¡¡¡TE AMO, ESTÜPIDO IDOL!!! - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 La Verdad en Blanco y Negro
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8: Capítulo 8: La Verdad en Blanco y Negro.
8: Capítulo 8: La Verdad en Blanco y Negro.
El eco de las risas se desvaneció en el aire acondicionado, los cinco miembros de NEON7 después de una agotante misión secreta, con un paso firme tomaron dirección al edificio STARS.
Los cinco se reunieron alrededor de la mesa, pero la transición de “espías cómicos” a “grupo Idol” fue tan abrupta que parecían actores que habían olvidado cambiar de personaje.
—Muy bien, agentes especiales —dijo J-Min, todavía con restos de su modo “Dancer One”—.
Es hora de la verdad.
—¿Puedes por favor dejar de llamarnos “agentes especiales”?
—murmuró K-Sey, arrancándose los últimos pedazos de pegamento y pelo del bigote falso—.
Me siento como si estuviéramos en una película de espías de bajo presupuesto.
—Técnicamente, fuimos espías de bajo presupuesto —señaló Vhy, quitándose purpurina de las uñas—.
Nuestro presupuesto total fue mi mi armario, los juguetes que compro J-Min, unos guantes del chef y la dignidad de K-Sey.
—¡Oye!
Mi actuación fue impecable —protestó K-Sey—.
El señor Jahn lloró.
¡LLORÓ!
Eso si es ser un eunuco imperial.
—Fue realmente impresionante —admitió J-Min con sincera admiración—.
Nunca pensé que podrías hacer llorar a alguien con poesía improvisada.
—Los grandes artistas siempre encontramos la manera —dijo K-Sey, colocándose la mano en el rostro con un gesto exagerado, pero sonriendo ante el cumplido.
—Si, lloró porque le recordaste a su ex esposa, quien diría que tuvieras madera de psicólogo —comentó Vhy con su tono seco habitual—.
No porque fueras el próximo Shakespeare.
DM los observaba con la expresión de un padre viendo a sus hijos discutir sobre quién rompió el jarrón.
—¿Podemos enfocarnos en las grabaciones?
—Tienes razón —dijo J-Min, recuperando su compostura—.
El momento de la verdad.
La revelación final.
El clímax de nuestro drama.
Con la solemnidad de un sacerdote en un ritual sagrado “y la teatralidad de alguien que claramente había visto demasiadas películas”, J-Min tomó el USB de las manos de DM.
Sus movimientos fueron tan dramáticos que parecía estar en cámara lenta, como si manejara una reliquia antigua.
—¿En serio vas a conectar un USB como si fueras a desarmar una bomba?
—preguntó Vhy.
—El drama está en los detalles —respondió J-Min, conectando el dispositivo a la enorme pantalla de cine.
—El drama está en tu cabeza —murmuró Vhy, con una pequeña carcajada, antes de recibir un codazo de K-Sey en el costado.
K-Sey lo observo con una mezcla de diversión y admiración.
—Tienes que admitir que J-Min hace que hasta las cosas más mundanas parezcan importantes.
—Es un talento —concordó J-Min, navegando por los archivos con precisión—.
El momento de la verdad —J-Min movió el mouse hacia el único archivo existente—.
Después de ver esto…
todo cambiara—Aclaro J-Min con una mirada oscura—.
¿Lo entienden?
—¿Podemos solo ver el maldito video?
—interrumpió Jhin, su ansiedad finalmente cortando a través de la comedia.
—Ya, ok…
ya no dejan a uno meterle sabor —musito J-Min ofendido.
La imagen que apareció era granulada, en blanco y negro, desprovista de sonido.
Era el pasillo fuera de la biblioteca, pero se veía diferente en la pantalla “más fantasmal, más ominoso.” —Wow —murmuró K-Sey—.
Esto se ve como una película de terror de los años 50.
—¿La escuela tiene para una piscina de selfis pero no cámaras nuevas?
—reclamo Vhy.
—Son las cámaras de la biblioteca, nadie va si no es para tomar café —respondió DM—.
