A short tale about love - Capítulo 97
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97: Elena 97: Elena -¡Eres un maldito!
– la voz enfurecida sé escuchaba a lo largo de los pasillos.
– ¡Ja!
me das risa, eres un niño mimado – el demenor calmado y burlón de la contraparte poseia una presencia incomparable con el encolerizado Carlos.
– ¿Crees que unos meses en entrenamiento y una batalla te dan mayor autoridad?
Eres un bebé en pañales, ¡estas idiota si crees que puedes hacerlo!
– la respiración agitada de Benedek empezaba a notarse, estaba que reventaba de coraje pero trataba de no perder los estribos.
– Al menos yo no me siento a ver pasar las horas sin buscarla – después de decir esto, un puño invisible golpeo su mejilla derecha, su mejilla se sintió caliente, sabor metálico inundó su boca, sonrió irónicamente y sin decir palabras se abalanzó con odio hacia su agresor.
-¡No!
-¡Detenganse!
-¡Carlos!
¡Capitán!
-¡Alto!
Un grupo de jóvenes soldados trataron de detenerlos pero eran máquinas de vapor y testosterona imparables, habían pasado tanto tiempo reprimiendo su disgusto el uno con el otro que era inevitable esta explosión.
– ¿Qué esta pasando?
De pronto, los soldados dejaron a los dos luchadores para saludar solemne a la figura de forma automática.
Benedek y Carlos no se habían percatado hasta que una chica de enfermería que escucho el altercado paso para ver el chisme.
-¡Capitana!
¡Esta viva!
¡Oigan todos es la capitana!
La joven corrió a abrazarla, olvidando lps protocolos de mando, eso no importó a Elena, pronto varios más se acercaron y empezaron a hacer porras, dejando a dos atónitos y ensangretados hombres.
¡Era verdad!
¡Elena!
Se miraron con vergüenza y decidieron aprovechar la distraccion para huir.
– ¡Ey!
¡Alto ahí!
– Ella se habia dado cuenta, de hecho jamás había quitado la vista en ambos.
– ¿A donde creen que van?
– decía mientras caminaba entre la muchedumbre que le abria el paso.
Su aura era intensa, estaba más delgada y su mirada distinta, compleja, infinita.
Se quedaron callados con la cabeza agachada.
– Me voy un tiempo y así es como encuentro las cosas, menos mal que decidí regresar.
¡A las duchas!
No quiero verlos en esas fachas
– ¡Si capitana!
Como cachorros huyeron lejos, la joven solo se rió ante la escena pero luego la tristeza cubrió su rostro.
– Estaban preocupados – dijo una pequeña voz, era la misma enfermera que la abrazo primero.
– Lo se Aylin, pero acabo de llegar, no puedo con esta situación.
Vamos a enfermería, necesito un chequeo.
¡Chicos, a sus puestos!
-¡Si capitana!
El cambio en todos fue contundente, había esperanza y alegría, había regresado su líder de una situación de muerte, si ella podía, ellos también.
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