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¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Capitulo 31 Reto familiar Parte III
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35: Capitulo 31: Reto familiar Parte III.

35: Capitulo 31: Reto familiar Parte III.

El tercer desafío resultó ser una competencia de cocina, específicamente la preparación de un pescado en tiempo récord y con el mejor sabor posible.

—Yo me encargo —se ofreció Jhin, dando un paso adelante con determinación—.

En mi juventud, mi abuela me enseñó a cocinar pescado con técnicas ancestrales transmitidas por generaciones.

—Jhin, no —intervino K-Sey, tirando de su manga—.

La última vez que cocinaste algo, el departamento de bomberos tuvo que crear un código especial solo para ti.

—Confía en mí —insistió Jhin, abandonando por un momento su personaje de pescador mitómano—.

Antes de ser idol, trabajaba en la cocina familiar.

Sé lo que hago.

[Flashback: Jhin hace un par de años] —¡Más fuego!

—gritaba Jhin, aumentando la llama hasta que las cortinas cercanas comenzaron a chamuscarse.

—¡Hijo, es solo una ensalada!

—gritaba su madre desde la puerta, con un extintor en cada mano.

[Fin del flashback] Sus ojos mostraban tal sinceridad que sus compañeros asintieron, permitiéndole participar.

La madre de la familia dio un paso adelante, sacando de su bolso un estuche que contenía cuchillos personalizados con su nombre grabado.

—Prepárate para ser humillado, jovencito —dijo con una sonrisa que podría cortar diamantes—.

He ganado competencias culinarias en tres continentes.

—Eso lo veremos, señora —respondió Jhin, atándose un pañuelo en la cabeza como un chef tradicional—.

Mi abuelo siempre decía: “El fuego revela la verdadera naturaleza del pescado…

y del cocinero”.

La competencia comenzó, y Jhin trabajó con sorprendente habilidad, sus manos moviéndose con precisión y confianza mientras limpiaba y preparaba el pescado.

Por un momento, parecía que realmente sabía lo que estaba haciendo, y sus compañeros intercambiaron miradas de asombro.

—¿Quién lo diría?

—susurró J-Min—.

Tal vez no todas sus historias son inventadas.

—O tal vez esta es la mentira más elaborada hasta ahora —respondió Shugar, consultando su manual en la sección “Cómo Identificar Cuándo un Compañero de Grupo Está Teniendo un Golpe de Suerte vs.

Cuándo Realmente Tiene Talento Oculto”—.

Los libros de DM son inusualmente útiles.

Pero entonces, como si el universo necesitara restablecer el equilibrio, un grupo de chicas pasó cerca del puesto comentando lo atractivo que se veía el chico de chaleco de pescador.

Jhin, incapaz de resistir la atención, se giró para saludarlas con una sonrisa deslumbrante y un guiño practicado.

—¿Saben?

Una vez pesqué un tiburón con mis propias manos en el Pacífico Sur —comenzó, olvidando completamente el pescado que se cocinaba a fuego alto—.

Fue durante mi expedición como biólogo marino en…

El olor a quemado interrumpió su historia, y Jhin se giró para encontrar su pescado convertido en un trozo de carbón que podría confundirse con un meteorito recién caído.

—¡Mi obra maestra!

—gritó, intentando salvar lo insalvable mientras agitaba frenéticamente un trapo sobre el humo, lo que solo sirvió para avivar las llamas—.

¡Es una técnica especial!

¡Carbonización controlada!

¡Muy popular en…

en…

Marte!

Intentó darle la vuelta al pescado con una espátula, pero el pobre animal estaba tan adherido a la sartén que parecían haberse fusionado a nivel molecular.

En su desesperación, Jhin levantó toda la sartén, solo para descubrir que el mango estaba tan caliente como la superficie del sol.

—¡AAAAAAHHH!

—gritó, lanzando la sartén al aire como un frisbee improvisado.

El pescado carbonizado salió volando en una trayectoria perfecta que J-Min no pudo evitar calcular mentalmente, antes de aterrizar directamente en el sombrero de paja de K-Sey, donde se quedó como un adorno surrealista.

—Ahora tu sombrero tiene su propia guarnición —comentó Shugar, tratando de no reírse—.

