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3 dias para morir - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Capítulo 20 El Sacrificio
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20: Capítulo 20: El Sacrificio 20: Capítulo 20: El Sacrificio La noche se cernía sobre el apartamento de Gabriel, pero Anya no sentía la necesidad de huir.

Había sobrevivido al Día 2.

El entierro, el calvario en coche, el dolor palpable de Gabriel, todo había pasado.

La medianoche marcó el Día 3, el día final, Anya despertó con el suave aroma de café y algo que olía deliciosamente prohibido.

Se frotó los ojos y encontró a Gabriel junto a la cama, radiante.

—Sé que no es lo más saludable, pero también necesitamos proteína, ¿no crees?

—dijo con amable sonrisa, ofreciéndole un plato con huevos fritos.

Anya sonrió aliviada.

Era un gesto simple, la ruptura de la ridícula dieta, pero significaba que Gabriel estaba feliz y tranquilo.

Lo besó y agradeció el gesto.

Mientras ella desayunaba, Gabriel se sentó a su lado, tomando su mano.

—Gracias, de verdad.

Sé que no fue fácil para ti.

Ver que la muerte de mi ex me afectó, acompañarme…

Sé que ella no fue buena contigo.

Ni te imaginas, pensó Anya en silencio, el recuerdo de las gélidas amenazas de Raquel y la visión del cuchillo pesando en su conciencia.

Pero solo sonrió.

—Te agradezco que estés a mi lado, Anya, tan amable y comprensiva.

Si no te molesta, hoy no quiero hacer nada.

Solo pasar el día en cama contigo, ver una serie y hacerte el amor, nada más.

Anya sonrió por dentro.

Eso descarta al menos 562 de las posibilidades, pensó.

Un día de reposo en casa era la defensa más efectiva.

—Claro, amor, lo que gustes.

El día transcurrió en una burbuja de normalidad.

Entre películas, sexo y botana —palomitas y patatas fritas que rompían por primera vez la “dieta” de Anya— la atmósfera era de felicidad pura.

Gabriel estaba feliz con su novia.

Anya se encontró en una vigilancia constante, pero sutil.

Vigilando que él no se ahogara con palomitas, que no resbalara en el baño, que no se infartara durante un orgasmo.

La muerte no llegaba.

Habían pasado casi dieciocho horas del Día 3 y el peligro parecía haberse disipado, las horas avanzaban en extraña paz.

Eran las 10:00 de la noche, y la calma se había instalado.

Estaban acurrucados en el sofá viendo una comedia romántica cuando un estruendo rompió toda la calma.

La puerta del apartamento se abrió de golpe, golpeando la pared.

El padre de Raquel irrumpió en el departamento, visiblemente alcoholizado y con un arma en la mano.

Anya sintió un golpe de aire helado.

Anya supo en ese momento quién sería el verdugo de este ciclo.

El señor Rivera apuntó directamente a Gabriel, que de inmediato se puso de pie, interponiéndose entre Anya y cualquier posible daño.

El señor Rivera no dejaba de gritar.

Su rostro, antes lleno de noble dolor en el cementerio, era ahora una máscara de ira y alcohol.

—¡Fue por ti!

¡Por ti es que no pudo seguir viviendo!

¡No es justo!

Gabriel intentó razonar, levantando las manos.

Anya se movió con la velocidad del instinto, interponiéndose entre Gabriel y el arma.

Él intentó quitarla de en medio, pero ella se aferraba al suelo como enraizada entre él y la muerte.

—¡Señor Rivera, por favor, escúcheme!

—gritaba Gabriel.

—¡Es su culpa!

¡Ustedes la condenaron!

—balbuceaba el señor, la pistola temblando.

Por un momento, bajó el arma, su rostro se llenó de una tristeza abrumadora.

—Lo siento, de verdad lo siento.

Sé que Raquel jamás habría querido hacerte daño.

Esa frase golpeó en seco a Anya, que la había visto en sus visiones asesinando a Gabriel a puñaladas.

Pero el tiempo era oro, no había espacio para la ironía.

Decidió ignorar al señor Rivera y mirar a Gabriel a los ojos.

Se puso de frente a él, dando la espalda al tirador ebrio.

—Gabriel, mírame —susurró, con una urgencia desesperada—.

Todo va a estar bien.

1 segundo…

3 segundos…

5 segundos.

Gabriel le aseguró lo mismo a Anya, su rostro lleno de terror y amor.

—Solo está alterado, cariño.

Estaremos bien.

10 segundos.

El mundo se desgarró como cristal estallando.

Anya cayó en el abismo del futuro.

Día 1: Gabriel, solitario, en una cama de hospital.

Su rostro pálido, conectado a tubos.

Anya no estaba a la vista.

Día 2: Gabriel, solo, en la cama del hospital.

Convaleciente, con una expresión de dolor insoportable.

Día 3: Paro cardiorrespiratorio.

Gabriel muere solo en la cama del hospital.

Anya regresó de golpe a la realidad, pensando: ¿Qué pasó?

¿Dónde carajos estoy yo?

La visión la había dejado fuera, la había silenciado.

Mientras pensaba, un estruendo.

Un disparo.

Un dolor punzante e indescriptible se encendió en su espalda.

La bala la atraviesa limpiamente cerca del hombro y se incrusta en el pecho de Gabriel.

Un segundo disparo.

El señor Rivera se suicida.

Anya y Gabriel caen desmayados, ella por la conmoción y el dolor agudo, él por el impacto de la bala.

Los vecinos, alertados por los disparos, llaman a emergencias.

El apartamento es una escena del crimen.

Anya está herida, pero viva.

Y Gabriel, salvado del tiro final por el sacrificio de Anya, ahora enfrenta una sentencia más cruel, la muerte no lo deja ir, solo a prologando su agonía.

Gabriel morirá en 3 días.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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