¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Capitulo 6 El apoyo en equipo
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6: Capitulo 6: El apoyo en equipo.
6: Capitulo 6: El apoyo en equipo.
El edificio STARS, ubicado en la esquina izquierda de la imponente preparatoria Hathor, era el santuario de los alumnos más destacados de la institución.
Cinco pisos de cristal y acero, con estudios de grabación, salas de práctica y dormitorios de lujo.
Pero aunque estaba abierto a la élite académica y artística de Hathor, todos sabían para quién había sido construido originalmente: NEON7.
El séptimo piso completo era suyo.
Siete habitaciones individuales, una sala común del tamaño de un apartamento, y la privacidad que solo el dinero y la fama podían comprar.
Era su burbuja, el único lugar donde podían quitarse las máscaras.
Y en este momento, la máscara de Jhin estaba hecha añicos.
Caminaba de un lado a otro de la sala de estar común, con sofás de cuero italiano, una enorme pantalla de televisión y hasta una cancha de baloncesto en miniatura.
Su cabello negro, normalmente peinado a la perfección con cada mechón en su lugar, estaba completamente revuelto.
Se pasaba las manos por él compulsivamente, dejando mechones rebeldes apuntando en todas direcciones.
—No está.
No está.
No está —repetía como un mantra, su voz cargada de un pánico creciente que hacía que le temblaran las manos.
DM, sentado en uno de los sofás con las piernas cruzadas, lo observaba con la paciencia infinita de un hermano mayor.
En su mano derecha sostenía una copa de infusión de naranja, haciéndola girar lentamente.
No bebía.
Simplemente la sostenía.
En la mesa frente a él había una foto enmarcada de los siete juntos en su debut, sonriendo con una inocencia que ahora parecía de otra vida.
—Tranquilo, Jhin-ah.
Aparecerá.
Respira, hermano —dijo DM, su voz grave llevando ese tono protector que usaba cuando alguno de ellos estaba al borde del colapso.
—¡No puedo respirar!
—exclamó Jhin, deteniéndose en seco.
Una gota de sudor le resbaló por la sien—.
DM, no lo entiendes.
¡Ese sobre…!
¡Es todo!
Si alguien lo abre, si leen lo que…
Su voz se quebró y se llevó las manos al pecho, como si le faltara el aire.
—Lo sé, lo sé —dijo DM, levantándose del sofá con movimientos fluidos.
Se acercó a Jhin y le puso una mano firme en el hombro—.
Sabemos lo importante que es para ti.
Pero entrar en pánico no va a ayudar.
Al otro lado de la habitación, J-Min estaba inclinado sobre una gran mesa de centro de cristal, completamente concentrado.
Había extendido un mapa detallado del campus de Hathor, y varios rotuladores de colores estaban esparcidos a su alrededor.
Con la precisión milimétrica de un bailarín principal, trazaba rutas con el dedo, contando pasos mentalmente.
A su lado, su teléfono estaba en altavoz sobre la mesa.
—K-Sey, ¿me copias?
—dijo J-Min, su tono analítico y práctico, mientras se acomodaba las gafas.
La voz de K-Sey llegó a través del altavoz, ligeramente distorsionada por el viento.
—Te copio.
Estoy en el sector tres, cerca del ala de música.
Acabo de revisar el cuarto contenedor.
Solo envoltorios de bocadillos caros y…
¿es esto un examen de cálculo?
Alguien de la clase 1-C va a reprobar.
—Okay, la biblioteca fue el punto de impacto —continuó J-Min, marcando una X roja en el mapa—.
Personal de limpieza confirmó que no encontraron nada.
El siguiente vector es el pasillo principal hacia el ala oeste.
K-Sey, necesito que te muevas al sector cuatro.
Hay tres contenedores más cerca del salón de arte.
—Recibido.
Moviéndome al sector cuatro —respondió—.
Por cierto, J-Min, si alguien me ve rebuscando en la basura, mi reputación de idol sofisticado se va al carajo.
—Tu reputación sobrevivirá —replicó J-Min con una sonrisa apenas perceptible—.
Nuestra mánager ya está preparando carteles de reciclaje con nuestra imagen.
—Muy práctico de nuestra agente —contestó convencido—.
Pero J-Min, ¿por qué lo busco en la basura, como un perdido busca una razón física?
—Es posible que…
—intentó completar, sin lograr ver una razón 100% lógica para hacerlo—.
Tal vez alguien lo recogiera y lo tirara sin darse cuenta de lo que era.
La palabra “alguien” hizo que Jhin se estremeciera visiblemente.
Se dejó caer en una silla, hundiendo la cabeza entre las manos.
Fue entonces cuando Vhy entró en la habitación.
