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Academia Edimburgo - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Capítulo 17 El chico de cabellos blancos
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18: Capítulo 17 “El chico de cabellos blancos” 18: Capítulo 17 “El chico de cabellos blancos” AILA Abrí los ojos lentamente.

Por un instante, no supe dónde estaba, cuánto tiempo había transcurrido.

Mi cuerpo se sentía pesado, como si cada músculo de mi cuerpo hubiese sido drenado, un leve ardor seguía persistiendo en mi brazo.

El recuerdo llegó de forma desordenada.

La discusión con mi madre, su voz resonando en mi cabeza, Sasha haciendo de mi guardiana en la noche evitando que alguien se diera cuenta de lo que me estaba pasando.

El sello, me dolía menos, pero el ardor persistía.

Giré la cabeza hacia el otro lado de la cama vacía, las sábanas estaban revueltas, la asquerosa chaqueta de Sasha colgaba de una silla.

Me incorporé despacio, el sudor frío en mi cuello seguía aún pegando en mi cuello, mi respiración era irregular, mi corazón se sentía como si me lo estuviesen golpeando de forma constante, pero con un ritmo que no lograba calmar.

Bajé la mirada hacia mi brazo derecho.

La marca seguía allí.

El sello de media una, grabado en mi piel, como si siempre hubiese esperado hacer su aparición, las runas antes incandescentes, ahora lucían apagadas, pero su luz era débil y parpadeante.

Bajé los dedos por sobre esta y seguía caliente, viva.

—No fue un sueño, ni tampoco una pesadilla—susurré con la voz aún ronca.

Cerré los ojos pensando en mi madre, en su expresión tras irse, frío, impenetrable, pero con extraño pesar en su mirada.

Luego recordé a Sasha, preocupada, sentada a mi lado, esperando con nerviosismo y ansiedad a que mi malestar pasara.

—Eres muy terca…—Sonreí débilmente.

Me levanté con torpeza, tambaleándome un poco al posar los pies en el suelo.

Mi cuerpo dolía como si hubiese entrenado por horas, incluso igual o peor que haber entrenado con Sonja.

Cada movimiento era un recordatorio del poder que no dejé liberar la noche anterior, no quería que Damon o mi madre se percataran, pero estaba segura de que por lo menos mi madre se había percatado del despertar del sello.

Crucé la habitación hasta llegar al tocador, donde mi reflejo en el espejo mostraba mis ojeras pronunciadas y una expresión de cansancio que no me dejaba en paz.

El sello en mi brazo era visible, de una tonalidad plateada, que serpenteaba por todo mi brazo hasta el borde de la clavícula.

Intenté cubrirlo con una venda, pero fue inútil, el brillo era notable.

Se filtraba.

—Maldita sea…—murmuré entre dientes.

El repentino sonido de mi teléfono fue lo que me hizo voltear.

Era Sasha.

“No quise despertarte.

Te veías mejor, fui por un café, por cierto, nos vemos en clase, en caso de que llegues a tiempo”.

Vi la hora en mi teléfono.

Al ver la hora, todo el cansancio se fue.

—¡No puede ser!

¡Siete cuarenta y cinco!—Exclamé, casi me tropezaba con la alfombra, mientras me ponía mi uniforme.

Mi clase de combate comenzaba en quince minutos.

Y con el profesor Adler Wolf, llegar tarde era un suicidio.

Me terminé de vestir con magia, peleando con el cierre de mi chaqueta y los cordones de mis botas.

Cada vez que movía el brazo derecho, el sello expulsaba un calor extraño, como si respondiera a mi estrés.

—Ahora no—le gruñí al sello, intentando ignorar el ardor bajo la piel.

Tomé mi mochila y mi teléfono, pero antes de salir vi la chaqueta de Sasha y la tomé.

Sonreí.

—Gracias, por quedarte…—susurré sabiendo que ella no me escucharía.

Respiré profundo y salí al pasillo, tenía prohibido usar la magia para llegar a clase, por lo que tuve que correr.

El aire fresco del amanecer, me golpeó de frente el rostro, despejando mi mente.

La academia apenas comenzaba a despertar, los ecos de los pasos apresurados, voces mezcladas, el murmullo del entrenamiento matutino.

Mientras corría una sensación, me hizo detenerme.

La misma que había sentido la noche anterior.

Solo que esta no provenía de mí, sino de dentro.

Un estremecimiento me recorrió la espalda, la marca en mi brazo volvió a palpitar, y por un instante las runas volvieron a palpitar suavemente.

Miré hacia el ventanal del corredor.

El cielo sobre la academia, se tiñó de un tono plateado irregular, era como si la luna me estuviera observando, escondida en un rincón.

Pero era consciente de que incluso la luna siendo la más llamativa en el cielo, era la más discreta de todas.

No era luna, no era algo sino alguien.

Miré hacia la derecha, en específico hacia una de las galerías superiores que había allí, en efecto alguien me observaba y ese alguien era…

—El chico de cabellos blancos—murmuré desconcertada.

Sin embargo, el tiempo fue el que me hizo reaccionar, debía correr.

Me fui de ahí antes de que me diera cuenta de que él me estaba siguiendo con la mirada.

Di vuelta a la derecha, miraba el reloj de mi teléfono cada dos segundos mientras corría, tenía cinco minutos para llegar a la sala de combate que estaba al otro lado del corredor que daba dirección a las habitaciones, finalmente vi una puerta metálica doble, fui hacia ella y llegué a la sala de combate, solo para llevarme la sorpresa que no había nadie, era extraño.

Entonces entré con cautela y al hacerlo oía con claridad las voces de los demás, incluso del profesor, llegué a otra puerta y sin esperarlo, abrí la puerta y una bota salió volando como bumerán fuera de la sala de combate, apenas lo esquivé haciéndome aun lado.

No me lo esperaba, pero ya por naturaleza y por los incesantes y crueles entrenamientos de Sonja me hicieron desconfiar hasta de alguien armado con un tenedor.

—Buenos reflejos, Crown—me dijo el profesor Wolf con sorpresa y a la vez con un tono cargado de sarcasmo.—veamos que tan hábil eres con esto—Me arrojó una daga y la atrapé sin darme cuenta, pese a que mi brazo ardía y mucho, pero debía soportarlo y no dejar que los demás lo vieran.

Todos los presentes me miraban con admiración, mientras que otros me miraban con envidia pura, siendo honesta ser hija de alguien como Sonja en efecto no tenía ventaja alguna.

NINGUNA.

—¡No te distraigas, Crown!—Me gritó el profesor empuñando una daga listo para atacarme, lo cual hizo.

Me tomó desprevenida, apenas pude esquivar sus ataques rezando porque el ardor de mi brazo cesara, pero a la vez rogaba porque el sello no fuera visto por nadie.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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