¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 37
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- Capítulo 37 - 37 Capitulo 33 Una Pizzinini
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37: Capitulo 33: Una Pizzinini.
37: Capitulo 33: Una Pizzinini.
La limusina se detuvo frente a un edificio modesto con un letrero que decía “Pizzeria Da Luigi – Dal 1932”.
El contraste entre el vehículo extravagante y el restaurante familiar no podía ser más marcado.
—¿Vamos a…
comer pizza?
—preguntó Vhy, claramente confundido.
—¡Mejor aún!
—exclamó Bianchi, saliendo del vehículo con un movimiento fluido—.
¡Vamos a CREAR UNA PIZZININI!
El interior de la pizzería era cálido y acogedor, con paredes cubiertas de fotografías en sepia y el aroma embriagador de masa fermentada y hierbas frescas.
Un hombre robusto con un espeso bigote y un delantal manchado de harina nos recibió con los brazos abiertos.
—¡Bianchi, vecchio amico!
—exclamó en italiano, abrazando al artista—.
¡Tutto è pronto come hai chiesto!
—Luigi, sei un artista più grande di me —respondió Bianchi, cambiando al italiano con fluidez.
Me quedé completamente perdida.
Mi italiano se limitaba a “pizza”, “pasta” y “gelato”, y estaba bastante segura de que no estaban hablando de ninguna de esas cosas.
Miré a Vhy con expresión de auxilio.
—Dice que todo está listo como lo pidió —me tradujo Vhy en voz baja—.
Y Bianchi le respondió que Luigi es un artista más grande que él.
Nos está presentando como sus estudiantes.
—Les presento a Luigi Moretti, maestro pizzaiolo y mi compañero cuando estudié en Hathor —explicó Bianchi en coreano, notando mi confusión.
Una joven de unos dieciséis años apareció desde la cocina, secándose las manos en su delantal.
Sus ojos se abrieron como platos al reconocer a Vhy, y dejó caer el trapo que sostenía.
—Y esta es su hija, Sophia, quien ha revolucionado la pizza tradicional con técnicas modernas —continuó Bianchi—.
Justo como los manieristas revolucionaron el arte renacentista.
Sophia apenas escuchaba.
Sus ojos estaban fijos en Vhy, y comenzó a murmurar algo en italiano que sonaba como si estuviera teniendo una crisis existencial por su apariencia.
No pude evitar sonreír.
Aun no me acostumbro a ver esta reacción cuando la gente reconoce a Vhy.
Es muy extraño todavía estar cerca de alguien tan famoso.
De pronto Sophia se lanzó a los brazos de Vhy, con una emoción que hasta a mí me espantó.
—Sono Vhy dei NEON7, per favore lasciami un autografo.
Sono una tua fan da quando ero bambina!
—exclamó atropelladamente.
Yo detrás de Vhy me reía casi al punto de las lágrimas.
No entendía lo que decía, pero su reacción era suficiente.
En un instante ella volteó a verme, con una mirada fría y desaprobadora.
—E di cosa ridi, sciocca?
Pensi di essere troppo intelligente per accompagnare il mio amato Vhy?
—espetó con veneno en su voz.
El rostro de Vhy se heló con esas palabras, y con una expresión seria volteó a ver a Sophia, quien rápidamente se hizo para atrás al sentirla.
—Non voglio più sentirti chiamare stupida, hai capito1?
—dijo Vhy con un tono que nunca le había escuchado antes.
Los ojos de la joven pizzera se abrieron en grande, casi al punto de las lágrimas.
—Sì, sì, forte e chiaro —declaró con nervios.
—Oye Vhy, ¿qué le dijiste para dejarla así?
—pregunté, completamente perdida en la conversación.
Vhy cambió su mirada al dirigirse a mí, con una sonrisa inocente.
—Qué no le diga vieja a la Maestra Kim.
Desde atrás Bianchi soltó una sonrisa discreta, acercándose a Sophia.
—Sophia, cari ospiti, oggi siamo qui come studenti d’arte, non come celebrità —dijo con firmeza pero amabilidad—.
In seguito, se lo desiderano, ci sarà tempo per autografi e fotografie.
—¿Qué dijo?
—le susurré a Marco, que estaba a mi lado.
—Le está diciendo que hoy estamos aquí como estudiantes de arte, no como celebridades —tradujo Marco en voz baja—.
Y que habrá tiempo para autógrafos después, si Vhy lo desea.
—Capisco, ma non voglio lavorare con lei —replicó Sophia apuntándome.