Su cabello rosa estaba húmedo, como si acabara de salir de la ducha, y llevaba una sudadera gris oversized que le quedaba perfecta de esa manera descuidada que solo funcionaba cuando tenías su estructura ósea.
Los pantalones de chándal negros y las zapatillas sin calcetines completaban su look.
Se movía con esa gracia natural que hacía que incluso caminar pareciera coreografiado.
Pero fueron sus ojos los que revelaron todo.
Se acercó directamente a Jhin sin decir una palabra y se arrodilló frente a él, poniendo ambas manos temblorosas en sus hombros.
—Oye —dijo, su voz despojada de toda arrogancia, reemplazada por algo cercano a la ternura—.
Mírame.
Jhin levantó la vista lentamente.
Sus ojos estaban rojos, pero ninguna lágrima salía de ellos.
—Lo encontraremos —continuó Vhy, sosteniendo su mirada—.
¿Me oyes?
Lo encontraremos.
Te lo prometo.
—Pero, Vhy, ¿y si…?
¿Y si alguien lo tiene?
—la voz de Jhin se quebró al final, por fin dejando escapar una lágrima que se deslizó por su mejilla.
—Incluso si alguien lo tiene, no sabe lo que es.
Es solo un sobre para cualquiera de estos millonarios —tragó saliva con dificultad, el sonido resonando en su garganta—.
Seguro ni saben que está escrito con pluma estilográfica de lujo, de esas que cuestan más que su renta mensual.
—Y si lo tiene ella…
la nueva…
lo tenía en mi chaqueta, se la di y…
—Cálmate, no te bases en conjeturas —interrumpió Vhy, antes de que su amigo se volviera loco.
—Vhy tiene razón —intervino DM, volviendo a sentarse pero manteniéndose en el borde del sofá, listo para intervenir si era necesario—.
Esa chica…
Suri…
está lidiando con sus propios problemas.
Probablemente ni siquiera se fijó en el sobre.
—¿Cómo sabes su nombre?
—preguntó J-Min desde la mesa, levantando su lupa frente a sus lentes mientras marcaba otra área en el mapa.
—Lo escuché —respondió DM con un encogimiento de hombros—.
Cuando Zen intervino en la cafetería.
Además, no es difícil averiguar el nombre de la única becada nueva.
La voz de K-Sey llegó desde el teléfono.
—Sector cuatro despejado.
Nada más que…
¿es esto un sándwich de caviar a medio comer?
Estos niños ricos me dan asco.
Moviéndome al sector cinco.
Vhy se incorporó y se sentó en el brazo del sofá, cerca de Jhin.
Su postura era relajada, pero sus ojos seguían fijos en su amigo con una intensidad protectora.
—Escucha —dijo, su voz tomando un tono más firme—.
Vamos a pensar con claridad.
¿Cuál fue el último momento exacto en que recuerdas tenerlo?
Jhin cerró los ojos, sus manos temblando ligeramente mientras reconstruía la escena.
—Lo tenía.
En el bolsillo de la chaqueta.
Podía sentir el peso del papel contra mi abdomen —su voz se volvió más pequeña—.
Cuando vi su mancha de café, me quité la chaqueta para ofrecérsela, y luego…
cuando la tomó me llamó niño mimado.
Estaba furioso con ella, por cómo me habló, por cómo me miró como si fuera…
como si fuera un monstruo.
Jhin suspiró, con los hombros caídos casi sin fuerzas.
—Cuando se la arrebaté me di la vuelta para irme, debió de caerse.
El sobre se me debió caer.
—La chica becada —dijo J-Min desde la mesa, su voz neutral pero con un dejo de algo que podría haber sido simpatía.
—Suri —corrigió Vhy automáticamente, y todos se giraron para mirarlo, sorprendidos.
Vhy se encogió de hombros, pero había algo en su expresión que sugería que había pensado en ella más de lo que admitiría—.
Su nombre es Suri, si no mal recuerdo.
—¿Y Zen?
—preguntó J-Min—.
Él intervino en la cafetería.
Tal vez vio algo.
Tal vez sabe algo que nosotros no.
—Zen está en su habitación, probablemente componiendo alguna canción sobre la oscuridad del alma humana o meditando sobre el sufrimiento existencial —dijo Vhy, pero su tono no tenía su sarcasmo habitual.
Sonaba casi…
preocupado—.
Sabes que es imposible hablar con él cuando está en ese modo.
Pero tienes razón.
Podría haber visto algo.
La voz de K-Sey interrumpió desde el teléfono.
—Chicos, sector cinco también está limpio.
Pero encontré algo interesante.
Hay una cámara de seguridad que apunta directamente al pasillo donde Jhin chocó con la becada.
¿Alguien tiene contactos en seguridad?
J-Min y DM intercambiaron una mirada.
—Podríamos intentarlo —dijo DM lentamente—.
