Academia Edimburgo - Capítulo 16
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16: Capítulo 15 “La sombra” 16: Capítulo 15 “La sombra” NARRADOR OMNISCIENTE Desde la galería superior, donde la penumbra lo ocultaba de los observadores, seguía cada movimiento de ella, apoyado contra el barandal, su figura envuelta en un abrigo oscuro que llevaba el emblema de su manada bordados en hilos de plata.
El brillo gélido de su cabello blanco contrastaba con la oscuridad de su entorno, y aún en la quietud su mera presencia emanaba poder y fuerza.
Su atención no estaba puesta en la profesora, —a quien conocía de misiones antiguas—, sino una joven que acababa de pronunciar su apellido con la misma firmeza con la que su madre solía enfrentarse al consejo.
La hija de Sonja Crown.
Su sangre y su destino.
Su mate.
Podía sentir el ligero temblor de su aura, el pulso de energía que lo llamaba a reclamarla como suya, incluso a través de los muros y los años.
Pero se contuvo.
Ella no sabía quién era él para su destino, ni por qué desde el instante en que pisó el territorio de la academia, el vínculo había despertado.
—Alfa—La voz de su beta lo sacó del pensamiento, o más bien deseo que ha estado reprimiendo por la necesidad de proteger a su Luna—.
Traigo el informe que pidió.
El Rey Alfa tomó el documento sin mirarlo aún, pero su tono fue bajo, medio.
—¿Sobre Damon?
—Sí, mi rey—.
El beta bajó la voz—.
El monarca del reino de Londres ha confirmado su alianza con el consejo de guardianes.
Está moviendo tropas hacia las fronteras del Norte, bajo el pretexto de una defensa compartida.
Pero algunos informes sugieren que busca algo más.
El alfa frunció el ceño, sus ojos descendieron de nuevo hacia el aula donde la profesora retomaba la clase.
Su mirada se detuvo brevemente en la joven.
El beta dudó.
Siguiendo la dirección de la mirada del rey.
—¿Cree que tenga que ver con ella?
El silencio que siguió fue más que suficiente para saber la respuesta.
El alfa cerró el informe y lo guardó dentro de su abrigo.
—Ella es más que la hija de Sonja Crown—dijo en voz baja—.
Y Damon es consciente de ello.
Sus ojos se devolvieron a la muchacha, que seguía firme frente a la profesora, sin apartar la vista, tan desafiante como su madre.
—Mantén la vigilancia, nadie debe acercarse a ella, sin mi permiso.
No importa quién sea, a excepción de mí.
El beta asintió, pero no pudo evitar preguntar: —¿y si ella descubre quién es usted para ella?
Por un instante, los labios del alfa se curvaron en una sonrisa contenida, una mezcla de tristeza y determinación.
Cruzó su mirada.
—Bueno—susurró—, el destino decidirá si aún soy su guardián o su condena.
La campana de la academia resonó a lo lejos, y el rey alfa desapareció entre las sombras del pasillo, dejando atrás solo el eco de su presencia…
y una promesa silenciosa.
**** AILA El aula parecía haber recuperado su calma, pero por dentro nada en mí estaba en calma.
Menos en silencio.
Podía sentir el eco del golpe del pie contra suelo, la voz de la profesora resonaba como un desafío grabado en mis huesos.
Sin embargo, fue entonces—en medio de esa rigidez—que algo distinto rozó mi percepción.
Una vibración.
Leve al inicio, pero como un cambio que era imperceptible en el aire.
Luego, más fuerte…
más real.
Mi respiración se entrecortó sin entender el por qué.
Una sensación cálida, pero a la vez pesada descendió sobre su pecho, una mezcla entre un llamado y una advertencia.
No era miedo precisamente, sino presencia.
Una presencia que era tan intensa que mi instinto más primitivo, que muy pocas veces ha hecho acto de presencia, quise inclinar la cabeza y rendirme ante la curiosidad.
Mis ojos recorrieron la sala, luego miré hacia las galerías superiores, donde las sombras velaban el movimiento de aquellos que me observaban.
No había nadie, pero esa sensación prevalecía.
Esa energía no pertenecía a ningún maestro ni a ningún guardián común.
Era algo más, algo que vibraba en la misma frecuencia que su propia sangre.
Por un instante, una imagen fugaz se cruzó en mi mente: Una luna blanca reflejada en plata, el rugido de una manada a lo lejos, y unos ojos azules intensos como el filo de las cuchillas, que me observaban con una intensidad que me era imposible de ignorar.
El corazón me latía con fuerza.
Me llevé una mano al pecho, disimulando el temblor.
La profesora, desde el frente, me observó de reojo, notando el cambio en mi respiración, pero no me dijo nada.
Tal vez comprendió que algo estaba pasando, o posiblemente temía a algo o alguien.