No necesitaba traducción para entender que estaba hablando de mí, y no precisamente para invitarme a tomar un café.
—Dice que entiende, pero que no quiere trabajar contigo —me confirmó Marco con una mueca incómoda.
—Aiutaci entrambi e ti prometto che ti darò qualcosa in cambio —dijo Vhy con un tono cortado pero dispuesto.
La joven se sonrojó intensamente y asintió, sin poder evitar lanzar miradas de admiración hacia Vhy, quien mantenía su expresión profesional aunque pude notar un ligero rubor en sus mejillas y timidez al voltear a verme.
—¿Te gusta?
—pregunté inocentemente.
Él solo volteó hacia mí con una seriedad casi dolorosa.
—Silenzio —dijo en italiano antes de continuar su camino.
—Bien —declaró Bianchi, quitándose su chaqueta de diseñador y reemplazándola por un delantal—.
Hoy aprenderemos sobre el manierismo a través de la pizza.
—Disculpe, Maestro —interrumpió Vhy con tono respetuoso pero confundido—.
¿Cómo exactamente se relaciona la pizza con el manierismo?
Bianchi sonrió como si hubiera estado esperando precisamente esa pregunta.
—El Renacimiento estableció reglas, proporciones perfectas, armonía —explicó, tomando un trozo de masa y comenzando a estirarlo con movimientos expertos—.
La pizza tradicional es como el arte renacentista: ingredientes clásicos en perfecto equilibrio, técnicas establecidas por generaciones.
Con un movimiento fluido, lanzó la masa al aire, haciéndola girar como si desafiara la gravedad.
—El manierismo tomó esas reglas y las retorció, las exageró, jugó con ellas —continuó, atrapando la masa que ahora tenía una forma perfectamente circular—.
No rechazó la tradición, sino que la usó como punto de partida para la experimentación y la expresión personal.
Luigi asintió con aprobación, mientras preparaba los ingredientes en pequeños cuencos.
—¿Sabían ustedes —añadió Bianchi con tono conspirador— que la pizza moderna fue realmente inventada por un pintor manierista?
Vhy y yo intercambiamos miradas escépticas.
—Pensaba que la pizza era una comida tradicional napolitana —comenté, sacando discretamente mi cámara para fotografiar a Bianchi en plena demostración.
—¡Ah, esa es la historia oficial!
—exclamó Bianchi con un gesto teatral—.
Pero la verdad es que Girolamo Parmigianino, frustrado con un lienzo que no le satisfacía, arrojó ingredientes sobre una masa de pan plana en un arranque de ira artística.
El resultado fue tan visualmente impactante que decidió hornearlo y servirlo en una fiesta de la nobleza.
¡El primer ejemplo de comida conceptual!
Luigi soltó una carcajada y dijo algo en italiano que hizo que Sophia también riera.
—¿Qué dijo?
—le pregunté a Vhy.
—Dice que cada vez que Bianchi cuenta esa historia, añade un nuevo detalle —tradujo Vhy con una sonrisa—.
La semana pasada, el pintor era Pontormo y la pizza se inventó durante una visión mística.
Bianchi fingió indignación.
—¡La historia del arte está llena de misterios y reinterpretaciones!
—protestó—.
¿No es esa también una lección del manierismo?
—acomodando su postura—.
Ahora —anunció Bianchi—, cada uno creará su propia pizza “manierista”.
Deben respetar la técnica básica, pero subvertir las expectativas.
Exagerar, distorsionar, sorprender.
Miré los ingredientes con entusiasmo.
Esto era algo que podía entender: comida como medio de expresión.
—¿Cualquier combinación está permitida?
—pregunté, ya imaginando posibilidades.
—El manierismo no conoce límites —respondió Bianchi con un gesto teatral—.
Pero recuerda: no se trata solo de romper reglas por romperlas.
Se trata de conocer las reglas tan profundamente que puedes jugar con ellas con propósito.
Sophia se acercó a Vhy, quien miraba la masa con expresión analítica.
Comenzó a hablarle en italiano, sus ojos brillando con admiración apenas disimulada.
—La chiave sta nella tensione —le explicó en voz baja—.
Tra tradizione e innovazione, tra l’atteso e la sorpresa.
Vhy asintió, estudiando los ingredientes como si fueran elementos de una composición fotográfica.
—Come nella musica —respondió en un italiano sorprendentemente fluido—.
La tensione tra il familiare e l’inaspettato è ciò che crea emozione.
