3 dias para morir - Capítulo 6
- Inicio
- Todas las novelas
- 3 dias para morir
- Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 La Ley del Reloj Roto
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
6: Capítulo 6: La Ley del Reloj Roto 6: Capítulo 6: La Ley del Reloj Roto Anya despertó sola en su cama.
El sol no había salido del todo.
Hoy era el Día 2 para Gabriel, el día de la muerte que había visto en la cafetería.
Para Raquel, era el Día 1 Cuando nace el plan de su venganza.
Gabriel se había ido en mitad de la noche.
Anya se obligó a levantarse.
Sabía que él estaba en su apartamento, a salvo de un ataque inmediato, pero eso no la tranquilizaba.
Anya pasó la mañana en un estado de nerviosa inacción.
No podía llamarlo.
No podía ir a su apartamento.
Solo podía esperar.
—No tienes control —se dijo a sí misma, caminando de un lado a otro.
Había confiado en el deseo de Gabriel y en la oficina pública para salvarlo.
La tarde se arrastró.
A las 6:45 p.m., Anya se sentó frente al televisor, pero no veía nada.
La hora se acercaba.
¿Habría Raquel encontrado una forma de asesinarlo en la oficina de Dubois?
¿Un arma escondida?
A las 7:00 p.m., la hora de la reunión.
Silencio.
Anya cerró los ojos y se permitió respirar lentamente.
A las 9:15 p.m., el sonido del mensaje la hizo saltar.
Gabriel: Cliente asegurado.
El trato está cerrado.
El diseño de jardines para el nuevo condominio es mío.
Voy en camino.
Prepárate para cobrar la deuda, que te necesito.
El alivio la inundó Veinte minutos después, la puerta se abrió.
Gabriel entró en el apartamento, con el cuello de la camisa desabrochado y una sonrisa agotada pero triunfante.
Era un hombre con un éxito recién horneado.
—Lo hicimos, Anya.
Tú y yo —dijo él, tirando las llaves sobre la mesa.
—¿Cómo te fue?
¿Y Raquel?
—preguntó Anya, acercándose, sin atreverse a tocarlo aún.
Gabriel se rio, pero había un matiz de furia en su voz.
—El cliente, el señor Dubois, es oro.
Un gran cliente de bienes raíces que siempre confía en mi trabajo.
Cerramos un acuerdo enorme: no solo yo diseñaré todos los jardines del nuevo condominio exclusivo, sino que la familia de Raquel, que provee esculturas, también tiene su parte del negocio.
La reunión fue un éxito total.
—¿Y ella?
Gabriel suspiró, su rostro se ensombreció.
—Justo cuando cerramos el trato, con Dubois felicitándonos… Raquel hizo una locura.
Literalmente.
Me agarró.
Anya sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Qué hizo?
—Intentó besarme.
Delante de Dubois.
¡Delante de un cliente de millones!
Le pregunté: “¿En qué rayos estás pensando?” Estaba roja de furia y humillación, porque me quité.
—¿Y el cliente?
—El señor Dubois estaba claramente incómodo.
Dijo: “Bueno, es obvio que tienen asuntos que arreglar, les pido de la manera más atenta que no lo hagan en mi oficina.” Me disculpé diez veces y salí de allí lo más rápido que pude.
Raquel me siguió hasta el ascensor gritando que me arrepentiría.
Anya sintió una explosión de terror: Gabriel había rechazado a Raquel, eso la alegraba sin duda, pero también es detonante, lo que confirmaba la traición que la ex había sentido en la visión.
—No tienes que preocuparte por ella.
No te tocará —dijo Anya con firmeza.
Gabriel la abrazó.
—Estoy agotado.
Ahora, la recompensa.
Estoy desesperado.
Anya lo miró.
Él era perfecto.
La maldita sentencia seguía siendo la misma.
Podía permitirse verlo de nuevo, solo tenia que ser valiente y analizar la visión, quizá encontraría pistas para impedir el futuro Anya lo atrajo con suavidad, y sus ojos se encontraron de nuevo, intencionalmente, profundamente.
Un segundo.
Dos segundos.
La calidez.
La conexión.
Siete segundos.
Ocho segundos.
La sonrisa de Gabriel se hizo más grande, más tierna.
Nueve segundos.
Diez segundos.
Nada.
No hubo chasquido.
No hubo visión.
Solo la cara de Gabriel, sonriente y cansada.
Anya parpadeó.
Un escalofrío helado la recorrió, más intenso que la visión de cualquier muerte.
Igual que con el viejo hace años.
Recordó el incidente de un anciano en la calle cuyo futuro había visto sin querer, un infarto al tercer día.
Es la única vez que Anya se había permitido ver a la misma persona dos días seguidos, cuando Anya lo miró al día siguiente, no vio nada.
La verdad golpeó a Anya con la fuerza de un martillo.
La regla de su poder no era solo ver tres días.
Era: Si no hay al menos tres días de vida por delante, no hay visión.
El futuro es una página en blanco.
Anya había desviado el ataque de Raquel, sí, pero no lo había salvado.
La muy descarada intento besar a Gabriel aun delante de su mejor cliente.
El reloj de Gabriel ya no marcaba tres días.
La muerte ya estaba en camino, llegaría al día siguiente.
Y ahora ella no tenía forma de ver cómo.
Su alegría por la victoria se convirtió en horror.
—¿Qué pasa, Anya?
—preguntó Gabriel, preocupado por su repentina rigidez.
Anya forzó una sonrisa, ocultando su pánico total.
—Nada.
Solo, bésame.
Pero mientras lo besaba con una desesperación renovada, sabía la verdad: ya era el Día 2.
Y no había logrado nada.
La muerte llegaría antes de que pudiera volver a verlo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com