Muy fashion.

La madre, mientras tanto, presentó un pescado perfectamente cocinado que parecía sacado de la portada de una revista gourmet, ganando el punto y poniendo el marcador 3-2 a favor de la familia.

—¿Qué no dijiste que sabías cocinar?

—preguntó K-Sey con una mirada desalmada—.

Ahora tengo un diseño más original en mi disfraz —mencionó apuntando el pescado en su sombrero.

—Disculpa, un pescador no puede rechazar un elogio —declaró—.

Les dan pocos.

—Todo se decide en el último desafío —anunció el hombre del bigote, que ahora llevaba una corona y un cetro—.

¡Y este será especial!

¡Un desafío de doble premio!

—¿Doble premio?

—protestó el padre—.

Eso no estaba en las reglas.

No es justo.

—Las reglas son como mi bigote —respondió el hombre, acariciándolo amorosamente—.

Flexibles, majestuosas y ocasionalmente tienen vida propia.

Además, así las apuestas son más interesantes.

El desafío final resultó ser una máquina de baile, donde K-Sey se enfrentaría al niño en una batalla rítmica que determinaría el destino de las monedas doradas y, por extensión, de la Señorita Manchitas.

—Prepárate para ser des-tru-i-do —dijo el niño, subiéndose a la plataforma con la arrogancia de quien ha visto demasiados videos de villanos—.

Soy el campeón regional juvenil de baile.

Mi profesor dice que soy un prodigio.

K-Sey simplemente sonrió, ajustándose el sombrero de paja con una tranquilidad, quitando discretamente los restos del pescado carbonizado.

—Que gane el mejor —dijo simplemente.

—La canción que bailarán será el éxito actual de NEON7 “My dancer night” En ese instante una sonrisa se formó en los rostros de K-Sey y J-Min, siendo ellos los propietarios de esa danza.

La música comenzó, una canción con un ritmo tan complejo que parecía diseñada por un matemático sádico.

El niño se movía con precisión técnica, siguiendo cada paso con exactitud robótica pero sin emoción, como un algoritmo ejecutando comandos.

K-Sey, por otro lado, se transformó.

El torpe amante de jirafas desapareció, y en su lugar emergió un ser de pura gracia y ritmo.

Cada movimiento fluía con tal naturalidad que parecía creada por él, y así era en realidad.

Sus pies apenas tocaban el suelo, como si la gravedad hubiera decidido tomarse un descanso en su honor.

Un grupo de adolescentes que pasaba por allí se detuvo, mirando con atención.

—Oye, ¿no te parece familiar ese chico del sombrero?

—comentó una de ellas, entrecerrando los ojos—.

Su forma de moverse me recuerda a alguien…

Atrás de la máquina, rodeado de sus amigos, J-Min seguía los movimientos de K-Sey con una exactitud milimétrica, de forma inconsciente.

—Imposible —respondió su amiga, aunque también lo observaba con curiosidad—.

Aunque…

esos movimientos…

se parecen mucho a como baila K-Sey…

él no tiene tan mal sentido de la moda.

J-Min, notando el peligro, dejó su danza, se acercó rápidamente a las chicas.

—¡Miren!

—exclamó, señalando en dirección opuesta—.

¡Creo que acabo de ver a Zen de NEON7 comprando algodón de azúcar por allá!

Las chicas salieron disparadas en la dirección indicada, mientras J-Min se secaba el sudor de la frente y Shugar anotaba algo en su manual.

—¡Eso no está en la coreografía!

—protestó el niño cuando K-Sey añadió un giro que hizo jadear a la multitud—.

¡No puedes improvisar!

—La música no es un algoritmo, pequeño dictador —respondió K-Sey sin perder el ritmo—.

Es poesía en movimiento.

No la sigues, bailas con ella.

A mitad de la canción, el niño tropezó intentando imitar uno de los movimientos de K-Sey, cayendo de la plataforma, mientras el idol continuaba su danza como si estuviera en trance, como si el mundo exterior hubiera dejado de existir y solo quedaran él y la música en perfecta comunión.

