Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 23

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!!
  4. Capítulo 23 - 23 Capitulo 23 Condiciones de Guion
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

23: Capitulo 23: Condiciones de Guion.

23: Capitulo 23: Condiciones de Guion.

El silencio de la biblioteca resultaba casi sobrenatural, impregnado del aroma dulce y polvoriento de miles de páginas amarillentas.

Los pasillos entre estanterías, normalmente bulliciosas con estudiantes, estaban desiertas.

Nuestros pasos resonaban sobre el suelo de madera pulida mientras seguía a Vhy hacia el fondo de la sala, donde unas mesas de estudio quedaban ocultas tras la sección de historia nacional, y el susurro ocasional de páginas al pasar flotaba en el aire como un eco distante.

Durante todo el trayecto desde mi apartamento, apenas habíamos intercambiado palabras.

El conductor de Vhy, un hombre de traje oscuro y expresión impenetrable, nos había llevado en un sedán negro con ventanas tintadas.

Me había sentido como una intrusa en ese vehículo de lujo, con sus asientos de cuero y ese olor a nuevo que contrastaba con el autobús que tomaba cada día para llegar a la estación Hathor.

Vhy se detuvo frente a una mesa alejada, verificando que estuviéramos realmente solos antes de sentarse.

Dejó su elegante maletín sobre la superficie y me indicó que tomara asiento frente a él.

La luz dorada del atardecer se filtraba por los ventanales, creando un ambiente casi pictórico, como si estuviéramos dentro de un cuadro de Vermeer.

—Gracias por venir —dijo finalmente, su voz apenas un susurro que respetaba el silencio sagrado de la biblioteca.

—No es como si me hubieras dado muchas opciones —respondí, intentando sonar despreocupada a pesar de la ansiedad que me carcomía—.

Aparecerte en mi casa fue…

extremo.

Una sombra de vergüenza cruzó su rostro.

—Lo siento por eso.

No pensé en cómo afectaría a tu familia.

—Mi madre probablemente está llamando a todas sus amigas en este momento —dije, permitiéndome una pequeña sonrisa—.

Creo que acabas de convertirte en su tema de conversación favorito para los próximos diez años.

Vhy no devolvió la sonrisa.

En cambio, comenzó a sacar varios documentos de su maletín, colocándolos cuidadosamente sobre la mesa.

Noté que sus manos, normalmente firmes y seguras, temblaban ligeramente.

—¿Qué son esas “complicaciones” de las que hablabas?

—pregunté, yendo directamente al grano—.

¿Hay algún problema con el viaje?

Vhy respiró hondo, como preparándose para dar malas noticias.

—El viaje sigue en pie, pero…

hay condiciones…

—¿Condiciones?

—repetí, sintiendo cómo mi estómago se tensaba—.

¿Qué tipo de condiciones?

—De mi agencia, ya sabes…

—respondió, deslizando uno de los documentos hacia mí—.

StarMoon Entertainment.

Bajé la mirada hacia el papel.

Era un memorándum con el logo de StarMoon en la parte superior, una estrella estilizada en tonos azules y plateados.

El título rezaba: “Proyecto Documental: El Arte detrás del Idol”.

—¿Qué es esto?

—pregunté, aunque una parte de mí ya comenzaba a entender.

—Mi agencia ha…

negociado con Hathor —explicó Vhy, eligiendo cuidadosamente sus palabras antes de transmitírmelas—.

Permitirán que participe en el proyecto y el viaje a Italia, pero a cambio, quieren producir un documental sobre la experiencia.

—¿Un documental?

—repetí, confundida—.

¿Sobre el proyecto de arte?

—Sobre mí —corrigió Vhy, su voz tensándose—.

Sobre mi “faceta artística”.

Sobre cómo un idol de K-pop también puede ser un artista serio.

Pasé las páginas del memorándum, leyendo fragmentos que hablaban de “humanizar la imagen de Vhy”, “mostrar profundidad intelectual” y “expandir el alcance de NEON7 a audiencias más sofisticadas”.