Sophia asintió entusiasmada, claramente encantada de encontrar un punto en común con su ídolo.
Sus mejillas se sonrojaron cuando sus dedos rozaron accidentalmente los de Vhy al alcanzar el mismo ingrediente.
—¿Qué están diciendo?
—le pregunté a Marco, sintiéndome completamente excluida.
—Están hablando sobre la tensión entre tradición e innovación —me explicó Marco—.
Sophia dice que esa es la clave, y Vhy comparó eso con la música, diciendo que la tensión entre lo familiar y lo inesperado es lo que crea emoción.
—No sabía que Vhy hablaba italiano tan bien —comenté, sorprendida.
—Ha estado estudiando desde que supo que vendríamos a Italia —respondió la profesora Kim—.
Es muy disciplinado con los idiomas.
Sophia continuó hablando con Vhy, gesticulando animadamente mientras le explicaba algo sobre la masa.
Noté cómo se inclinaba ligeramente hacia él, cómo sus ojos seguían cada uno de sus movimientos, cómo reía demasiado fuerte ante sus comentarios.
—Mio padre vuole che continui a fare pizze tradizionali, ma io sperimento con nuove tecniche e sapori —le explicó con pasión—.
È…
difficile trovare l’equilibrio.
—L’arte esiste sempre in quella tensione —comentó Vhy con una sonrisa comprensiva—.
Tra ciò che il pubblico si aspetta e ciò che l’artista ha bisogno di esprimere.
—Dice que su padre quiere que siga haciendo pizzas tradicionales, pero ella experimenta con nuevas técnicas y sabores —me tradujo Marco al ver mi expresión confundida—.
Y Vhy le respondió que el arte siempre existe en esa tensión, entre lo que el público espera y lo que el artista necesita expresar.
Durante la siguiente hora, la pizzería se convirtió en un laboratorio de experimentación culinaria.
Observé los ingredientes con cierta confusión, sin estar segura de cómo aplicar el concepto de manierismo a una pizza.
Decidí hacer lo que mejor se me daba: aplicar un enfoque metódico.
Comencé a disponer los ingredientes en patrones geométricos precisos, creando círculos concéntricos y líneas que se intersectaban en ángulos perfectos.
Cada tomate cherry estaba colocado a exactamente la misma distancia del siguiente, y las aceitunas formaban una espiral perfecta que se expandía desde el centro.
—Es una representación matemática de la proporción áurea —expliqué, midiendo cuidadosamente la distancia entre dos rodajas de pepperoni—.
Pensé que si el manierismo distorsiona las reglas clásicas, primero debería establecer un patrón perfecto.
El profesor Bianchi se aserco y con una mirada de disgusto—.
¡FALLITTO!
Sophia me observaba con una expresión entre divertida y confundida.
Sin decir una palabra, se acercó a mi estación de trabajo y, con un gesto, me pidió permiso para intervenir.
Asentí, curiosa.
Con movimientos fluidos, tomó algunos de mis ingredientes perfectamente alineados y los desplazó ligeramente, creando tensión visual en el diseño.
Luego inclinó la cabeza, evaluando el resultado, y añadió un chorrito de aceite de oliva que rompía la simetría pero añadía un elemento de caos controlado.
—Oh —murmuré, comenzando a entender—.
No se trata de romper completamente el orden, sino de subvertirlo con propósito.
Sophia sonrió y asintió, satisfecha de que hubiera captado la idea sin necesidad de palabras.
Mientras tanto, Vhy abordaba su pizza con un entusiasmo que rara vez le veía mostrar.
Había abandonado su habitual precisión meticulosa y trabajaba con movimientos amplios y expresivos, casi bailando alrededor de su mesa de trabajo.
—¡El manierismo es libertad!
—exclamó, con los ojos brillantes de inspiración—.
¡Es tomar lo que conoces y retorcerlo hasta que grite!
Apilaba ingredientes en combinaciones improbables, creando una estructura vertical que desafiaba las leyes de la física.
Cada capa contaba una historia: jamón serrano dispuesto como si fueran llamas, queso que se derretía en cascadas deliberadamente exageradas, y vegetales cortados en formas que recordaban a las posturas imposibles de las figuras manieristas.
—¡Es una torre de Babel culinaria!
—exclamó, añadiendo un último pimiento en equilibrio precario—.
¡El punto donde la ambición humana se encuentra con lo divino!
Nunca lo había visto tan animado, tan libre de sus propias restricciones.
Era como si la pizza le hubiera dado permiso para expresar una parte de sí mismo que normalmente mantenía bajo control.
