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3 dias para morir - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 La Tregua del Día Uno
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10: Capítulo 10: La Tregua del Día Uno 10: Capítulo 10: La Tregua del Día Uno Anya se despertó en los brazos de Gabriel, y por primera vez en días, no sintió pánico, sino una calma helada.

La visión del atropello se había grabado en su mente: la esquina, el coche descontrolado, la muerte repentina.

Hoy era el Día 1, y la sentencia estaba programada para el Día 3.

El miedo no se había ido, pero Anya había tomado una decisión en medio de la oscuridad.

La adrenalina de la paranoia la había agotado.

Había roto el contador del chocolate antes de la medianoche con la mentira de la dieta y el de Raquel antes de la medianoche con el desvío de la cita.

Esta nueva y dolorosa rutina, el reinicio abrupto, le había dado una pequeña, peligrosa esperanza: el ciclo podía romperse.

Pero si el destino era tan persistente, ella también lo sería, pero con una nueva regla: usaría el Día 1 y el Día 2 para planear, pero sin el terror paralizante.

Se permitiría vivir.

La muerte siempre esperaba al Día 3; eso le daba a ella cuarenta y ocho horas para amar y disfrutar sin culpa.

Gabriel se despertó.

—Buenos días, mi jefa de dieta —dijo con voz ronca, besándole el hombro.

Anya se giró y lo besó.

Un beso largo, tierno y sin el miedo de mirar a sus ojos.

Había cambiado el miedo por la disciplina.

Hoy, disfrutaría de él.

Salieron a desayunar al balcón del apartamento de Gabriel.

La mañana era luminosa, el aire fresco.

El contraste entre la paz exterior y la guerra interna de Anya era brutal, pero lo controlaba.

—Dos días y me siento diez años más joven, más vivo que nunca.

Tu locura de la dieta y el secuestro funcionan, Anya —dijo Gabriel, terminando su ensalada de frutas.

—Me alegra oír eso —respondió ella, sonriendo con sinceridad ante la ironia.

Gabriel se puso de pie, tomando su laptop.

—Tengo que trabajar un poco.

Quiero terminar estos planos para Dubois antes del mediodía.

Anya se acercó a él.

—Parece un trabajo intenso.

¿Qué te parece si yo te ayudo?

—dijo ella, sabiendo que debía permanecer a su lado para controlar cualquier decisión espontánea.

—¿Ayudarme a diseñar jardines?

Creí que solo leías sobre botánica, no que la aplicabas.

—Soy buena con los detalles.

Y si vamos a pasar la semana aquí, tendremos que ser productivos.

La idea de Anya de co-diseñar los jardines fue un éxito.

La mañana pasó volando, llena de risas y de la chispa intelectual que compartían.

Gabriel estaba asombrado por su inteligencia, y Anya se sentía útil.

Al mediodía, el miedo tuvo que ceder paso a la planificación.

Hoy era el Día 1.

Mañana el Día 2, y la muerte esperaba al Día 3.

La amenaza actual era sencilla, una de las más fáciles de evitar hasta ahora: un atropello al caminar al trabajo.

Puedo acompañarlo y jalar su brazo, o alentar su paso, o simplemente convencerlo de tomar el coche.

—Gabriel —dijo Anya, apoyando su barbilla en el hombro de él—.

¿Qué te parece si para agradecerte por la semana de dieta, te propongo un plan sorpresa?

—Me encantan tus planes.

¿De qué se trata?

—Tenemos que ir a una ciudad cercana.

Es un pequeño pueblo con unos jardines botánicos increíbles, perfectos para tu próximo proyecto.

Es un secreto, no se lo digas a nadie.

—Anya, es un viaje largo.

No sé si puedo dejar el trabajo ahora.

—No tienes que ir ahora.

Iremos pasado mañana —dijo Anya, asegurándose de que el Día 3 estuviera ocupado con un viaje de ocio lejos del peligroso cruce—.

Yo conduzco.

Te obligo a relajarte por un día.

Si el viaje es de dos horas y media, saldremos a primera hora.

Volveremos por la noche.

Gabriel consideró la idea.

Un viaje lejos de Raquel, un día con Anya en un lugar hermoso.

La tentación fue demasiado fuerte.

—Acepto.

Pero debes prometerme que te concentrarás en el paisaje y no en mí —dijo él, sonriendo.

—Imposible.

Pero lo intentaré —respondió Anya, sellando el trato con un beso lleno de promesa.

Anya sintió un alivio inmenso.

Había desviado la muerte del Día 3, remplazando la caminata fatal con un viaje de dos horas y media.

El resto del Día 1 transcurrió en una burbuja de perfección.

Comieron, trabajaron, y por la noche, se entregaron a la pasión.

Anya se permitió disfrutarlo por completo, sabiendo que tenía una tregua hasta la medianoche del Día 2.

Se durmieron, exhaustos y felices.

El reloj de Anya marcaba el Día 2.

La muerte esperaba.

Pero por ahora, ella había ganado una nueva mañana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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