3 dias para morir - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 La Naturaleza de la Causalidad
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14: Capítulo 14: La Naturaleza de la Causalidad 14: Capítulo 14: La Naturaleza de la Causalidad Ocho segundos.
Nueve segundos…
La pregunta de Gabriel, “¿Quieres ser mi novia?”, resonó en la cocina.
Anya lo miró, su corazón latiendo por el amor que sentía y el terror de la regla de los diez segundos.
Ella sabía que, si Gabriel tenía un futuro largo, este era el momento en que se revelaría.
Si moría en tres días, la visión sería instantánea.
Diez segundos.
El chasquido regresó, fuerte y cruel.
La visión fue un torbellino de imágenes tan rápidas y confusas que Anya apenas pudo descifrar los detalles.
La realidad regresó con la fuerza de un golpe.
Anya sintió la desesperación absoluta, la humillación ante el destino.
—¡NO!
—gritó, el sonido de su rechazo animal escapando de sus labios antes de que pudiera contenerlo.
Gabriel se quedó petrificado.
Su sonrisa se borró, reemplazada por una profunda herida.
Soltó el rostro de Anya y retrocedió, buscando un camino para huir en su propio apartamento.
—Yo… lo siento, Anya.
No quería presionarte.
Yo pensé… El pánico de Anya se disolvió en una maniobra de supervivencia.
Había fallado en su autocontrol, pero aún podía salvar la situación.
Se levantó rápidamente, rodeó la mesa y se lanzó a los brazos de Gabriel.
—¡No!
—dijo, riendo nerviosamente, su rostro escondido en su cuello—.
¡No, no puedo creer que tardaras tanto en preguntar!
¡Por supuesto que quiero ser tu novia!
Ella lo besó con una pasión que era mitad alivio, mitad desesperación.
Gabriel tardó un momento en reaccionar, pero la calidez de su beso lo convenció.
—¿De verdad?
—preguntó, abrazándola con fuerza—.
Pensé que te había ofendido.
—Me ofendió que lo preguntaras tan tarde —mintió Anya, mirando su barbilla para evitar el contacto visual—.
Ya parecíamos un matrimonio y me tenías en ascuas.
Se abrazaron, y la crisis pasó.
La mesa de la cocina se había convertido en el escenario de su primer fracaso subconsciente.
Pasaron la siguiente hora en el sofá del apartamento de Gabriel, planificando su “noviazgo” con la seriedad de dos adolescentes.
La paz de Gabriel era la confirmación del Día 1, y Anya, aunque aterrorizada, se permitió disfrutar del breve respiro.
Gabriel, más relajado, retomó la conversación anterior.
—Entonces, ¿me estabas contando sobre tus estudios?
Es increíble.
Pensé que el interés por la botánica era vocacional, pero me dices que te graduaste en filosofía y estabas por empezar empezar una maestría… ¿en metafísica?
Anya sintió una punzada de ironía.
Su campo de estudio era su verdad.
—Sí.
Estudié filosofía, me especialicé en lógica y causalidad —dijo, sonriendo ligeramente—.
Quiero ir por la maestría en metafísica.
—Metafísica…Primero eras botánica y bibliotecaria y ahora la naturaleza misma del tiempo y el espacio.
Eres una caja de sorpresas, cariño.
¿Qué te atrae tanto de eso?
—Es un tema interesante —dijo Anya, apoyando su cabeza en su pecho.
Su corazón latía con un ritmo tranquilizador y condenado.
—¿Interesante?
Yo solo veo ecuaciones complicadas y personas discutiendo si el libre albedrío existe o no.
—Exacto —respondió Anya, cerrando los ojos.
Era la única verdad que podía compartir—.
Entender la naturaleza de la causalidad, si el futuro ya está escrito o si nuestras decisiones realmente dictan el cambio… bueno, digamos que me apasiona.
—Ni me imagino.
Pero me encanta que seas tan inteligente.
Aunque si me preguntas, creo en el destino que nos puso a ambos en esa cafetería.
Anya se rió, su voz sonando dulce y falsa.
—Yo también, mi amor.
Yo también.
Se fueron a la cama.
Gabriel se quedó dormido rápidamente, agotado por el éxito del día y la intensidad de la propuesta.
Anya se quedó despierta, mirando la oscuridad.
El destino había respondido de nuevo: El atropello había sido desviado por el choque del taxi, pero ahora un nuevo final, aun mas absurdo e inesperado, acechaba a Gabriel en el Día 3.
Anya cerró los ojos, el miedo se había ido.
Solo quedaba la certeza de su misión.
Sabía que, a la mañana siguiente, al despertar, amanecería en el Día 1.
Y ella, como su novia, tenía el deber de impedirlo.
De lo contrario… Gabriel morirá en tres días.
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