Inspirado por Bianchi, Vhy intentó lanzar un poco de masa al aire.
La hizo girar una, dos veces, cada vez más alto, mientras Sophia lo observaba con admiración absoluta, sus manos juntas como si estuviera presenciando un milagro.
En su tercer intento, sin embargo, calculó mal la fuerza y la masa se adhirió al techo con un sonido húmedo, quedando colgada como una extraña estalactita de harina.
En lugar de avergonzarse, Vhy estalló en carcajadas.
—¡Perfetto!
—exclamó Bianchi para sorpresa de todos—.
¡Una sovversione accidentale della tecnica tradizionale!
¡Molto manierista!
—¡Exactamente lo que pretendía!
—respondió Vhy, siguiéndole el juego con una reverencia teatral que hizo que Sophia aplaudiera entusiasmada.
La joven pizzera le susurro algo al oido a Vhy, el algo confundido asintió, agachándose mientras ella se subía en sus hombros.
—Forza mio amato destriero, riprendiamoci i soldi —con sus pequeñas manos comenzó a estirar la maza del techo en un intento de recuperarla.
Al lograr arrancarla la fuerza de la inercia desequilibro a Vhy lo que proboco una repentina caida sobre un costal de arina.
—¡Vhy!
—exclame cuando la harina cubrió mi visión, pero al desvanecerse solo estaban ellos dos, sentados en suelo riendo como los mejores amigos.
Convirtiendo el desastre en una especie de performance artística improvisada.
Sus manos se rozaron al sostener juntos la masa recuperada, y noté cómo las mejillas de Sophia se sonrojaban intensamente.
Ella le dijo algo que no alcance a oír, pero Vhy saco su teléfono, tomándose una fotografía alado de ella.
Bianchi observó mi trabajo con una ceja levantada.
—Interesante, pero quizás estás matematizando demasiado el arte, joven Suri —comentó—.
El manierismo buscaba la expresión emocional a través de la distorsión de las reglas, no solo su aplicación precisa.
Miré mi pizza, tan meticulosamente planificada, y luego la creación caótica pero vibrante de Vhy.
—Creo que todavía estoy aprendiendo a soltar el control —admití—.
En la fotografía siempre busco el encuadre perfecto, la luz exacta.
Es difícil permitirse el caos.
—En mi experiencia, Suri —intervino Vhy mientras intentaba dar forma a su masa rescatada, con las manos cubiertas de harina y una sonrisa que rara vez le veía—, a veces necesitamos romper nuestros propios patrones para descubrir nuevas posibilidades.
Como en la música: las mejores improvisaciones nacen cuando te permites equivocarte.
Bianchi sonrió, complacido con la respuesta.
—Touché.
Pontormo estaría de acuerdo contigo.
Observé cómo Sophia, sin decir una palabra, continuaba ayudándome a transformar mi rígida creación geométrica en algo más fluido y expresivo.
Con gestos suaves pero decididos, me guiaba para encontrar un equilibrio entre orden y caos.
Nuestras manos trabajaban juntas en una conversación silenciosa que trascendía las barreras del idioma, pero no podía evitar sentirme incómoda.
La Maestra Kim, sorprendentemente hábil, creó una pizza que parecía perfectamente tradicional desde lejos, pero que al acercarse revelaba sutiles subversiones: anchoas dispuestas para formar un mensaje en coreano, y un uso del color que creaba ilusiones ópticas.
—El manierismo a menudo esconde significados bajo la superficie —comentó, satisfecha con su creación.
Bianchi observaba todo con la expresión complacida de un director viendo cómo su visión cobra vida.
Marco, mientras tanto, documentaba meticulosamente cada creación con su cámara profesional.
Cuando las pizzas salieron del horno, fueron dispuestas como obras de arte en una mesa central.
Luigi y Sophia las evaluaron con la seriedad de jueces de competencia.
—Interessante —murmuró Luigi, examinando mi torre, que milagrosamente había mantenido su estructura durante la cocción.
—¿Qué dijo?
—le pregunté a Marco.
—Dice que es interesante cómo intentas mantener el orden dentro del caos —tradujo Marco—.
Que se nota tu lucha interna entre control y libertad.
No estaba segura si eso era un cumplido o una crítica.
Me sentí expuesta, como si mi pizza hubiera revelado más sobre mí de lo que pretendía.
Sophia asintió ante la pizza caótica pero expresiva de Vhy.
—Bellissima!