Cuando la puntuación final apareció, K-Sey había conseguido un puntaje perfecto, acompañado de un mensaje que la máquina nunca había mostrado antes: “¿ERES HUMANO?

POR FAVOR CONFIRMA.” —¡Ganamos!

—exclamaron los idols al unísono, abrazándose en celebración mientras la multitud aplaudía y varios espectadores intentaban discretamente grabar el momento con sus teléfonos.

El niño, humillado, comenzó a llorar con la intensidad de quien acaba de descubrir que no es el centro del universo.

—¡No es justo!

—sollozó, golpeando el suelo con sus pequeños puños—.

¡La máquina estaba manipulada!

¡Mis zapatos estaban defectuosos!

¡La gravedad estaba particularmente fuerte hoy solo en mi lado de la plataforma!

K-Sey, en medio de su celebración, notó al niño llorando.

Se detuvo, miró a sus amigos con una expresión que sugería que estaba a punto de hacer algo noble pero potencialmente ridículo, y luego se acercó al pequeño.

—Oye —dijo suavemente, agachándose para estar a su nivel—.

Bailaste muy bien.

Tienes talento natural.

Con práctica, serás imparable.

El niño lo miró con ojos llorosos y mocos colgando.

—¿De verdad?

—De verdad —asintió K-Sey con sinceridad—.

Solo necesitas recordar que bailar no es sobre seguir pasos, es sobre sentir la música.

Es como hablar, pero con todo tu cuerpo.

—Pero perdí —murmuró el niño, su labio inferior temblando—.

Y ahora todos se reirán de mí.

—¿Sabes qué?

—dijo K-Sey, sacando las cuatro monedas doradas y ofreciéndoselas—.

Toma.

Para que puedas seguir practicando.

Y para que recuerdes que a veces, perder un juego te enseña más que ganarlo.

—¿Me las das?

—preguntó el niño, incrédulo, mirando las monedas como si fueran artefactos alienígenas—.

¿Después de cómo me comporté?

¿Después de llamarte perdedor y decir que tu sombrero parece un nido de pájaros radioactivos?

—Todos tenemos días difíciles —respondió K-Sey con una sonrisa que iluminaba su rostro entero—.

Además, yo y mis amigos nos divertimos ganándolas.

Eso es lo importante.

La diversión, no el premio.

El niño tomó las monedas, mirándolas como si contuvieran los secretos del universo.

Luego, para sorpresa de todos, corrió hacia el puesto de premios y regresó con el general Jirafos y una pequeña pata de conejo, desgastada pero encantadora a su manera.

—Toma —dijo, ofreciéndosela a K-Sey con una timidez que contrastaba con su anterior arrogancia—.

Es para la buena suerte.

No es tan grande como Jirafo…

Manchitas, pero es mi forma de agradecerte.

—Es perfecta —respondió K-Sey, aceptando el regalo con una reverencia formal que hizo que el niño se sonrojara de orgullo, con la emoción del momento, K-Sey bajó su cubrebocas, cubriendo su rostro del mundo con solo las paredes del sombrero—.

La cuidaré como si fuera un tesoro, porque lo es —guiñando un ojo con complicidad.

Los ojos del niño se abrieron como platos al reconocerlo, pasando por una serie de expresiones que iban desde la incredulidad hasta la euforia absoluta.

—Tú eres…

tú eres…

¡K-SEY DE NEON7!

—susurró-gritó, su voz un chillido contenido que amenazaba con romper cristales en un radio de diez metros.

K-Sey se llevó un dedo a los labios, guiñando un ojo nuevamente—.

Ese soy yo.

Pero hoy solo soy un espantapájaros de anime.

El niño asintió frenéticamente, haciendo un gesto de cerrar sus labios con llave, arrojar la llave, enterrarla, construir un centro comercial encima y luego olvidar dónde estaba el centro comercial.

Cuando los idols se alejaban, la familia los despidió con gestos amistosos, la tensión anterior completamente olvidada.

La niña incluso hizo un split perfecto mientras sostenía la jirafa sobre su cabeza en lo que claramente era un gesto de despedida y posiblemente una demostración de dominancia física.

—Eso fue muy noble —comentó Shugar.

K-Sey se encogió de hombros, acariciando su nueva pata de conejo con afecto—.

