3 dias para morir - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 El Nuevo Ciclo
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9: Capítulo 9: El Nuevo Ciclo 9: Capítulo 9: El Nuevo Ciclo Cuando Gabriel despertó, Anya lo recibió con un beso tierno y una sonrisa radiante.
—Buenos días, mi paisajista exitoso —dijo ella.
—Buenos días.
¿Tan feliz por el éxito de anoche?
—preguntó él, sonriendo.
—Mucho.
Y por eso, he decidido que tenemos que hacer un cambio drástico.
Se sentaron a desayunar, Anya solo preparó frutas y avena, lo más saludable posible.
—Te propongo un desafío —dijo Anya, mirándolo con un brillo conspirador, usando la atracción como palanca—.
Una semana.
Los dos, a dieta estricta.
Cero dulces, cero chocolates, cero comida chatarra.
Necesito tu ayuda para lograrlo.
Si no estas a mi lado apoyándome, será muy fácil caer, quiero hacer esto y preferiría que lo hiciéramos juntos.
Gabriel la miró con diversión.
—¿Y cuál es el premio por esta penitencia?
—El premio soy yo, enfocada cien por ciento en ti, si libramos esa semana, podrás hacerme lo que quieras.
Pero hay una condición más —dijo, usando un tono de súplica traviesa—.
Pasaremos la semana en tu apartamento.
Es más grande.
Es un cambio de ambiente para mí, además, será más fácil saber que no hacer trampa, no quiero que cuando regreses de trabajar, tus besos sepan a chocolate o a grasa.
Necesito de ti, de tu presencia y de tu fuerza de voluntad, para poder lograrlo.
El plan era perfecto.
Al sugerir una semana en su casa, no solo eliminaba el peligro de su propio apartamento (la escena del crimen de la visión), sino que también se aseguraba de que el entorno de Gabriel estuviera bajo su control directo.
Gabriel sonrió, encantado por la exigencia.
—Un poco de dieta y una semana contigo en mi apartamento.
Acepto.
Pídelo y lo tienes, cariño.
Salieron a la ciudad para desayunar en un café.
Anya pidió una ensalada, siguiendo con su mentira de “dieta estricta”.
De vuelta en el coche de Gabriel, ella se mantuvo tensa, pero permitió el viaje, sabiendo que el peligro de accidente ya no era inminente, sino que la muerte estaba programada para más tarde.
Llegaron al apartamento de Gabriel.
Era amplio, lujoso y lleno de ventanales con vistas a la ciudad.
No había señales de Raquel.
—Tengo que ir a la oficina de Dubois.
Me pidió que pasara a discutir unas ideas que tuve en la reunión de anoche —dijo Gabriel, besándola—.
Vuelvo en un par de horas.
Siéntete libre de hacer lo que quieras.
Y por favor, no prepares nada que yo no pueda comer, vamos con todo con esta dieta.
Anya se quedó sola.
Era el Día 1 en la guarida del león.
Rápidamente revisó la cocina.
Todo estaba limpio, minimalista, sin rastro de dulces ni chocolates.
Se sintió segura.
El veneno no llegaría hoy.
Cuando Gabriel regresó, ella lo recibió con una deliciosa y balanceada comida.
Él sonrió, la besó y suspiró.
—Puedo acostumbrarme a esto.
Eres la mejor jefa de dieta y la mejor cocinera que he tenido.
Compartieron la tarde entre el trabajo de él y las caricias de ella.
Cuando la noche cayó, Anya sintió que el peligro se desvanecía.
Había destruido la posibilidad y controlado el entorno.
¿Lo había logrado?
Era hora de la confirmación.
Mientras miraban una película en el sofá, Anya se acercó a Gabriel, acurrucándose en su pecho.
Él la miró con amor y ternura.
—Gracias por esta locura de la dieta, Anya.
Se que nos hará muy bien a los dos.
Anya lo miró.
¿Sería tan fácil alejar esa barra de chocolate?
Tal vez, si esa hubiera sido toda la amenaza.
Pero la muerte era un espectro, no un objeto.
Tenía que saber.
Sus ojos se encontraron, sin miedo, sino con la urgencia de una vida que pendía de un hilo.
Un segundo.
Dos segundos.
La calidez, la conexión.
Ocho segundos.
Nueve segundos.
Diez segundos.
El chasquido regresó, fuerte y claro.
La visión irrumpió, mostrándole dos días de futuro perfectamente normal.
Dia 1: lleno de risas, comida balanceada y sexo.
Día 2: Gabriel desayuna verduras, va a trabajar y regresa a casa temprano.
Se quedan en el apartamento a ver un maratón de películas, cumpliendo la dieta.
Día 3: Gabriel, sintiéndose en forma y saludable, decide seguir con el cambio de hábitos: “Iré al trabajo a pie y no en auto, para ejercitarme”, dice en la visión.
Se pone sus zapatillas de deporte.
Gabriel camina por la acera, sonriendo, con su mochila al hombro.
Está a una cuadra de su trabajo, en la esquina de un cruce.
En un instante, un coche que pasa la luz roja se desvía bruscamente.
El impacto es seco y brutal.
Gabriel es atropellado y arrojado contra la calle.
Muerte instantánea.
El reloj se detiene.
Anya regresó a la realidad con un gemido.
Su cuerpo temblaba incontrolablemente sobre el pecho de Gabriel.
Él seguía vivo, pero la sentencia era clara.
Había roto el ciclo, sí.
Pero solo para que el destino pudiera burlarse de ella y empezar uno nuevo, más allá de su control.
El nuevo Día 3, un atropello en su camino al trabajo.
Al amanecer la sentencia seria la misma de antes… Gabriel morirá en 3 días.
El miedo de Anya se convirtió en furia.
Tendría que salvarlo, una vez más, Ahora de una vida saludable.
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