—Están usando el proyecto para mejorar tu imagen pública —concluí.

—Sí —admitió, y por primera vez, vi algo parecido a la vergüenza en sus ojos—.

Pero hay más.

Deslizó otro documento hacia mí.

Este tenía un título diferente: “Guion – Secuencias Diarias”.

Lo abrí y comencé a leer.

Mi confusión inicial se transformó rápidamente en indignación.

“Día 1 – Biblioteca de Hathor: Suri observa con admiración cómo Vhy analiza una reproducción de la Madonna del cuello largo.

Ella: Nunca había visto a nadie entender tan profundamente el Manierismo.

Vhy sonríe humildemente: Es solo cuestión de sentir el arte, no solo estudiarlo.” ¿En serio esperan que diga esto con cara seria?

“Día 3 – Galería Uffizi, Florencia: Suri fotografía a Vhy contemplando obras de Pontormo.

Ella parece abrumada por la experiencia.

Vhy la guía gentilmente: Observa cómo la luz define las formas, igual que en tus fotografías.” Levanté la mirada, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas.

—¿Qué es esto?

—La parte…

actuada del documental —respondió Vhy, y noté que evitaba mirarme directamente—.

Cada día, tendremos que grabar una secuencia siguiendo este guion.

—¿¡Actuada!?

—repetí, mi voz elevándose lo suficiente como para que una bibliotecaria nos lanzara una mirada de advertencia desde lejos—.

¿Esperas que finja ser…

qué?

¿Tu discípula admirada?

¿Una fan con suerte que aprende del gran artista Vhy?

—No fue mi idea —se defendió, aunque sin mucha convicción—.

Mi agencia contrató a un guionista que…

—Un guionista que claramente no tiene idea de quién soy —lo interrumpí, pasando más páginas del guion—.

¿Has leído esto?

Me hace parecer una idiota deslumbrada que apenas sabe sostener un lápiz.

Vhy se pasó una mano por el pelo, un gesto que delataba su nerviosismo.

—Lo sé.

Es ridículo.

Pero mi agencia insiste en que el documental necesita esta narrativa para funcionar comercialmente.

—¿Y qué pasa si me niego?

—pregunté, cerrando el guion con más fuerza de la necesaria.

Vhy guardó silencio por un momento, y cuando habló, su voz sonaba derrotada.

—Entonces retirarán su permiso para el viaje.

Y sin mí, no hay proyecto.

—Y sin el proyecto, mi beca está en riesgo —completé, entendiendo finalmente la magnitud del problema—.

Así que básicamente, o me convierto en tu groupie para las cámaras, o pierdo mi futuro académico.

—Lo siento —declaró, y por primera vez desde que lo conocía, sonaba genuinamente arrepentido—.

Intenté negociar, pero…

—¿Pero qué?

—lo desafié—.

¿No tienes voz en tu propia vida?

Algo cambió en su expresión entonces.

La máscara de idol perfecto se agrietó, revelando por un instante a alguien más vulnerable, más real.

Hubo un pequeño movimiento de muñeca, ocultando la máscara de plata su manga.

—Perdón, no quería decirlo así…

—No —me interrumpió con una simple palabra, cerrando su mano en un puño hasta que sus nudillos se pusieron blancos, aplastando el Pin contra su palma—.

No la tengo.

Esa respuesta, tan honesta y directa, me desarmó.

Esperaba defensas, justificaciones, quizás incluso arrogancia.

No esta admisión desnuda de impotencia.

—¿Qué quieres decir?

—pregunté, mi tono suavizándose involuntariamente.

Vhy miró a su pantalón, sus zapatos recién boleados, y luego se inclinó hacia adelante, colocando su rostro en la mesa.

—Es muy complicado…

—logró formular—.

No sé cómo explicarlo.

Sentí como mi pecho se contrajo ante su sinceridad.

—Pero eres Vhy de NEON7 —argumenté—.

Tienes millones de fans.

Eres…

famoso.

Una sonrisa amarga apareció en sus labios.

—Vhy de NEON7 es un producto, Suri.

