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3 dias para morir - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Capítulo 5 La Negociación de la Piel
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5: Capítulo 5: La Negociación de la Piel 5: Capítulo 5: La Negociación de la Piel La caminata de vuelta al apartamento de Anya fue silenciosa y tensa.

La mano de Gabriel, que antes se sentía protectora, ahora era seca y caliente llena de confusión.

Había visto el miedo de Anya, pero no entendía su urgencia.

Una vez dentro, Gabriel se giró, su expresión era de frustración contenida.

—¿Qué demonios te dijo Raquel?

¿Por qué estás tan molesta con que vaya a esa reunión?

No soy un niño, Anya.

Anya se quitó su abrigo, sintiendo el peso de la verdad que no podía soltar.

Gabriel no estaba enojado, estaba cuestionando la conexión que habían creado.

—Lo siento.

No quiero ser una loca controladora…como ella —dijo Anya, caminando por la sala para evitar que sus ojos se cruzaran—.

Pero esa mujer… te está haciendo daño, Gabriel.

Es tóxica.

Y la reunión, ella quiere que sea en tu apartamento.

Es la trampa perfecta.

Gabriel suspiró, pasándose la mano por el cabello.

—Raquel está loca, eso lo sé.

Y estoy en el proceso de desvincularme de ella, créeme.

Pero la reunión no es solo con ella, es con el señor Dubois.

Es la ballena gorda, Anya.

Un cliente de bienes raíces que tiene proyectos recurrentes, que paga muy bien y que confía en mi trabajo.

Si falto, pierdo más que un contrato, pierdo reputación.

Anya sintió que el mundo se le caía.

La reunión, su negativa provocaba la ira de Raquel y llevaba al asesinato que había visto.

Si lo obligaba a faltar, el destino simplemente encontraría otra manera, quizás una menos predecible.

Tenía que permitirle ir, pero controlar el entorno.

—Entonces… ¿vas a ir?

—preguntó Anya, sintiéndose derrotada.

—Tengo que ir.

Es una hora, máximo dos.

¿Qué tal si… cambio el lugar?

—dijo Gabriel, su mente buscando una solución intermedia—.

Puedo pedirle a Raquel que nos veamos en la oficina del cliente, en el centro.

Así no está en mi apartamento.

Anya sintió un pequeño rayo de esperanza.

Una oficina pública, con gente.

Eso complicaba una escena de celos, pero la furia contenida de Raquel, ese día 1 es el que define todo.

—¿Y ella aceptará?

—Tendrá que hacerlo.

Le diré que mi calefacción está rota, o que no quiero que mis “asuntos personales” interrumpan un negocio.

La solución era imperfecta, pero era lo mejor que conseguiría.

Lo mantendría alejado de la escena del crimen.

Anya se acercó a Gabriel.

El deseo que sentía por él era ahora inseparable de su necesidad de control.

Tenía que asegurarlo.

Tenía que darle una razón más fuerte para volver que su negocio.

—Está bien —susurró, poniendo sus manos en el pecho de él.

Sus dedos jugaron con la tela de su camiseta—.

Ve.

Haz tu trabajo.

Pero tienes que prometerme dos cosas.

Gabriel la miró, cautivado por el cambio repentino de su humor.

—Dime.

—Primero —dijo Anya, empujándolo suavemente hacia la pared, recreando la postura de su primer beso manipulado—.

Tan pronto como termines, en cuanto cierres ese trato, vienes aquí.

Directo a mi apartamento.

Tienes que contarme cada detalle, porque no confío en esa mujer.

—Trato hecho.

¿Y la segunda?

Anya se acercó aún más, inclinándose hasta que sus labios rozaron la oreja de él.

Su voz se volvió un aliento sensual, una promesa que sabía que él no podría rechazar.

—La segunda es la paga.

Después de que me cuentes cada detalle de tu éxito en la reunión; Quiero que me hagas el amor hasta el amanecer.

Quiero que te olvides de Raquel, de los clientes, de los camiones y de la botánica.

El rostro de Gabriel se transformó.

La frustración se desvaneció, reemplazada por un deseo profundo e innegable.

La manipulación de Anya fue magistral.

Le había dado permiso para ir a su reunión y, a cambio, le había ofrecido una recompensa que le garantizaba que volvería sin falta y que estaría ocupado y rendido a medianoche.

—Anya, eres increíble —murmuró Gabriel, su voz ronca.

La besó con una intensidad que casi la hizo tropezar.

Ella respondió, aferrándose a él, sabiendo que este beso era un seguro de vida.

—Entonces, ¿puedes ocuparte de la mudanza de la reunión ahora?

—preguntó Anya, separándose solo lo suficiente para respirar.

Gabriel asintió.

Sacó su teléfono y con una velocidad sorprendente, reorganizó la reunión de la noche siguiente.

Anya escuchó fragmentos: “Sí, Dubois, la oficina es mejor…

no quiero que Raquel interfiera…

sí, a las 7:00 p.m.

allí.” —Bueno, asunto resuelto.

Ahora tengo que irme, cariño.

—¿Adónde vas?—preguntó Anya, sintiendo que el pánico regresaba con fuerza.

—La reunión es mañana por la noche, y necesito preparar la presentación.

Todos mis archivos, mis planos, todo está en mi apartamento.

Necesito ir y ajustar detalles, pasar la noche allí para asegurarme de que todo esté perfecto para Dubois y para mantener a raya a Raquel si aparece antes de tiempo.

Anya sintió una punzada aguda de terror.

Su apartamento.

El lugar de la primera visión.

Ella había movido la reunión, pero no podía evitar que él durmiera allí.

—No.

Por favor, quédate —suplicó, su voz apenas un murmullo.

—No te preocupes.

Estoy a salvo.

El peligro era la reunión con ella, ¿no?

Ya moví la reunión a un lugar público.

Mañana por la noche, tan pronto como cierre el trato, vengo a ti.

Lo prometo.

Prepárate para la mejor paga de tu vida.

Gabriel se inclinó, le dio un beso rápido en los labios y salió por la puerta.

Anya se quedó sola en la sala.

El apartamento se sentía inmensamente vacío y frío.

Había ganado una batalla, moviendo la trampa de Raquel, pero había perdido el control total por toda la noche.

Él estaba solo en su apartamento.

La noche se cernía sobre ella, larga y llena de miedo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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