Hai catturato perfettamente l’essenza del manierismo.
La tua anima è quella di un vero artista —exclamó con entusiasmo, sus ojos brillando con admiración.
Esta vez ni siquiera tuve que preguntar qué había dicho.
Su expresión de adoración lo decía todo.
Vhy sonrió con una mezcla de modestia y orgullo que rara vez le veía mostrar en público.
Bianchi aplaudió, genuinamente impresionado.
—¡Eccellente!
Han captado diferentes aspectos del manierismo —declaró—.
Ahora, la parte más importante de cualquier obra de arte…
—¿La crítica?
—sugirió Vhy.
—¿La interpretación?
—propuse, intentando participar.
—¡Gustarla!
—exclamó Bianchi, tomando un trozo de cada pizza—.
El arte, como la comida, está hecho para ser experimentado, no solo analizado.
Lo que siguió fue una comida llena de risas y conversaciones sobre arte.
Luigi compartió historias sobre el joven Bianchi, que Marco traducía para mí, revelando un lado humano del excéntrico artista que raramente mostraba en público.
—¿Sapevate che una volta ha dipinto tutto il bagno della scuola con tempere perché diceva che le piastrelle bianche “offendevano la sua sensibilità artistica”?
—relató Luigi entre carcajadas.
—Dice que una vez Bianchi pintó todo el baño de la escuela con témperas porque dijo que las baldosas blancas “ofendían su sensibilidad artística” —me tradujo Marco, riendo—.
¡Tenía solo ocho años!
—E tu mi hai aiutato a mescolare i colori —le recordó Bianchi, señalándolo acusadoramente con un trozo de pizza.
—Y tú me ayudaste a mezclar los colores —tradujo Marco esta vez.
Mientras tanto, Sophia y Vhy habían formado su propio universo en el otro extremo de la mesa.
Hablaban animadamente en italiano, sus cabezas inclinadas cerca una de la otra, compartiendo secretos y risas que yo no podía entender.
Vhy gesticulaba con entusiasmo, explicando algo que hacía que Sophia asintiera con fascinación.
De vez en cuando, ella tocaba su brazo para enfatizar un punto, y él no se alejaba como normalmente haría.
No era la primera vez que lo veía así, cuando trabajamos por primera vez me mostro esa parte suya, donde muestra su amor por el arte.
Pero nunca lo había visto así, tan relajado, tan…
libre.
Como si hubiera encontrado a alguien que entendía una parte de él que yo nunca había podido alcanzar.
—Están hablando sobre la relación entre música y arte visual —me explicó Marco al notar mi mirada—.
Sophia está fascinada con cómo Vhy traduce conceptos musicales a términos visuales.
—Gracias —respondí mecánicamente, aunque no había pedido la traducción.
Me concentré en mi plato, sintiendo una extraña sensación de aislamiento.
Estaba físicamente presente, pero emocionalmente a kilómetros de distancia.
No entendía el idioma, apenas comprendía los conceptos artísticos que discutían, y la única persona con quien había contado para navegar este nuevo mundo parecía haber encontrado una compañera más compatible.
Intenté unirme a la conversación de la Maestra Kim y Bianchi, pero rápidamente se sumergieron en una discusión técnica sobre la influencia de Parmigianino en la arquitectura que me dejó completamente perdida.
—¿Más vino, signorina?
—ofreció Luigi, notando mi silencio.
—No, gracias —respondí, agradecida por la intención.
Saqué mi cámara y comencé a tomar fotografías, refugiándome en lo que conocía.
Capturé a Vhy y Sophia riendo juntos, sus rostros iluminados por una conexión que trascendía mis entendimientos.
Capturé a Bianchi gesticulando dramáticamente mientras explicaba algún concepto esotérico.
Capturé a la Maestra Kim asintiendo con conocimiento, su postura perfecta incluso después de varias copas de vino.
Me sentí como una observadora, no una participante.
La fotógrafa invisible detrás de la lente, documentando un mundo al que no pertenecía.
Cuando finalmente terminamos, Bianchi se limpió las manos con una servilleta y adoptó una expresión más seria.
—Espero que se hayan divertido hoy —dijo, su voz perdiendo parte de su teatralidad habitual—.
Pero también espero que hayan aprendido algo importante sobre el manierismo.
Se levantó, caminando lentamente alrededor de la mesa mientras hablaba.
—El arte no siempre tiene que ser solemne o pretencioso —continuó—.
Los manieristas entendieron que podían ser técnicamente brillantes y juguetones al mismo tiempo.
