Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Academia Edimburgo - Capítulo 19

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Academia Edimburgo
  4. Capítulo 19 - 19 Capítulo 18 Asher Klein
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

19: Capítulo 18 “Asher Klein” 19: Capítulo 18 “Asher Klein” AILA El gimnasio principal de la academia resonaba con el eco de los golpes y gritos.

El aire olía a sudor, acero y concentración.

Las luces altas proyectaban un brillo áspero sobre el suelo de entrenamiento, donde los estudiantes se alineaban en círculos, observando atentamente el enfrentamiento que estaba por comenzar.

El misterioso e intrigante Instructor Wolf, un hombre de complexión musculosa, mirada salvaje, avanzó hacia el centro de la arena.

Era conocido por ser duro, y por el desprecio silencioso hacia aquellos chicos con apellidos que pensaban que podían con todo, solo por ser hijos o hermanos de quienes pudieron con el peso de ello.

Mientras ajustaba las vendas de mis manos, respiré hondo.

El sello bajo mi piel ardía débilmente, como si respondiera al llamado del combate.

No estaba segura de que fuera por la adrenalina o magia antigua, pero el hecho era que no tenía control sobre este.

—Bien, Crown—dijo Wolf con voz ronca, cruzando los brazos—.

Me dijo un pajarito que no dormiste bien anoche.

¿Tienes algo que decir a tu favor?

Levanté la vista.

Mi cabello estaba sobre mi rostro.

Miraba al Instructor con firmeza.

—No necesito excusas, Instructor.

Estoy preparada.

Un murmullo recorrió a los demás alumnos.

Wolf, soltó una risa seca.

—Eso dicen todos los que creen que su apellido y estatus los protegerá—se movió de su posición—.

Pero tú…, tú no eres cualquiera.

Su tono se volvió más grave, casi desafiante.

—Eres hija de Sonja Crown, no esperes que sea flexible o amable contigo solo por eso.

Eres una estudiante más y tienes que demostrar si sirves para ser Guardiana o no.

Porque de lo contrario ahí está la puerta—Señaló con su dedo índice, los murmullos crecieron de forma exponencial.

Eso fue una sorpresa, pero a la vez era algo de lo que era consciente desde el instante en que puse un pie en la Academia.

Sin embargo, esas palabras me dieron con fuerza en el fondo como una apuñalada en el centro del pecho.

Durante unos segundos, sentí la rabia ardiendo en mis venas.

Era irritante.

Siempre el nombre de Sonja salía antes que el mío.

—Bien—dijo, alzando la guardia, finalmente—, así aprenderás a lo que puedes hacer siendo Aila, no la hija de nadie.

Apenas sonrió, mostrando una mueca de aprobación.

—Estoy deseando ver eso.

Su primer golpe fue impecable, rápido, con la precisión de un veterano, buscaba probar mis reflejos.

Lo esquivé por instinto, más que por reflejo.

Sentí como el aire cortante había rosado mi mejilla, un pequeño hilo de sangre recorrió mi mejilla.

Wolf giró, y volvió a cargar, pero esta vez con más fuerza.

Respondí con una patada giratoria, que fue bloqueada con facilidad, pero lo suficiente como para mostrarle que no me acobardaría.

Mi respiración se compasó con la de él, y la del combate, cada movimiento fue una mezcla de técnica y furia contenida.

El público ajeno a los dos, estaba en completo silencio.

Wolf cambió de guardia y golpeó mi defensa, empujándome hacia atrás.

—Tu madre lo habría contrarrestado sin moverse del sitio.—dijo con voz firme, casi provocadora.

—No soy mi madre—gruñí, impulsándome hacia adelante.

El sello en mi brazo comenzó a brillar de forma sutil bajo la tela.

Cada vez que mi corazón latía, una runa nueva se encendía.

Wolf, se había percatado, pero no se detuvo el entrenamiento.

De hecho, sonrió.

—Eso es…

muéstrame de qué estás hecha.

Lancé un golpe directo, seguido de un giro bajo, y esta vez, mi movimiento fue más rápido de lo normal, más veloz que el de un licántropo común, prácticamente imposible de seguir.

Mi puño se detuvo a centímetros del rostro de Wolf.

El silencio cayó de golpe.

Él me miró fijamente, sorprendido.

Bajé la mano, respirando con fuerza, el sudor corriéndome por la frente.

El instructor dio un paso atrás, evaluando mi determinación.

—Eso…—dijo con una leve sonrisa—no fue de una estudiante cualquiera.

—Porque no lo soy—respondí, con voz firme—.

No pienso vivir más bajo la sombra de Sonja Crown.

