3 Rechazos Antes de Convertirme en la Obsesión del Rey Alfa - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 CAPÍTULO 10 No te pareces en nada a tu madre
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10: CAPÍTULO 10 No te pareces en nada a tu madre 10: CAPÍTULO 10 No te pareces en nada a tu madre Lilith
Me pongo de pie y me dirijo a la cocina para poder tener esta conversación en privado, pero me siguen.
Todos, incluso el maldito médico.
Camino de un lado a otro delante del frigorífico mientras mi padre me llama de todo.
Me maldice e intenta hacerme sentir inferior, solo que esta vez, me niego a permitírselo.
Ethan y Kael me observan como si fuera una telenovela en vivo y en directo.
Me sorprende que no hayan preparado palomitas para ver el espectáculo.
Ethan le da un codazo a Kael.
—¿Con quién está hablando?
Kael lo hace callar, llevándose un dedo a los labios, pero eso no calla a Ethan.
—¿Le ha prendido fuego a una casa?
—Cállate —sisea Kael—.
Estoy intentando oír lo que pasa.
Ethan se pasa los dedos por los labios de forma dramática, como si se los cerrara con una cremallera, y me hace un gesto para que continúe mi conversación.
Estoy tan absorta en su forma de mirarme que me he perdido de qué está gritando mi padre ahora.
—¿¡ME ESTÁS ESCUCHANDO!?
—ruge a través de los altavoces.
—Sí —mascullo, dándole la espalda a mi público—.
Estás muy molesto porque la casa de mamá, mi casa, se incendió, pero ya te lo he dicho.
No sé nada de eso.
Kael resopla de risa y le susurra algo a Ethan que le hace hacer lo mismo.
Les lanzo una mirada asesina por encima del hombro.
—No era tu casa.
—Era mi casa —grito—.
Mamá me la dejó a mí.
Tú lo sabías, Vanna lo sabía y la manada lo sabía.
—Me lo pagarás —gruñe—.
Por todo lo que se perdió en ese incendio.
Resoplo.
—Eso es muy propio de ti, preocuparte solo por el valor monetario de la casa y no por la casa en sí.
¿No te entristece que los recuerdos de esa casa hayan desaparecido?
¿Los momentos que pasamos juntos como familia?
—No sé cómo te has vuelto tan egoísta —me espeta de nuevo—.
No te pareces en nada a tu madre.
Ella estaría avergonzada de la persona en la que te has convertido.
—¡Que te jodan!
—Las palabras brotan de mis labios antes de que pueda detenerlas.
—¿Ves?
—se ríe mi padre con sarcasmo—.
Eres una deshonra.
La rabia crece en mi pecho ante esas palabras.
Él sabe que me he esforzado por ser como ella toda mi vida.
Cierro el puño a mi lado y lo estrello contra la encimera que tengo delante.
—Me alegro de que ardiera —siseo finalmente—.
Es mejor verla en cenizas que dársela a un asesino.
Vuelve a gruñir a través del altavoz.
—¿A quién exactamente estás llamando asesino?
Seguramente, no a tu madrastra o a Serene.
Bajo la voz, esperando que Kael no me oiga quebrarme.
—Justo después de que mamá muriera, dijiste que solo había sido un horrible accidente.
Una vez intentaste consolarme.
Luego, cambiaste.
¿De verdad crees que fue un accidente?
—Ahora no es momento de cambiar de tema.
—No —lo interrumpo—.
Creo que es el momento perfecto, porque durante años, lo único que has hecho ha sido culparme.
¿Siquiera intentaste descubrir la verdad?
¿O simplemente te conformas con llamarme asesina?
—Lilith —me advierte, pero yo sigo.
—Sí, ya sé que has pasado página.
Te olvidaste de mi madre en cuanto Vanna te abrió las piernas.
El egoísta eres tú, no yo.
—Cuida tu tono cuando me hables.
Soy tu padre y tu Alfa.
Me río, y el sonido sale agudo y extraño.
—Ya no soy la hija a la que puedes mangonear.
Ya no puedes usarme de saco de boxeo cuando estás enfadado.
Ya no puedes controlarme con la culpa y la rabia.
—Estás tomando una decisión peligrosa —me advierte mi padre.
—¿Ah, sí?
—vuelvo a reír—.
Aléjate de mí, porque seré peor de lo que jamás hayas imaginado.
Cuelgo y estrello el teléfono contra la encimera, y agarro la taza de café a mi derecha.
Mis manos tiemblan mientras me la llevo a los labios.
La dejo, con más fuerza de la que pretendía, y la taza se hace añicos en mi mano, cortándome la palma.
Kael cruza la cocina y me envuelve la mano en un paño de cocina.
Su rostro está en parte preocupado y en parte divertido.
—Así que, sin más.
Has decidido que nunca volverás a casa.
Resoplo.
—Lo decidí hace años.
Solo que hasta ahora no he sido lo bastante valiente para irme.
Kael y yo nos quedamos en silencio un momento mientras Ethan e Ian salen de la cocina.
—Sé lo que estás pensando —masculla, inspeccionando el corte de mi mano.
—Puedo asegurar con toda certeza que no.
Me sostiene la mirada.
—No eres una prisionera aquí.
Eres libre de irte, pero me gustaría sugerirte algo.
Se me corta la respiración y mis hombros se tensan.
—¿Qué es?
—Quédate.
—¿Quedarme?
—Sí —continúa—.
Quédate aquí conmigo.
Es obvio que se te dan bien las heridas, y yo tengo varias que necesitan ser atendidas.
A cambio, te daré un lugar donde quedarte.
Aquí estarás a salvo.
Ni siquiera tu padre podrá alcanzarte.
La oferta es tentadora.
Cuando me declaré renegada, había asumido que iría a casa de mi madre, pero ahora ese plan se ha hecho literalmente humo.
—¿Tendría mi propia habitación?
—pregunto.
Kael sonríe con suficiencia, y esa visión hace que me tiemblen las rodillas.
—¿Quieres tu propia habitación?
—Sí —respondo demasiado rápido.
—Entonces puedes tener tu propia habitación.
Mis hombros se relajan un poco.
—¿Y mi ropa?
Lo estropeé todo para hacerte vendajes.
—Puedes usar la mía.
—Arrugo la nariz y él se ríe entre dientes—.
Vale, te compraré algo de ropa.
¿Tenemos un trato?
Extiende su mano para que la estreche.
Miro su mano y luego sus ojos.
Sé que si acepto quedarme aquí con él, es posible que se repita lo que pasó en el suelo de la entrada, y no estoy segura de tener la fuerza suficiente para rechazarlo.
—Bueno, mujer misteriosa —interrumpe mis pensamientos—.
¿Qué va a ser?
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