño cerrado.

—¿Qué dijiste, becada?

—su voz era apenas un susurro venenoso, pero su cuerpo entero irradiaba violencia contenida.

Eun-Ji se lanzó hacia adelante, su mano ya en movimiento, y yo cerré los ojos instintivamente, preparándome para el impacto.

—Eun-Ji, basta.

—La voz de Mina cortó el aire como un látigo.

No fue un grito.

Fue apenas dos palabras, pronunciadas con una autoridad tan absoluta que Eun-Ji se detuvo en seco, su puño a centímetros de mi rostro.

Se quedó congelada, temblando de rabia contenida, sus ojos aún clavados en mí con un odio puro.

—Pero ella…

—comenzó Eun-Ji, su voz temblorosa de furia.

—He dicho basta —repitió Mina, su tono frío como el hielo—.

No vale la pena que te expulsen igual que a Mary por ella.

No es nadie.

Eun-Ji bajó el puño lentamente, pero no retrocedió.

Su respiración era agitada, su cuerpo aún tenso.

Me miró con un odio tan intenso que sentí como si me quemara.

—Tienes suerte —susurró Eun-Ji, tan cerca que solo yo pude escucharla—.

Mucha suerte.

Antes de que pudiera responder, una voz conocida cortó la tensión.

—Mina.

Todos nos giramos como si nos hubieran jalado con cuerdas invisibles.

Allí, al final del pasillo, con uniforme azul como cualquier estudiante, pero con la diferencia que en su cuello, un listón de oro delataba su posición.

—El presidente del consejo estudiantil —musite para mi misma, reconociéndolo como el chico que tocaba el piano de cola mi primer día.

Alto, con los ojos ámbar como los de Mina pero con una expresión mucho más seria, llevaba el uniforme con una pulcritud que gritaba autoridad y control.

Sus lentes reflejaban la luz, ocultando parcialmente sus ojos, pero su postura irradiaba desaprobación.

El cambio en Mina fue instantáneo y sorprendente, como ver a alguien quitarse una máscara.

Su postura, que había sido tan segura y amenazante segundos antes, se encogió visiblemente.

Sus hombros se tensaron y se curvaron hacia adelante, su barbilla bajó, y algo vulnerable y casi infantil apareció en su rostro.

—Oppa —murmuró, su voz perdiendo toda la arrogancia que había tenido segundos antes, volviéndose pequeña, casi suplicante.

—¿Otra vez con esto?

—dijo él, acercándose con pasos medidos y deliberados, cada uno resonando en el pasillo vacío.

Su expresión era una mezcla de decepción y frustración que parecía profundamente arraigada, como si esta fuera una conversación que habían tenido mil veces antes—.

¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes de perder el tiempo con ese ridículo club?

—No es ridículo —protestó Mina débilmente, pero sin convicción, sus ojos todavía fijos en el suelo como si el patrón de las baldosas fuera fascinante.

—Es una pérdida de tiempo —replicó su hermano, su voz cortante pero no alta, lo que de alguna manera la hacía más efectiva—.

Podrías estar enfocándose en tus talento, o en actividades que realmente importen para tu futuro.

Pero no, prefieres seguir a ídolos como una adolescente sin propósito.

Vi cómo las manos de Mina se cerraban en puños tan apretados que sus nudillos temblaban, las uñas clavándose en sus palmas casi marcándose en ellas.

—No entiendes —musitó Mina, su voz tan baja que apenas pude escucharla.

—Oh, entiendo perfectamente —dijo su hermano, ajustándose los lentes con un gesto que irradiaba superioridad y desdén—.

Entiendo que estás desperdiciando el privilegio que tienes al estar en Hathor, al estar en la clase A.

Vi como sus labios tablaban, como su garganta se tensaba, todo su cuerpo le exigía gritar…

pero su mente…

se lo impedia.

—Estás avergonzando a la familia con estas…

obsesiones infantiles —continuo el presidente—.

Mamá y papá estarían decepcionados si supieran en qué gastas tu tiempo.

La mención de sus padres pareció golpear a Mina como una bofetada física.

Su cuerpo se tensó aún más, cada músculo visible bajo su uniforme, y por un momento pensé que explotaría, que toda esa rabia contenida saldría a la superficie.

Pero en cambio se quedó inmóvil, mirando fijamente sus zapatos como si fueran lo más interesante del mundo.

—Vámonos —ordenó el presidente, dirigiéndose finalmente hacia mí con una expresión de disculpa formal que no llegaba a sus ojos—.

Perdona las molestias.

Mi hermana a veces olvida sus responsabilidades.

Mina se estremeció visiblemente ante esas palabras, como si cada una fuera un latigazo, pero no dijo nada.

Simplemente se dio la vuelta con movimientos rígidos, mecánicos, y comenzó a caminar, seguida por Eun-Ji y Yuna que intercambiaban miradas incómodas entre ellas, claramente sin saber cómo reaccionar ante esta versión vulnerable de su líder.

Antes de desaparecer por la esquina, Mina me lanzó una mirada por encima del hombro.

Silenciosa pero con una advertencia en letras pequeñas “esto no ha terminado, esto apenas comienza”.

Me quedé sola en el corredor, el corazón aún latiendo con fuerza por la confrontación, bombeando adrenalina por mis venas.

Mis manos temblaban y las escondí en los bolsillos de mi falda.

Pero junto con el miedo y la adrenalina, sentía algo más: una extraña comprensión, una conexión no deseada.

—Mina es…

—logre musitar apenas con aire en los pulmones—.

Pequeña —la presidenta del club de fans de NEON7, atrapada en una responsabilidad que su familia ve como infantil.

Por un momento, casi sentí lástima por ella.

Casi.

—Pero aun —logre tragar saliva—.

Es peligrosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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