Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Academia Edimburgo - Capítulo 17

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Academia Edimburgo
  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 16 El sello
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

17: Capítulo 16 “El sello” 17: Capítulo 16 “El sello” SASHA  El reloj marcaba las doce de la noche, cuando me quedé quieta frente a la ventana de mi habitación, observando el pasillo inferior.

Desde allí vi a Sonja Crown pasar.

La mujer que siempre había emanado poder y orgullo avanzando con ahora movimientos lentos, con la mirada clavada en el suelo, los dedos crispados sobre los brazos de la silla de ruedas.

No había escoltas, ni alumnos que la siguieran.

Solo ella, envuelta en una sombra que parecía más pesada que su propio cuerpo.

La seguí con la vista hasta que desapareció al girar por el corredor.

Por primera vez, Sonja no parecía ser la general que había dominado los salones de la academia, sino una figura derrotada y vacía, como si cada palabra dicha momentos antes la hubiesen dejado sin alma.

Fruncí el ceño.

Sabía que algo había pasado entre Aila y su madre, lo podía sentir en el aire, incluso antes de que la misma Sonja saliera de la habitación de mi amiga.

La energía siempre acompañaba a las dos mujeres—una mezcla de orgullo, ira y silencio contenido—había cambiado.

Ahora era fría, quebrada.

Me aparté de la ventana y me dejé caer en la silla junto a mi escritorio, exhalando lentamente.

—Otra pelea—murmuró para mí misma—.

Pero esta vez fue distinto.

Aila…

Solo pensar en ella me revolvía el pecho.

Diez años de amistad no fueron fáciles, no con una mujer como Sonja siendo su madre, desde el día en que le dirigí la palabra a la hija de la aclamada y reconocida guardiana, los problemas surgieron.

Expulsiones temporales, misiones que no podía hacer, rumores sembrados por otros estudiantes, hasta el punto en que todo eso afectó a mi familia.

Con la excusa de que Aila no necesitaba distracciones como yo.

Sonreí recordando con amargura al recordar aquella advertencia tras la paliza que me dio esa mujer años atrás:  “No te acerques a mi hija, no tienes lo que se necesita para ser lo que ella es…” Y sin embargo, seguíamos siendo amigas.

Juntas, contra todo y contra todos.

Me levanté y caminé hasta la cama de Aila.

La encontré de espaldas, en silencio, con la cabeza hundida en la almohada.

Su cabello oscuro se extendía sobre las sábanas, y el brillo del fuego de la chimenea dibujaba líneas doradas sobre su piel.

Me senté en el borde de la cama de Aila.

No me dijo nada al principio.

Solo esperé, sabía que Aila hablaría cuando estuviera preparada para ello.

—La vi irse—susurró finalmente—, nunca la vi así.

Aila no me respondió.

Solo giró un poco el rostro, mostrando los ojos hinchados de tanto llorar, pero secos.

—No lo entiendes, Sasha—dijo con la voz quebrada—.

Esta vez, fue distinto.

—¿Qué sucedió?

—Me mostró el sello…—Aila bajó la mirada hacia su brazo derecho, cubierto por la manga de su camisa—.

El que lleva en la piel.

Me tensé.

Había oído sobre el símbolo, el sello de la media luna con runas antiguas.

Algunos decían que era una maldición.

Otros, que era una marca de su linaje.

—¿Te habló de ello?—Pregunté tratando de no ser brusca.

Aila asintió.

—Dijo que es una herencia.

Que algún día, yo también la llevaré—.

Sus ojos se oscurecieron.—Y que el rey Damon vendrá por mí.

El nombre cayó como un peso entre ambas.

Sentí un espantoso escalofrío recorrerme la espalda.

—¿El mismo Damon que hizo pedazos la frontera del Este?

Aila asintió.

—El mismo—respondió Aila, sin mirarme—.

Dijo que mi sangre lo atrae.

Que soy parte del pacto que ella rompió.

Apreté los labios, tratando de ordenar mis pensamientos.

—¿Y tú?

¿Le crees?

—No lo sé.—Aila se abrazó las rodillas, temblando levemente—.

Pero cuando me tocó el brazo sentí…

algo.

Era como si el sello la hubiera reconocido.

La observé en silencio, sintiendo una punzada de preocupación genuina.

Sabía que detrás de toda esa frialdad, Sonja quería a su hija muy a su manera, pero de una forma dura, retorcida y cruel.

Pero también sabía que algo oscuro se movía entre las sombras de esa familia: secretos, pactos antiguos, heridas que todavía no habían sanado.

—Diez años sin estar juntas, Aila—dijo suavemente—.

Diez años soportando a tu madre, al consejo, a todos los que nos separaron.

Si creer que voy a dejarte sola ahora…

estás loca.

Aila me miró finalmente, por fin, con una mezcla de tristeza y alivio.

—Si algo me pasa…

—No lo digas,—La interrumpí con firmeza, tomando su mano—.

No vas a desaparecer, ¿oíste?

No mientras yo respire, no estás sola.

El fuego titiló.

Afuera, una ráfaga de viento hizo crujir las ventanas.

Y en ese instante, lo sentí: una presión invisible en el aire, densa, antigua.

El mismo poder que había sentido cuando Sonja pasó por el pasillo.

Solo que esta vez…

Provenía del brazo de Aila…

Una luz tenue, plateada, comenzó a brillar bajo la tela de su manga.

Me quedé sin palabras.

—Aila tu brazo…

Ella bajó la mirada, y cuando levantó la manga, el sello de media luna, idéntico al de su madre, ardía en su piel, lo veía en su mirada.

Las ruinas antiguas se encendían una a una, como si despertaran tras siglos de silencio.

Di un paso hacia atrás, horrorizada, preocupada y a la vez fascinada.

—Ya es tarde—, me ha encontrado…

No había otra opción, había que informar sobre esto, pero sabía Aila no quería eso.

Sin embargo ninguna tenía opción, antes de poder pensar en algo.

Aila me tomó de la mano evitando que me fuera, me detuve y entonces dijo: —NO—Habló con una firmeza que me hizo estremecer—, no te vayas.

No me dejes sola—me miró con gesto suplicante.

Me quedé con ella esperando a que el efecto de la aparición del sello pasara por si solo, y así fue.

De a poco la marca fue disminuyendo dejando únicamente una media luna en su brazo.

—¿Cómo te sientes?—Le pregunté rompiendo aquel inquietante y denso silencio que se había plantado.

—Estoy mejor, te voy a pedir que no le digas a nadie lo que acaba de pasar y, por lo tanto, no le digas nada a Heiner, es un maldito entrometido que se la pasa acechándote.

Me reí por lo último y sinceramente, era cierto.

Pero…

a la vez su presencia me hacia sentir segura y protegida, era raro y a la vez reconfortante saber que no debía temer a nada ni a nadie.

Mi deber desde ese momento era evitar que alguien más supiera sobre el sello en el brazo de Aila.

—Está bien,—Accedí—pero luego de un tiempo, Heiner se dará cuenta, no es estúpido.

Por lo que en su debido momento habrá que decirle la verdad, por lo que espero que el sello no haga más de las suyas.

—Tienes razón, no podremos esconder este secreto por siempre.

Pero por ahora, no digamos nada, en caso de que sea necesario, por lo que la historia de hace diez años puede volver a repetirse, y en una mayor escala.

Ella tenía razón.

La historia podría repetirse, solo le rogaba a la diosa luna porque eso no pasara.

Porque esto en su brazo, se ha vuelto un problema desde que se manifestó hace diez años, pero nunca a esa escala, jamás de esa manera.

Menos había dejado una marca y eso era lo preocupante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo