Academia Edimburgo - Capítulo 2
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2: Capítulo 1 “Academia Edimburgo” 2: Capítulo 1 “Academia Edimburgo” Yo soy Aila Crown, hija de Dimitrius Crown y de Sonja Crown, la despiadada general del ejército de Caballeros de la Luna.
Mi padre es un respetado y correcto Comandante de la División de Guardianes de la Ciudad de Edimburgo, que son los encargados de la seguridad del palacio del Rey Alfa.
Por lo que mi apellido y familia son demasiado importantes y con una reputación intachable, pese a que mi Madre quedó postrada en una silla de ruedas, aún conserva su orgullo y decisión de seguir siendo la despiadada general.
He venido a la Academia Edimburgo siendo obligada por mi madre; sin embargo, mi estadía en la Academia me ha llevado a darme cuenta de que nada es lo que parece, empezando por el examen de admisión, que era todo menos normal.
La Academia estaba ubicada en lo más profundo del bosque, abarcando los más inmensos y frondosos terrenos que colindaban con el río curativo de la hermana de la diosa luna, invisible para los que no tienen una mente abierta y sincera.
Su estructura de entretejido de estilos: torres góticas cubiertas de hiedra oscura, pasillos y paredes de piedra que susurraban conjuros y voces de todos los que en su momento todavía conservaban su cordura y cinco sentidos intactos, salas con techos que simulaban ser cielos estelares y ruinas vivas que respiraban magia y poder ancestral.
En ella se podía oler el juicio, la observancia y la memoria de los que ya no estaban y de los que pronto perecerían en el tiempo.
Comenzando por la gente que aspiraba entrar a la Academia la mayoría eran pésimos en combate de cuerpo a cuerpo, pero sus habilidades en magia eran en efecto algo que con lo que compensaba su falta de experiencia en combate, sin embargo, no era algo fácil de entender por qué muchos eran de mí misma posicionales, pero al mismo tiempo los padres de todos ellos no fueron crueles y despiadados como lo fue mi madre conmigo en muchos sentidos.
Mientras pensaba en ello, una voz me sacó de mis pensamientos.
Miré sobre mi hombro y era una vieja amiga que lleva alrededor de diez años sin ver, tras haber sido llevada por mi madre del cabello a rastras a casa, tras haber ido a jugar después de clases.
Tras ese incidente se me prohibió volver a verla y se me educó en casa, al igual que a mis hermanos.
Ninguno tuvo la oportunidad de ir a la escuela con libertad y menos tener amigos, porque Sonja Crown consideraba que tener amigos era signo de debilidad.
Pero gracias a sus heridas y estado actual ya no puede hacer muchas cosas, por lo que ya no tenía poder sobre mí y tampoco sobre mis hermanos.
—Sasha Burnedead—Hablé con sorpresa al verla caminar hacia a mí.
Sasha conservaba esa sonrisa amable que tanto la caracterizaba.
Su largo cabello rojo rizado caía sobre sus hombros con elegancia, recuerdo que ella siempre lo llevaba sujeto en una coleta de caballo mal ejecutada, y estaba suelta todo el tiempo.
Las pecas de su rostro pálido seguían siendo las mismas, no habían cambiado en absoluto.
Sus ojos verde manzana redondos, tenían ese brillo único y sincero en ellos.
Pese que habían pasado muchos años ella seguía siendo la misma niña de ocho años que conocí cuando era niña.
Su complexión era más delgada de lo que la recordaba, además no era muy alta.
Usaba ropa de combate oscura y ajustada en los lugares correctos.
Creo que el destino quiso que nos volviéramos a ver, para ser amigas nuevamente.
—Tanto tiempo, Aila Crown.
Es un gusto verte, sin la presencia de tu querida madre, por cierto, supe lo ocurrido; lo lamento—Expresó ella con algo de pesar.
—No te preocupes, ella no dejará de ser la misma.
Ella se rió.
—Es cierto, por lo que sé ahora es una estratega y debo decir que una muy hábil.—Ella tenía razón, pese a que Sonja Crown estaba en silla de ruedas aún seguía causando problemas al enemigo.
—Si, así es, ella aún sigue provocando problemas al enemigo cada que quieren emboscarnos.
Sasha estuvo de acuerdo con ello.—Por cierto,—me miró—¿Cómo le está yendo a tu hermano Ragnar?—Sasha desvió su mirada hacia otra parte.
Soltó un suspiro y entonces simplemente me dijo la verdad.
—Él fue enviado a Ciudad Cuervo—Dijo con seriedad en su voz.
¿La Ciudad de los perdidos?
—¿Por qué?
¿Fue por lo ocurrido hace diez años?—Pregunté temiendo que mis suposiciones fueran correctas, pero en cambio Sasha sacudió la cabeza en modo de negación.
—Tiene una misión encubierto y, por lo tanto, no he hablado con él desde que se fue y me preocupa, tu madre no tuvo nada que ver, fue algo que le ordenaron sus superiores.—Me sujetó de los hombros, mirándome directamente a los ojos—No tienes la culpa de lo que pasó, eras una niña y yo también.
Deja de culparte, en serio, han pasado ya diez años, así que déjalo como está.