Un personaje creado por un equipo de productores y especialistas en imagen.

Y yo solo soy el actor que lo interpreta, veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

Sus palabras me dejaron sin habla.

Siempre había visto a Vhy como el epítome del privilegio, alguien que lo tenía todo: fama, dinero, admiración.

Nunca había considerado que esa misma fama pudiera ser una jaula dorada.

—Si el proyecto fracasa —continuó—, Hathor cumplirá su amenaza de sacarme de la clase 1-A.

Y al perder ese privilegio…

mi imagen decaiga.

Y si eso ocurre…

—Perderás aún más parte de tu vida —completé, entendiendo por fin.

Asintió, y en ese gesto vi una vulnerabilidad que nunca había asociado con él.

—El arte es lo único que hago porque quiero, no porque alguien me diga que debo hacerlo.

En el estudio de arte, soy solo Vhy, no “el idol Vhy”.

Nos quedamos en silencio por un momento, la revelación flotando entre nosotros como una cortina que finalmente se había descorrido.

—¿Por qué me cuentas todo esto?

—pregunté finalmente—.

Podrías simplemente haberme presionado con lo de mi beca.

—No estoy seguro…

tal vez lo que necesitaba era que vieras que no te pido esto por capricho —respondió, aunque un hoyuelo comenzó a formarse junto a su sonrisa—.

Solo sentía que, por primera vez, tenía que ser sincero contigo.

Volví a mirar el guion, pasando las páginas con más calma esta vez.

Cada escena me representaba como una chica insegura y deslumbrada, mientras Vhy aparecía como un mentor sabio y paciente.

Era una completa inversión de nuestra dinámica real, una ficción que contradecía todo lo que yo era.

—No puedo hacer esto —dije finalmente—.

No puedo fingir ser alguien que no soy.

—Lo entiendo —respondió Vhy, y parecía sincero—.

No te culpo.

Pero mientras decía esas palabras, vi cómo sus hombros se hundían ligeramente.

Estaba aceptando la derrota, y con ella, la pérdida de lo único que parecía importarle realmente.

Algo se removió dentro de mí.

Una idea comenzó a formarse.

—¿Y si negociamos?

—propuse de repente.

Vhy levantó la mirada, confundido.

—¿Negociar?

Ya te dije que lo intenté y…

—Fallaste —interrumpí—.

Tu agencia te controla, a mí no —declaré con una sonrisa que rozaba lo arrogante—.

Participaré en su documental, pero con mis condiciones.

—¿Qué tipo de condiciones?

—preguntó, con una chispa de esperanza iluminando sus ojos.

—Primero, quiero revisar y aprobar el guion —dije, sorprendiéndome a mí misma con mi firmeza—.

No voy a decir líneas que me hagan parecer una idiota o una fan obsesionada.

Vhy asintió lentamente.

—Eso podría ser posible.

—Segundo, el documental debe mostrar el proceso artístico real —continué—.

No solo las partes bonitas, sino el trabajo duro, las discusiones, los desacuerdos.

Quiero que sea auténtico, al menos en parte.

—Mi agencia prefiere evitar conflictos en cámara —advirtió.

—Entonces tendrán que aprender a lidiar con ello —respondí con determinación—.

No estoy pidiendo que mostremos peleas, solo el proceso creativo honesto.

—¿Algo más?

—preguntó, y noté un cambio sutil en su actitud.

Me estaba tomando en serio.

—Sí —dije, pensando rápidamente—.

Quiero crédito adecuado por mi trabajo.

No solo como “la compañera de proyecto de Vhy”, sino como co-creadora con mi propio nombre y voz.

Vhy consideró mis demandas por un momento, y luego, para mi sorpresa, sonrió.

No era su sonrisa de idol perfecta, sino algo más genuino, casi admirativo.

—Eres más dura de lo que pareces, Kang —rió, por fin recuperando su postura, aunque algo en sus ojos se veía distraído, aún bajo—.

Eso es increíble.

Sin darle tiempo a reaccionar me levanté del asiento, colocando una mano en la mesa como soporte, y con la otra dándole un pequeño capirotazo en la frente con mi dedo índice—.