Podían respetar la tradición mientras la cuestionaban.
Podían ser serios en su propósito, pero divertidos en su ejecución.
Se detuvo, mirándonos directamente a cada uno.
—Las verdaderas pruebas comenzarán mañana —anunció, y por un momento, el excéntrico showman desapareció, revelando al artista maduro y reflexivo que habitaba debajo—.
Serán desafiantes.
Requerirán todo lo que saben y mucho de lo que aún no saben.
Pero recuerden lo que aprendieron hoy: el arte, como la vida, debe ser abordado con conocimiento técnico, visión personal, y lo más importante…
Hizo una pausa dramática.
—Con alegría —concluyó, su sonrisa ahora genuina y cálida—.
Porque incluso en sus momentos más oscuros y retorcidos, el manierismo celebraba la vida y sus infinitas posibilidades.
Mientras nos preparábamos para irnos, Sophia se acercó a Vhy con una expresión decidida.
Le dijo algo en italiano, gesticulando animadamente.
Vhy parecía sorprendido, luego incómodo, y finalmente resignado.
Asintió con una sonrisa tensa.
—¿Qué sucede?
—le pregunté a Marco, que estaba a mi lado.
—Sophia le está recordando a Vhy que le prometió algo a cambio de su ayuda —explicó Marco en voz baja—.
Le está pidiendo acompañarnos en nuestro recorrido por Roma mañana.
—¿Y Vhy aceptó?
—pregunté, sorprendida.
—No tiene muchas opciones —respondió Marco con una sonrisa irónica—.
Una promesa es una promesa, especialmente cuando hay testigos.
Sophia se acercó a Bianchi y le dijo algo en italiano, gesticulando hacia nosotros.
Bianchi pareció considerar la idea por un momento, luego asintió con una sonrisa indulgente.
—Parece que tendremos una adición a nuestro grupo mañana —anunció Bianchi—.
Sophia nos acompañará en nuestra exploración del manierismo romano.
Su perspectiva fresca podría ser…
illuminante.
Vhy me miró con una expresión de disculpa, pero yo desvié la mirada, fingiendo estar ocupada guardando mi cámara.
No quería que viera mi decepción.
Este viaje se suponía que era nuestra oportunidad de aprender juntos, de compartir una experiencia que nos uniría.
Ahora parecía que tendría que navegar este mundo extraño y confuso más sola de lo que había anticipado.
La limusina esperaba para llevarnos de regreso al hotel, tan ridículamente ostentosa como antes.
Mientras subíamos, Sophia se despidió con entusiasmo, prometiendo encontrarnos temprano al día siguiente.
Vhy le respondió en italiano, y ella rio como si hubiera dicho algo increíblemente ingenioso.
Me senté junto a la ventana, observando cómo las calles romanas pasaban borrosas.
El sol poniente proyectaba nuestras sombras sobre el pavimento antiguo, alargándolas y distorsionándolas de manera extraña.
—Domani —dijo Bianchi casi para sí mismo— inizieremo con Roma.
La città dove il manierismo ha trovato la sua espressione più drammatica nell’architettura e nella scultura.
—Mañana —tradujo Marco automáticamente— comenzaremos con Roma.
La ciudad donde el manierismo encontró su expresión más dramática en la arquitectura y la escultura.
Sus palabras tenían un tono enigmático que debería haberme emocionado, pero solo sentí un vacío creciente.
Normalmente, habría compartido mi entusiasmo con Vhy, intercambiando teorías sobre lo que nos esperaba.
Pero él estaba absorto en su teléfono, probablemente buscando más información sobre el manierismo romano para impresionar a Sophia mañana.
Me preguntaba si así sería todo el viaje: yo, la extranjera perpetua, observando desde fuera mientras los demás compartían experiencias y conexiones que yo no podía alcanzar.
La fotógrafa invisible, capturando momentos que pertenecían a otros.
Miré por última vez las fotos que había tomado en la pizzería.
Pero las imágenes, normalmente mi refugio, esta vez eran borrosas, sentía la humedad de mis parpados distorsionar mi visión, impidiéndome verlas.
Apagué la cámara y cerré los ojos, dejando que el suave movimiento de la limusina me arrullara.
Mañana sería otro día y otra lección sobre un arte que seguía siendo tan extraño para mí como el idioma que me rodeaba.
Y pensar que todo había comenzado con una pizza.
Un detalle, la traducción al español al italiano, es algo rara, disculpen si hay incongruencias, son cosas del idioma.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com