Recuerden que la prioridad de la escuela es mantener su fachada exterior, no lo interno…
Las miradas de todos bajaron un poco, pero mantuvieron su vista al frente.
—La calidad de imagen le da un aire muy cinematográfico —añadió J-Min, su ojo artístico analizando la composición—.
Muy noir.
—¿Podemos no hacer comentarios de críticos de cine mientras vemos esto?
—pidió Jhin, su voz tensa.
Nadie respiraba.
El único sonido era el zumbido casi imperceptible del aire acondicionado y el ocasional crujido de K-Sey tratando de quitarse más pegamento de la cara.
—Ahí —señaló J-Min, su instinto técnico tomando el control—.
Timestamp 10:43.
Aquí es donde debería aparecer nuestro protagonista.
—No soy un protagonista —murmuró Jhin—.
No merezco un titulo tan positivo…
Pero cuando la imagen de Jhin apareció en pantalla, moviéndose con una ira que se veía amplificada y cruel en blanco y negro, los comentarios cesaron.
—Dios mío —susurró Jhin, su cuerpo literalmente retrocediendo ante su propia imagen—.
¿Realmente me veo así de…
intimidante?
K-Sey y J-Min intercambiaron una mirada incómoda, ninguno queriendo ser el que confirmara lo obvio.
—Te ves…
intenso —dijo K-Sey finalmente, eligiendo sus palabras con cuidado.
—Tu lenguaje corporal es muy…
definido —añadió J-Min diplomáticamente—.
Muy decidido en tus movimientos.
—Te vez como un cobrador de deudas —comentó Vhy sin filtros—.
Talvez descubrimos otro talento.
—Vhy, no estás ayudando —intervino DM.
—Disculpa, somos idols…
ya con eso la gente teme hacernos cualquier cosa…
—menciono Vhy desviando la mirada—.
ella fue la excepción, niña rara…
—musito.
Todos con la mirada fija en la grabación vieron como la joven fotógrafa, pequeña y con la mirada temblorosa, retrocedía ante Jhin.
En la pantalla granulada, solo distinguían su rostro.
—Se ve tan pequeña —murmuró K-Sey, su voz perdiendo toda la diversión anterior.
—Y asustada —añadió J-Min, su ojo de bailarín captando cada detalle—.
Mira cómo se encoge.
Entonces llegó el momento clave.
Mientras Jhin se daba la vuelta en la pantalla, un pequeño rectángulo blanco se desprendió de su bolsillo interior al arrancarle la chaqueta a Suri, cayendo al suelo como una hoja muerta.
—¡Ahí está!
—exclamó J-Min, señalando la pantalla—.
¡El sobre!
—Rebobina —pidió K-Sey—.
Quiero ver exactamente cómo cae.
J-Min rebobinó y reprodujo la secuencia varias veces, cada repetición haciendo que el momento se sintiera más surreal.
—2.3 segundos —murmuró J-Min, cronometrando mentalmente—.
Desde que se desprende hasta que toca el suelo.
—¿Estás cronometrando mi torpeza?
—preguntó Jhin con voz tensa.
—Es instinto —se disculpó J-Min—.
Analizo todos los movimientos automáticamente.
—Todo tiene el potencial para ser una coreografía —comentó K-Sey siendo el danzante secundario.
—Oh una potencial letra—murmuró Vhy.
Vieron a Jhin alejarse en la pantalla, desapareciendo del encuadre con pasos furiosos.
Suri se quedó sola por un momento.
—Está temblando —observó K-Sey, su voz suave.
—¿Cómo puedes ver eso en esta calidad de imagen?
—preguntó Vhy.
—Se nota en sus hombros —respondió J-Min, sin su usual tono dramático.
Luego vino el momento crucial.
La chica miró hacia abajo, vio el sobre, y después de pocos segundos de vacilación, se agachó y con una mano temblorosa lo recogió.
—Ahí está —dijo J-Min, su voz perdiendo toda la teatralidad—.
Ella…
lo tiene.
—Mira eso —dijo K-Sey, inclinándose hacia adelante—.