Tengo que serlo, niño pequeño.

¿Acabo de hacer eso?

El pensamiento me golpeó un segundo después de la acción, sorprendiéndome mi propia espontaneidad.

¿Desde cuándo soy tan…

directa?

Él colocó su mano en la frente, justo donde le pegué.

No mostró enojo, solo una risa suave, como la de mi primer día en el metro—.

Tienes razón.

Lo siento.

—No te disculpes —dije, sorprendiéndome a mí misma—.

Solo…

ayúdame a hacer que esto funcione.

Para ambos.

Asintió con determinación.

—Hablaré con mi manager mañana.

Le presentaré tus condiciones.

—¿Crees que las aceptará?

—pregunté, repentinamente consciente de lo audaz que había sido.

—No todas, probablemente —admitió—.

Pero es un punto de partida para negociar.

Y tengo algo de influencia…

al menos en algunos aspectos.

Mientras recogía los documentos, nuestras manos se rozaron accidentalmente.

Fue un contacto breve, insignificante, pero sentí una extraña corriente entre nosotros, como si algo fundamental hubiera cambiado en nuestra dinámica.

—Hay algo más que deberías saber —dijo Vhy, guardando los papeles en su mochila—.

El profesor Bianchi.

—¿Qué pasa con él?

—pregunté, recordando al famoso experto en Manierismo que nos esperaba en Italia.

—Es…

exigente —explicó Vhy—.

Y tiene una particular aversión por las celebridades que intentan usar el arte como herramienta de marketing.

—Oh —murmuré, entendiendo la implicación—.

Así que no le va a gustar este documental.

—Probablemente lo odiará —confirmó Vhy—.

Lo cual hace aún más importante que nuestro proyecto sea genuinamente bueno.

Tenemos que demostrarle que, a pesar de las cámaras y el espectáculo, nuestro trabajo tiene valor artístico real.

Por primera vez desde que comenzó esta conversación, sentí un destello de entusiasmo genuino.

Un desafío artístico, una oportunidad de impresionar a una leyenda del campo.

—Entonces tendremos que ser brillantes —dije con renovada determinación—.

Más brillantes que las luces de tus escenarios.

Vhy me miró con una expresión que no supe interpretar.

—¿Por qué haces esto?

—preguntó finalmente—.

Podrías simplemente negarte, obligarme a buscar otra solución.

Consideré su pregunta por un momento.

¿Por qué estaba dispuesta a comprometerme?

¿Por mi beca?

¿Por la oportunidad de ir a Italia?

¿O había algo más?

Cerré los ojos, inhalando el nostálgico aire de esta biblioteca.

Este fue el último lugar donde nos vimos, aquel niño de ojos azules que siempre me defendía, que abogaba por mí cuando tomaba fotos.

Podía verlo claramente: sus pequeñas manos empujando a un compañero más grande que se burlaba de mi cámara descompuesta, sus ojos brillando de indignación mientras gritaba “Ella tiene talento, un sueño que la hace especial” con esa convicción absoluta que solo tienen los niños.

—Porque entiendo lo que es tener algo que te importa tanto que harías cualquier cosa por protegerlo —respondí finalmente, con la lengua llena de esa pegajosa nostalgia, recordando aquella sombra del niño que me fue arrebatado de un momento a otro—.

Para ti es tu vida.

Para mí es mi futuro.

Vhy asintió, y por un momento, pareció que quería decir algo más.

Pero en lugar de eso, miró su reloj y se puso de pie.

—Se está haciendo tarde —dijo—.

Te llevaré a casa.

Mientras caminábamos hacia la salida de la biblioteca, noté que algunas estudiantes nos observaban y susurraban entre ellas.

La noticia de que Vhy y yo estábamos trabajando juntos ya debía estar circulando.

Pronto, con el documental, esos susurros se multiplicarían exponencialmente.

—¿Estás preparada para esto?

—preguntó Vhy, notando también las miradas—.

Una vez que comience el documental, estarás en el radar público.