Aparté la vista, tratando de concentrarme en la voz de la mujer, pero la sensación persistía.
Alguien me estaba mirando.
Y no solo eso…
Alguien me había encontrado.
El aire se tornó más tenso, como si el aula se hubiese sumergido en otra realidad por un instante.
Y cuando la campana resonó en mis oídos, los demás alumnos se fueron, siendo la última en el aula, quedándome unos segundos más en silencio, los ojos fijos en el pasillo oscuro que se extendía hacia los balcones superiores.
En lo profundo de mi pecho, una certeza me hizo estremecer: —No es la primera vez que siento esto, y no es normal…
Salí del aula tratando de no pensar más en ello, pero la sensación era innegable e imposible de olvidar o al menos de ignorar.
(***) El día transcurrió sin problemas, pero la sensación de ser vigilada, observada desde las sombras era algo que no podía ignorar, pero mi primer día en la AE fue todo menos normal, sobretodo por ese escurridizo guardián que me ha seguido todo el día, como una sombra cuidándome desde las sombras.
Volví a mi habitación con la creencia de que todo sería normal, pero tras haber abierto la puerta de mi habitación…
—Hola hija, ¿qué tal tu día?—Me quedé de pie en la puerta sin saber cómo reaccionar o más bien qué debía hacer.
Solté un largo suspiro tras haber recuperado algo de mi cordura antes de que la poca valentía que me quedaba desapareciera.
—¿Qué haces aquí, Sonja?
¿No se supone que debes de estar en la frontera Norte atormentando a tus enemigos de Europa del Este?
Dije entrando a la habitación antes de que ella pudiera responder, sabía que Sonja tenía una respuesta para todo.
Por lo que al entrar antes que ella me respondiera, fue algo que no le agradó ni un poco.
—¿Qué?—Finalmente dijo con aire de superioridad y arrogancia—¿No puedo visitar a mi hija en su primer día en la AE?
Movió su silla de ruedas para mirarme haciendo que esta sonara con un crujido metálico como una queja, pese a que estaba en aquel estado eso no evitaba que el aura de Sonja fuera la misma de siempre, cruel y despiadada.
Mirándome con aquellos ojos que eran tan idénticos a los míos, pero a la vez tan diferente en cuanto al brillo y expresión que las dos expresábamos.
Ella siendo una mujer de mediana edad, hermosa, delgada, demasiado igual a mí fisicamente.
Con rostro de ángel, de alguien que no era capaz de hacerle daño a nadie, pero en realidad ella era una fiera capaz de comerse hasta sus cachorros con tal de sobrevivir, sin importarle nada ni nadie.
—Sabes que no tienes permitido venir aquí, pero por lo visto el haber sido una Guardiana de gran renombre todavía sigue haciendo efecto en esta Academia pese a que han pasado demasiados años desde que te graduaste, pero también me doy cuenta de que a ti solo te importa que todos te veneren y que nadie te vea como una débil y triste mujer en silla de ruedas.
Por lo que te pregunto, otra vez.
¿Qué diablos haces aquí?—Me miró con los ojos entrecerrados, con esa mirada afilada y oscura que conocía demasiado bien.
—Realmente no puedo engañarte, debo reconocer que te enseñé bien, por lo que te lo diré, pero antes cierra la puerta no deseo ser el centro de atención más de lo que ya eres, y no pienso quitarte ese puesto, hija mía.
Cerré la puerta y nuevamente la miré.
—Dilo.—Le pedí.
—¿Recuerdas al Rey Damon?—asentí, pensando en que nada de lo que me dijera iba a ser bueno, para ella sí, pero para mí no.
—¿Qué es lo quiere?—Exclamé casi un grito ahogado que debía de acallar antes de que mi más grande temor saliera a luz y ella se diera cuenta de ello.—¿No le bastó con lo ocurrido hace dos años?—Ella no supo qué decirme, pero esa era su ventaja, porque al bajar un poco la guardia por muy poco que fuera, ella lo detectaba y entonces eso se convertía en su más poderosa arma.
—Sé que hice mal, pero no tenía otra opción y lo sabes, además él jamás pudo conseguir aquel objeto que tanto hemos protegido desde que naciste en aquella luna llena a media noche.
Tu padre y yo hicimos de todo para evitar que se descubra la verdad sobre el incidente con los híbridos.
Pero, tú y yo tenemos el mismo secreto y el mismo destino,—Levantó la manga de la blusa negra de su muñeca mostrando en ella un sello que desde que tengo uso de razón ha sido un tabú hablar de ello.
Era una media luna oscura que parecía estar grabado en su carne, rodeado de runas antiguas que aún emitía ese brillo tenue, como si respirara a la vez con la respiración de mi madre.