Wolf asintió lentamente.

En su mirada ya no había desprecio, sino más bien respeto.

—Deja que tu nombre tenga su propio peso.

El timbre de final de combate sonó.

Los alumnos comenzaron a murmurar entre sí, algunos con asombro, otro con incredulidad.

Me quedé quieta, con el pecho agitado, mirando mis manos temblar.

Por primera vez en mucho tiempo, no sentí miedo.

Solo una certeza me ardía por dentro como el fuego del sello:  Ya no era más la sombra de nadie.

Mientras Wolf se retiraba, murmuró lo suficientemente alto para que solo yo lo escuchara:  —Tu madre tal vez forjó el camino, Aila…

pero eres tú quien lo incendiará.

Lo miré irse, luego bajé la vista hacia mi brazo, el sello brillaba con suavidad, casi en respuesta.

(*****) NARRADOR OMNISCIENTE  El pasillo estaba vacío cuando salió del gimnasio.

Sus pasos resonaban pesados, lentos, como si cada uno cargara el peso de una verdad que no podía ser dicha frente a los demás.

La puerta metálica se cerró tras él con un sonido seco.

Cruzó el corredor principal sin mirar a nadie y descendió por una escalera que pocos conocían, una que conducía a niveles inferiores de la academia, donde la luz apenas alcanzaba a filtrarse.

El aire allí era distinto—más frío, cargado de magia vieja y secretos antiguos.

Wolf se detuvo frente a una puerta de acero casi ennegrecida.

No tenía manija, solo un símbolo tallado, una media luna rodeada de runas antiguas, idéntico al sello que Aila llevaba grabado en el brazo.

Pasó su mano sobre él.

El metal hizo reacción al instante, iluminándose con un resplandor azulado.

Un clic, seco y la puerta fue abierta lentamente.

Ya dentro, la oscuridad fue total.

Solo una lámpara al fondo proyectaba un resplandor débil sobre una mesa cubierta de documentos, mapas y un colgante plateado con el mismo emblema de la media luna.

Su respiración se volvió más profunda, el aire vibró a su alrededor.

El castaño de su cabello comenzó a desteñirse tras quitarse del cuello un talismán que tenía el poder de cambiar la apariencia de quienes lo portan, el talismán era una piedra rojo intenso, con una cadena plateada fina, mechón a mechón, su cabello se estaba volviendo blanco, hasta que este se volvió tan blanco como la nieve bajo la luna.

Sus ojos, antes oscuros, se encendieron en un tono azul intenso, casi luminoso, con ese brillo que imponía respeto y a la vez temor.

El rostro endurecido del instructor se suavizó, relevando una belleza severa, imponente…

La forma verdadera del Rey Alfa, Asher Klein.

—Diez años…—murmuró pasando los dedos por su cabello recién blanqueado—.

Diez fingiendo ser alguien más, y sigue igual de necia.

Su voz era más profunda ahora, con el eco de quien había enviado ejércitos y visto morir imperios.

Dejó caer sobre la mesa junto al talismán, un pequeño dispositivo de grabación y lo activó.

Una imagen holográfica de Aila apareció, captada durante el combate.

El sello de su brazo brillando bajo la tela, igual que el símbolo de la puerta.

Asher la observó en silencio, sus ojos ardiendo con una mezcla de orgullo, melancolía y algo más…

una emoción que rozaba a la culpa.

—El sello respondió a su furia, igual que con su madre—susurró.

Apretó el puño, con la mandíbula tensa.

—Pero esta vez…

no pienso quedarme observando cómo la destruye.

De entre las sombras, una voz masculina habló, su voz era suave, pero cargada de autoridad y superioridad.

—¿Piensas romper el pacto, Asher?

¿Por una mujer que no sabe quién eres?

Asher giró la cabeza.

Una figura encapuchada emergió de la oscuridad, su silueta era elegante, sus ojos iguales a los de la misma Aila.

—NO es solo mi hermana—dijo la figura encapuchada con un tono firme—.

Es la Elegida de la Diosa y el sello…

acaba de despertar.

La figura sonrió con cierta tristeza.

—Cuando eso suceda, la sombra de su madre no será lo único que trate de reclamarla.

El Rey Alfa desvió la mirada hacia el holograma, donde Aila alzaba el puño en su último golpe.

Un hilo de luz se reflejó en sus ojos.

—Lo sé—murmuró—.

Y por eso es que esta vez…

no dejaré que la historia se repita.

El holograma se apagó.

Solo quedó el resplandor azul del sello sobre la puerta, latiendo a la vez con el ritmo del corazón de Asher Klein.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo