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4 Alfas Quieren a la Luna sin Lobo - Capítulo 120

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120: Capítulo 120 Girando a través del dolor 120: Capítulo 120 Girando a través del dolor Punto de vista de Lyra
Fingir que todo era normal durante el comienzo de la semana fue como tragar cristales.

Cada sonrisa que forzaba, cada conversación casual en la que participaba, abría heridas más profundas en mis emociones, que ya estaban a flor de piel.

Nyx no dejaba de insistir en que Alaric entraría en razón con el tiempo, que se daría cuenta de su error.

Su optimismo chocaba con mi cinismo, sobre todo porque todavía podía ver la mirada salvaje e indómita en sus ojos cada vez que Octavia estaba cerca.

La idea de ellos dos juntos se convirtió en el tormento principal de mis noches en vela.

Todos los sueños empezaban de la misma manera: una fantasía ardiente en la que Alaric y yo nos encontrábamos solos en las duchas del centro de entrenamiento.

El vapor se enroscaba a nuestro alrededor mientras sus manos exploraban mi cuerpo, y yo podía verlo todo reflejado en el espejo de la pared que teníamos detrás.

Su musculosa espalda se flexionaba mientras se movía contra mí, y yo me arqueaba contra él, perdida en la sensación.

Pero justo cuando el placer alcanzaba su punto álgido, justo cuando echaba la cabeza hacia atrás en éxtasis, el reflejo cambiaba.

De repente, no era yo quien estaba debajo de él, sino Roxanne, con su sonrisa cruel burlándose de mí a través del cristal.

Me encontraba atrapada en el lado equivocado del espejo, mis puños golpeaban inútilmente la barrera mientras Alaric continuaba su apasionado asalto sobre ella, completamente ajeno a mis intentos desesperados por alcanzarlo.

Me despertaba cada amanecer empapada en sudor y temblando de rabia y desamor.

Las pesadillas me dejaban irritable y nerviosa, lo que hacía que las sesiones de entrenamiento obligatorias con Alaric y Killian fueran casi insoportables.

Alaric se negaba a mirarme a los ojos; su incomodidad era palpable en la densa tensión que llenaba la sala cada vez que nos veíamos obligados a interactuar.

Al menos a Octavia le habían prohibido la entrada a nuestras sesiones, aunque su ausencia parecía más un respiro temporal que una solución permanente.

Ash también había intensificado mi entrenamiento privado, alegando que había superado lo básico y estaba lista para técnicas avanzadas.

Esto significaba esquivarlo, rodar y saltar por encima de él mientras me atacaba sin contenerse, a pesar de que apenas le llegaba al hombro.

La diferencia de tamaño debería haber sido cómica, pero no había nada divertido en los moratones que decoraban mi cuerpo después de cada sesión.

Para el viernes por la noche, el agotamiento se me había metido en los huesos como una enfermedad.

La noche anterior había conseguido dormir quizá dos horas y había consumido suficiente café para dar energía a una avioneta.

La combinación me dejó inquieta pero aletargada, con los reflejos embotados por la batalla constante entre la cafeína y la fatiga.

Una parte de mí anhelaba nuestro espacio de entrenamiento habitual al aire libre, donde el aire fresco podría haberme proporcionado algo de alivio.

—Esta noche nos centraremos en la patada de gancho giratoria —anunció Ash mientras yo intentaba reprimir otro bostezo—.

Es una técnica de Taekwondo que te permite canalizar todo el peso de tu cuerpo en un único golpe devastador.

Se colocó frente al muñeco de entrenamiento, dio un paso medido hacia delante y luego lanzó todo su cuerpo en un movimiento giratorio.

Su pie impactó en la cabeza del muñeco con tal fuerza que este salió disparado a lo largo de todo el gimnasio y aterrizó con un estrépito resonante contra la pared del fondo.

Me lo quedé mirando, incrédula.

—¿Esperas que yo replique eso?

—Con el tiempo —respondió Ash, encogiéndose de hombros con indiferencia.

—¿Y cuándo exactamente tendría tanto espacio en una pelea real?

—pregunté secamente.

—En circunstancias ideales —dijo, arrastrando el muñeco de vuelta a su posición original—.

O cuando le das la espalda a un oponente.

O cuando estás rodeada y necesitas crear distancia.

—Claro —mascullé, adoptando mi postura defensiva—.

¿Qué sigue?

—Da un paso adelante con el pie de apoyo mientras giras la cadera de la pierna de ataque —explicó Ash, demostrando el movimiento con una precisión fluida.

Imité sus acciones, escuchando atentamente mientras me guiaba a través de cada componente de la técnica.

Para mi sorpresa, tras varios intentos, conseguí golpear al muñeco en el punto exacto donde Ash había asestado su golpe.

El satisfactorio sonido sordo del contacto me produjo un pequeño escalofrío de emoción.

Tras media docena de patadas exitosas, me detuve a recuperar el aliento, apoyando las manos en las caderas mientras me ardían los pulmones.

—Ahora lo incorporaremos al combate —declaró Ash, estudiándome con esos ojos intensos.

—¿Combate?

—jadeé—.

Ash, estoy completamente agotada y…—
Adoptó su postura de combate antes de que pudiera terminar mi protesta.

—Entrenar estando agotada forja el carácter —me interrumpió, comenzando a rodearme como un depredador—.

Tus enemigos nunca te concederán el lujo de descansar.

Si acondicionas tu cuerpo para rendir bajo presión, nunca te fallará cuando más importa.

—Maldita sea —susurré por lo bajo mientras volvía a mi posición.

Su lógica era exasperantemente sólida, y sus métodos de entrenamiento aún no me habían fallado.

Intercambiamos una serie de directos y bloqueos, poniendo a prueba nuestras respectivas defensas.

Entonces Ash maniobró para ponerse a mi espalda, creando la oportunidad perfecta para la nueva técnica que acababa de enseñarme.

Ejecuté la patada de gancho giratoria, y él la desvió de su cara con un gruñido de esfuerzo.

—Excelente —dijo—.

Otra vez.

A pesar de que mis músculos gritaban en protesta, obedecí.

Continuamos nuestra danza mortal, intercambiando golpes y contragolpes mientras mi cuerpo superaba sus límites.

Mi corazón martilleaba contra mis costillas y mi visión empezó a volverse borrosa por los bordes mientras el estrés acumulado de la semana se me vino encima en oleadas.

Las imágenes inundaron mi mente: el brutal ataque de Octavia a mi rodilla, la incesante persecución de Killian, Alaric enredado con Roxanne.

Cada recuerdo alimentaba mis movimientos, convirtiendo mi agotamiento en pura determinación.

Lancé puñetazos con ferocidad creciente, azoté el aire con la pierna con una precisión desesperada y esquivé sus contraataques con movimientos que bordeaban lo salvaje.

Nos movimos juntos en esta violenta coreografía, cada golpe calculado pero feroz, mientras los fantasmas de mi trauma reciente me empujaban más allá de lo que creía posible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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