El mismo sello con el que había nacido, el mismo que me llevó a temer de muchas cosas, incluso me hizo huir de la gente que alguna vez le importé, a excepción de mi padre y hermanos que se preocupaban por mí.
—¿Lo ves?—dijo ella, sin apartar la mirada del grabado—.
Esta marca ha sido más que una herencia, sino también un castigo.
Pasa de madre a hija desde el momento en que nuestro linaje pisó este mundo.
Siendo, por lo tanto, la prueba de que pertenecemos a un linaje que Damon quiso “purificar” de este mundo.
Lo vi con miedo y a la vez con respeto el sello.
Sabía que ese sello era hermoso, pero a la vez tan peligroso como el mismo tiempo que lo he visto en Sonja tanto como en mí.
—Lo he podido evitar—.
Respondí ocultando mi miedo a la oscura realidad que tenía frente a mí.
Sonja me miró por fin, con una mezcla de juicio y desdén que siempre acompañaba a ese filo peligroso en sus ojos.
—No, no todavía, no hará acto de presencia.—Pausó—.
Pero la llevarás.
TARDE o TEMPRANO, la marca despertará cuando la sangre lo reclama.
Tragué saliva.
—¿Esto fue otra de las razones por las que quedaste en esta silla de ruedas, Sonja?—Ella bajó la mirada hacia sus piernas inmóviles, sin rastro de pena.
—El sello se activó tras enterarse de que había encontrado a tu padre, y eso enloqueció a Damon hasta el punto en que el pacto con los híbridos fue roto en ese ritual que falló conmigo de por medio, logré contenerlo, pero esto me sobrepasó.—Sus ojos se endurecieron—.
A cambio, el sello me dejó vivir.
—¿Y por esto es que has estado aferrada en no hacer nada por hacer pagar al rey Damon?
¿Es por eso que tuve que lidiar con ese maldito hijo de perra?
Dime, ¿valió la pena?—Pregunté con un tono cargado de una rabia contenida que estaba a punto de explotar.
—Me convirtió en lo que debía ser y punto, Aila—respondió ella con un orgullo entremezclado con pesar y rabia contenida—.
Fui el muro entre su ambición y el fin de nuestro linaje.
—¿Valió la pena?—Le dije nuevamente, alzando la voz—.¿Perder todo lo que tenías solo por mantener un poder que ni siquiera pensaste en sí yo lo quería o no?—Solté un pesado suspiro—Eres patética, Sonja Crown.
Sus ojos se entrecerraron aún más, mirándome con ese filo tan característico en ella como una daga.
—No vine a este mundo para protegerte a ti o a tus hermanos.
Vine a preservarte.
Hay una diferencia.
Di un paso hacia atrás.
Dolida.
—NO voy a discutir con alguien que solo piensa en sí misma, que no le importa nada más que ella misma.
TODO gira a tu alrededor, de tus batallas, de tu maldito legado que me ha seguido desde el día en que nací, desde el instante que me di cuenta de que no amas a nadie, ni siquiera a tus propios hijos.
Mucho menos al hombre que te amó pese a todo el tormento que le hiciste pasar, tras haber contraído matrimonio contigo.
Gracias a la diosa luna que mi padre pudo liberarse de una mujer tan amargada como tú—.
Sonja no respondió de forma inmediata.
Su mirada se perdió en las runas que cubrían su brazo, y por un instante me arrepentí por lo que dije, el fuego en sus ojos algo que casi se parecía al pesar…
o quizá cansancio.
—Cuando tengas esta marca, vas a comprender que no hay espacio para el amor ni mucho menos la piedad, solo el deber.
Es algo para lo que estamos hechas las mujeres del Clan White—Dijo finalmente, con la voz baja, pero con una firmeza que me hizo estremecer.
—NO—Negué con la cabeza—.
Eso es lo que TÚ elegiste ser.
Un denso silencio cayó entre las dos.
La llama de la chimenea crepitó, y el brillo del sello en el brazo de Sonja parpadeó, como si respondiera a la rabia de su portadora.
Sonja me observó con detenimiento.
—Tu marca despertará pronto,—sentenció— y cuando eso pase, Damon vendrá por ti.
No por venganza, sino por lo que llevas en la sangre.
Sostuve la mirada, desafiándola.
—Entonces, lo enfrentaré con valor.
Que venga cuando quiera.
No pienso esconderme como tú.
El brillo de las runas en el brazo de Sonja se intensificó, casi reaccionando a mis palabras.
Esbozó una sonrisa apenas perceptible, cansada y orgullosa a la vez.
—Veremos si dices lo mismo cuando la luna reclame lo que desea.
Y en ese momento, una ráfaga de viento atravesó la ventana, apagando parte del fuego.
La media luna grabada en el brazo de mi madre centelló con una luz plateada…
y una marca invisible comenzó a arder, era silencioso, en mi brazo derecho.
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