Ni siquiera lo examina.
Solo lo agarra…
lo esconde…
y…
se va…
—No actúa como una ladrona —observó DM, sus ojos fijos en la pantalla.
—Técnicamente sigue siendo robo —señaló Vhy—.
Pero robo muy reluctante.
En ese momento, Suri se dio la vuelta y prácticamente huyó en la dirección opuesta, sus pasos apresurados y nerviosos.
—Lo tiene —dijo Jhin, su voz apenas un murmullo roto.
Era una mezcla de alivio y desesperación que hizo que todos se giraran a mirarlo—.
No estaba loco.
Ella, ¡Ella lo tiene!
Su rostro había perdido todo el color.
Gotas de sudor perlaban su frente, y sus manos temblaban tanto que tuvo que entrelazar los dedos para detenerlas.
—Así que es una ladrona, después de todo —dijo K-Sey, con un tono desanimado.
J-Min asintió, su mente analítica ya procesando las implicaciones.
—La evidencia es clara.
Vio el sobre, lo recogió, se lo quedó, es una simple ladrona.
—No tan rápido —intervino DM, sus ojos aún fijos en la pantalla congelada—.
Miren de nuevo.
Rebobinen a cuando ella lo ve por primera vez.
J-Min obedeció, y volvieron a ver el momento.
Esta vez, prestaron más atención a la expresión de Suri.
—Miren su cara —insistió DM—.
No actúa como una ladrona.
Actúa como alguien que está asustada y confundida.
Como alguien que no sabe qué hacer.
—¿Y eso la excusa?
—preguntó K-Sey, pero había menos convicción en su voz.
—No la excusa —dijo DM pacientemente—.
Pero explica por qué no nos lo ha devuelto.
No confía en nosotros.
Jhin hundió la cara entre las manos, el peso de la culpa aplastándolo como una losa de mármol.
—Fui un monstruo con ella —su voz se quebró—.
Un completo monstruo.
La humillé, la asusté…
por supuesto que no me lo devolverá.
¿Qué hago ahora?
El aire en la habitación se volvió aún más denso.
El zumbido del aire acondicionado parecía más fuerte, más insistente.
Se giró, sus ojos desesperados y vidriosos buscando a Vhy como un náufrago busca un salvavidas.
—Vhy, tienes que ayudarme.
Vhy, que había estado mirando la pantalla con una expresión indescifrable, desvió la mirada.
Sus dedos encontraron automáticamente su muslo derecho, comenzando a rascar la tela de sus pantalones de diseño.
—¿Yo?
¿Por qué yo?
—¡Porque tú empezaste esto!
—exclamo la voz de Jhin, la desesperación convirtiéndose en acusación, en una necesidad desesperada de culpar a alguien más—.
¡El café, tu actitud…
todo!
La pusiste en mi contra desde el principio.
Es tu error tanto como el mío.
Tienes que venir conmigo.
Tienes que ayudarme a recuperar ese sobre.
El rascado de Vhy se volvió más intenso, más urgente.
Sus uñas arañaban la tela con una violencia silenciosa.
—Jhin…
—comenzó DM, su voz llevando una nota de advertencia.
—¡No!
—interrumpió Jhin, levantándose del sofá con movimientos bruscos—.
¡No me digas que me calme!
¡Vhy tiene que asumir su responsabilidad!
Vhy se quedó en silencio, pero su mandíbula se tensó como un cable a punto de romperse.
Sus dedos siguieron rascando, ahora con tanta fuerza que la tela comenzó a deshilacharse.
K-Sey y J-Min se mantuvieron al margen de la confrontación, sus cuerpos tensos, listos para intervenir si era necesario pero sin saber exactamente cómo.
—Por favor, Vhy —suplicó Jhin, su voz bajando de nuevo a un ruego desesperado—.
No puedo enfrentarme a ella solo.
No después de cómo la traté.
No después de lo que hice.
La mirada de Vhy se volvió vidriosa, perdida en algún punto más allá de la pared, como si estuviera viendo algo que los demás no podían ver.
