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Academia Edimburgo - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 Capítulo 14 El peso del nombre
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15: Capítulo 14 “El peso del nombre” 15: Capítulo 14 “El peso del nombre” AILA —¿Sabías que la hija de Sonja Crown entró a la Academia?—Oí murmurar a uno de los estudiantes que iban pasando mientras arrastraba sus maletas camino hacia sus respectivas habitaciones.

Era algo a lo que ya estaba acostumbrada a oír cada que lograba algo, pero era bastante a menudo cuando estudiaba en la Academia Easton en Roma, era exactamente lo mismo, no había nadie en el mundo que no conociera a mi Madre, incluso el Director de la Academia conocía a mi Madre y, por lo tanto, me aceptó en la Academia no por mis habilidades sino por la reputación de Sonja Crown, por lo que en el momento en que se supo el motivo por el cual había ingresado a la Academia con tanta facilidad fue entonces que me di cuenta de que no me habían aceptado por mis habilidades y esfuerzos, sino más bien por ser la hija de la mujer más temida de Edimburgo.

Luego de aquel incidente tuve la fortuna de que ya me había graduado de esa Academia, por lo que la institución no se vio tan afectada, pero por lo último que supe fue que implementaron una política de investigar de forma exhaustiva a todo aspirante y profesorado que deseara ser parte de escuela, lo cual provocó que hubiera ciertos conflictos de intereses entre algunos que tenían cierta relación con mi madre lo cual fue muy estresante y mi familia tuvo que dar una disculpa pública y eso aligeró un poco las cosas, pero para Sonja Crown fue muy humillante.

—¿Por qué tienes esa cara Crown?—Levanté la mirada al oír la voz de la instructora Volakis quien ya podía caminar con normalidad a excepción de la muleta que debía usar para apoyarse.

—No es nada—arqueó una ceja.

—Llevo mucho tiempo siendo instructora y te diré una cosa, esta Academia no acepta a nadie que no demuestre su valor a como dé lugar.—Ella se fue tras decir eso, mientras se iba oía con claridad el sonido de la muleta alejándose.

Solté un largo suspiro y me fui a mi primera clase antes de que se me hiciera tarde.

La primera clase, la primera del día y lo primero que me sucede es ser vista como la prodigio de la AE, lo cual era ridículo.

—Es un honor para esta Academia tener a mentes capaces como ustedes, pero pese a que lograron pasar el examen, lo más difícil está a punto de comenzar, por lo que les recomiendo que vayan pensando en otras opciones en caso de ser necesario.— Expresó la Instructora White, una mujer de cabellos oscuros con algunos mechones grises en algunas partes de su cabello, mirada afilada, su rostro marcado por las lineas de la experiencia en la comisura de sus ojos y de sus labios, no disminuía su belleza, sino que la volvía más severa y elegante.

Sus ojos, de un tono verde esmeralda intenso y frío, tenían la costumbre de recorrer a cada alumno con la mirada a todos buscando si alguno de nosotros tenía algún valor y eso fue antes de que siguiera hablando.

Su uniforme negro ceñido resaltaba su atlética figura, y en la tela descansaban insignias gastadas, las mismas que tenía mi madre guardadas como un tesoro en el fondo del armario que estaba empolvándose y llenando de telarañas.

Insignias que ya no necesitaba relatar.

Caminaba por el aula con la exactitud de un reloj, deteniéndose en cada rostro, analizando su postura, miradas, respiraciones.

La atmósfera era rígida, nadie tenía la osadía de desviar la disciplina que ella encarnaba.

Hasta que de pronto, su mirada se detuvo.

Un instante, solo un instante; un solo bastó un parpadeo para que su dureza habitual se quebrara de su expresión.

La severidad de su gesto titubeó, apenas fue perceptible y fui una de las pocas que se percató de ello, mientras que los demás se mostraban un tanto confundidos y no entendían lo que estaba pasando.

Entonces fue que ella comprendió lo imposible: estaba frente a la hija de Sonja Crown, su antigua compañera de armas, la mujer cuya sombra aún resonaba en la memoria de la Academia y en su propio corazón.

El silencio fue más denso, y aunque volvió a erguirse de inmediato, la profesora White ya no me veía como una estudiante más, sino como un reflejo del pasado, un rostro que cargaba con la herencia de alguien que había marcado su vida.

La profesora mantuvo la compostura, pese a que en sus ojos había un brillo de cierta culpa y de remordimiento que se mantenida clavada en mí como una daga.

Dio un paso hacia adelante, su pie golpeó suavemente el suelo, y las miradas de los demás alumnos se posaron en mí.

—Nombre—ordenó la profesora, con una firmeza en su voz que me hizo estremecer en mi lugar.

Habló sin rodeos, sin dudar.

Me erguí tal y como lo indicaban las reglas de la Academia.

—Crown—Me tomé una breve pausa antes de seguir, como si aquella palabra que pronuncié quemase el aire—Soy Aila, la hija de Sonja Crown.

Un murmullo apenas recorrió el aula.

La profesora se mantuvo inmóvil, pero sus ojos verde esmeralda, por un instante dejaron entrever una chispa de algo que autoridad: nostalgia, dolor, ¿remordimiento?

Pero…

¿por qué?

Posiblemente ella había pasado por tantas cosas con mi madre, y de alguna forma se vio envuelta entre tantas de las cosas que hizo mi madre en el pasado de las cuales pocos conocen y que todos los que son aliados de Sonja y a la vez enemigos han mantenido en secreto todos los errores que tantos ellos como ella han cometido a lo largo de los años.

He sido consciente de ello desde que era una niña, y desde que me di cuenta de ello mi respeto y admiración que sentía por la mujer que me dio a luz, se fueron al carajo.

—Así que la hija de Sonja—murmuró en un murmullo que para un humano no era muy perceptible, pero para un licántropo o vampiro era muy claro de oír.

Incluso para un híbrido.

Pero suficientemente filoso para que el ambiente temblase por la manera en que lo dijo.

Dio una vuelta alrededor mío, como un depredador midiendo a su presa—.

Tu madre y yo fuimos compañeras—Su tono no era blando, ni tampoco amable, cargaba el peso de historias que nadie de aquí tenía conocimiento.

Levanté la barbilla, sin apartar la mirada.

—Lo sé, he escuchado más historias de usted de las que se imagina.

Hubo un instante de silencio.

La profesora se detuvo frente a mí, sus ojos fijos en aquel reflejo del pasado.

La tensión en ese momento era tal que los demás que eran testigos de lo que estaba pasando apenas se atrevían a respirar.

—Entonces ya debes de saber—dijo finalmente con un eco grave y afilado, apenas permitiendo que los demás pudiese respirar—ese nombre no es un privilegio…

sino una carga.—Nuevamente con el pie golpeó el suelo, pero esta vez lo hizo con más fuerza provocando que el suelo se agrietara, un sonido que era más bien un crujido que resonó en toda la habitación.—Y aquí aprenderás si eres digna de él o si solo sucumbirás bajo el peso de este.

Sostuve la mirada, sin temblar.

—Eso es algo que yo misma voy a decidir, profesora White.

Un silencio cargado se instaló en el aula.

Me observó por unos segundos más, y luego con un gesto mínimo de su cabeza, retomó su inspección hacia los demás alumnos, como si nada hubiese pasado.

Pero todos habían visto más que suficiente: un duelo silencioso acababa de empezar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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