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¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 24

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24: Capitulo 24: Has tu Trabajo.

24: Capitulo 24: Has tu Trabajo.

“La luz artificial de mi habitación en el edificio STARS permanecía encendida a pesar de la hora.” Mi apartamento era una celda dorada: paredes blancas inmaculadas, muebles de diseño minimalista que parecían más una exhibición que un hogar.

Todo calculado para proyectar la imagen perfecta de un idol moderno.

Incluso mi “desorden” de libros y papeles estaba cuidadosamente organizado, como si alguien pudiera entrar en cualquier momento a fotografiar mi “vida auténtica”.

Mis dedos jugaban inconscientemente con el pequeño pin de máscara veneciana que nunca me quitaba del cuello de mi camisa.

Un bufón con una sonrisa perpetua grabada en metal frío.

Mi propia máscara en miniatura, un recordatorio constante de que la actuación nunca terminaba realmente.

—Dejé muchas cosas en esa vieja casa de paredes blancas —musité, recordando los pasillos interminables llenos de arte que nunca pude tocar, las habitaciones que eran más museos que espacios para vivir.

Al menos aquí, en esta jaula más pequeña, podía respirar sin que cada movimiento fuera evaluado por ojos críticos.

Ahí estaba yo, recostado en medio de mi cama, aplastando mis cobijas con el peso de mi cuerpo que se sentía titánico.

Mi mirada se desvió involuntariamente hacia la puerta cerrada de mi armario.

Detrás de esa puerta blanca e inmaculada, escondido como un secreto vergonzoso, guardaba los fragmentos de quien realmente era: algunos cómics de superhéroes doblados por el uso, fotografías de mis primeras presentaciones de danza cuando aún creía que el arte podía ser puro, y…

otras cosas.

Cosas que dolían demasiado para mirarlas regularmente, pero que necesitaba saber que seguían ahí.

No quería abrir esa puerta esta noche.

No cuando mañana tendría que ser perfecto.

—Quiero ver la luna —mencioné, tomando todas mis fuerzas para levantarme de la cama.

A los idols no nos dejan tener ventanas en nuestras habitaciones.

Mi única conexión con ese exterior, con ese cielo estrellado, era salir del edificio y admirarla en el patio.

El aire nocturno me golpeó como una bofetada fría y liberadora.

Mis pulmones, acostumbrados al aire filtrado del edificio, sintieron lo real del exterior.

La luna colgaba sobre Hathor como un ojo plateado, testigo silencioso de todos los secretos que estos muros guardaban.

—Siempre a esta hora es tan hermosa —murmuré viendo el oscuro vacío del universo y la luna brillando encima mío—.

Amaría que Hathor no tuviera tantas luces —declare con un suspiro—.

Así me permitirían ver el cinturón de Orión.

Pero mi petición era imposible.

Las estrellas, como tantas otras cosas, estaban fuera de mi alcance.

Con paso lento y constante llegué al estanque de Hathor.

A veces era sorprendente lo mucho que derrochaba esta escuela por ser la número uno mundial.

—Al menos solo en la superficie.

Mis ojos se fijaron en una piedra en el suelo, seguramente puesta de forma artificial.

La agarré sintiendo el frío de su exterior, recordando por un momento los movimientos fluidos de la danza, la precisión necesaria para cada gesto.

—Tal vez me sirva…

—mis músculos se comenzaron a tensar con esa precisión calculada.

Lanzando la piedra con todas mis fuerzas al lago, canalizando años de entrenamiento en ese simple movimiento.

—Uno, dos, tres, ¡cuatro saltos!

—grité con emoción—.

¡Récord superado!

Por un momento, me sentí como esos héroes de los cómics que solía leer en secreto.

Aquellos que con su fuerza y voluntad protegían a toda costa sus valores e ideologías.

Quería ser como ellos, inquebrantable en mis convicciones.

Pero la realidad era que ni siquiera sabía cuáles eran mis convicciones.

Con esa emoción y mis energías casi por agotarse, regresé al edificio STARS.

No me podía permitir estar fuera mucho tiempo.

Al entrar y regresar a mi habitación, la luz del teléfono parpadeaba indicando un mensaje de voz.

Hacían semanas desde que mi padre me había enviado uno.

Una sonrisa se dibujó en mis labios; quería pensar que era algo referente a mí, a cómo me sentía respecto al viaje.

Y con ese ánimo presioné el botón de reproducir, tal vez hoy de verdad me diría algo.

“Hola niño, soy tu padre.” La voz fría y calculada de Kim Jae-Sung llenó la habitación como hielo derritiéndose en mis venas.

Cada palabra pronunciada con precisión, cortando cualquier esperanza de que esta llamada fuera diferente.

“Espero que estés preparado para mañana.

Este documental es crucial para la imagen de NEON7 y para la expansión de StarMoon en el mercado europeo.

No lo arruines con tus inmadureces.

Recuerda qué representas.

Tu madre y yo estaremos atentos a tu progreso.

Haz tu trabajo y no nos decepciones.” El mensaje terminó con un pitido seco que resonó en el silencio como una sentencia de muerte.

Ni un “buen viaje”, ni un “cuídate”, ni siquiera un “buena suerte”.

Solo demandas y expectativas envueltas en la fría eficiencia empresarial que había definido toda mi vida.

Solté una risa amarga, dejándome caer en el sofá.