No será fácil.

—No —admití honestamente—.

No estoy preparada en absoluto.

Pero supongo que tendré que aprender sobre la marcha.

—Te ayudaré —ofreció—.

He estado lidiando con esto desde los seis años.

Sé algunos trucos.

—¿Como cuáles?

—pregunté, genuinamente curiosa.

—Como recordar que lo que la gente ve no eres tú —respondió—.

Es solo una imagen, una proyección.

El verdadero tú sigue siendo privado, solo para personas especiales.

Sus palabras resonaron en mí de una manera que no esperaba.

Era un consejo nacido de la experiencia, de años viviendo bajo escrutinio constante.

—Gracias —dije simplemente.

Al salir de la biblioteca, el aire frío de la noche nos recibió, golpeando mi cuerpo a través de mi pijama.

Genial, ahora voy a temblar todo el camino a casa, pensé, apretando los dientes para evitar que castañetearan.

Antes de poder quejarme, Vhy colocó su chaqueta de diseñador encima mío, cubriéndome por completo.

El aroma sutil de su colonia se mezcló con algo más cálido, más personal.

—¿Qué…?

—cuestioné volteándolo a ver.

Su mirada desviada al otro lado.

—Se-sería un problema que te enfermaras —declaró sin seguridad.

Su chaqueta era grande, casi llegándome a las rodillas.

Incluso mis manos estiradas no llegaban a salir de sus mangas, como si no quisieran que alcanzara su Pin.

No esperaba esto, pensé, sintiendo cómo el calor de la tela me envolvía.

¿Por qué…?

—Está caliente —logré decir—.

Gracias.

Continuamos caminando lado a lado, ninguno se adelantaba ni chocaba.

No sé por qué lo hacía, pero solo disfrutaba el momento, no quería que acabara.

El conductor de Vhy nos esperaba pacientemente en el mismo sedán negro.

Antes de subir, Vhy se detuvo y me miró.

—Hay algo más que deberías saber —dijo, su voz adquiriendo un tono más formal—.

Sobre nuestro proyecto.

—¿Qué cosa?

—pregunté.

—He estado investigando sobre el Manierismo —explicó—.

Y creo que tengo una idea para nuestro enfoque.

Algo que podría impresionar incluso al profesor Bianchi.

—Te escucho —dije, intrigada.

—El Manierismo surgió como respuesta a una crisis —comenzó, y noté cómo su voz cambiaba cuando hablaba de arte, volviéndose más apasionada, más auténtica—.

Los artistas se enfrentaban a la imposible tarea de superar a los maestros del Alto Renacimiento.

¿Cómo superas la perfección de Miguel Ángel o Rafael?

—Así que en lugar de intentar superarlos, distorsionaron y transformaron su legado —continué, siguiendo su razonamiento—.

Crearon algo nuevo a partir de lo establecido.

—Exactamente —asintió, visiblemente complacido de que entendiera—.

Y creo que podemos trazar un paralelo con el arte contemporáneo, con cómo los artistas actuales responden a la sobresaturación de imágenes perfectas en la era digital.

—La distorsión como respuesta a la perfección inalcanzable —murmuré, viendo las conexiones—.

Es…

brillante, en realidad.

Una sonrisa genuina iluminó su rostro, transformándolo por completo.

Por un instante, vi al verdadero Vhy, el artista apasionado detrás de la fachada del idol.

—Podemos discutirlo más mañana —dijo—.

En la biblioteca.

A las cuatro, como habíamos acordado, es muy conveniente ya no tener ensayos.

—Sí que lo es —reí aceptando su invitación—.

Estaré allí.

Durante el trayecto de regreso a mi apartamento, permanecimos mayormente en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos.

Yo contemplaba la extraña situación en la que me encontraba: a punto de participar en un documental actuado con una estrella del K-pop, preparándome para viajar a Italia, todo mientras intentaba mantener mi integridad artística y mi beca.

Cuando el auto se detuvo frente a mi edificio, Vhy me sorprendió ofreciéndose a acompañarme hasta la puerta.