Eso fue un alivio, porque durante mucho tiempo mi madre se encargó de que las personas que tuvieran el contacto más mínimo conmigo era condenado de la forma más cruel y despiadada, desde dejarlos sin empleo, bajarlos de rango dentro del ejército en caso de que estas personas o familiares fueran parte del ejército.
Sonja Crown era alguien capaz de hacer de la vida de otros un completo infierno.
Por lo que desde esos instantes, he tenido que ser muy cautelosa con la gente que se relaciona de forma directa e indirecta conmigo en más de un sentido.
Mis pensamientos sobre mi madre y las consecuencias de ser su hija los dejé de lado cuando las voces de la gente a nuestro alrededor cesaron.
Entonces sobre el escenario de piedra se paró un hombre de no más de veinte años, alto, mirada afilada, grandes ojos oscuros y profundos, nariz afilada y perfecta, rostro cuadrado, atractivo, complexión musculosa y espalda ancha.
Nos miraba a todos con severidad y una frialdad que me hizo estremecer de miedo.
Su abundante cabello castaño era largo hasta las orejas, peinado hacia atrás mostrando ligeramente el partido que dividía su cabello.
Sus orejas a simple vista eran pequeñas, pero al mirarlas detenidamente me hizo dar cuenta de que no eran tan pequeñas como creía.
Eran más bien medianas y simétricamente perfectas.
Aquel uniforme negro ajustado, le sentaba de maravilla, sobretodo porque marcaba sus brazos fuertes y poderosos, además de su figura perfecta y masculina que llamaba la atención.
Tenía que reconocer que era apuesto y atractivo, tanto que las mujeres que estaban en la misma habitación que yo estaban babeando por él, pero este no las miraba ni siquiera con el más mínimo interés.
Era patético de ver, además de penoso.
Entonces sin esperarlo nuestras miradas se cruzaron por un instante, pero pronto desvié la mirada de la suya y aparentemente eso no le agradó, en cambio a mí poco me importó.
No buscaba nada más que ser libre de las exigencias de mi madre hacia a mí, por lo que sino lograba entrar a la Academia, podría intentar aspirar a ser Escriba del Rey Alfa a quien nunca se le ha visto hasta donde tengo entendido.
Por lo que son pocos los que han tenido la oportunidad o más bien mala suerte, porque quienes han tenido la osadía de molestar al Rey Alfa han sido desterrados de su Manada de por vida, obviamente era entendible porque quienes cometían esa falta eran las sirvientas del Castillo del Rey Alfa, algunas no eran capaces de mantenerse al margen y ser conscientes de las consecuencias de sus acciones, pero es más su curiosidad y la necesidad de conocerlo, y si pueden tener relaciones sexuales con él, con el fin de ser la Reina Luna, porque es bien sabido que su Majestad Einar no ha encontrado a su Mate.
Era muy estúpido cometer esa falta, pero eso no era mi problema.
Lo oí gruñir por lo bajo, al parecer tenía razón.
Ignorarlo era algo a lo que él no estaba acostumbrado, para nada.
—Buenos días, por lo que veo este año tenemos carne fresca nuevamente.
Espero que todos los aspirantes que ingresen a la Academia sigan manteniendo ese espíritu con el que llegaron a este lugar, pero eso lo veremos cuando llegue el momento de la verdad.
Por el momento, procederé a presentarme.
Soy Adam Wolf, Guardián de primer nivel del Rey Alfa e Instructor de la Academia Edimburgo.
Seré la persona a cargo de su formación como guardianes, junto con los demás profesores que les enseñarán todo lo que deben saber sobre cómo ser guardián.
Pero no les puedo prometer que todos serán guardianes, por lo que tendrán que dar su mayor esfuerzo y ser perseverantes, así que…
les deseo suerte en su formación como Guardianes y espero que la mayoría de los rostros que estoy mirando no se pierdan en el camino—.
Esas palabras fueron frías, despiadadas, crueles y sin una pizca de piedad hacia nosotros.—Por el momento, harán las pruebas para demostrar si todos ustedes sirven como guardianes o son unos inútiles que simplemente no sirven para el puesto, por lo que eso se verá reflejado en el desempeño de cada quien, pero les recuerdo que no solo deben tener habilidades en combate, sino que tienen que tener la habilidad de idear estrategias para derrotar y vencer al enemigo.
En eso tenía razón.
El hecho de ser talentoso en el combate de cuerpo a cuerpo, eso no significa que uno tenga que pensar únicamente en pelear y ya, no.
El hecho de crear estrategias, es vital para el resultado de la batalla.
No solo pelear y derramar sangre es vital para obtener la victoria.
—Así que, por lo tanto, espero que den lo mejor y cumplan las expectativas que se les pide—Soltó un largo suspiro cargado de cierta pena y molestia, antes de seguir hablando me miró nuevamente y lo único que consiguió fue que lo siguiera ignorando, pero…
esa mirada provocaba en mí una sensación de hormigueo y al mismo tiempo una descarga eléctrica que recorría todo mi cuerpo.
Era extraña esa sensación, por lo que no le mucha importancia a ello.—Bien, que comiencen las pruebas y nuevamente les deseo suerte.
En ese momento la batalla para ser estudiante de la Academia Edimburgo había comenzado.
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