—Por supuesto que llamó por eso —no para desearme un buen viaje o preguntarme cómo me sentía—.

¿Para qué protesto?

Lo conozco.

El comentario desenterró emociones que prefería mantener sepultadas.

Una sensación de pequeñez ante figuras imponentes.

El miedo constante a decepcionar.

La desesperación de nunca ser suficiente, sin importar cuán perfecto fuera el desempeño.

—A veces me pregunto —dije en voz alta a la habitación vacía—, ¿qué habría pasado si me hubiera negado?

Si hubiera dicho que no quería ser su idol perfecto.

Pero esa pregunta carecía de sentido práctico.

La danza había sido mi primer amor, mi primera pasión genuina.

Los movimientos fluidos, la expresión corporal, la manera en que podía contar historias sin palabras.

Cuando mis padres me ofrecieron convertirme en idol, pensé que podría mantener esa pureza artística.

No sabía entonces que todo se convertiría en producto, que incluso mis movimientos más íntimos serían coreografiados por otros.

—Nunca tuve esa opción real —susurré, tocando nuevamente el pin de bufón.

Me levanté y caminé hacia mi escritorio, donde descansaba mi cuaderno de bocetos, escondido entre libros de texto como un tesoro prohibido.

Las páginas estaban llenas de mundos que solo existían en mi imaginación: paisajes que nunca había visto, rostros que no pertenecían a ningún fan, emociones que no tenía permitido sentir en público.

Lo abrí en una página donde había dibujado un árbol solitario, sus raíces profundas y retorcidas, sus ramas alcanzando un cielo que parecía infinito.

Era todo lo que yo anhelaba ser.

Recordé cuando les mostré mi primer dibujo a mis padres.

Tenía ocho años.

Una mezcla de orgullo infantil y terror anticipatorio.

La mirada evaluativa.

La sonrisa que no llegaba a los ojos.

“Muy bonito, Vhy, pero no pierdas tiempo en esto.

Tu futuro está en los escenarios, no en un lienzo.” Y ahora, ocho años después, de repente mi “talento artístico” era valioso.

Porque podía venderse.

Porque podía darle a StarMoon un aire de sofisticación que atrajera a un público más amplio.

—El arte siempre ha sido una herramienta de marketing para los poderosos —murmuré, pasando los dedos por el dibujo como si pudiera absorber su libertad—.

Desde los Medici comprando la lealtad de Miguel Ángel hasta mis padres vendiendo mi “talento artístico” como una nueva línea de productos.

La única diferencia es que ahora las cadenas son de oro y vienen con contratos de exclusividad.

Pero no era solo gusto por el arte lo que me impulsaba a dibujar.

Era dependencia.

Necesitaba crear algo, lo que fuera, para sentir que aún existía debajo de todas las capas de actuación.

Era mi droga, mi escape, mi manera de mantener la cordura en un mundo donde cada respiración estaba programada.

Me levanté y caminé hacia la pequeña cocina del apartamento, buscando algo que beber.

El edificio STARS era eficiente en su frialdad, diseñado para mantener a sus “talentos” cómodos pero controlados.

Pensé en el documental que comenzaríamos a filmar en Italia.

Otro papel que debía interpretar.

Pero quizás, esta vez, gracias a ella podría encontrar formas de dejar que algo real se filtrara a través de la actuación.

Pensé en Suri, en cómo había establecido límites claros conmigo, en cómo había negociado desde una posición de aparente debilidad pero con una fuerza interior que yo envidiaba.

Ella sabía quién era sin necesidad de un guión, sin necesidad de que alguien más definiera su valor.

¿Cuándo había sido la última vez que yo había dicho “no” a algo?

¿Cuándo había sido la última vez que había expresado una preferencia genuina que no estuviera filtrada a través de lo que se esperaba de mí?

Mañana volaría a Italia, no como Vhy Kim, sino como Vhy de NEON7, el producto cuidadosamente diseñado que mis padres habían creado para conquistar mercados internacionales.

Y sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, sentía una pequeña chispa de esperanza ardiendo en mi pecho como una vela en la oscuridad.

Quizás, en las calles de Roma o entre las obras de los maestros florentinos, podría encontrar fragmentos de quien realmente era debajo de todas las capas de actuación.

Antes de acostarme, mis ojos se posaron en mi chaqueta azul de Hathor, en el blazer colgado en la silla, donde otro pin de la máscara veneciana brillaba bajo la luz artificial.

Los tenía en toda mi ropa, pequeños recordatorios de que todos llevamos máscaras, pero algunos las elegimos y otros las heredamos.

Mi mirada se desvió una vez más hacia la puerta cerrada del armario.

Por un momento, sentí la tentación de abrirla, de sumergirme en esos recuerdos que me harían sentir algo real, aunque después me destrozaran.

Pero no esta noche.

No cuando necesitaba estar entero para mañana.

Con ese pensamiento, finalmente me dirigí a la cama, donde el sueño, contra todo pronóstico, me encontró rápidamente.

Pero antes de que mi cerebro se apagara por completo, una sola idea cruzó mi mente como un susurro desesperado: —Quiero agradecerle —suspiró mi voz sin fuerzas—.

Quiero que ella me conozca como soy, no como me han enseñado a ser.

Y por primera vez en años, esa posibilidad no me aterraba completamente.

El pin de la máscara comenzó a revelarse de mis dedos, cayendo en el suelo, dejándome dormir solo una noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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