El silencio se alargó, pesado y opresivo.
El único sonido era el rascado constante de las uñas de Vhy contra la tela y el respirar de los cinco en la habitación.
—No…
—dijo finalmente Vhy, su voz era un susurro hueco y cortante que atravesó el aire como un cuchillo.
Jhin lo miró, incrédulo.
—¿No?
¿Simplemente…
¡No!?
Vhy se puso de pie abruptamente, el movimiento fue tan brusco que su silla casi se cae.
No miró a nadie, sus ojos fijos en algún punto del suelo.
—¡No…!
—repitió, más fuerte esta vez, su voz cargada de una emoción que no era ira, sino algo más parecido al pánico puro—.
No puedo.
No voy a hacerlo.
Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta de la sala con pasos rígidos, mecánicos.
—¡Vhy!
—gritó Jhin, levantándose para seguirlo—.
¡No puedes simplemente irte!
¡No puedes dejarme solo con esto!
Estaba a punto de agarrarlo del brazo cuando una mano firme lo detuvo.
Era DM, su agarre gentil pero inquebrantable.
Vhy no se detuvo.
Salió de la habitación sin mirar atrás, y un segundo después escucharon el portazo de su dormitorio que resonó por todo el edificio como un trueno.
Jhin se zafó del agarre de DM, su rostro una mezcla de furia y traición que lo hacía parecer más joven, más vulnerable.
—¿Qué demonios le pasa?
¿Por qué actúa así?
Sus ojos estaban rojos, no solo de frustración sino de algo más profundo, más doloroso.
DM suspiró, un sonido que parecía llevar el peso del mundo.
Su calma habitual estaba teñida de una profunda tristeza que envejecía su rostro.
Miró a Jhin con ojos nostálgicos.
—Tenle paciencia, Jhin.
—¿Paciencia?
—la voz de Jhin se quebró—.
¡Acaba de abandonarme!
¡Cuando más lo necesito, me abandona!
—Vhy…
aún no está bien —dijo DM, y en esas pocas palabras había un universo de historia no contada, de secretos compartidos y dolor guardado.
Jhin se quedó sin palabras, la ira se desvaneció como humo, reemplazada por una repentina y confusa preocupación.
Miró la puerta cerrada del dormitorio de Vhy, luego de nuevo a DM, sus ojos buscando respuestas que sabía que no obtendría.
—¿Qué quieres decir con que no está bien?
—preguntó, su voz ahora pequeña, asustada.
DM le puso una mano en el hombro, el gesto paternal y protector.
—Déjalo.
No lo presiones.
Hay cosas…
hay cosas que Vhy necesita resolver por sí mismo.
K-Sey y J-Min permanecieron en silencio, sintiendo que estaban presenciando algo privado, algo que no entendían completamente pero que respetaban.
—Vhy además de ti fue el único miembro de los NEONS originales en quedarse…
yo 6 meses después entre como el sexto miembro…
debe a ver mucha historia que no conozco…
DM miró el USB negro que todavía estaba conectando, el origen de todo el caos, luego miró la puerta cerrada de Vhy, y finalmente sus ojos encontraron los de Jhin con una nueva resolución.
—Mañana —dijo DM, su voz firme pero gentil—.
Iremos tú y yo.
Jhin lo miró, sorprendido.
—¿Tú…
tú vendrías conmigo?
—Sí —respondió DM sin dudar—.
Uno siempre necesita un hermano mayor para cuidarlo —en su voz había cariño, pero también una firmeza que no admitía discusión—.
Pero por ahora —continuó DM, mirando hacia la puerta de Vhy—, creo que todos necesitamos un descanso.
El silencio volvió a llenar la habitación, pero esta vez era diferente.
No era el silencio expectante de antes, sino algo más pesado, más final.
En la pantalla, la imagen congelada de Suri recogiendo el sobre los miraba como un recordatorio de todo lo que había salido mal.
Y en algún lugar del edificio, detrás de una puerta cerrada.
—¿Por que…
por que lo hiciste?
—musito Vhy abrazando un conejo rosa.
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