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3 dias para morir - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 La Confesión Bajo el Agua
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8: Capítulo 8: La Confesión Bajo el Agua 8: Capítulo 8: La Confesión Bajo el Agua Anya se despertó al primer indicio del sol.

La vida era dulce y el sueño era pesado, pero el calor de Gabriel a su lado no era un refugio, sino una carga.

Él roncaba suavemente, ajeno a que el tic-tac de su reloj interno se había silenciado, dejándola a ciegas ante la muerte que se acercaba.

Hoy era el Día 1 del nuevo ciclo.

Se deslizó fuera de la cama con el corazón encogido por la traición del destino.

Besó la frente de Gabriel, sintiendo la suavidad de su piel y la fragilidad de su existencia.

No podía perder ni un segundo en pánico.

Entró al baño y encendió el agua.

Dejó que el chorro caliente golpeara su rostro, esperando que la temperatura eliminara la fría certeza de la visión del veneno.

Por primera vez desde que conoció a Gabriel, no pudo contener la frustración.

Las lágrimas, silenciosas y amargas, se mezclaron con las gotas de agua.

—De nuevo el Día 1 —murmuró, su voz apenas audible bajo el ruido del agua—.

De nuevo el puto destino quiere robarme a Gabriel en tres días.

La rabia y la impotencia eran una mezcla tóxica.

¿Por qué?

Había evitado un accidente.

Había esquivado un asesinato pasional.

Había sido meticulosa, desesperada.

¿Y de qué servía?

—¿Por qué sigue pasando esto?

—preguntó al espejo empañado—.

¿Por qué no puedo simplemente ver tres días de nosotros haciendo el amor en su casa, de risas, de futuro normal?

El problema, se dio cuenta, no era el destino, era ella.

Amar.

La palabra resonó en la pequeña habitación, y el miedo ancestral la invadió.

Su habilidad, la maldición que la había convertido en una ermitaña social, le había enseñado a no amar.

Ver el futuro significaba ver la infidelidad, la duda, la traición… o la muerte.

¿Quién querría esa intimidad con la fecha de caducidad pegada a la frente?

Y ahora estaba aquí, tratando de salvar una y otra vez al hombre que… ¿Que amaba?

¿O era necedad?

La duda la golpeó con la fuerza de una ola.

¿Había bajado la guardia con Gabriel porque su sonrisa era tan genuina, o porque verlo en peligro era el desafío que su poder había estado esperando?

¿Se había enamorado de él, o de la misión de salvarlo?

¿Era ella queriendo cambiar al puto destino, demostrando que lo que veía, no tenía que pasar?

¿Era esa adrenalina de ganar lo que la mantenía viva?

El pensamiento fue un vacío aterrador.

¿Y si él era solo el medio para que ella se sintiera poderosa, no el fin?

Anya golpeó un muro de la regadera con el puño.

El dolor fue bienvenido.

—¡No!

¡No pienses tonterías, Anya!

Se obligó a mirar su reflejo borroso en el espejo empañado.

Sus ojos, antes llenos de lágrimas, ahora ardían de una determinación férrea.

Era una elección, una confesión hecha bajo el agua caliente.

—Tú lo amas —dijo con voz firme, haciendo un juramento—.

Lo amas.

Y lo vas a salvar toda tu maldita vida si es necesario.

Para que él viva la suya a tu lado.

No importa si tengo que seguir reiniciando el reloj.

La catarsis duró un momento.

El miedo se había ido, reemplazado por la convicción.

Había que actuar.

El reloj corría, y hoy era el Día 1.

Salió de la ducha, secándose con la intensidad de un soldado.

El chocolate.

La muerte por envenenamiento en sus propios brazos.

El veneno en su propia casa.

Tenía que volver a la fuente.

Tenía que eliminar la posibilidad.

Tenía que asegurarse de que, si el destino había envenenado una barra, no pudiera llegar a él.

Anya se vistió rápidamente.

Su cuerpo se movía con una precisión que no había tenido en días.

Si el destino la había arrinconado, ella se convertiría en la más peligrosa de sus adversarias.

Gabriel aún roncaba.

Anya caminó hacia la cocina, su mente enfocada en un nuevo plan, de una u otra forma debía evitar que ese chocolate llegara a manos de Gabriel.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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