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Academia Edimburgo - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Capítulo 13 Un paso a la vez
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14: Capítulo 13 “Un paso a la vez” 14: Capítulo 13 “Un paso a la vez” SASHA Miraba desde la ventana de mi habitación cómo un chico de cabellos blancos ayudaba a Aila con su equipaje, cargándolo con un aire de superioridad que denotaba parecer superior en fuerza, agilidad y destreza, pero para alguien como Aila era un signo de humillación.

Por lo que el ser centro de atención por ser hija de Sonja Crown no era suficiente, sino que también un chico de cabellos inusuales y llamativos estaba provocando miradas de envidia que se posaban en Aila mirándola como cuchillas afiladas queriéndola apuñalar con ellas hasta dejarla sin nada.

—Este será un año lleno de sorpresas, espero que nada empeore su situación—Dije en un intento de pensar que nada malo pasaría, pero mis instintos de licántropo me decían otra cosa.

Mi loba interior Layla gruñía cada tanto cuando el viento soplaba.

**** NARRADOR OMNISCIENTE Miró hacia el cielo admirando la belleza de la luna como si la misma luz de esta dependiera de su vida, era tan pura y carente de imperfecciones que las mismas estrellas tintineaban de envidia, mientras se preguntaba por qué la diosa le había otorgado este don, el don de ser inmune a la plata, cabellos tan blancos como la nieve e inconfundibles entre una multitud de miles de personas.

Sabía que su don era algo que no podía ser fácilmente de querer quitarse, no era como una bandita que tienes puesta sobre una herida que está en proceso de sanar y había que quitar esa bandita, sino la herida no sanaría de forma apropiada.

Él era consciente de que sus habilidades eran la bendición de la Diosa Luna, quien le había otorgado a su bisabuelo como agradecimiento, pero era frustrante no poder pasar desapercibido sin que antes señalara el hecho de que su cabello era bastante similar al de su bisabuelo, blanco y pulcro, había quienes lo veían y respetaban casi como un dios, mientras que otros lo miraban como objeto de burla debido a la envidia que sentían de ver y saber que él había sido bendecido por la Diosa, era algo que no soportaban, pero debían de callar sino serían severamente castigados, pero había veces en las que él llegaba a un punto en que deseaba no tener el cabello blanco, sin embargo, eso dejó de importarle con el paso de los años, porque aprendió a ignorar esos comentarios disfrazados de cumplidos, aquellas sonrisas falsas y carentes de sinceridad.

Dejó de pensar en ello al percibir el leve aroma a lavanda y romero aún en su mano, el olor de ella se había quedado impregnado, puso su mano sobre su nariz y aspiró profundamente aquel olor tan refrescante y puro como el color de sus intensos ojos azules, cejas marcadas, labios rosados, carnosos, suaves como el bálsamo, perfectos, apetecibles, de solo pensarlo cerraba los ojos y soltaba un largo suspiro al recordar a la hija de Sonja Crown, la general más temible del Ejército de Edimburgo.

Quién diría que la hija era igualmente hermosa que la madre, con la única diferencia en que Aila tenía un pequeño y apenas perceptible lunar en el cuello justo de bajo de la mandíbula, café oscuro y redondo, muy pequeño y difícilmente de percibir.

Lo había notado cuando ella se volteó directamente a mirarlo cuando tomó su maleta de forma instintiva, no pudo evitarlo, necesitaba tenerla cerca y ese fue el único método que se le ocurrió, su única excusa.

Ella era su Reina Luna, su compañera, su mundo, su todo, lo más sagrado y valioso para él.

Lo único que lo mantenía vivo, cuerdo, la razón por la que no ha perdido la cordura de ir tras ella y marcarla como suya, su lobo interior deseaba tanto sentir su piel, su olor, la textura de su largo cabello negro como la oscuridad de la noche.

Pasó una mano por su abundante cabello albino despeinándolo un poco, soltó un largo suspiro cargado de cierta frustración, por un lado deseaba correr por el bosque hasta llegar al edificio de dormitorios de los estudiantes, entrar por su ventana y mirarla dormir hasta el amanecer.

Verla era su anhelo, su deseo, su obsesión, además de su mayor tesoro en este basto mundo lleno de más preguntas que respuestas que muy pocas de ellas han sido respondidas por la ciencia.

—Es tan difícil no poder estar cerca de ella, sin ponerla en peligro…—Murmuró para sí mismo.

—Fue tu decisión, hijo—Le respondió una mujer de cabellos grises como la plata que miraba con sus ojos verdes oscuros con amor de madre a su hijo, a quien le tomó la mano con cuidado, como si se la fuera a romper con el más mínimo toque.

—Lo sé, pero es difícil no sentir la necesidad de ir tras ella y traerla a vivir conmigo.

Su madre se cruzó de brazos mientras negaba con la cabeza, pensando en que su hijo no merecía cargar con el peso de no poder ser feliz sin antes provocar un desastre con el reino aliado ansiaba tanto que él desposara a la hija del Rey Damon, cuyo deseo era que su adorada hija Helena fuera la Reina de Edimburgo, pero el Reino de Edimburgo tenía leyes que debían de ser respetadas, una de ellas era que ninguna mujer más que la Mate elegida por la Diosa para el Rey Alfa podía ser la Reina Luna.

Ese deseo prevalecía lo cual hacia que el mismo Rey Alfa rechazara de forma constante a la hija del Rey del reino aliado, hasta el punto en que inventaba excusas para no recibirla.

Esa mujer de cabellos rubios, ojos almendrados, mirada afilada, labios gruesos como pato, bronceado artificial que la hacia parecer una naranja demasiado madura, busto exageradamente grande, aquella joven vestía vestidos tan cortos que apenas le cubrían el trasero, cual hacia que muchos hombres se acercaran a ella por las razones equivocadas.

—Sabes muy bien que seguirán insistiendo hasta que te decidas a casarte con la chica anaranjada del otro reino, además tu padre hace lo posible para que ella no ponga un pie en Edimburgo—.

Su madre tenía razón, pero ya había agotado su paciencia hasta el punto en que apenas pone le atención a la quejas del Rey Damon que la mayoría eran absurdas y sentido alguno.

—Dile que me tenga paciencia, cuando logre dar con su verdadero objetivo podré estar con Aila antes de lo que los dos se imaginan.

Un paso a la vez.

Su madre lo miró con cierta duda, pero al ver la determinación en los ojos de su hijo fue suficiente para saber que podía confiar en su hijo sin dudar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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