A veces ganar no es lo más importante.

A veces, lo importante es hacer que alguien deje de llorar.

O simplemente pasar un buen día con amigos, incluso si llevan disfraces ridículos.

—Hablando de amigos —dijo J-Min, consultando su reloj—, deberíamos encontrar a DM y Zen.

Según mis cálculos, han estado comiendo helado durante aproximadamente 2 horas y 37 minutos, lo que significa que probablemente han consumido su peso corporal en lácteos congelados.

Se reunieron con DM y Zen, quienes los esperaban con helados derritiéndose en conos que parecían haber sido diseñados por arquitectos modernistas experimentando con la gravedad.

—¿Dónde estaban?

—preguntó DM, lamiendo perezosamente un helado de color indefinible—.

Llevamos horas esperando.

He tenido tiempo de probar 27 de los 36 sabores disponibles.

El de “Sorpresa Azul” resultó ser sorprendentemente bueno, aunque no estoy seguro de que sea legal en este país.

—Larga historia —respondió J-Min, aceptando un cono derretido que DM le ofreció—.

Involucrando una jirafa, una niña con superpoderes gimnásticos, y a Jhin incendiando comida mientras intentaba impresionar a unas chicas.

—¡Fue un accidente!, no se lo digan a Jen —protestó Jhin—.

Fue para ponerle más sabor al reto.

—Claro que sí —murmuró Zen, hablando por primera vez en lo que parecían horas, su voz cargada de sarcasmo pero con un dejo de afecto—.

Y yo soy secretamente el heredero al trono de un pequeño país europeo que nadie conoce.

—¿Lo eres?

—preguntó K-Sey con genuina curiosidad.

—No, K-Sey —respondió Zen con paciencia—.

Es lo que llamamos “sarcasmo”.

—Oh —dijo K-Sey, asintiendo sabiamente—.

Como cuando Vhy dice que sabe lo que está haciendo.

—Parecido —respondió J-Min, dejando a Zen lamer su helado de chocolate.

—Bueno, mientras ustedes estaban ocupados ganando peluches —dijo DM con una sonrisa misteriosa—, nosotros tuvimos nuestra propia aventura.

—¿Qué clase de aventura se puede tener comiendo helado?

—preguntó Jhin escépticamente.

—Oh, ya sabes —respondió DM con un tono casual—.

Solo conocimos al dueño de la heladería, que resultó ser un productor musical escondido en búsqueda de inspiración, que además trabajó con algunas de las leyendas más grandes del K-pop desde los 90.

Nos contó historias que harían que sus ojos se salieran de sus órbitas.

—Y nos dio su tarjeta —añadió Zen, sacando una tarjeta de visita dorada de su bolsillo—.

Dijo que le gustaría hablar con nuestro manager sobre una posible colaboración para su nuevo proyecto.

—¿En serio?

—exclamó Shugar, casi dejando caer su manual—.

¿Y todo eso mientras comían helado?

—A veces las mejores oportunidades llegan cuando menos las esperas —filosofó DM, lamiendo su helado con aire de superioridad—.

Como diría mi abuela: “La vida es como un helado de 36 sabores; nunca sabes cuál te dará dolor de estómago”.

Todos rieron, compartiendo los helados derretidos mientras caminaban hacia la salida, sus disfraces ridículos ahora manchados con diversas sustancias de feria, desde algodón de azúcar hasta lo que parecía ser restos de brocheta carbonizada en el caso de Jhin.

—¿Y qué les pareció la feria?

—preguntó Zen, lamiendo su helado de chocolate que parecía no derretirse.

Los cuatro se miraron, recordando la competencia, las risas, los desafíos y el final inesperadamente conmovedor.

—Muy buena —respondieron al unísono, sonriendo bajo sus disfraces ridículos mientras el sol se ponía sobre la feria, tiñendo el cielo del mismo color dorado que las monedas que habían ganado y regalado, en un día que ninguno olvidaría pronto.

Y en el bolsillo de K-Sey, una pequeña pata de conejo de peluche descansaba junto a su corazón, un recordatorio de que a veces, el mejor premio no es el que buscabas, sino el que encuentras cuando dejas de buscar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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