Pero tendríamos que dar explicaciones.
Y eso significa…
—Que tendríamos que admitir que perdimos algo importante —terminó J-Min—.
Lo cual llevaría a preguntas que Jhin le tocarían responder.
Jhin se cubrió la cara con las manos, sus hombros temblando.
—Esto es mi culpa.
Fui un idiota.
La forma en que la miré…
la forma en que le hablé…
por supuesto que me odia.
Si tiene el sobre, nunca me lo devolverá.
Y si lo abre…
No terminó la frase, pero todos sabían lo que estaba pensando.
—No digas eso —intervino DM, inclinándose hacia adelante, su voz llevando toda la autoridad de su posición como el mayor del grupo—.
No te odia.
Solo está asustada y a la defensiva.
Es nueva aquí, está sola, y nosotros…
bueno, no le dimos exactamente una bienvenida cálida.
Vhy se pasó una mano por el cabello rosa, despeinándolo aún más.
Cuando habló, su voz tenía una calidad diferente, más suave, más real.
—DM tiene razón.
Ponte en su lugar.
Un día de pesadilla, y nosotros no lo mejoramos exactamente —hizo una pausa, como si las siguientes palabras le costaran—.
Fue más mi culpa.
Fui un completo imbécil con ella por el café.
La admisión cayó en la habitación como una piedra en agua quieta.
Vhy nunca admitía errores, especialmente no con esa vulnerabilidad en su voz.
Todos lo miraron, sorprendidos por la sinceridad cruda de sus palabras.
—Tenemos que encontrarla —dijo J-Min, levantándose de la mesa y estirando la espalda con movimientos de bailarín—.
Y hablar con ella.
Con calma.
Sin acusaciones.
Sin intimidación.
—J-Min tiene razón —llegó la voz de K-Sey desde el teléfono—.
La lógica dice que ella es la sospechosa más probable.
Pero necesitamos un plan de aproximación.
No podemos simplemente acorralarla.
La última vez que intentamos recuperar algo de forma…
dramática, no salió exactamente bien.
—Ey, el plan era perfecto —explicó J-Min, como si todavía estuviera orgulloso de la idea—.
Esperarla en el pasillo más oscuro del edificio, acercarnos paso a paso al ritmo de nuestros chasquidos y dejar que el eco hiciera el resto.
Todo para recuperar la boina de K-Sey que esa chica estaba vendiendo por internet.
—Sí, pero en cuanto encendimos la luz y nos vio, cayó al suelo desmayada —murmuró DM, mirando al piso, cargando con el peso del desastre—.
Creyó que éramos fantasmas de verdad.
—Pero ese día ganamos fama de Idols fantasma y las canciones de Zen ganaron más popularidad —recordó Vhy con una risa.
DM señaló un póster en la pared: ellos, vestidos con trajes negros impecables, piel pálida y miradas afiladas, como salidos de una película de terror.
—Por suerte, nuestra mánager convirtió esa fama en un truco de marketing.
Ahora todos creen que fue pura actuación.
—¡Ya dejen de pelear!
—gritó Jhin, levantando la vista con una nueva chispa de esperanza que se mezclaba con el pánico en sus ojos.
Miró a sus amigos: a DM, su roca inquebrantable; a J-Min, su estratega; a la voz de K-Sey desde el teléfono; y a Vhy, su hermano, que le estaba mostrando una faceta que el mundo nunca veía.
Por primera vez en horas, su respiración se calmó ligeramente.
—Okay —dijo, su voz más firme pero aún temblorosa—.
Okay.
Encontrémosla.
Pero esta vez… esta vez lo hacemos bien.
Vhy asintió y puso su mano en el centro.
—Esta vez lo haremos bien —repitió, con un tono que sonaba a promesa.
—Está bien, lo haremos con un buen plan —añadió DM, colocando su mano sobre la de Vhy.
—Aunque todos sabemos que mis planes son geniales —replicó J-Min con una media sonrisa, sumando su mano al pequeño círculo.
El rostro de Jhin se iluminó de emoción.
—Gracias, amigos —dijo, con la voz quebrada.
En ese instante, fuertes zancadas resonaron desde el pasillo.
La puerta se abrió de golpe y K-Sey entró, con el sudor deslizándose por su frente.
—¡No se olviden de mí!
—murmuró aún jadeante por la carrera.
Todos juntaron sus manos, una sobre otra, formando un círculo perfecto.
No era una pose para cámaras.
No había fans mirando.
No había luces de escenario ni coreografías ensayadas.
Era solo ellos siete, como al principio, cuando no eran NEON7 sino solo chicos con un sueño y la determinación de no dejarse vencer.
—A la una… a las dos… y a las tres… ¡NEON7!
—gritaron al unísono, la voz rebotando en las paredes como un rugido de equipo.
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