Academia Edimburgo - Capítulo 11
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11: Capítulo 10 “Aprobamos” 11: Capítulo 10 “Aprobamos” SASHA —¿Ragnar?—Espeté desconcertada.—Creí que estaba en Ciudad Hueso o al menos eso fue lo que dijo él.
—Luego ajustas cuentas con él, ahora debemos de encontrar al último observador—Aila tenía razón, no era momento de sentimentalismos.
Un olor a sándalo invadió mis fosas nasales, era un olor amaderado con un toque cálido, terciolepado y cremoso.
Miré a Aila y ella asintió en respuesta, entendió lo que quise decir.
—Vamos por ese lado, acabo de percibir un extraño olor a sándalo y eso me preocupa.
Los demás se miraron con desconcierto, pero no preguntas ni nada por el estilo, solo asintieron y nos siguieron sin dudar dado que lo mejor es encontrar al último observador antes de que se acabe la hora limite, nos queda poco tiempo y no podíamos desperdiciarlo.
Los muros parecían cobrar vida y adoptaban el olor del sándalo como un rastro para quienes tenían un olfato muy desarrollo como el de un licántropo, era un olor atrayente y difícil de ignorar, además de confundir, porque no pasó mucho tiempo cuando los tres aspirantes que venían detrás de nosotros, ya no estaban.
Lo cual me hizo sospechar que el tercer observante estaba muy cerca de nosotros.
El desafío no era correr hacia donde el olor era más fuerte, sino todo lo contrario.
Leer la cadencia del olor y entender que esa tercera persona que buscábamos lo usaba como un velo, un verdadero Guardián debe de ser capaz de distinguir entre un señuelo y la verdad.
—Percibo el olor a sándalo, es muy intenso y viene de este lado—Señaló Heiner con su dedo índice.
Al dar vuelta a la izquierda por el estrecho y largo pasillo, el olor a sándalo era más y más intenso.
Ese olor era muy extraño que el olor de una planta costosa oliese dentro de una Academia como esta, además no tenía sentido, por lo que no quedó otra alternativa más que suponer que el olor del sándalo era una pista para encontrar a la tercera persona.
—El olor se está disipando—Dijo Heiner en un murmullo.
Nos miramos mutuamente mientras caminábamos con cierta discreción, el aroma fue disipándose de a poco hasta que llegamos a un par de puertas de portón con manijas, tratamos de abrirlas, pero nos fue prácticamente imposible.
—Las puertas no se abren, ¿por qué?—Aila miró con detenimiento las puertas—No tiene sentido, además el olor a sándalo es más intenso en este punto.
Se quedó pensando un poco y entonces lanzó un largo suspiro cargado de cierta frustración.
Cerró los ojos, nos pidió guardar silencio y que hiciéramos lo mismo.
No corrimos, no peleamos y mucho menos nos separamos.
Solo había que poner atención al sonido del viento, seguir la pulsación del sándalo hasta el centro exacto hasta el centro exacto del círculo que estaba en ruinas y tenía ese olor a abandono entremezclado con el sándalo.
—Sé a quién le pertenece ese olor—Abrí los ojos de golpe al oír la voz de Aila.
—¿A quién?—preguntamos todos a la vez.
—Sonja Crown…
El eco del sonido de las ruedas de la silla resonaban por todo el espacio, el solo escuchar las ruedas de una silla de ruedas como tal, era una de las cosas con las que menos quería lidiar.
Además…
¿Por qué Sonja Crown era parte de la última prueba?
No lo entendía en absoluto.
¿Acaso ella quería ver cuán fuerte o débil era Aila para poder sobrellevar las pruebas?
Era posible, porque Sonja Crown no era alguien que tuviera compasión, menos por su propia hija.
El verla entrar al círculo en ruinas, me hizo estremecer de una forma sin igual.
El miedo, el recuerdo de haber sido cruelmente golpeada por ella, me estaba invadiendo.
Era consciente de que pese a que esa horrible mujer estaba en silla de ruedas era capaz de hacer de la vida de uno un maldito infierno.
Ella me miró con los ojos entrecerrados, llenos de desdén, desprecio y asco.
Esa mujer no soportaba verme y yo a ella, pero no era momento de sentimentalismos y rencores innecesarios.
Eso sería para después.
—¿Qué haces aquí, Sonja?—Preguntó Aila mirando a su madre del mismo en ella estaba mirándome.
—Mocosa, respétame—Espetó con arrogancia.
—No mereces nada, ¿qué haces aquí?—Habló Aila con un tono de arrogancia que no le conocía.
Estos diez años la habían cambiado en más de una forma, inclusive la manera en que se dirigía a Sonja.
Con un tono tajante, severo y lleno de arrogancia.
—Vine porque yo soy la tercera observadora, y debo decir que no esperaba menos de mi querida hija.
Aprendiste bien, pero sí vas a ser una Guardiana…—La miró detenidamente—, debes demostrar de qué estás hecha, sino no sirves de nada a la hora de los problemas.
Si me disculpas debo ir a informar que dieron conmigo, el resto de los observadores ya dieron su informe, felicidades acaban de entrar a la Academia—Espetó con desdén, pero poco nos importó esa mirada, llena de arrogancia y odio.
Respiramos aliviados y nos dejamos caer en el suelo, soltando un suspiro cargado de alivio.
Sin darnos cuenta ya estábamos afuera de la Academia con el resto de los aspirantes, pero estos eran menos que los que habían quedado antes del comienzo de la segunda prueba.
Entonces la voz del Instructor Wolf nos hizo levantarnos del suelo sintiendo el pasto crujir en las manos al levantarnos del suelo.
—Debo decir que me dejaron impresionado—Expresó cruzado de brazos con la mirada sobre nosotros—, nadie antes me había golpeado tras el primer intento en descubrirme, y menos de una mujer.
Miró a Sasha y esta desvió la mirada hacia otro lado.
¿Ella lo golpeó?
¿En qué momento lo hizo?
—¿Lo golpeaste?—Pregunté en voz baja y ella se incogió de hombros sin saber de qué le estaba hablando.
—A la única que golpee fue a la ilusión de la gestante que te parió—Solté una risa seca en silencio.
—Como sea—Habló el Instructor Wolf—, eso ya no importa.
Les diré que todos los que están aquí…
están dentro, los felicito.
La sorpresa en todos fue evidente, al final todos respiramos aliviados y nos dejamos caer en el suelo rendidos.
—Aprobamos—Espetó con emoción Heiner.
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