—No es necesario —dije rápidamente, imaginando el revuelo que causaría mi madre.

—Insisto —respondió—.

Sé que me es algo peligroso…

pero es lo mínimo que puedo hacer después de imponerte todo esto.

Caminamos juntos hasta la entrada del edificio, conscientes de las cortinas que se movían en varias ventanas, de los ojos curiosos que nos observaban.

—Esto es solo el comienzo, ¿verdad?

—pregunté, señalando discretamente hacia las ventanas—.

De la atención, de los rumores.

—Me temo que sí —confirmó—.

¿Estás segura de que quieres seguir adelante?

Respiré hondo, considerando una vez más todo lo que implicaba esta decisión.

Luego recordé la cara del director Choi, la amenaza velada sobre mi beca, la oportunidad de estudiar en Italia, de conocer al profesor Bianchi.

—Estoy segura —respondí finalmente—.

Pero con las condiciones.

—Con tus condiciones —acordó Vhy, y me ofreció su mano para sellar nuestro acuerdo.

La estreché, notando lo cálida que era a pesar del frío nocturno.

—Hasta mañana, entonces —dijo.

—Hasta mañana —respondí.

Lo vi alejarse hacia el auto, su figura esbelta recortada contra las luces de la calle.

Justo antes de subir al vehículo, se giró y me dedicó un pequeño saludo.

No era el saludo ensayado de un idol a sus fans, sino algo más simple, más genuino.

El gesto de una persona real.

Mientras subía las escaleras hacia mi apartamento, donde sabía que mi familia me esperaba ansiosa por detalles, me pregunté en qué me estaba metiendo realmente.

¿Podría mantener mi autenticidad en medio de este mundo de apariencias y guiones?

¿O terminaría, como los artistas manieristas, distorsionando mi propia realidad para adaptarme a expectativas imposibles?

Al abrir la puerta de mi apartamento, fui recibida por el rostro expectante de mi madre y la expresión preocupada de mi padre.

Tomé una respiración profunda, preparándome para la primera de muchas actuaciones que me esperaban.

—¿Y bien?

—preguntó mi madre, prácticamente vibrando de emoción—.

¿Qué quería Vhy?

—Es sobre un proyecto escolar —respondí, optando por una versión simplificada de la verdad—.

Vamos a trabajar juntos en algo importante.

Algo que podría cambiar mi futuro.

No mencioné el documental, ni las cámaras, ni el guion que pretendía convertirme en alguien que no era.

Esas complicaciones podían esperar.

Por ahora, me permitiría disfrutar de la emoción en los ojos de mi madre.

—Sí, entiendo todo eso —declaró mi madre—.

Pero tú no saliste con chaqueta.

—¡MAMÁ!

Más tarde, sola en mi habitación, me quité la chaqueta de Vhy con cuidado, como si fuera algo frágil.

El aroma persistía en la tela, y por un momento me quedé allí, sosteniéndola, pensando en su gesto inesperado.

¿Por qué hizo eso?

El calor subió a mis mejillas mientras colgaba la prenda en mi silla, prometiéndome devolvérsela mañana.

Con ese pensamiento revoloteando en mi mente, saqué el guion que Vhy me había dejado para revisar.

Lo hojeé nuevamente, esta vez con un bolígrafo rojo en mano, tachando diálogos ridículos y añadiendo notas en los márgenes.

Si iba a participar en esta farsa, lo haría en mis propios términos.

No sería la admiradora deslumbrada que el guion describía, sino una versión de mí misma que pudiera reconocer cuando todo esto terminara.

Mientras trabajaba, recordé las palabras de Vhy sobre el Manierismo: una respuesta creativa a una crisis, una forma de transformar lo establecido en algo nuevo y personal.

Quizás eso era exactamente lo que necesitaba hacer con este documental: tomarlo y distorsionarlo hasta convertirlo en algo que, a pesar de su artificialidad, contuviera un núcleo de verdad.

Con ese pensamiento, continué editando hasta bien entrada la noche, reescribiendo mi papel en esta historia que apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo